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Deportología: deporte y recreación

Fecha: 09.05.2017

Una reflexión de la importancia de la diversión a la hora de practicar cualquier disciplina. Lo que sigue al entusiasmo inicial de elegir la bicicleta y comenzar la rutina de entrenamiento.

Por Eduardo Saint Bonett*

En esta columna hemos tocado temas vinculados a la manera más conveniente de desarrollar la actividad física, sea ciclismo, maratón, natación u otras. Nos hemos referido a ellas tanto desde el enfoque del éxito en el entrenamiento como en el logro del podio y la medalla, como si ello de por sí solo justificara todos los sacrificios, esfuerzos, inversión en materiales, control médico, tiempo, etcétera.
En esta oportunidad quiero tratar otro aspecto básico a tener en cuenta a la hora de elegir y entrenar en determinada disciplina, que si bien seguramente se contempla, no siempre somos conscientes de él. Me refiero al factor recreativo.
Al entusiasmo inicial de elegir, conseguir los medios y adquirir una bici, le sigue la práctica en el terreno. Teniendo en cuenta que hablamos de una disciplina y no simplemente de un esparcimiento o pasatiempo, para progresar debemos someternos a un trabajo que será tanto más arduo cuanto más alta sea la meta a la que aspiramos. Ya no se tratará de una práctica ocasional a la cual acudiremos si tenemos ganas, si no hace mucho frío o mucho calor, si nos dejan los compromisos, los amigos y la familia. Asumir la práctica de una disciplina implica firmeza de carácter, fuerza de voluntad y compromiso con uno mismo. De este modo el espíritu fortalece al cuerpo y el cuerpo reafirma al espíritu.
Hasta aquí todo parece claro, pero ¿qué pasa con el otro aspecto, el recreativo? Es muy probable que a lo largo de todo el proceso comencemos a perderlo de vista, centrando la atención en la obligación. Allí comienzan los problemas. El saber común afirma “sarna con gusto no pica”. Quiere decir que cuando algo me agrada no reparo en dificultades, pero si la diversión se debilita frente a la obligación entramos en cuesta arriba. Bajamos un cambio, luego bajamos otro, tratamos de no perder la frecuencia del pedaleo, respiramos hondo y decimos una vez más: debo llegar, debo llegar.
Posiblemente, en ese caso la satisfacción tenga más que ver con el logro que con la diversión. Usando el término recreación tal vez podamos vincularlo al concepto del “yo puedo”, que desde luego no es poco, ya que el deporte tiene la virtud de proponernos la posibilidad de despertar seguridad en nosotros mismos, pero no todo debería ser desafío. Si olvidamos la recreación nos estaremos perdiendo la mitad de lo que significa y contiene la práctica de un deporte, ya sea amateur como profesional.

*Médico deportólogo y ciclista: edusb2001@yahoo.com

Nota publicada en revista Biciclub Nº 223, julio 2013.

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Hablamos sobre: Entrenamiento y salud, Medicina del deporte

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