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Cómo circular en auto y proteger al ciclista

Fecha: 10.05.2016

En las calles, la relación entre autos y bicicletas no es sencilla. Para cambiar esa idea y pensar en una convivencia entre personas más allá del medio de transporte que se elija, algunas cuestiones a tener en cuenta desde el volante.

Por Martín Lehmann*

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Se sabe que el principal riesgo para quienes andan en bici se produce al compartir la calle con vehículos más pesados y rápidos, como autos y colectivos. Desafortunadamente, si ocurre un accidente las consecuencias son desiguales para unos y otros, porque el ciclista está más expuesto y suele llevarse la peor parte.
Estas situaciones generan largos debates sobre cómo el automovilista y el ciclista deberían comportarse, pero resultan inverosímiles cuando miramos la realidad y entendemos que mucha gente que conduce autos también anda en bici y viceversa. La idea de generar bandos opuestos no lleva a ninguna parte. Nadie sale a la calle con su auto a pisar a los que van en bici, ni hay personas que pedalean por el simple gusto de molestar al que maneja. Es cuestión de lograr empatía para generar entendimiento. En esta nota propongo algunas cuestiones a tener en cuenta cuando nos toca cambiar el manubrio por el volante y el asiento por la butaca.

Manejar es un privilegio, no un derecho
Es fundamental recordar que manejar un auto es un privilegio que conlleva una gran responsabilidad porque estaremos a cargo de un vehículo pesado con capacidad de levantar alta velocidad. Además, se nos está otorgando el permiso de ocupar unos cuantos metros cuadrados sólo para nosotros -un espacio muy valioso, sobre todo en grandes ciudades-, razón por la cual varias urbes están desalentando el uso del automóvil. Ya no hay suficiente espacio para que todos gocen de ese lujo al mismo tiempo. De ahí que se promocionen y alienten vehículos mucho menos voluminosos como la bicicleta.

Puntos ciegos
Un punto ciego es una zona que queda oculta a nuestra vista. Cuando manejamos un auto, vemos hacia adelante y hacia los costados, pero lógicamente no podemos ver hacia atrás. Para eso se usan los espejos retrovisores. Sin embargo, aun sumando este recurso no llegaremos a ver todo lo que ocurre en los 360 grados que nos rodean. Y esta es la causa de que se repita uno de los accidentes más comunes entre autos y bicis. Por ejemplo: un conductor se propone girar en la próxima esquina y no puede ver a un ciclista que viene junto a su vehículo. Pese a que ambos están tan cerca, la bici resulta invisible para el conductor porque está ubicada en uno de sus puntos ciegos. Finalmente el automovilista realiza el giro, cortándole la trayectoria al ciclista, que no llega a frenar a tiempo.
Por suerte la industria automotriz continúa evolucionando y si bien aún no se han podido eliminar por completo los puntos ciegos de los espejos, hay avances al respecto: “Ya hay varios modelos de autos que se comercializan en nuestro mercado, como el Chevrolet Cruze y el Citroën C4 Lounge, que incorporan el detector de punto ciego y es realmente útil”, dice Sergio Cutuli, periodista y director del sitio CosasDeAutos.com.
Mientras esperamos que esta tecnología siga evolucionando y se haga masiva, es fundamental que prestemos más atención al momento de girar o cambiar de carril, activando siempre el guiño correspondiente para anunciar la maniobra. Tampoco confiemos únicamente en los espejos. Un rápido giro de cabeza para mirar hacia el lateral trasero puede evitar un incidente.

Sobrepasos
Cuando hagamos un sobrepaso evitemos tocar bocina. Tampoco es recomendable para advertir nuestra presencia. La bocina suele ser ofensiva y/o intimidatoria para el que pedalea. La forma adecuada de sobrepasar una bici es dejar un espacio considerable para no asustar ni correr el riesgo de tocar la bicicleta, lo cual la desequilibra. Las recomendaciones (y legislaciones en algunas partes del mundo) indican que debe haber un espacio de un metro y medio de distancia. Sabemos que en la práctica eso a veces es imposible, por eso dejo esa medida al buen criterio del lector, recordándole que lo que va pedaleando no es sólo un ciclista sino una vida humana.
Es importante que sepamos que en las calles con carriles demarcados la bicicleta tiene derecho a ocupar uno completo y debe circular por el centro del mismo. Incluso en el código de tránsito de la Ciudad de Buenos Aires –Ley 2148-, se permiten hasta dos bicis en paralelo dentro de un carril. En cambio, cuando no hay carriles, deben pedalear por el borde derecho de la acera.

Gentilezas
Hay muchas situaciones que no están contempladas legalmente, pero conforman pequeños actos de bondad altamente apreciados y agradecidos por los que pedalean. Supongamos que vamos manejando por una calle suburbana o rural de tierra. La polvareda que levantamos no es problema entre autos, ¡pero sí que lo es entre autos y bicis! Si vamos a pasar cerca de gente andando en bici, bajemos la velocidad varios metros antes y evitemos llenarles los pulmones de tierra. Volvamos a acelerar solamente cuando estemos lejos. De igual manera, es bueno tener la delicadeza de hacer lo propio en rutas de ripio donde pequeñas piedritas sueltas pueden salir despedidas a velocidades peligrosas desde los neumáticos de nuestro auto.

Las bocacalles, zonas de alerta máxima
En los cruces de calles ocurren muchos accidentes: son lugares de encuentro de vehículos que van en sentidos perpendiculares u opuestos. Por eso debemos reforzar la atención acá. En nuestro país aún tenemos un desafío extra porque no se respeta la escala de prioridades. El peatón debería ser el rey indiscutido de la calle por trasladarse de la forma más humana y democrática que existe. Le siguen el ciclista, el transporte público y el automóvil particular. Sé que resulta raro leer esta teoría, porque en caso de que frenemos para dejar pasar a otro, es casi seguro que el que viene atrás nuestro nos tocará un bocinazo por haber osado cumplir la ley. Nos invito a animarnos a recuperar esa escala de prioridades. No es algo imposible y no vamos a perder nuestra identidad nacional por comportarnos correctamente (“No somos Suiza”, escuché decir muchas veces). Se trata solamente de respetar al otro y entender que esta ley está pensada para proteger a los actores más débiles del tránsito.

El portazo o “dooring”
Se conoce como dooring a la acción de abrir repentinamente la puerta de un auto cortándole la trayectoria a quien va andando en bicicleta y exponiéndolo a un accidente. Para minimizar el riesgo de que esto pase hacen falta dos cosas: que el ciclista mantenga una distancia prudencial con autos estacionados y que quien se baje del auto se asegure de que no venga ningún ciclista antes de abrir la puerta.
Hay algunas sencillas prácticas para evitar el dooring que son fáciles de convertir en hábito. Una de ellas es acostumbrarse a abrir la puerta del auto con la mano derecha. Esto de alguna manera obliga al conductor a girar el torso y la cabeza hacia su izquierda y poder advertir mejor la presencia de una bicicleta que se acerca por ese costado (¡Hagamos la prueba ahora!). Otra forma de abrir la puerta con mayor seguridad es hacerlo en dos pasos. Primero se destraba y se abre sólo unos pocos centímetros, se hace una pausa y después se termina de abrir para descender. La primera apertura corta advierte al ciclista que la puerta está por abrirse y le da tiempo de esquivarla o frenar si fuera necesario.

La relación entre autos y bicicletas no es fácil. Pero justamente debemos cambiar esa idea y pensar en una convivencia entre personas más allá del medio de transporte que se elija. De ambos lados hay derechos y obligaciones. Por eso quiero cerrar esta nota rescatando la actitud de aquellas personas que disfrutan el hecho de moverse en auto y lo hacen de manera responsable, cuidándose y cuidando a los demás. Tomo nuevamente las palabras del periodista Cutuli, que afirma: “Estamos en pleno proceso de cambio y aún no lo asumimos. Las bicis llegaron para quedarse al tránsito urbano y tanto los ciclistas como los automovilistas deben adecuarse a que forman parte de un todo.”

Ilustración Isabel García

*Periodista y guía de ciclismo urbano en eventos turísticos y corporativos.
@tincholehmann, tincholehmann.com.ar.

Nota publicada en revista Biciclub Nº 250, octubre 2015.

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Hablamos sobre: Ciclismo urbano

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