Ocultar Barra

Aprender a pedalear de grande

Fecha: 19.02.2014

Mucha más gente de la que solemos creer los ciclistas no sabe andar en bicicleta. He aquí un completo informe sobre los mejores métodos para aprender a pedalear de grande y las razones por las cuales vale la pena hacerlo. Testimonios de gente que lo ha logrado. La experiencia internacional al respecto.

Por Rocío Cortina

Foto por: Claudio Olivares Medina – www.ciclismourbano.info

Dicen que cuando alguien aprende a andar en bici, no se olvida nunca más. Pero, ¿cómo se empieza?, ¿de la mano de quién?, ¿en qué momento de la vida? Lo más frecuente es que, como en el caso de otras tantas habilidades, sean los mayores quienes inicien a los pequeños en la aventura del pedaleo, pero también puede ser al revés. Es que, por diferentes motivos, hay personas adultas que no saben andar en bici pero desean poder hacerlo. Desde la teoría, la principal diferencia entre aprender en la infancia o de más grande es que el nño incorpora la destreza más fácilmente, por un lado sin tantos miedos ni ideas preestablecidas y por otro con la flexibilidad que caracteriza al cuerpo infantil, encontrando más fácilmente el equilibrio. Y desde la práctica, cuando el paso de los años indica que ya no son válidas las rueditas y que las caídas no causan gracia sino que encima duelen, lo que realmente importa es tener ganas de intentarlo.

Porrazos, equilibrio y avances
Las palabras de quienes incursionaron por primera vez en la bici de grandes dejan en claro que vale la pena animarse aunque los miedos se hagan presentes. Laura Reyno (39), de Haedo, Buenos Aires, se subió a una mountain bike por primera vez a sus 26 años, gracias a un novio que le regaló la bici y la ayudó a empezar: “Aprendí mucho más rápido de lo que imaginaba. Practiqué una tarde en la calle Intendente Goria, en ese entonces de tierra, por donde no circulaban muchos autos ni gente, dos requisitos importantes para mí, por seguridad y porque me daba mucha vergüenza que alguien me viese. Pedaleé unas cuantas horas, muy orgullosa de no haberme caído, hasta cuando emprendí la vuelta a casa, a dos cuadras, y pasé de la tierra al asfalto. El cambio de terreno y sentir que la bici iba más rápido me asusté y me caí. Pero fue increíble la sensación de estar andando sola y avanzar.”
El caso de Alicia (57), de Lanús, Buenos Aires, fue a pura prueba y error. Ya casada y con dos hijos que iban de acá para allá con sus propias bicis, se animó a concretar el deseo postergado: “Era una asignatura pendiente” cuenta-, entonces en el fondo de mi casa, que es más o menos grande, empecé con la cross de Mariano, mi hijo. Me iban ayudando los chicos y mi marido. Pasaron unos cuantos porrazos, un rosal que se me clavó. “Creo que es peor la vergüenza que la caída. Pero aprendí. Y después me iba a trabajar en bicicleta. No me animaba a la avenida, pero iba a 20 cuadras, a lo de mis tíos, a estudiar. Yo estaba bárbara con esa bici.”
Pablo (43), de Capital Federal, eligió acercarse al pedaleo haciendo spinning en un gimnasio. Su profesor organizaba salidas, a las que un día decidió sumarse para aprender “en serio”: La primera vez fue en Reserva Otamendi. Agarré fuerte el manubrio, giré las manos para ambos lados, me paré en los pedales y arranqué. Volanteé a un lado y al otro con el manubrio y mantuve el equilibrio. Era un lugar amplio y con espacio. No me caí en ningún momento. Tenía miedo, pero bueno, me largué. Además, mucho riesgo no había, porque el suelo era arenoso.”

Aprender solo
Igual que el miedo a la caída, al golpe o al fracaso, la vergüenza es un obstáculo frecuente para que un adulto se suba por primera vez a la bici. Como afirmaban los testimonios anteriores, se suele evitar la mirada del otro. En la bicicletería Canaglia se ocupan de enseñar a pedalear cuidando este aspecto: “Enseñamos a aprender solos” explica Claudio Canaglia-. “Acondicionamos la bicicleta para que el adulto llegue cómodo al piso, le sacamos los pedales y lo ponemos media hora a caminar con la bici entre las piernas. Otra media hora hacemos que empuje y levante los pies y la siguiente media hora un poco más fuerte. De esa manera la persona puede ir sola a un parque y poner en práctica los ejercicios sin que nadie la mire”. Con este procedimiento, el aprendiz habrá logrado el equilibrio, para luego, con los pedales puestos en la bici, dar el paso siguiente.

Abandonar es fracasar
Desde la Bici Escuela Argentina, que funcionó en la década del 90 en Buenos Aires, Silvana Solá enseñó durante más de tres años a adultos de ente 35 y 70 años, siempre con un porcentaje de éxito mayor al 95% (ver columna aparte): “Lo más difícil fue desterrar los prejuicios que uno adquiere con los años: miedo a esto, a aquello y a lo otro. Miedo a caerse, a hacer el ridículo, a no poder lograrlo”, dice Silvana, quien recuerda que se inició en este particular acto de docencia con una mujer de 50 años, a quien debió guiar psicológicamente para que perdiera sus temores. La mejor experiencia que la instructora tuvo fue con Olga, una alumna de 70 años: “Le costó conseguir el equilibrio tres veces más que a todos los demás. Pero fue tenaz; eso marcó la diferencia. Y lo logró un día. Su sonrisa era la de un niño viajando en la primera bicicleta. Desde aquel momento tengo un dicho para mi vida: la única manera de fracasar es abandonar.”

Encuentro de generaciones
Al advertir la falta de espacios en donde los adultos pudieran adquirir la habilidad del pedaleo, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, desde el programa Mejor en Bici, organizó durante las vacaciones de invierno 2012 una actividad tanto para mayores como para chicos. Los instructores ayudaron a andar en bici a cerca de 60 personas en los bosques de Palermo. Gonzalo De la Rosa, mecánico de Shimano, colaboró en esas jornadas y explica: ¨En general, los adultos lo tomaban con un poco más de vergüenza pero igual se animaban. En cuanto a las caídas, no había miedos porque se previó estar sobre tierra para evitar lastimaduras.”
La técnica implementada en este caso dependía del control que tuviese la persona sobre el rodado. Primero se les enseñó el funcionamiento de la bicicleta y luego se los ayudó a andar, las primeras dos veces sostenidos por los colaboradores y la tercera quitando el sostén hasta que la persona pudiera mantener por sí sola el equilibrio.
De esta experiencia, destaca Gonzalo, “hubo un hombre de 72 años que aprendió a andar después de dos clases. Llegó con algo de miedo pero se fue súper agradecido”.
La bici se convierte en punto de encuentro entre generaciones, transmitiendo la habilidad de jóvenes a mayores. Y la rueda vuelve a empezar cuando, quienes han aprendido de grandes, quieren enseñar a sus hijos o nietos. Laura comenta que por ahora, su hija de dos años acompaña a ella y a su marido en la sillita trasera de la bici: “Hacemos salidas cortitas, en general a plazas. Ya tiene su Camicleta y su casco, aunque todavía no llega con los pies al piso y no la puede usar sola. Su rodado actual es un pata-pata que domina a la perfección, tanto en velocidad como en maniobrabilidad. “Yo creo que ni bien crezca unos centímetros más agarra la Camicleta y no la para nadie! En casa está en un ambiente de bicis, para ella es algo natural.”
En el caso de Pablo, su hija tiene 11 años y él mismo le enseñó: “La llevé al vial costero de Vicente López con una bici rodado 24. Lo mejor es ponerse los rollers, sostenerla de inicio de atrás y que ella pedalee y obtenga el equilibrio. Está en la etapa vergonzosa con los padres, así que para engancharse lo ideal es que vaya a andar con amigas.”
Actualmente Pablo usa su bici para rodar por la ciudad y también hace viajes de cicloturismo con Bike & Trek. Y es que una vez que se logra el control sobre la bici se descubre el mágico desplazamiento en dos ruedas y la sensación del viento rozando en la cara, aparece un nuevo modo de disfrutar la vida. Alicia, que también aprendió de grande, lo resume así: “Cuando me subí a la bici, recuerdo que sentí libertad. La pedaleada es una sensación de placer.”

 

CÓMO APRENDER
Un método

Por Silvana Solá*

Es erróneo decir que hay que enseñar a andar en bici. Cada uno debe descubrir por sí mismo cómo hacerlo. Ni rueditas ni gente que sostenga ayudan; más bien retardan el aprendizaje. Sólo se trata de experimentar el equilibrio por uno mismo.
La medida del cuadro debe ser la correspondiente a la talla de la persona e incluso más chica, pero nunca mayor. Por ejemplo, alguien que mida 1,80 m de altura utilizará un cuadro de 18 pulgadas mientras que alguien de 1,50 m no podrá superar un cuadro de 15 pulgadas.
La altura del asiento, para empezar, debe permitir que la persona pueda sentarse y apoyar cómodamente los pies en el piso. (Una vez que el alumno aprendió a pedalear y paulatinamente le va perdiendo el miedo al andar, el asiento deber? elevarse hasta la altura correcta.) Las manos deben descansar sobre los puños y los dedos índices y mayor deben estar sobre los frenos de modo de accionarlos rápido y fácilmente.
Para guiar a un adulto hay que hacer más hincapié en las cuestiones mentales que en las netamente prácticas. Brindándole seguridad y convenciéndolo, con técnicas de inducción que dejo al libre albedrío de cada uno, que pedalear es tan fácil y natural como caminar. Correr detrás del novato sosteniéndole el asiento para equilibrarlo es la mejor manera de arruinar todo. Con este sistema que ahora veremos, los alumnos pueden hacerlo solos o con algún guía o ayudante que oficiará de apoyo moral y logístico únicamente.
El siguiente es un método para que cada cual aprenda a su ritmo. En algunos minutos, horas o días se puede arrancar pedaleando:

1. Hay que quitar los pedales de las palancas (ojo: el sentido de la rosca es distinto en cada pedal). Luego habrá que sentarse, apoyando los pies en el piso y empujar la bici como caminando, sin levantar la cola del asiento y alternando los pies como si se tratara de un andador. A medida que la bici empieza a rodar, hay que experimentar el uso de los frenos. Frenar y volver a empezar la caminata con la bici entre las piernas y sin despegar la cola del asiento.
2. Una vez que uno se siente seguro con este ejercicio, el paso siguiente es impulsar la bici, siempre sentado, con los dos pies juntos. Si lo hacemos con la suficiente fuerza, el rodado tomará suficiente impulso como para romper la inercia y experimentar el equilibrio tan ansiado. Esto se logra luego de impulsarnos -con todas las ganas- y despegando los pies del piso. El secreto para aprobar este segundo ejercicio es relajarse y gozar.
3. Si estamos bien seguros y confiados de haber llegado hasta aquí, buscaremos una pendiente suave para que nos ayude a repetir el ejercicio 2 con mayor impulso. La idea es lograr que -con ayuda de la pendiente- la velocidad y la distancia sea mayor y, por ende, experimentar la mágica y placentera sensación de la libertad por más tiempo.
4. Si a esta altura el ya casi ciclista está canchero en mantener el equilibrio y en el uso de los frenos, llegó el momento de volver a colocar los pedales. De ahí en más, combinando los ejercicios anteriores con el inicio de la pedaleada, todo es cuestión de práctica. En esta etapa es necesario que el ayudante le explique al nuevo ciclista cómo es la mejor manera de romper la inercia al dar el primer golpe de pedal, entre otras cuestiones que son útiles escuchar de boca de algún experimentado.
5. Las siguientes clases serán para incorporar nuevas habilidades y técnicas de dominio y conducción. En forma progresiva habrá que subir el asiento y arrancar parado en lugar de sentado, etcétera.

*Ciclista y periodista. Colaboró en Biciclub desde sus inicios y condujo la Bici Escuela Argentina durante los años 90.

 

EXPERIENCIAS
¿Por qué no aprendiste de chico/a?

Alicia (57), Lanús, maestra jardinera: “En la casa de mis tíos había una bicicletita de mi hermano que estaba colgada, pero mis tíos no me la daban porque mi papá no quería que la usara. Él le tenía miedo. Andaba mucho, pero tuvo un amigo que se mató arriba de la bici. O sea, no aprendí de chiquita por sobreprotección paterna. Además yo era nena y toda esa cuestión no era como ahora. Tenía un hermano varón que sí aprendió, pero no anduvo mucho tampoco por ese mismo miedo que te digo.”
Pablo (43), contador público, Capital Federal: “De chico vivía en un departamento de la zona céntrica de Buenos Aires. Jamás tuve bicicleta y no tenía manera de aprender.”
Laura (39), Haedo, puericultora: “No recuerdo por qué no aprendí de chica a andar en bici. Tengo dos hermanos varones más grandes y ellos sí sabían. Creería que fue porque no me llamaba la atención en ese momento. Sí recuerdo que en la pubertad y adolescencia tenía ganas de hacerlo pero me daba mucha vergüenza decir que no sabía. Salvo mi familia creo que nadie estaba enterado de ello.”

 

EN EL MUNDO
La bici como alternativa

La bicicleta es una alternativa ecológica al caos de tránsito automotor en los grandes centros urbanos. Por eso, en distintos países crecen las iniciativas que apuntan a enseñar a adultos a pedalear. Veamos algunas.

España
La Ciclería es una asociación fundada en 2007 en Zaragoza por un grupo de amantes de la bicicleta que buscan fomentar su uso. Entienden a este vehículo como un símbolo para transmitir valores de respeto al entorno y a las personas. Entre otras actividades, enseñan a adultos a pedalear por primera vez y luego a moverse por la ciudad con seguridad y a realizar un mantenimiento básico de la bici.

Chile
En Santiago de Chile, la ONG Macleta se propone fomentar el uso de la bicicleta por parte de mujeres. Para las que no tienen esa habilidad se ha organizado una bici-escuela que divide a las aprendices en dos niveles, el “Aprende a pedalear” y el “Bájate de la vereda”. En el primero se trabaja con mujeres que nunca se han subido a la bici. Se les enseña a equilibrarse, a pedalear, a frenar. En el segundo se intenta alejar el temor de pedalear entre el tránsito automotor, motivo por el cual muchas personas ruedan por la vereda, algo que es costumbre en Chile, produciendo así accidentes entre peatones y ciclistas.

Suiza
La bicicleta es el medio de transporte por excelencia en el paisaje urbano de Suiza. Tanto que uno de los problemas que encuentran muchos inmigrantes es no tener la habilidad para rodar, lo cual se traduce en un obstáculo para su integración en la sociedad. Atendiendo a esto, en 2010 se organizó un curso destinado especialmente a extranjeros, para poder iniciarlos en esta forma de movilidad.

 Nota publicada en Biciclub Nº214, octubre 2012.

Si te gustó, compartilo con:

Hablamos sobre: ABC

6 Responses to “Aprender a pedalear de grande”

  1. Dora dice:

    me encantaría aprender a andar en bici

  2. CICLOESCUELA dice:

    Desde la cicloescuela ofrecemos cursos de aprendizaje para adultos y niños en los que aprender está garantizado al 100%.
    Con un método sin caídas e intuitivo que hará que en cuatro sesiones puedas disfrutar por fin de tu bicicleta.
    http://www.cicloescuela.es

  3. kiero aprender a manejar bici.,,kiero perder el miedo por favor si hay alguien q me pueda apoyar en esta materia pendiente,,renumero su tiempo..graciass

  4. su nombre dice:

    HAY ALGUN BICICLUB EN MEXICO, D.F? UNA AMIGA Y YO QUEREMOS APRENDER

iCONSEGUILA EN LOS KIOSCOS!

Nº 275 - Noviembre 2017

NOTA DE TAPA
Ruedas para volar por la Carretera Austral Chilena.
PRODUCTOS: Interbike Las Vegas: lo que viene en 2018
CONSEJOS DE EXPERTOS: ¿Qué bici me compro?
TRAVESÍAS: El NOA, de Tucumán a Purmamarca
ENTRENAMIENTO: Cómo preparar una bebida isotónica. [+]

    canaglia

    orbea

    newton

    fullrace

    bici Up

    cruce-tunel

    silva

    adsgoogle

    geller

    mov responsable