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¿Estás rindiendo bien?

Fecha: 30.03.2014

Cómo evaluar la capacidad de rendimiento de un atleta. Los diversos métodos disponibles y a qué tipo de deportistas es conveniente aplicarlos. La importancia de saber interpretar los datos que ofrece cada método.

por Elisa Lapenta*

LIMA XC-0948

Foto: Ariel Sabatella

Es bien sabido que lo que busca cualquier persona que entrena es mejorar y a veces, por qué no, ganar. Pero todos queremos saber si el esfuerzo que estamos haciendo está dando o dará los resultados que esperamos. El deportista, sea de tiempo libre o de cualquier nivel, necesita testear permanentemente la mejoría -o no- de su rendimiento. En este sentido, es la capacidad de rendimiento la que expresa el grado de mejora posible de un orden motriz en una actividad deportiva. Esta capacidad está influida por:

1. Factores físicos: funcionales y anatómicos.
2. Factores psicológicos: intelectuales y emocionales.
3. Entorno: positivo y negativo.

Entonces, si las variables que inciden en el rendimiento deportivo son numerosas, ¿cómo hacemos para controlar y/o evaluar esta capacidad de rendimiento? Para dirigir correctamente el proceso de un entrenamiento deportivo hay que ser capaz de apreciar las modificaciones del estado funcional que aquel determina, y que pueden resultar de un período largo de entrenamiento (estado de etapa) o de una sesión o microciclo (estado operacional). Mediante los controles adecuados podremos monitorear los efectos de la fatiga resultantes de una sesión, un microciclo y hasta un período. También detectaremos la rapidez de los procesos de recuperación de un sujeto. Sólo así podremos optimizar el proceso del entrenamiento y eventualmente reestructurar o rediseñar la planificación.

Diferentes opciones
En la actualidad los entrenadores tenemos al alcance de la mano las más diversas formas para controlar la evolución del rendimiento de nuestros deportistas. Mencionaremos sólo algunos métodos, yendo de los más complejos a los más simples:

1. Analizador de lactato (en el lugar y al instante).
2. Medidor de potencia de pedaleada (en ciclismo).
3. Pulsómetros con funciones simples y complejas (hasta con GPS), de diferentes precios, en un sencillo reloj de muñeca.
4. Percepción subjetiva de la fatiga, el rendimiento y la recuperación.

Analizador de lactato
Durante el ejercicio se generará en mayor o menor grado una sustancia de deshecho denominada lactato, proveniente de la producción de energía que se requiere para la contracción muscular. La presencia de grandes cantidades de lactato conlleva, antes o después, a la merma del rendimiento del deportista (Ver columna “El lactato”).
En el mercado existen medidores de esta sustancia -que por cierto son de alto costo, tanto la máquina como los reactivos necesarios para la evaluación- y que nos permiten evaluar en la pista, en la ruta, en el gimnasio o en la pileta los niveles de ácido láctico en la sangre de un deportista.
Pasando ahora al campo netamente práctico del asunto, si el entrenador decide hacer un testeo de lactato es necesario saber:
– Para qué se hace: qué objetivo se pretende lograr, qué datos se quieren obtener.
– Cuándo se hace: en qué etapa de la planificación será realizado.
– A quién se lo hace: no es igual de significativo hacerle un test de lactato a Doña Rosa que a Lance Armstrong.
– Qué se hará luego con los resultados: saber interpretar los datos que arrojan estos tests.
Aquí quiero detenerme y plantear una postura absolutamente personal. No soy partidaria de los tests de lactato para todo el mundo. Sólo unos pocos deportistas -los de mediano y alto rendimiento- ameritan este tipo de evaluaciones.
Conozco a muchos entrenadores que, como se compraron “la maquinita” para medir lactato, le venden a sus deportistas la necesidad inobjetable de realizar tests de lactato (que dicho sea de paso, son de altísimos costos). Un deportista amateur, tal vez algo desinformado pero que confía plenamente en su entrenador, se somete a dichas evaluaciones. Pero, ¿qué puede interpretar si su entrenador le dice solamente que tuvo siete milimoles de lactato? De esta información surgen más preguntas que certezas. Que tenga siete milimoles ¿es bueno o malo?, ¿se puede mejorar esa medida?, ¿se necesita mejorarla?, ¿cómo se logra?, ¿cada cuánto vamos a repetir dicho test? Y cuando lo repitamos, ¿podremos hacerlo bajo exactamente las mismas condiciones que la vez anterior?
Creo que una vez más -como tantas otras- en este caso se está mezclando todo. En mi opinión, los entrenadores debemos plantear qué queremos evaluar, pero corresponde a un médico fisiólogo realizar estos tests y ayudarnos en la interpretación de los resultados para que luego los entrenadores podamos plantear metodologías de entrenamiento para mejorar. (Una pequeña salvedad que tiene que ver con esto es que legalmente sólo los médicos y bioquímicos están habilitados para sacar sangre.)
Debo aclarar que en mi época de entrenadora ayudante de la nadadora Georgina Bardach presencié como su head coach la hacía testear periódicamente con lactato en los dos años previos a los Juegos Olímpicos de Atenas. Creo que en este caso sí era necesario, y de hecho la medalla de bronce de Georgina respalda inexorablemente la decisión de su entrenador.
En conclusión, hacer tests de lactato a deportistas amateurs y hacerlos sin solución de continuidad carece de sentido.

Medidor de potencia
Otra manera de controlar el rendimiento específicamente en ciclismo es a través de los medidores de potencia. La potencia, cuya unidad de medida es el watt, puede definirse de la siguiente manera:
potencia = fuerza x velocidad
En el caso del ciclista nos referimos puntualmente a la fuerza ejercida sobre el pedal y a la velocidad de las piernas (o cadencia). Entonces, a una cadencia constante (por ejemplo, 90 ppm) si incrementamos la fuerza que aplicamos sobre el pedal, esto se traducirá directamente en un aumento de la potencia. Por el contrario, si a cadencia constante disminuye la fuerza aplicada sobre el pedal, también disminuirá la potencia.
Podemos evaluar la potencia en un laboratorio -situación ideal- o bien mediante tests de campo -situación real-.
La potencia se puede utilizar también para prescribir la intensidad del ejercicio.
Llevado a la práctica, existe una reconocida marca de GPS que ofrece medidores de potencia y numerosas variables más en una computadora que es apenas unos milímetros más grande que las que solemos ver en las bicicletas. Su única desventaja es el precio.
Sin embargo, al igual que el test del lactato, el potenciómetro no es para todos los deportistas. Un ciclista principiante que sale a rodar tres veces por semana durante una hora a intensidades bajas, no necesita un medidor de potencia. En cambio, lo primero que necesitará es incrementar la cantidad de sesiones semanales y luego la duración de esas sesiones, para pasar recién a darle distintas intensidades. Y en este proceso se nos pueden pasar unos cuantos meses. Mejor es primero entrenar durante un año seguido con continuidad y recién luego comprarse un potenciómetro.

Pulsómetro
Esta es, tal vez, la manera más reconocida y popular de controlar los entrenamientos. Hay pulsómetros de numerosos tamaños, formas, colores y precios, sumergibles y no sumergibles, con límites máximos y mínimos de frecuencia cardíaca, con la función incorporada para determinar las zonas de trabajo (que no son otra cosa que los distintos subniveles aeróbicos y anaeróbicos), con medidor de gasto calórico y hasta los más modernos que traen incorporado un GPS.
Sabiendo interpretar los datos y conociendo sus puntos débiles (por ejemplo, que el pulso es una variable altamente sensible a situaciones cotidianas como el estrés, la alimentación e incluso las horas de sueño o de descanso), considero que el pulsómetro es la herramienta más accesible para monitorear el rendimiento.
Sin embargo, la clave está, una vez más, en saber interpretar. Aquí, un ejemplo práctico de en un maratonista:
a) Un lunes se realizan 20 pasadas de un kilómetro a 3m 45s, con dos minutos de pausa y a 155 pulsaciones de promedio.
b) Cuatro lunes más tarde se realizan 20 pasadas de un kilómetro en 3m 35s, con dos minutos de pausa, pero a 168 pulsaciones promedio. Lo que todos atinaríamos a decir es que nuestro deportista mejoró. Sin embargo, eso sería analizar únicamente la variable de tiempo y adelantarnos en el proceso de adaptación.
Este deportista realmente habrá mejorado cuando haga lo siguiente:
c) 20 pasadas de un kilómetro en 3m 35s, con dos minutos de pausa a 155 pulsaciones promedio. Allí es cuando verdaderamente se da la adaptación y la mejora: cuando se logra aumentar la intensidad de las pasadas manteniendo las pulsaciones.

Percepción subjetiva
Si se quiere, esta es la herramienta más rudimentaria, pero no por ello menos valedera. Se trata de escuchar al deportista, de preguntarle cómo se siente, de estar atento a sus respuestas y al tono y al modo de expresarlas.
Cuento entre mis entrenados con un grupo numeroso que no tiene pulsómetro -ni piensa tenerlo por el momento- y que sólo se guía por distancias, tiempos y sensaciones. Aunque no lo crean, ellos también mejoran. Claro está que en su mayoría se trata de deportistas de nivel inicial, pero que están construyendo una base sólida en su rendimiento y que también tienen metas igualmente meritorias, como puede ser disfrutar de una carrera sin que importe el puesto y terminar “enteros”.
Estas personas buscan logros cualitativos más que cuantitativos. Les interesa sentirse bien y plenos, antes que saber qué tiempo hicieron y cuántos pulsos tenían o cuántos kilómetros sumaron en la semana.
Simplemente les pregunto cómo están y las respuestas pueden ir desde un “excelente, con muchas ganas de entrenar” hasta un “muy cansado, dormí mal anoche así que voy a hacer lo que pueda”.

Recapitulando
En conclusión, todos los medios de medición del rendimiento descritos son validos siempre y cuando sepamos:
– con quién usarlos,
– cómo usarlos,
– para qué usarlos y
– cuándo usarlos.
Y lo más importante de todo es saber interpretar los datos que se desprenden de cada deportista. Sin esto último sólo estaremos acumulando datos en un pendrive, en una notebook o en una planilla.
Sea cual fuere el o los métodos de control que elijamos aplicar con cada deportista lo más valioso será poder luego adaptar las planificaciones individuales para optimizar el proceso del entrenamiento.

REACCIONES METABÓLICAS
El lactato
La intención de este apartado no es adentrarnos demasiado en el intrincado campo de la fisiología del ejercicio, pero sí explicar brevemente qué es y cómo se forma el ácido láctico. Para muchos lectores, deportistas y entrenadores lo que viene puede ser chino básico, pero es importante que sepan que no es grave ni está mal no saber tanto de fisiología.
Por metabolismo se entiende el conjunto de reacciones químicas convenientemente ordenadas, determinadas por catalizadores biológicos (enzimas). Para llevarse a cabo, este proceso necesita energía, que es inherente a los enlaces que tienen lugar entre átomos. La formación de un enlace requiere energía y su ruptura la libera.
Existen dos clases de reacciones químicas, las anabólicas, que requieren energía para la formación de nuevos enlaces químicos, y las catabólicas, que liberan energía proveniente de la ruptura de los enlaces. Ahora bien, el metabolismo se abastece de tres tipos de sustancias: las grasas (AGL), los hidratos de carbono (glucógeno/glucosa) y las proteínas.
¿Dónde aparece el lactato en escena, entonces? Pues este no es más que un metabolito intermedio de la degradación de la glucosa. Hay 11 pasos que deben cumplirse para la degradación de la glucosa a ácido pirúvico (piruvato) y su reducción (+ hidrógeno) a lactato. Este proceso tiene lugar en el citoplasma.
Los siguientes son algunos conceptos claves relacionados al lactato:
– Producción: tasa de aparición de lactato en sangre o en la célula muscular.
– Remoción: tasa de desaparición de lactato en sangre o en la célula muscular.
– Steady state: estado estable, que es igual al equilibrio entre la producción y la remoción.
– Turnover (reconversión): es igual a la reversibilidad de la reacción piruvato-lactato. Existe una vía metabólica por la cual el lactato puede reconvertirse en piruvato e ingresar luego al ciclo de krebs (una sucesión de reacciones químicas que forma parte de la respiración celular). Cuando el turnover iguala a la producción hay steady –state.
– Acumulación: cuando la producción supera la remoción, la concentración de lactato aumenta. Este aumento puede darse por incremento de la producción, disminución de la remoción o ambos factores.

Bibliografía
– Entrenamiento del ciclista, de Chris Carmichael.
– El entrenamiento deportivo, de Vladimir Platonov.
– Planificación del entrenamiento deportivo, de Manso, Valdivieso y Ruiz Caballero.

*Elisa Lapenta (41) es entrenadora de afamados deportistas de alto rendimiento. Info: (0351) 15-6225243, elisalapentah3o@hotmail.com, www.h3osports.com.ar.

Nota publicada en Biciclub Nº191, noviembre 2010.

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2 Responses to “¿Estás rindiendo bien?”

  1. excelente nota.
    Felicitaciones

  2. martin dice:

    La verdad que muy agradecido por la nota , exelente;lo dice todo muy claro.Muchas gracias

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