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Chicos al aire libre: Del pata-pata a la sillita

Fecha: 09.08.2015

PASEO-DE-LA-COSTA-068b

Por Gustavo González*

Nadie viene al mundo con un manual para ser padre. Mi hija Julieta tiene cinco años y hace casi tres que anda en bicicleta. Sin pretender dar una receta ni una “biblia” sobre el tema, el propósito de este texto es relatar algunas experiencias sobre cómo introduje a Julieta en el mundo de la bici.

La primera vez
Siempre tratamos de inculcarle a nuestra hija el amor por la vida al aire libre y el uso de espacios públicos. Para hacerlo es fundamental pensar en la calle como la extensión de la propia casa y no como un lugar peligroso.
Recuerdo que los primeros paseos por la localidad de Haedo, en el Oeste del conurbano bonaerense, fueron en cochecito, a pesar de que nunca fui muy partidario de este método, porque creo que forma “bebes vagos”, es decir, acostumbrados a que los lleven. Después, Julieta comenzó a caminar agarrada de una mesita. Pasar al “pata-pata” fue sólo cuestión de días. No sólo lo usaba en casa, sino que lo sacaba a la vereda…, ella podía ir sentada o abrirse, podía caminar erguida, agarrándose del mismo. La primera vez la llevé cerca de cinco cuadras. Fuimos a comprar unas tortas artesanales. Y no es que la haya obligado: empezamos a caminar y a cada rato le preguntaba: “Juli, ¿no estás cansada?” Ella decía que no y seguía. Por supuesto que después tuvo que venir su mamá con el “auxilio” del cochecito para el regreso a casa.
Por otro lado, una vez al día sacábamos a pasear a nuestra perra Pepa, y Julieta se acostumbró a acompañarnos, ya sea empujando su pata-pata o andando en él. De allí pasamos al “autito pata-pata”, un muy buen regalo de su madrina. En este autito Julieta podía ir sentada, impulsarse con sus pies o empujarlo desde atrás mediante una manija. Con este sistema logró desplazarse más rápido y llegar más lejos.
Por suerte apareció Lucas, un vecinito de la misma edad de mi hija, que daba vueltas por el barrio con su abuelo. Congeniaron enseguida y los cuatro salíamos a caminar, a dar la vuelta a la manzana o a ver a los trenes que paraban en la estación Haedo.
Una sugerencia: cuando tengamos que salir a algún lado, a visitar a algún pariente, a una exposición, a una plaza, o donde sea, y tengamos que usar nuestro vehículo particular para trasladarnos, podemos incluir en el viaje el pata-pata. Y más adelante, a la bici, pero no así el cochecito. ¿Por qué? Seguramente, con la cantidad de vehículos que habrá en la calle, no podremos estacionar en la puerta de nuestro destino y debamos dejarlo a un par de cuadras de allí. Si no llevamos estos accesorios, nuestro hijo nos pedirá que lo carguemos en brazos o en el cochecito. En cambio, si llevamos el pata-pata es muy probable que quiera usarlo y trasladarse con él.
Atención: los autitos pata-pata vienen con una manija o palo largo que sirve para que un adulto los impulse mientras el niño levanta los pies. Ni se les ocurra hacer eso: acostumbrarán al nene a no moverse por sí solo.

OKb

A tener en cuenta
Antes de su debut en la sillita, Julieta asistió a algunas salidas en bici: en un tambo caprino en Uribelarrea, en el Parque Nacional El Palmar, durante dos días, en la Chacra La Fernanda de Navarro y varias veces en una quinta de Luján. Por supuesto que no pedaleó, sino que sólo estuvo en el lugar. Pero creo que todo eso le sirvió para familiarizarse con el mundo natural y el de los ciclistas. También realizó una salida a un recreo en el Delta en donde descubrimos que no le gustaba el agua: todo el paseo en lancha se la pasó agarrada a su mamá, con los ojos cerrados.
Yo tenía una sillita para bici que había comprado muchos años atrás. Me la había pedido un cliente que quería llevar a su hijo a una salida y que jamás había llegado. Un día se la instalé a mi vieja bici KHS y, con un año y dos meses, la senté a Julieta. De noche, salimos a dar la vuelta a la manzana. Ante mi sorpresa, descubrí que le gustaba y que quería más. Terminamos haciendo como tres o cuatro vueltas.
Más adelante utilicé la bici como medio de transporte con la excusa de llevarla a una plaza o a tomar un helado. Como sabía que a ella le gustaban las plazas, creo que se aguantaba la bici porque entendía que después venía lo mejor, pero a veces se dormía antes de llegar.
De estas experiencias, saqué en claro algunas cuestiones a tener en cuenta en las primeras salidas con niños en la sillita:
– En la medida de nuestras posibilidades, intentar que los niños usen casco (y nosotros también, dado que somos su ejemplo). Una caída con la bici a ellos les significa un golpe seguro de la cabeza desde un metro y medio de altura.
– En lo posible, que la sillita tenga cinturón, para evitar una caída imprevista.
– Hay sillas que vienen con protección para la nuca, pero noto que chocan con el casco en cada movimiento brusco. Opté por sacarle la nuquera, ya que resultaba incómodo y no he tenido mayores problemas.
– Hay sillas para todos los presupuestos. Para trayectos cortos, las más sencillas y económicas andan muy bien. Las sillas acolchadas, ergonómicas y caras son muy cómodas pero de tan cómodas los niños muy pequeños se duermen enseguida en ellas.
– Practicar desplazarse con peso encima del portaequipaje o de la sillita antes de ex-perimentar con nuestros hijos sobre ella.
– Las primeras veces, tratar de desplazarnos por la vereda más que sobre calles y avenidas, siempre teniendo en cuenta que la prioridad la tienen los peatones.
– Utilizar la bici para trayectos muy cortos, dejando el auto para recorridos medianos a largos o para días de lluvia, frío o evidente mal clima. Esto tiende a acostumbrar a los niños al traslado con la bici.

Educar con el ejemplo
En síntesis, si queremos trasmitirles a nuestros hijos la pasión por la bicicleta, intentemos usar poco el auto y aprovechar cada ocasión para hacer cortos trayectos a pedal con los chicos. Como antes mencionamos, primero con los pata-pata o caminando y luego en la sillita de la bici. Por otro lado, tratemos de que vean televisión en la medida que consideremos justa y que no estén en contacto permanente con los juegos y videos de la computadora o el celular, dado que eso fomenta el sedentarismo.
Moraleja: dicen que los hijos son el reflejo de los padres. Este refrán, algo de razón tiene. Si a mí me gustaran las motos o los autos, quizás Julieta estaría andando con un karting o un cuatriciclo de juguete. Los padres tratamos de trasmitir nuestros gustos a los chicos, pero es importante no forzarlos ni atosigarlos. Hay que invitarlos a probar, pero respetando sus tiempos y sus intereses.
Da muy buen resultado avisarles que nos vamos a trasladar en bici y no llevarlos obligados. Eso los predispone mejor. Noto que mi hija lo disfruta más.
Eduquemos con el ejemplo. Si nos gusta la bici, una actividad que se practica básicamente al aire libre, llevemos a los chicos a ese tipo de lugares, en vez de estar encerrados en una “cápsula” por temor a que nos pase algo.

* Gustavo González es profesor de Geografía de la UBA y guía de bicicleta de montaña. Se ha capacitado en primeros auxilios para zonas agrestes y naturales y es intérprete naturalista. Coordina la empresa prestadora de cicloturismo Bike & Trek: Info: (011) 15-6336-0326 / 4650-4817, bicigg@speedy.com.ar, biketrekgg.com.ar. Facebook.com/Bike&Trek.

Nota publicada en revista Biciclub Nº 240, diciembre 2014.

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