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Futura mamá y deportista

Fecha: 30.09.2016

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Al quedar embarazadas, muchas mujeres enfrentan cantidad de dudas sobre qué ejercicios pueden hacer y cuáles deben interrumpir. Las palabras de médicos, entrenadoras y mamás que no se quedaron quietas en la dulce espera echan un poco de luz sobre el asunto.

Texto Rocío Cortina | Foto: Ariel Sabatella

¿Hasta cuándo va a entrenar esta chica? ¿Le habrá preguntado al médico? Quizás tendría que descansar, le haría bien al bebé. Al ver a futuras madres pedalear con una simpática pancita o ir al gimnasio hasta los días previos al parto, los comentarios surgen muchas veces con un tono aleccionador. Pero, si bien cada caso es distinto, los especialistas consultados en esta nota afirman que no hay motivos para que la mujer interrumpa sus prácticas deportivas durante el embarazo. Aunque, claro, con algunos recaudos. Bajar un cambio y disfrutar del deporte en vez de competir, están entre las máximas.

Palabras autorizadas
A lo largo de la historia ha existido una controversia sobre la conveniencia o no de la actividad física durante el embarazo, afirma el médico deportólogo Eduardo Saint Bonnet. Hoy ya no se conjetura, porque la ciencia está capacitada para opinar con fundamento: “La actividad física siempre es conveniente frente al sedentarismo. Es mejor moverse que estar quietas, pero debemos hacer hincapié en el deporte moderado, no competitivo, para que sean gestantes sanas”, afirma el especialista cordobés.
Desde el punto de vista corporal, son muchas las adaptaciones que se producen en el organismo durante el embarazo. Saint Bonett explica que el corazón aumenta su trabajo, hay taquicardia progresiva y el útero grávido obstaculiza el retorno venoso de los miembros inferiores. El volumen de sangre aumenta casi en un 45%, es decir que el corazón debe bombear casi dos litros de sangre más. A su vez, crece el requerimiento de hierro a casi 1 gramo por día. El aparato respiratorio aumenta el requerimiento de oxígeno, por lo tanto se expande la caja torácica, sube la frecuencia respiratoria y la hormona progesterona hace que crezca la capacidad alveolar del pulmón.
En lo que hace al metabolismo, los carbohidratos se acumulan en el hígado y la grasa subcutánea funciona como reserva de energía, o sea que hay un aumento de peso y talla. El promedio de aumento de peso al final del embarazo es de 12 kilogramos. Eso produce una sobrecarga articular sobre pies, piernas, cadera y columna vertebral, que puede ocasionar molestias.
En su libro “Embarazo, ¿Dulce espera?”, el Doctor en Medicina Mario Sebastiani se dirige a dos grupos de embarazadas: las que realizaron actividad física antes de la gestación y las que no. En el caso de las primeras, Sebastiani afirma que no hay motivo para que no continúen con la práctica. Por el contrario las beneficiaría para disminuir frecuentes dolores de cintura, calambres, constipación y acidez y, por otro lado, les ayudará a aumentar su capacidad energética y a mejorar su respiración u oxigenación.
Sin embargo, Sebastiani coincide con Saint Bonett en que la mujer debe restringir la competencia “porque aumenta las exigencias y es probable que no se encuentre a la altura de sus rivales, y el exceso de actividad por encima de su tolerancia puede perjudicar la evolución de su embarazo.”
Para aquellas mujeres que no han practicado ejercicio antes, el médico de la División Tocoginecología del Hospital Italiano de Buenos Aires sostiene que el embarazo no es un buen período para comenzar: “De por sí es una exigencia física sumamente importante para el organismo, motivo por el cual la mujer tiene que ser muy cuidadosa para sumar dos o más elementos de consumo energético.”
Pero si de todos modos la futura mamá quisiera hacer ejercicio, Sebastiani recomienda intentar con gimnasia para embarazadas, yoga, relajación o caminatas al aire libre: “Si la mujer acepta esta sugerencia, habrá aprendido tanto acerca de su cuerpo y de los beneficios del ejercicio que, después del parto, se convertirá en una persona dinámica, saludable y preocupada por su bienestar psicofísico”, asegura el médico.

Cada panza, un mundo
A pesar de las máximas médicas, los consejos y recomendaciones, cada panza es un mundo de sensaciones y revoluciones propias. A Isabel García, compañera de redacción de Biciclub y directora de biciclub.com, todos la veíamos llegar a trabajar en bicicleta y con panza. Sol, que hoy tiene diez meses, estaba en camino y la bici como modo de transporte seguía siendo aliada de su futura madre: “Me hizo muy bien para mantenerme en forma y estabilizar mis niveles de glucosa en sangre, ya que soy diabética. Pedaleé hasta el séptimo mes, después se complicaba. Las últimas veces que había subido a la bici me daban contracciones ¡Por esas fechas me daban hasta por barrer! Me di cuenta de que tenía que bajar la actividad física intensa y volcarme al yoga o stretching.”
Enfrentar el mito que, palabras más palabras menos, afirma que las embarazadas tienen que quedarse quietitas fue una de las cosas más molestas, resalta Isabel: “La gente me inquiría sobre lo que hacía, algunos hasta me trataban de inconsciente. Muchas mujeres me dijeron que sus médicos les habían prohibido pedalear durante el embarazo porque se podían caer. Son cosas que lamentablemente suceden, una se puede caer haciendo cualquier cosa, caminando o subiendo una escalera. Tenemos que estar alertas pero no por eso dejar de movernos.” Y al hablar sobre los cuidados al andar en bici con panza, Isabel remarca: “Trataba de despegar la cola del asiento cada vez que pasaba por algún desnivel o pozo aunque fuese muy pequeño, de prestar más atención al tránsito e ir a velocidades más bajas, no sólo para no subir pulsaciones sino también para que cualquier caída pudiera resultar menos peligrosa.”

Cuando la cigüeña llega en el momento clave
La ciclista correntina Cristina Greve, dedicada a la ruta y actual integrante del equipo Shimano Ladies Power, estaba en un gran momento deportivo cuando quedó embarazada de Ramiro: “Me encontraba en la temporada de ruta en San Juan y tuve que readaptar todo, mis entrenamientos y objetivos. Con un hijo nunca son los mismos tiempos”, confiesa Cristina, en pareja con el también ciclista Leandro Botasso.
Al igual que Isabel, Cristina pedaleó hasta el séptimo mes de embarazo y se volvió a subir a la bici al mes de parir, aunque sin una rutina deportiva: “Sólo por amor a la bici, mientras acomodaba mis tiempos a los tiempos del nene. Después seguí con el asesoramiento médico y de mi entrenador, entrenaba y amamantaba, no era una tarea fácil. Pero siempre tuve el apoyo de la familia, porque sin ellos no hubiese podido ni puedo seguir.”
La actual entrenadora de Cristina en el Ladies Power es Verónica Martínez, quien al referirse al tema, aprovecha para hacer especial hincapié en el arte de la organización para lograr metas: “Pienso que es primordial la planificación del embarazo a la par de un programa de preparación deportiva con metas que ayuden al retorno completo del nivel competitivo requerido.” Cuando le preguntamos a Verónica qué cuestiones recomienda tener en cuenta durante la gestación, ella dice que jamás hay que quedarse: “Se debe evitar abandonar por completo la actividad física. Es importante mantener una buena condición y una dieta nutritiva, no tanto por el deporte sino para tener un buen embarazo y estar preparada para la fecha del parto.”
A Fabiana Peretti la panza también la encontró en un momento clave de su evolución como corredora de aventura, aunque no pudo con la pretendida organización. Cuando quedó embarazada de Florencia, que hoy tiene 18 años, peleaba la punta del Campeonato de Pruebas Combinadas: “Me enteré a una fecha de terminarlo. En ese momento me impactó, me llevó un tiempo digerirlo porque había entrenado mucho para llegar a ese lugar y tenía que dejarlo. Pero nada se compara con ser mamá. Con mi pareja siempre había existido el deseo de ser padres, pero como deportista iba estirando los tiempos”, cuenta Fabiana, que en ese entonces se entrenaba con Elisa Lapenta. Hoy, su primera “profe” en el deporte, recuerda: “Fue un baldazo de agua fría para ambas, pero nos acordamos hoy y sonreímos con complicidad.”
Lapenta, a su vez mamá de Valentina, se dedicó al deporte de alto rendimiento por muchos años y entrenó hasta el octavo mes de su embarazo. Sin embargo, nos invita a tomar las circunstancias con calma: “No recomiendo dejar de entrenar pero lo respeto si quieren hacerlo, así como el deseo de bajar un cambio o seguir adelante. Naturalmente, una mujer embarazada no es ‘igual’ a una que no lo está. La gran diferencia son los cambios hormonales y que ese organismo usa el 110% de su energía en la formación de una nueva personita.”
Fabiana recuerda que durante la gestación suspendió el trote porque le daban contracciones, pero que en cambio caminaba y remaba mucho, además de pedalear hasta los siete meses de forma recreativa. Florencia nació por cesárea y a los cuatro meses su mamá ya estaba de nuevo arriba de la bici: “Aunque sólo me podía ausentar durante una hora y media para volver a darle de mamar a mi hija. Las responsabilidades cambian.”

Los límites
La información está al alcance de la mano, las ventajas de ganarle al sedentarismo son muy claras y las historias de chicas que no se amedrentaron por ver crecer su panza son más que inspiradoras pero… los temores pueden aparecer igual.
Uno de los interrogantes más frecuentes suele ser el límite de la actividad física a realizar. ¿Cuánto está bien y cuánto es mucho? El doctor Sebastiani, desde su libro “Los sí y los no del embarazo” (editorial Paidós), nos ayuda: “El sentido común dirá que cada mujer tiene su propio límite, aunque no se encuentre escrito con precisión. Si está acostumbrada a practicar una rutina, los cambios serán mínimos. Se evitarán aquellos ejercicios que impongan un brusco cambio de la posición de la cabeza por la fragilidad ante mareos y los que obliguen a estar mucho tiempo de espalda en el segundo y tercer trimestre, dado que el útero se apoya sobre la vena cava y disminuye el retorno de sangre al corazón, lo que puede producirle una disminución de la tensión arterial. Obviamente hay que hacer ejercicios de estiramiento y de precalentamiento antes de iniciar la rutina y parar cada vez que se sienta cansada.”
Para aquellas que se preguntan si hay posibilidad de sufrir un aborto provocado por el deporte, Sebastiani explica: “No existe relación alguna demostrada entre ejercicio físico o una actividad intensa y la ocurrencia de un aborto. La mayoría de los abortos son por causas genéticas y la genética no se ve afectada ni modificada por la actividad física.”
Sin embargo, el médico sí habla sobre posibles riesgos del exceso de deporte y su vinculación con el parto prematuro: “Un exceso en la actividad física conlleva la disminución en la cantidad de oxígeno que llega al feto, porque hay que oxigenar a los músculos en el momento del práctica deportiva. Esto podría producir que los bebés sean más pequeños. Y un aumento de la temperatura corporal podría inducir contracciones uterinas prematuras, además de que el estrés competitivo podría favorecer la liberación de las hormonas de las glándulas suprarrenales, lo cual disminuye el flujo de sangre de la placenta.”
Finalmente, el médico considera que los deportes más recomendados para embarazadas son aquellos aeróbicos, como caminas, trotes, ciclismo y natación: “Estimulan el sistema circulatorio de manera tal que el oxígeno llegará a los tejidos y a las células. Así se estimula también el sistema cardiorrespiratorio. La mayoría de ellos pone toda la musculatura en funcionamiento y probablemente los dos mejores sean la natación y el ciclismo, dado que la persona no debe soportar el peso de su cuerpo.”
Ahora sí, con información y control médico de por medio, no hay excusas para quedarse quietas y no contagiar a los chicos, ya desde la panza, la sana costumbre de moverse.

BÁSICOS
Los pro del deporte en el embarazo

Por Eduardo Saint Bonnet

1. El deporte practicado con intensidad moderada mitiga o disminuye los casos de hipertensión arterial o eclampsia.
2. El deporte es beneficioso en el caso de madres diabéticas.
3. La circulación y oxigenación fetal no se ve alterada si la embarazada practica deportes.
4. En especial, la natación aporta un efecto protector contra los embarazos pretérmino o prematuros.
5. Los requerimientos nutricionales se duplican con ambas actividades, deporte y embarazo, por lo que hay que estar prevenidas de no caer en desnutrición o carencias varias (proteica, reserva energética, minerales como el hierro, anemia, vitamínica).
6. Se requiere deporte moderado y gestantes sanas. Fuera de estas condiciones se debe analizar cada caso en particular.

Nota publicada en revista Biciclub Nº 252, diciembre 2015.

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Nº 267 - Marzo 2017

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