Ocultar Barra

Chicos en bici: El gusto por las dos ruedas

Fecha: 10.06.2016

DSCN2025--243b

Las primeras experiencias en los rodados sin pedales. El “efecto contagio” hacia otros niños y el fundamental incentivo de los padres. La importancia de contemplar la calidad de la bici de nuestros hijos como una inversión y no como un gasto.

Por Gustavo M. González*

En esta nota contaré algunas experiencias del inicio de mi hija Julieta con su bici sin pedales entre los dos y tres años de edad. En entregas anteriores (Biciclub Nº 240 y 242) comentamos la aparición de un vecinito, quien, junto a Julieta, compartía paseos con las mascotas, vueltas a manzana con el pata pata y otros juegos. Para ese entonces, Julieta ya dominaba su Camicleta –bici sin pedales- con cierta experiencia y podía dar la vuelta casi en 180º o hacer pequeñas carreritas. Para quienes no conocen la Camicleta, ésta tiene cuadro de acero, ruedas rodado 12 con maza de bici, rayos, cámaras y cubiertas. Es una bici diseñada específicamente para iniciar a los niños en el pedaleo.
La cuestión es que en esa época al vecinito le compraron una bici usada en un remate. Era un rodado de plástico, gran ventaja porque era muy liviano, pero las masas eran del mismo material (sin bolillas, sólo por fricción), la rueda maciza, el asiento duro e incomodo y la caja pedalera, alta.
Primero se probó sacándole los pedales a la bici para imitar a la Camicleta. El nene no le enganchó la onda. Al volver a colocarlos, los materiales eran tan malos que terminaron rompiéndose y la bici fue a reparación (gasto adicional no tenido en cuenta al adquirir el rodado). La segunda vez el andar era tan deficiente y ruidoso que el nene desistió definitivamente y se pasó a un cuatriciclo a pedales de cuatro ruedas macizas (están de moda) con tracción a cadena y con pedales.
Con el cuatri el nene anduvo muy bien, diría que a la par de la Camicleta, incluso hasta más rápido. Es una opción válida porque los chicos se divierten por igual jugando pequeñas carreras o dando la vuelta a manzana. Las únicas contras que vi son el plato muy chico, porque por más que el niño pedalee muy rápido no avanza, y un radio de giro que debe ser amplio. Pero, como gran ventaja, es más estable y así disminuye la posibilidad de caídas y vuelcos.
La moraleja de esta experiencia es comprender que la bici es una inversión y no un gasto. Si disponemos del dinero suficiente, no se trata de comprar el producto más caro, como bicis sin pedales que he visto hechas en aluminio o hasta con suspensión a precios muy superiores, o de comprar una bici grande pensando que nuestro hijo “rápidamente crecerá”. Porque quizás esas bicis grandes nunca las usen. Sin embargo, una Camicleta en desuso, que ya le queda chica, puede ser rápidamente vendida por Internet y quizás hasta recuperemos su costo.

La prueba rápida
Me pasó dos o tres veces con diferentes chicos: veían a mi hija con la bici y ¡la querían probar! En la primera ocasión estaba el padre del niño observando, pero en ningún momento él se interesó por participar de la experiencia. Se limitó a mirarlo de lejos mientras seguía fumando…; me sentía yo el padre, alentando al nene a que no desistiera y acompañándolo con los brazos para evitar una caída. En ese caso, pienso que la experiencia hubiese sido exitosa si el padre se hubiese involucrado más. Pero no todo el mundo “siente” la bici. Seguramente a una familia que se mueve siempre en automóvil y no tiene tradición ciclista no le interesa tanto que su hijo aprenda a usarla.
En otra ocasión estábamos paseando por una plaza de Haedo entre los juegos y un nene miraba la bici y miraba a mi hija, hasta que le pregunté si quería probar. Conseguí la aprobación de Julieta para que le prestara la Camicleta y también de la madre del nene, para que probara. El nene intentó, pero era necesario que la madre lo dejara por más tiempo. El apuro jugó una mala pasada.
El tercero era un nene de unos cuatro o quizás cinco años que ya había tenido varios porrazos con su bici con rueditas y había intentado sin ellas. Al igual que los chicos anteriores, probó una vez y enseguida la dejó. Quizás le había agarrado miedo a la bici. Lo cierto es que el padre lo desaprobaba y lo desvalorizaba en su intento.
En los tres casos, los chicos ubicaron su bici entre las piernas e intentaron avanzar. Enseguida vieron que no tenía rueditas o estabilizadores, y que la bici se iba para un costado. Quizás pensaban que al inclinarse ellos hacia un lado, “mágicamente” la bici los sostendría. Avanzaron un poco pero no comprendieron que debían equilibrarse solos con los pies. Y enseguida desistieron.
Creo que es fundamental contar con tiempo y ganas de experimentar cosas nuevas. También es muy importante que los padres acompañen y alienten. No hay que desistir en la primera vez. Tampoco resulta un aporte desvalorizar al nene porque no usa rápido la bici. Cada chico tiene sus tiempos y gustos, y hay que respetarlos

DSCN2287-243b

Bici sin pedales vs bici con rueditas
Un par de veces salimos por el barrio con amigos, padres de una nena un año más grande que Julieta. Las dos dominaban bien sus bicis: Julieta su Camicleta sin asiento y su compañera una bici de nena con canasto y rueditas.
La primera vez salimos por el barrio con la excusa de buscar a un gato que se había escapado. Se sumó otro nene de cinco años que iba corriendo delante de los demás. Después iba la bici con rueditas y, por último, la Camicleta. Las diferencias que notamos entre las bicis fueron el peso y que las rueditas se trababan en cualquier obstáculo. Las rampas para personas con capacidades diferentes eran fácilmente superadas por la Camicleta, mientras que a la otra bici había que empujarla.
En la segunda salida noté que mi hija disfrutaba ir con su bici y que a la otra nena todo le costaba más o lo hacía refunfuñando. Hubo dos situaciones en donde la Camicleta demostró su versatilidad. La primera, en una bajada del andén de una estación ferroviaria que se convirtió en un veloz y divertido descenso. En el otro caso, la bajada y posterior curva, a cierta velocidad, casi termina en accidente por culpa de las rueditas.
La segunda situación fue al andar por el pasto: la Camicleta era todo terreno, pero las rueditas se trababan con el césped y dificultaban el andar.
En otra ocasión llevé a mi hija con su bici a una reunión de amigos. Estábamos: una madre con su hija de tres años, el hijo de su pareja, de siete (su padre no estaba), una amiga más, mi hija y yo. Era la primera vez que el nene andaba en su bici, es decir que estaba de estreno y con rueditas. La bici era rodado 20 y le quedaba súper grande (sentado en el asiento no llegaba al piso).
Salimos a dar la vuelta a la manzana de noche. Partimos desde el interior de la casa en bici. Las rueditas del nene de siete se trababan en las patas de la mesa y él no podía girar para encarar la puerta. Se tuvo que bajar y arrancar de la vereda. Julieta, con la Camicleta, salió desde el comedor, esquivó muebles, descendió pequeños escalones y superó una leve bajada donde levantó los pies.
En la vereda rápidamente se notaron las diferencias entre las dos bicis: la Camicleta ganó la punta y yo tuve que correr para alcanzar a mi hija en la esquina y pedirle que esperase. Mientras tanto, el nene sacó el pedaleo muy bien, llegó a dar la primera vuelta de pedal y rápidamente la segunda. Pero una de las rueditas se trabó en una baldosa rota y casi se cae. Continuó, pero notamos que le costaba mucho mover la bici. Levanté la bici porque intuí la causa: el peso. De 10 a 12 kilos de la bici estándar a 5 kilos de la Camicleta.
Invité al nene a que probara la bicicleta. Pero no hubo caso. Sólo intentó una vez y volvió a la seguridad de los estabilizadores. Sin embargo, la diferencia fue increíble.
La última salida fue un día antes de escribir esta nota. Por la vereda opuesta a la nuestra avanzaba un nene con su bicicleta rodado 12 con pedales y rueditas, acompañado por su madre. Una rueda se trabó. El nene bajó de la bici y, lloriqueando, fue a abrazar a la madre, quien rápidamente lo contuvo. Luego siguió como si nada. Nos quedamos mirando la situación con mi hija. Ojo: mi hija también tuvo algunas caídas y golpes con su bici y también lloró, se la consoló y al rato siguió. Pero si esa bici no hubiese tenido rueditas, el inesperado traspié no hubiese ocurrido.

*Creador del operador cicloturístico Bike & Trek: biketrekgg@gmail.com

Nota publicada en revista Biciclub Nº 243, marzo 2015

Si te gustó, compartilo con:

Hablamos sobre: Kids

Dejá tu comentario

Eres humano o robot? * Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

iCONSEGUILA EN LOS KIOSCOS!

Nº 267 - Marzo 2017

NOTA DE TAPA
Aprender sobre las dos ruedas.
CICLOTURISMO: Australia en bicicleta.
ENTRENAMIENTO: Volver a moverse.
PRODUCTOS: Lentes: cómo elegirlos y dónde comprarlos.
CARRERAS: La Doble Bragado 2017. [+]

    canaglia

    fullrace

    half concordia

    bici Up

    via bike

    pedal ludico

    sw

    silva

    ochoa

    geller

    LVDV

    mov responsable