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“A la mujer le da temor usar el espacio público”

Fecha: 25.11.2013

Sofía López Carrasco, coordinadora de la ONG chilena Macleta, habla sobre su trabajo para impulsar el uso femenino de la bici desde una perspectiva de género. El proyecto de la escuela de ciclismo como eje de sus políticas.

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Por Rocío Cortina

“Hay una cosa que las mujeres hacen mucho: ir con la amiga al baño. Y si van con la amiga al baño, también pueden andar en bicicleta con ella”, afirma Sofía López Carrasco, coordinadora de la ONG chilena Mujeres arriba de la cleta (Macleta), refiriéndose al sentimiento femenino de soledad al pedalear por las calles. Nacida en 2006 a la par de la asunción de la primera presidente de Chile, Michelle Bachelet, esta asociación impulsa el uso femenino de la bicicleta en la capital chilena.
Al momento de la fundación de Macleta, en Santiago de Chile sólo un quinto de los viajes en dos ruedas eran realizados por mujeres. Acompañadas por la creencia de que la bicicleta es una herramienta para transformar la sociedad, mejorar las ciudades y la calidad de vida de las personas, las pioneras de esta agrupación se propusieron comprender por qué se daba esta diferencia de género a la hora de rodar.

Fotos de la ciudad
El primer paso dado por Macleta para encontrar el motivo que alejaba a las piernas femeninas de la bicicleta fue la investigación en su ciudad. La segunda tarea fue acercarse a otras organizaciones dedicadas al ciclismo. Y como tercera instancia, la ONG se propuso crear una bici escuela: “Queremos que las mujeres se sumen, pero nos damos cuenta que muchas no tienen los conocimientos ni las habilidades”, explica López Carrasco, socióloga especializada en problemáticas del transporte urbano.

¿En qué se basó la investigación para obtener información de usos de la bicicleta en Santiago?
Chile tiene la Encuesta de Origen y Destino de Viajes, que ya va por su cuarta edición. Es un instrumento para conocer los patrones de viajes, una buena base para partir de cualquier política de transporte en general y de la bicicleta en particular. No se incorpora allí un punto de vista de género, pero tuvimos acceso a los datos y en Macleta hicimos un cruce de variables de género.
El punto de partida fue reconocer que las motivaciones de los viajes de hombres y mujeres son distintos. Con los datos cuantitativos y estadísticos fuimos a enfoques cualitativos: hicimos grupos focales, juntamos a mujeres ciclistas y no ciclistas, las pusimos en una mesa a conversar y dividimos los grupos. Después contactamos a seis mujeres de distintos estratos socioeconómicos que ocupaban la bici como medio de transporte, que sabían andar en bici pero no la ocupaban y otras que no la usaban para nada. Les hicimos una entrevista inicial en donde preguntamos si andaban en bici o no y por qué. Y les dimos una cámara fotográfica para que a lo largo de dos semanas sacaran fotos de cosas que les parecieran interesantes cuando se movían por la cuidad, otras que le dieran miedo o que no les gustaran. O sea: lo bueno y lo malo de trasladarse con este medio de transporte. Nos juntamos en segundas entrevistas con las fotos y conversamos sobre ellas. Eso nos empezó a dar luces de las cosas que ellas valoraban, y de ahí sacamos las conclusiones.

¿Quiénes las apoyaron en ese proceso? ¿Cómo se financió la investigación?
Macleta es una ONG de base, somos puras ciudadanas que trabajamos con colaboradores hombres y con algunas organizaciones. La investigación en su primera parte no tuvo financiamiento, fue pura buena voluntad. Nosotras íbamos avanzando pero ninguna tenía tiempo para dedicarse cien por ciento a sacar las conclusiones. A su vez, la gente de Ciudad Viva, una de las asociaciones más amiga nuestra, nos propuso concursar junto a varias agrupaciones por un fondo para la investigación. Lo ganamos y contratamos a una investigadora para que nos hiciera la sistematización final de los datos.

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Prohibidos los niños
Mujeres jóvenes, profesionales, casadas o solteras, casi nunca con hijos. Ese es el perfil de las integrantes de Macleta, aunque López Carrasco aclara que la enumeración de cualidades no las enorgullece: “En ese sentido, la organización es un poco sesgada. Hemos tratado de abrirnos a mujeres no profesionales, de mayor o menor edad, pero… A mí y a todas nos gustaría que fuese distinto”, reconoce, al tiempo que bromea: “Recién el año pasado una integrante tuvo un hijo y este año hay otro en espera. En 2012 está prohibido que alguien más quede embarazada, porque no podemos pagar otra baja.” Es que para todas, Macleta significa un segundo trabajo no remunerado, y en algunos casos, hasta el tercero, porque se le suman las labores domésticas.
“En mi caso, soy súper afortunada, mi marido me apoya cualquier cantidad, aunque no participa de ninguna organización ciudadana. Sin esa ayuda lo que hago por Macleta no podría llevarlo adelante”, cuenta la socióloga.

¿Qué diferencias encontraron a la hora de que las mujeres y los hombres de Chile pedaleen?
A las mujeres nos da mucho más temor que a los hombres el uso del espacio público. No sólo por los asaltos sino también por la violencia sexual. Hay un tema con la seguridad personal y con la del tránsito. Para un hombre ese es un atributo a tener en cuenta al elegir un medio de transporte, pero para las mujeres es primordial y está antes que la comodidad o la rapidez. En el caso de ellas hay que tener en cuenta medidas de infraestructura y servicio de transporte que les otorguen sensación de seguridad. Con las ciclovías, por ejemplo, que no estén al lado de un río, que tengan buena luminosidad, sin espacios oscuros en donde se sientan solas, sino tramos por donde pasa gente.
Por otra parte, no queremos segregación de medios de transporte sino integración, para que eso genere a su vez seguridad.

Cuando las mujeres se suben a la bicicleta, ¿qué usos le dan?
Según los datos de Transporte, las mujeres hacen muchos viajes relacionados a traslados del hogar y a sus tareas domésticas. Finalmente ellas se llevan la mayor carga de trabajo, no es algo que nos guste, pero es una realidad que debe ser asumida por los sistemas de transporte. En el caso de la bicicleta, reconocer que la mujer hace las compras en mayor medida que los hombres significa que las bicis tienen que estar equipadas con canastito o con alforjas. En un momento, una ley que ingresó al Congreso no permitía llevar carga y eso disuade el uso de las bicicletas entre mujeres. Lo mismo pasa con las sillas para niños, porque muchos de sus viajes son para llevar a sus hijos al colegio o jardín.

La bici-herramienta 
Según López Carrasco, las organizaciones ciclistas siempre han sido muy fuertes en Chile. Es por eso que el acercamiento a ellas fue otra de las cuestiones que las Macleta priorizaron al darle forma a su agrupación. Sin embargo, no buscaron vincularse sólo con ciclistas mujeres, sino con asociaciones mixtas: “La diversidad y la historia de los movimientos sociales apunta a ir especificando objetivos. A medida que más gente participa van naciendo necesidades distintas”, opina la coordinadora del grupo, que, a su vez, menciona otro vínculo que se ocuparon de fortalecer desde los comienzos, en este caso, con no ciclistas.
La socióloga cree que la relación con mujeres que no pedalean es una fortaleza característica de Macleta. El acercamiento a ellas se ha logrado gracias a la escuela de bici mujer, un cable a tierra de la agrupación. Al conocer necesidades e inquietudes de personas que no saben andar en bicicleta, se proponen generar productos útiles a ellas, como la página web, Twitter, Facebook y la misma escuela.
El sentido de estas acciones lo explica López Carrasco: “Es salirse únicamente de la bicicleta y empezar a relacionarse con mujeres que se movilizan de otras maneras, para constatar que la perspectiva de género debe ser incorporada no sólo en las políticas de transporte de la bicicleta sino también en el transporte público y la caminata. Finalmente nuestro emblema comienza a ser la promoción del empoderamiento de las mujeres del espacio público, teniendo a la bici como herramienta, no como fin.”

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A la escuela
La coordinadora de Macleta dice que aunque conocen una experiencia similar a la bici escuela en Ecuador, no han oído de ninguna otra en Chile. Serían, entonces, pioneras en su país. A ellas llegan mujeres recomendadas por amigas o familiares. Aparece gente de otras regiones que pide que lleven la actividad adonde ellas viven. En tal caso, las chicas los capacitan y les envían el material para que puedan llevarla adelante ellas mismas.
La bici escuela parece ser un éxito: ya va por su séptima versión. Las alumnas son divididas en dos niveles, el “Aprende a pedalear” y el “Bájate de la vereda”. En el primero se trabaja con mujeres que nunca se han subido a la bici. Se les enseña a equilibrarse, a pedalear, a frenar.
El segundo nivel es el “Bájate de la vereda”, que tiene que ver con el temor de andar por la calle. No necesariamente es correlativo al primero, dado que concurren varias alumnas que ya saben pedalear pero que sólo lo hacen en el espacio reservado al peatón. Según López Carrasco, es un mal típico del país.

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¿En qué se basa la consigna “Bájate a la vereda”?
En Chile tenemos un problema bien grande, que es que la gente que sabe andar en bicicleta lo hace por la vereda porque le da miedo usar la calzada. Aquí hay un tema práctico y un tema ideológico. El práctico es que andar por la vereda es mucho menos cómodo y más inseguro. Hay muchas casas y departamentos de los que el peatón sale, y no tiene por qué esperar que pase alguien a 20 kilómetros por hora con una bicicleta. El tema ideológico es que los ciclistas tenemos que ganarnos la calzada, ganarle un espacio a la ciudad, no quitándole al peatón, que es parte del sistema de transporte sustentable, sino sacándole al auto, que es el que contamina, congestiona y causa verdaderos problemas.
Queremos que la gente se baje de la vereda, entonces los ayudamos. Agarramos a mujeres que saben pedalear, tienen nociones básicas de equilibrio pero no tienen habilidades desarrolladas, algunas aprendieron hace poco y hay alumnas que pasan del Aprende a pedalear y siguen con el Bájate a la vereda, entonces están como nuevitas y aun aprendiendo. Les enseñamos a señalizar, a esquivar obstáculos, a usar la calle, doblar a la izquierda o a la derecha.

¿Cómo repercuten las acciones de la bici escuela en el espacio público?
Tienen que ver con el empoderamiento de las mujeres del espacio público. Para hacer la bici escuela no arrendamos colegios ni juntas de vecinos ni gimnasios ni nada de eso. Trabajamos con la gente de Ciclorecreovía, un proyecto que cierra calles los días domingos por la mañana para pedalear. Les agradecemos la oportunidad de cedernos 100 ó 200 metros de la extensión del circuito para dar las clases. Es súper interesante porque lo hacemos en el espacio público, concientizamos a las alumnas de usar la calzada.

Subite 
Que el universo femenino pedalee cada vez más es uno de los objetivos generales de Macleta, porque una mujer que promueve medios de transporte sustentables es un foco importante de cambio alrededor de su comunidad. Si bien el uso de la bici es un beneficio para la sociedad toda, en el caso de las mujeres traería soluciones para problemas que atañen específicamente a su género.
Dice la coordinadora de esta ONG que la pobreza del tiempo es un mal que afecta a todos. Pero, poniéndose en los zapatos de una trabajadora, esposa, madre y ama de casa, ella sostiene que la cuestión se agrava. En Santiago y en otras ciudades chilenas, cerca del 50 por ciento de los viajes de corta y media distancia se hacen caminando. La bicicleta sería algo así como la gran salvadora: “Las mujeres tienen mucho menos tiempo de ocio que los hombres. Si, con la bicicleta, hacen más eficientes sus viajes que a pie, en auto o en transporte público, van a lograr más tiempo de ocio y van a disminuir su pobreza de tiempo”, puntualiza.
Una segunda ventaja relacionada a la anterior, que, según López Carrasco, trae el uso femenino de la bici es la posibilidad de hacer ejercicio, porque tampoco abunda el tiempo para ir al gimnasio o hacer actividad física.
Y hay una tercera razón: “Las mujeres en Chile sufren de más depresión que los hombres –explica la socióloga-, pero la actividad física genera endorfinas, entonces se generaría un círculo virtuoso para disminuir enfermedades psicológicas y mentales.”
Para las chicas de Macleta, si hubiese más mujeres en dos ruedas, eso indicaría la existencia de un sistema de transporte que funciona bien. Y, además, se contagiaría a los chicos la sana costumbre de pedalear, incentivados por la imagen de sus madres.

SOFÍA LÓPEZ CARRASCO
“Me bajé obligada del auto”
Por su labor en Macleta, desde 2008 Sofía López Carrasco se ha convertido en una divulgadora de la mirada femenina acerca de la bicicleta en Santiago. Su acercamiento a las dos ruedas se produjo de forma tangencial, a partir de que el trabajo como socióloga en una consultora la llevó a especializarse en el tema del transporte. Al mismo tiempo, su vida personal se vio salpicada por la problemática cuando debió dejar de usar el auto por cuestiones de costos: “Me bajé obligada del auto porque viví fuera de Chile y no tenía plata para tener auto. Había sido automovilista mucho tiempo, por eso soy capaz de ponerme en sus pies, entender lo que le molesta, sus flojeras, lo que quiere, la velocidad. Después, siendo usuaria del transporte público supe de sus bondades para la ciudad y entendí lo ineficaz y estúpido que puede ser usar transporte privado en Santiago a las siete de la tarde.”
Dentro de la consultora para la que trabajaba, López Carrasco comenzó a adentrarse en un proyecto con Ciudad Viva, una organización ciclista chilena. Ellos le presentaron a las chicas de Macleta. Empapada ya de la temática, un día se dio cuenta de que ella también podía ir en bicicleta al trabajo. La socióloga comenzó entonces a pedalear todos los días con una amiga, y gracias a eso dejó de depender del colectivo: “Había usado mucho la bicicleta hasta la adolescencia, pero nunca por Santiago y en el tránsito”, aclara. Y es que este tema de la “infantilización” de la bici está muy relacionado con la investigación realizada por Macleta. La ONG chilena constató que todas las mujeres saben andar en bicicleta hasta los 14 ó 16 años y después las dejan. “Porque no es cool, no es entretenido, porque cómo una va a llegar en bicicleta a juntarse con los amigos o con el niño que le gusta”, responde casi automáticamente López Carrasco.

Más info: www.macleta.cl, macleta@macleta.cl. Facebook: Agrupación Macleta. Twitter: @macletas.

Nota publicada en Biciclub Nº207, marzo 2012. 

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Hablamos sobre: Ciclismo urbano, Rocío Cortina

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