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A Pedales por África: una aventura que recién comienza

Fecha: 01.03.2017

Un viaje en bicicleta de 10.000 kilómetros durante 10 meses por África del Sur es la aventura en la que se embarcaron a fines de diciembre de 2016 los argentinos Alejandro “Jan” Merola (31 años) y Leandro Eljall Qüesta (24) y la chilena Paulina Díaz Lillo (29). El preludio de este periplo fue un viaje por la Araucanía Andina, legendario territorio mapuche, que terminó concretándose en una serie de television, un tema del que podés informarte en este link: http://biciclub.com/descubrir-realidades-y-pueblos-originarios-en-bicicleta/.
A continuación, podrás sumergirte en los primeros pasos de esta aventura por África.

Por Leandro Eljall

Los últimos meses en Santiago de Chile, antes de viajar hacia Sudáfrica y luego de haberlo hecho por la Araucanía Andina, estuvimos viviendo en un departamento de un ambiente en Ñuñoa, el barrio del Estadio Nacional, para poder ahorrar, saber como podía ser convivir y trabajar en el proyecto África a Pedales. Allí preparamos nuestras bicicletas y organizamos reuniones con marcas que podrían llegar a estar interesadas en apoyar el proyecto. Con un canal de televisión chileno que nos apoyó con conocimientos y algo de práctica para orientar el proyecto documental hacia lo que ellos encuentran apropiado para su pantalla, firmamos un preacuerdo en caso de que estén interesados en el material.
Nuestra energía estuvo dedicada a eso entre el 20 de agosto y finales de noviembre, cuando compramos los pasajes a Sudáfrica.
El resultado del trabajo en Santiago no tuvo muchos frutos económicos. Las marcas grandes, ya sea de equipo audiovisual, bicicletas o productos outdoor, no mostraron interés alguno en colaborar en nuestro proyecto. Por eso es que el camino nos llevó a sumar algunas marcas o negocios pequeños que nos ayudaron con algunos accesorios y hasta con importantes descuentos en sus productos. Esto fue un aprendizaje muy importante, sobre todo para reafirmar la voluntad de hacer este viaje sea como sea. Redujimos muchísimo el presupuesto inicial. Contamos los ahorros que teníamos y decidimos viajar y hacer el documental con lo que tengamos a nuestro alcance.

En tierras africanas
Llegamos a Johanesburgo el 25 de diciembre de 2016. A los 3 días viajamos en tren hasta Cape Town (Ciudad del Cabo), una ciudad de lindas costas y montañas, aspecto europeo y altamente turística. Según lo que vemos, leemos y escuchamos, este país no representa para nada la identidad del continente.

A una semana de llegar nos robaron parte de nuestras cosas, entre ellas el pasaporte de Pauli, así que tuvimos que iniciar el trámite de uno nuevo y esperar alrededor de 3 semanas para obtenerlo. Mientras aprovechamos para recorrer la península de Cape Town completa. Conocimos las playas del este y oeste. Las del oeste son más frías y profundas. Ahí conocimos algunos poblados como Nordhoek, disfrutamos uno de los caminos costeros más lindos del mundo según Lonely Planet, el Chapman’s Peak, y llegamos al Cape Point (Cabo de Buena Esperanza), antes conocido como el Cabo de las Tormentas, ya que muchos barcos quedaban varados en la zona. Del lado este de la península estuvimos en Simon’s Town, ciudad pesquera y última donde llega el tren.

El robo no nos desanimó para nada. Pudimos aprender que con menos cosas igual se puede hacer el viaje que soñamos. Más ligeros y sabiendo que nos tendremos que adaptar a muchas condiciones a lo largo de la ruta. Pidiendo ayuda a la gente que nos cruzamos en el camino, conseguimos que nos regalaran una computadora y juntamos plata de nuestros familiares y amigos para comprar una cámara y un disco rígido para guardar el material para nuestro documental.

El viento, aliado y enemigo
Como ciclistas hay muchas dificultades que uno quiere evitar o prevenir al buscar una ruta de pedaleo, como la calidad del suelo, la cantidad de pendientes, la temperatura y la hostilidad de las ciudades, entre tantas otras, pero aquí en Cape Town sumamos a nuestra lista un factor muy determinante en cuanto al esfuerzo a realizar: ¡el viento! En ocasiones nos hacía perder el equilibrio, sacándonos muchas carcajadas, sobre todo luego de la caída de uno de nosotros. Cuando pedaleamos por la costa oeste con destino al Parque Nacional Table Mountain cada subida era el triple de pesada por las ráfagas costeras que movían las nubes a gran velocidad, pero nosotros, con todo nuestro esfuerzo y en el cambio más liviano, avanzábamos como a paso de hombre. Sumado a esto, en la mitad de la ruta ya no había donde comprar comida y la que llevábamos era escasa. Retroceder con todas esas dificultades no era una opción. Por suerte pegamos onda con un amable hindú soltero y codiciado que nos llevó en su súper auto para conseguir frutas.
A ratos las nubes tapaban el sol y el constante viento no nos permitió ni siquiera sentir nuestra transpiración. Una de nuestras conclusiones es que sin esas corrientes terribles de viento el calor seria insoportable, algo que se evidencia en nuestros cuerpos azotados por el sol.

La recompensa está en el vino y la buena gente
El último paso por la península fue por Muizenberg, un barrio pintoresco conocido por su buenas olas para surfear y los ataques de tiburones. Allí entrevistamos al argentino Javier Herrera, guía turístico en Cape Town. Nació en Buenos Aires, donde conoció a una sudafricana con la que se vino acá a formar familia.
Después de este recorrido por la península, que duro alrededor de dos semana, muy lento ya que estábamos haciendo tiempo para recibir el pasaporte, fuimos a Stellenbosh, una ciudad rodeada de viñedos donde vivimos un poco de la cultura afrikaans, conocimos las casas de estilo colonial holandesas y, por supesto, desgustamos el buen vino sudafricano.
Hasta ahora hemos hecho casi 600 kilómetros desde Cape Town hasta Clanwilliams y en el recorrido hemos pasado por tres áreas silvestres protegidas: Table Mountain National Park, West Coast National Park y la reserva Cederberg Wilderness. Dejamos el viento de la costa y nos adentramos en maravillosos caminos que rodean las montañas y atraviesan pequeños poblados, lejos de la ciudad. Esto nos permitió empezar a gastar menos dinero y poder acampar en donde nos agarrase la noche.

Cada vez que pedimos permiso en algún campo para acampar o golpeamos una puerta para pedir agua, constatamos que la gente es muy atenta, nos proveen de agua helada y hasta muchas veces nos regalan comida. Aun así el camino de montaña y de ripio nos está dando más trabajo del que teníamos planeado, los kilómetros se hacen largos y nuestros neumáticos exigen un recambio.

Al acercarnos hacia el norte el sol es más abrasador. Tener una sombra para descansar se hace imprescindible y sabemos que en el desierto hay menos probabilidad de encontrar una, pero nos estamos preparando lo mejor que podemos para ese desafío.
Ha sido hasta ahora un mes y medio de muchas alegrías y estamos contentos de decir que el viaje recién comienza.

Info: www.facebook.com/APedalesvamos | www.instagram.com/A_PedalesAfrica | twitter.com/apedalesvoy

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Nº 276 - Diciembre 2017

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