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El manual apócrifo del ciclista urbano

Fecha: 20.09.2017

Hace varios años ya que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires presentó el Manual del Ciclista, una publicación que contiene mucha información relevante y de utilidad para quien se inicia a andar en bici por la ciudad, aunque en cierta forma puede resultar exclusivamente teórica. Por eso la cultura urbana de la bici ya viene escribiendo lo que podríamos llamar el manual apócrifo del ciclista: una recopilación de consejos basados en situaciones reales producto de transitar a puro pedal por las calles de la ciudad. Les presento entonces algunos de los puntos más relevantes de esta sabiduría popular.

Poderes ocultos
Uno de ellos es el de los poderes ocultos. Hay dos poderes ocultos de la calle que los ciclistas urbanos con experiencia conocen. Está el poder de los conos: un par de conos naranjas (inocuos para el ciclista) pueden desviar hasta al tránsito más pesado y crear un bypass altamente útil para las bicicletas. Encontrarse con una calle cortada o un desvío suele ser un momento de pequeña gloria ciclista.
El otro poder oculto es el contacto visual. El mirar a un conductor a los ojos en una bocacalle cualquiera o una salida de cochera es una estrategia muy potente para la seguridad de quienes vamos pedaleando. Instantáneamente se reestablece un cierto grado de humanidad entre dos personas, independientemente de qué vehículo estén usando en ese momento, y puede generar una compasión inesperada.
Desafortunadamente los vidrios polarizados de algunos autos suelen ser efectivos escudos protectores que pueden anular los efectos de este poder.

Bocinazos que nos dan seguridad
Si hay algo que irrita a quienes vamos circulando correctamente con nuestra bici por la calle es aquel bocinazo sinsentido. Ese que parece decir “correte que estás molestando”. Sin embargo, aunque parezca mentira, hay algo positivo en esto. Sabemos que muchos accidentes que ocurren con bicis son porque un conductor no advirtió la presencia del ciclista. Por eso, si un conductor nos toca la bocina tendremos la certeza de que nos vio. Y si nos vio significa que ya estamos en sus cálculos de maniobra, por ende no nos atropellará accidentalmente.
De todas formas hay que estar atentos a los reiterados bocinazos, porque pueden indicarnos que se trata de alguien con los ánimos alterados que podría deliberadamente ponernos en riesgo con un sobrepaso peligroso o encerrándonos con el vehículo.

Texto: Martín Lehmann
Foto: Ariel Sabatella

Lee la nota completa en la edición de Biciclub de septiembre N° 273

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Hablamos sobre: Ciclismo urbano

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Nº 274 - Octubre 2017

NOTA DE TAPA
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MECÁNICA: Montaje y regulación de la transmisión
VIAJES: Cuba en mountain bikes
ENTREVISTAS: Amigos del Pedal, desde Salta
ENTRENAMIENTO: Qué hacer en el último trimestre del año [+]

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