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Cómo resucitar una balconera

Fecha: 11.10.2017

Con solo salir a caminar un rato por la ciudad mirando para arriba vamos a encontrar muchas bicis en cautiverio. Rodados que en otras épocas supieron andar libres por las calles y los parques, hoy están ahí arrinconados en un balcón, incluso a veces asomando una rueda entre las rejas como pidiendo ser rescatadas de esos años de olvido.
La situación es generalmente la misma: personas entusiasmadas con la idea de salir a pedalear las usan un tiempo pero luego viene una larga lista de factores que hacen que caiga en espiral hacia el olvido. El frío, la fiaca, un pinchazo, el poco tiempo dedicado a uno mismo, las lluvias, el miedo, el óxido. La bicicleta termina en el balcón donde no molesta y a la vez nos ahorra enfrentar la realidad que significaría deshacerse de ella. Hacer esto último sería materializar una derrota que nadie quiere asumir.
Afortunadamente el hecho de que aún esté en el balcón permite que siempre haya revancha y que esa antigua bici resurja de las cenizas cual ave fénix. Lo importante es saber que casi siempre se puede recuperar y sin ningún resentimiento nos ofrecerá todos sus beneficios como el primer día que la tuvimos con nosotros.
Con el crecimiento del uso de la bicicleta en los últimos años las balconeras están de parabienes. Es que no siempre es necesario realizar una gran inversión para empezar a moverse en bici por la ciudad. Mi sugerencia habitual cuando alguien me pregunta qué bici comprar es que empiece con la que tiene a mano. Con esa uno puede hacer sus primeros kilómetros y luego decidir si pasarse a otra bici más cómoda o con otro estilo. Así sea una vieja mountain bike de la década del 90 oxidada, desinflada y con un diseño totalmente anacrónico, toda aquella máquina que podamos volver a poner en un correcto funcionamiento es apta para largarse a andar por la ciudad.
Para eso vamos a ver cuáles son las reparaciones o puestas a punto más habituales en estos casos y cómo evitar que una vez liberada esa bici vuelva a terminar olvidada. Entre ellos, encontramos:
-Los cables y fundas, que suelen ser los más afectados.
-Las cubiertas y cámaras que sufren resequedad por el sol directo y el viento constante.
-La transmisión, resumida en una cadena oxidada.
-La dirección, que recibe lluvia, hollín, rocío.
-El cuadro, que puede tener corrosión avanzada.

Lee la nota completa en Biciclub de octubre N° 274, ya disponible en kioscos y bicicleterías de todo el país.

Texto: Martín Lehmann

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Hablamos sobre: Ciclismo urbano

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Nº 276 - Diciembre 2017

NOTA DE TAPA
El centro de tu rueda
EVENTOS: Expo Bici&Run 2017 en La Rural
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ENTREVISTAS: Luciana y Mariana Díaz, pioneras en el bmx argentino
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