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Equipamiento: El Santo Asiento

Fecha: 05.01.2015

 

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Los puntos más importantes a tener en cuenta cuando estamos en la búsqueda de un asiento más cómodo. ¿Cómo es el asiento ideal: blando o duro, ancho o angosto? Las partes del asiento y la influencia de cada una de ellas en sus prestaciones.

La gran mayoría de los ciclistas nos pasamos toda la vida en la búsqueda del asiento más cómodo, una búsqueda que es para los ciclistas algo así como la búsqueda del Santo Grial para los católicos. Y tanto se parecen una y otra cosa que, así como los cristianos no logran definir qué es exactamente el Santo Grial, tampoco los ciclistas nos ponemos de acuerdo en cuál es el Asiento Cómodo o Santo Asiento. Es que además de que el criterio de comodidad difiere bastante entre persona y persona y de que el grado de acostumbramiento a un determinado asiento nos puede hacer confundir comodidad con “costumbre”, suceden cosas en el ciclismo como, por ejemplo, que alguien deja de pedalear en los meses de crudo invierno y, cuando en la siguiente primavera vuelve a subirse a la bici, aquel asiento que tan caro le había costado el año anterior y que tantas “caricias” le había dado a sus asentaderas, ahora ya no se comporta tan amablemente… ¿Podemos, en estos casos, echarle la culpa al asiento?, ¿o será que podemos solucionar el tema simplemente rodando unos días, hasta que todo vuelva a la normalidad y nuestros cachetes se sientan nuevamente acariciados? Un ciclista que estuvo fuera de la bici durante un par de meses y que por consiguiente está fuera de forma, cuando retoma el ejercicio suele sentirse bien y arrancar fuerte, pero sus piernas rápidamente pedirán socorro, flaquearán, y cuando las piernas se cansan el ciclista deja caer pesadamente su cuerpo en el asiento… Conclusión: nunca compremos asiento nuevo cuando de lo que se trata es, en principio, de nosotros, no del asiento. Si no estamos en forma, primero pongámonos en forma, y luego, una vez logrado esto, busquemos, de ser necesario, el asiento adecuado.
Ahora bien, llegado el caso de que estamos en esa búsqueda, el camino más inadecuado es decidir por consejos ajenos. El asiento que le resulta cómodo a él puede no resultarme cómodo a mí. Cada cuerpo es diferente, cada estilo de manejo es personal, etcétera. El camino adecuado es conocer cómo es un asiento, qué cosas puede ofrecernos y valorar cada una de sus prestaciones. Para ello, te aportamos estos apuntes.
(Aclaración: no nos referiremos en este trabajo al tema del asiento del corredor, que merece un tratamiento aparte, sino al del ciclista que hace muchos kilómetros sobre su bici pero que no compite.)

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Blando o duro
El primer impuso de todo ciclista que se siente incómodo con su asiento es el de buscar uno más “blando”. Algo habitualmente incorrecto. Todos sabemos que, por ejemplo, un colchón o una almohada más blando suelen ser la peor solución para nuestras incomodidades nocturnas. Y el asiento de la bici no escapa a esa regla. Veamos por qué.
Si nos sentamos erquidos sobre una tabla, podemos constatar que nuestros “huesos para sentarnos” o tuberosidades isquiales reciben todo nuestro peso. Están preparadas y diseñadas para ello y no se “quejan” de su función, salvo lesiones específicas. A la inversa, el “valle” blando que hay entre estas dos tuberosidades no está en absoluto preparado para recibir peso. Justamente, muchos casos de incomodidad con el asiento tienen origen en que la mayor parte de peso del ciclista se dirige a esta zona intermedia y no a las tuberosidades isquiales.
Para graficar esto, ahora volvamos a sentarnos erguidos sobre la tabla, pero poniendo entre nuestro cuerpo y ella una almohada blanda. Nuestras tuberosidades isquiales “vencerán” la blandura de la almohada y volverán a apoyar nuestro peso sobre la tabla, pero resultará que ahora la almohada reaccionará de manera tal que tendremos parte de nuestro peso apoyado también en la zona intermedia entre las dos tuberosidades, que no es precisamente lo buscado. Es decir, tendremos menos peso en donde es ideal tenerlo y más donde no sirve que lo tengamos. Esto mismo sucede con un asiento de bicicleta.
Es común ver gente en las bicicleterías presionando con su pulgar un asiento para percibir cuán blando es. Y como los fabricantes saben esto más que nadie, cuanto más quiera vender un fabricante más blando va a hacer sus asientos… Este tipo de asiento sólo es percibido como cómodo para la persona que hace trayectos muy cortos, de no más de dos o tres kilómetros. Y justamente es el peor tipo de asiento para el que anda mucho.
Asociado a esta cuestión, hay un término que los fabricantes de asientos suelen usar con frecuencia, “gel”, y que suele ser aceptado como la “solución final” por muchos usuarios crédulos. No es que esté mal utilizar geles para rellenar los asientos, muy por el contrario. Lo que sucede es que el que un asiento tenga un relleno de gel (o gel “super soft”, o lo que sea) no garantiza comodidad, ya que por encima de la blandura está el diseño y otras cuestiones, que son las que justamente estamos explorando en estos apuntes.
Por último, otro elemento de “blandura” que hay en el mercado es el de las famosas fundas de gel. Hay muchas variantes y calidades de éstas, pero lo cierto es que si tenemos un asiento incómodo, por más que le pongamos por encima una funda blanda, el asiento va a seguir haciéndonos sufrir, y encima con un gasto adicional… Si el asiento es incómodo, cambiemos de asiento, y recién cuando tengamos un asiento adecuado a nuestra anatomía y forma de pedalear podremos decidir si vale la pena agregarle o no una funda de gel.

Ancho o angosto
Este tema es crucial y también fruto de grandes malentendidos. Y tiene que ver precisamente con el espacio entre las dos tuberosidades isquiales de que venimos hablando. Si un asiento es muy angosto, nuestra tuberosidades “colgarán” a cada lado del asiento, quedarán en el aire, sin recibir peso alguno, peso que inversamente recibirán nuestras partes “blandas”, no preparadas para ello. Y si es muy ancho nos provocará constantes rozamientos en la parte interior de los muslos, al pedalear, ya que no se trata de un asiento en el que nos sentamos y permanecemos quietos sino que sobre él nuestro cuerpo se mueve constantemente al pedalear y nuestras piernas suben y bajan.
Otro tema que suele confundir en esta cuestión es que los fabricantes de asientos parten del supuesto de que las tuberosidades isquiales de las mujeres están más separadas entre sí que las de los hombres, por lo que hacen y recomiendan asientos más anchos para ellas y más angostos para ellos. Esto puede resultar cierto en muchos casos pero no en otros tantos. Las diferencias individuales en la conformación del cuerpo del ser humano son enormes.

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Las partes del asiento
El asiento de bicicleta está compuesto básicamente por cuatro partes: los rieles, la base, el relleno y la cubierta.
– Los rieles conforman un verdadero marco estructural del asiento. Usualmente tienen la forma de una flecha que apunta hacia adelante y por lo general están hechos de aceros, aluminios, titanio o carbono. Además de ser el marco del cuadro, los rieles vinculan al asiento con la grampa de sujeción.
– La base del asiento está vinculada a los rieles en tres puntos (adelanre en el vértice de los rieles y atrás en los dos extremos posteriores). Esta base es generalmente de plástico, y puede ser rígida en asientos de mala calidad o más flexible en asientos de mejor calidad. La flexibilidad de esta estructura agrega comodidad. Además, en los buenos asientos esta base se adelgaza en los sectores críticos.
Actualmente se ha afirmado la tendencia a que la base tenga un gran agujero en el medio (con la funda y el relleno acompañando o no esa forma), en atención a reducir la presión precisamente sobre esas zonas delicadas del cuerpo. A esos asientos se los llama genéricamente “antiprostáticos”. Esto puede funcionar, pero cuando compramos un asiento de este tipo hay que observar que los bordes internos del agujero no sean “filosos” o sobresalientes como para concentrar carga en la zona de la ingle. Inversamente, esos bordes deben ser redondeados y descendentes. Por otra parte, insistimos en la peculiar forma de cada cuerpo. Un agujero antiprostático puede estar bien diseñado para una persona y no para otra.
– El relleno suele estar hecho de una espuma o, como dijimos arriba, de un gel. Si este relleno es demasiado suave o demasiado duro, puede traernos problemas, ya sea por presionar nuestras zonas delicadas o por generar rozamientos.
– Por último tenemos la cubierta, que puede ser de cuero, plástico u otros materiales sintéticos. Esta cubierta debe ser suave pero debe ofrecer grip, no ser en exceso resbalosa, firme pero no frágil, lavable y, de ser posible, “respirable”.
El cuero es el material más noble para este propósito, aunque el más caro. Por algo sigue siendo universalmente utilizado en asientos de calidad. Sintéticos como la Lycra son respirables pero suelen ser resbaladizos y frágiles, además de que particularmente se desgastan en los bordes del asiento y donde el asiento sufre más presión. El vinilo es lo más parecido al cuero pero más barato, es suave pero con tendencia a ser resbaloso, poco y nada respirable, más durable que la Lycra.

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Asientos de cuero tensado
No son precisamente deportivos, pero pueden resultar casi ideales para el que hace mucho kilómetros sobre su bici (cicloturistas, etcétera) y no les importa cargar con un poco más de peso que con un asiento plástico. Estos asientos tienen un sistema de rieles básicamente igual al de los asientos con base de plástico, pero con un puente metálico curvado que conecta a los dos extremos posteriores de la V. Un capa gruesa de cuero es remachada sobre este puente y a un artilugio metálico ajustable ubicado en la nariz del asiento. El cuero queda así tensado como una hamaca paraguaya.
Este tipo de asiento es una gran opción, como dijimos, para los que hacen muchos kilómetros. El cuero, tensado de esta manera, se estira y flexiona, no requiere de relleno alguno y además “respira”. Y con el tiempo va tomando la particular forma de nuestras asentaderas, un mérito exclusivo de estos asientos. En suma, ofrecen gran confort y son particularmente eficientes con altas temperaturas.

Hay muchos más temas para tratar en cuanto asientos, entre ellos uno clave, como es la posición del asiento (altura, ángulo, adelante-atrás). Pero lo que vimos son los puntos claves para la elección de un asiento y para sortear mitos, medias verdades y mentiras al respecto. Con este material podemos pensar mejor en cómo elegir un asiento. Más adelante veremos cómo usarlo correctamente.

Nota publicada en revista Biciclub Nº 211, julio 2012.

 

 

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One Response to “Equipamiento: El Santo Asiento”

  1. Manuel dice:

    Excelente artículo..

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