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El viaje como enseñanza

Fecha: 27.07.2016

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Las vivencias de una pareja de cicloturistas debutantes que recorrieron Centroamérica durante un año. Aprendizajes, momentos destacados y recomendaciones para quienes quieran iniciarse en el arte de viajar en bici.

Siempre fueron un poco inquietos. Les gusta explorar lugares, conocer gente nueva e incluir en sus vidas retos desafiantes. Como resultado de todo eso, la brasilera Mariana Nunes (29) y el uruguayo Luis Enrique “Quique” Durante (33) se lanzaron a recorrer América Central en bicicleta y lo lograron en poco más de un año.
“La idea de nuestro viaje fue centrarnos más en el camino que en la llegada, menos en lo cómodo y más en lo incierto, un poco austero y por lo tanto más cercano a las personas”, cuenta la pareja.

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Meses intensos
Mariana es licenciada en hotelería y Quique es contador y estudia antropología. Con sólo una experiencia de viaje de un día y 140 kilómetros de Montevideo a Minas, comenzaron su periplo. Volaron desde Montevideo, donde viven, hacia Panamá. Desde ahí siguieron rumbo a Costa Rica, luego a Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y México, y llegaron hasta Real de Catorce. Después continuaron hacia Cuba, regresaron a México para hacer el trayecto de Mérida a Cancún y volvieron a Uruguay en avión.
Si bien al momento de concretar el recorrido llevaban casi cuatro años en pareja, ambos coinciden en que la rutina de viaje es bastante distinta a la vida en la ciudad: “La cuestión de la convivencia en el viaje no nos la habíamos planteado antes de iniciar el recorrido. Pasábamos 24 horas prácticamente pegados, a lo que se sumaba el cansancio de horas de pedaleo, las decisiones diarias acerca de dónde dormir, cuándo comer y qué camino seguir.”
Los viajeros aseguran que la intensidad de los primeros meses fue complicada por momentos, pero que después pasaron a una etapa mucho más enriquecedora: “Nos acomodamos, respetamos nuestras diferencias, entendimos el punto de vista del otro, nos ayudamos y fuimos más compañeros. Lo positivo del viaje fue que nos conocimos mejor.”

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Lo bueno y lo malo
Entre los mejores momentos de su recorrido, Quique y Mariana recuerdan la generosidad y hospitalidad de las personas que se encontraron en el andar, además de los volcanes que conocieron, las ceibas, las comidas típicas, los viejos y nuevos amigos que los esperaban.
“El viaje nos permitió acercarnos a algunos aspectos del país y vivir con su gente, recibir su calidez y hospitalidad. Ahora, cuando escuchamos noticias sobre estos lugares, que suelen ser tragedias y problemas, recordamos nombres, vivencias, afectos y podemos contrarrestarlas. El mundo es mucho más que los miedos y peligros que predominan en los medios de comunicación”, opinan.
Entre los momentos más complicados, los cicloturistas recuerdan a las subidas interminables, principalmente en Guatemala, a las rutas muy angostas y los pedaleos de noche en lugares desconocidos: “También la violencia que vimos, tanto económica como de armas y de discursos, los muros, las injusticias, los dolores de muchos”, aseguran, aunque nunca consideraron no seguir adelante: “Sabíamos que no iba a ser un viaje turístico, lo tomamos como un camino de aprendizaje que sería difícil por momentos, peligroso en ocasiones”.
Como todo viaje, el recorrido en bicicleta también dejó una enseñanza: “En la bicicleta no dependés solo de vos. La vida independiente y solitaria que en ciertos ambientes se exalta, en la ruta no funciona. La solidaridad, el tiempo de conversación y la escucha atenta fueron aspectos que aprendimos a apreciar y tratamos de incorporar a nuestra vida cotidiana”, revelan Quique y Mariana. Al mismo tiempo, aseguran que la bici es una manera de centrarse en el presente, reducir ansiedades concentrándose en el pedaleo, con todos los sentidos alerta.

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La importancia del recorrido
Dicen Quique y Mariana que lo más importante al comenzar un largo viaje en bicicleta es animarse, tener la voluntad de salir de la zona cómoda y dejarse llevar por la intuición. “Adquirir otros ojos, moverse en otra velocidad –explican. No se necesita una súper condición física como suele pensarse. Nosotros no la teníamos, pero la adquirimos en el camino, a medida que transcurrían los kilómetros.”
Los dos reconocen que hay cosas que hubiesen querido escuchar antes de partir, como la importancia de no cargarse de elementos innecesarios: “Antes de salir hicimos unas compras en el supermercado y fue un exceso: jabones extras, un botiquín grande, enjuague bucal, un kilo de arroz. Es decir, cosas que no íbamos a necesitar para las primeras semanas y que nuestras piernas reclamaron.”
Entre los planes actuales de la pareja están escribir un libro con todas las vivencias que recolectaron en el camino, muchas de ellas publicadas en su blog. “Vamos a establecernos de forma fija pero temporalmente, para trabajar, estudiar y escribir los diarios de viaje. Haremos algunos viajecitos cortos por nuestros lugares cercanos y a veces también desconocidos“, cuentan. Y aclaran que no les importa el tiempo pero sí el recorrido: “La bici reduce el tamaño del mundo a la inmensidad del cuerpo y lo andado.”

Info: www.acercandomundos.com, en Facebook: Acercando Mundos.

Nota publicada en revista Biciclub Nº 250, octubre 2015.

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Nº 274 - Octubre 2017

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