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La recuperación pasada la enfermedad

Fecha: 19.07.2013

Cómo debe enfrentar el deportista la convalecencia y la recuperación en las enfermedades infecciosas. Además, el efecto del ejercicio en los transplantados del corazón.

por Eduardo Saint Bonnet*

Indudablemente el cuerpo humano está diseñado para el movimiento, pero la tendencia evolutiva (¿o involutiva?) de la humanidad es la de realizar todo apretando botones, llevando al cuerpo a un sedentarismo maligno. El ejercicio no forma parte del estilo de vida actual, salvo el que se programa de manera conciente. Y sólo realizado de manera cotidiana, con esmero y esfuerzo, pueden esperarse resultados de él.
La mayoría de las dolencias actuales tienen una base común: el sedentarismo o hipocinesia, que significa escaso movimiento. No creo que resulte pertinente aquí describir cada una de los males que se originan a causa de esto, pero existen y son muchos. De hecho, son la mayoría de los que padece el hombre, que le acortan la vida y su calidad, dado que la forma que tiene el cuerpo para desprenderse de las sustancias tóxicas es mediante el ejercicio.

Estar en forma 
La capacidad de realizar actividades cotidianas, recreativas y laborales sin quedar excesivamente cansado se llama fitness, es decir, estar saludable y en forma física. Esto depende del estado de entrenamiento para la vida que tiene cada sujeto y se refleja en parámetros como la capacidad aeróbica, la frecuencia cardíaca, el tono muscular, el estado de flexibilidad articular o el estado metabólico (grasas, azúcares, hormonas).
Recibo cotidianamente consultas sobre el padecimiento de determinadas dolencias y su repercusión, conveniencia y forma de realizar actividad física. Cada enfermedad requiere un cuidado específico a la hora de calzarnos el jersey y salir a andar en bici o de hacer cualquier otro deporte. Por eso, considero de utilidad explicar el enfoque de la medicina del deporte para cada problema en particular. Esto involucra, por ejemplo, a los deportistas con problemas pulmonares, cardíacos, hipotensos, hipertensos, ortopédico-traumatológicos, artritis y artrosis, metabólicos (diabetes, hipo e hipertiroidismo, suprarrenales, páncreas, hígado, etcétera), neurológicos, parálisis, etcétera. El temario es bastante extenso, pero incluye a la mayoría de las preguntas que se me presentan en las consultas médicas diarias.

Ejercicio e infección 
Un tema de consulta permanente es el de la caída del rendimiento a causa de las enfermedades infecciosas. Se suele escuchar que el buen estado físico ayuda a prevenir las infecciones, mientras que la falta de descanso, el agotamiento o el estar fuera de forma aumentan la sensibilidad del organismo a las infecciones comunes. Nada es más cierto que esta idea. Se ha comprobado que el entrenamiento aumenta una fracción de los glóbulos blancos encargados de la defensa, los linfocitos T, entre tantos otros efectos benéficos para la salud y la defensa inmunológica del organismo.
Ahora bien, en términos prácticos, ¿qué se les puede decir a los deportistas sobre el ejercicio y la infección? Probablemente no sea necesario que los atletas con infecciones banales de las vías aéreas superiores restrinjan ni el ejercicio ni la competición o la exposición a temperaturas ambientes frías. Sin embargo, parece prudente evitar el ejercicio vigoroso en presencia de fiebre, dolor del cuerpo u otros signos orgánicos de infección sistémica. Sabemos que los deportistas somos notablemente resistentes a tales consejos, pero en estas situaciones es aconsejable bajar el ritmo, limitándolo a sesiones de estiramiento suaves y tácticas, como sustituto, hasta que la infección haya desaparecido.
Si el paro forzoso se prolongara, es bueno reanudar el entrenamiento desde un nivel relativamente más bajo, progresando gradualmente. Hay que tener presente que durante la fase aguda y de convalecencia de muchas enfermedades infecciosas febriles comunes se alteran adversamente determinadas respuestas fisiológicas al ejercicio físico. Por ejemplo, la fiebre altera significativamente las respuestas cardiovasculares al ejercicio, habiendo caída de la presión y taquicardia.
Hay que tener en cuenta que la naturaleza de algún modo se las arregla para inducir al reposo. Es común que las anomalías de la función pulmonar, después de las infecciones respiratorias, puedan extenderse bastante más allá del período de los síntomas agudos y del principio de recuperación.
Los médicos debemos decidir frecuentemente cuando puede el deportista reanudar el entrenamiento o la competición después de una enfermedad infecciosa o si en el curso de esta puede participar en competencias o seguir entrenando con alguna precaución. Los resfríos comunes por virus, si bien son benignos, conllevan el peligro de predisponer a infecciones secundarias. También es necesario tener en cuenta el factor contagio o de transmisión de la enfermedad.

Trasplantes cardíacos 
Un tema de actualidad que involucra a cada día más deportistas en todo el mundo es el de los pacientes trasplantados, más puntualmente, de corazón.
En la actualidad, el trasplante de corazón tiene un grado de seguridad y éxito enormes, y merced a esto van en aumento los casos de personas trasplantadas.
En estos casos, después de la cirugía y antes de reiniciar cualquier deporte intenso o técnico será necesaria una actividad de acondicionamiento físico. Cardiológicamente la adaptación a la exigencia es satisfecha por factores mecánicos, básicamente el retorno venoso, ya que el estímulo simpático (nervioso) no se halla presente. Es decir que se debe tener presente que el aumento de la frecuencia cardíaca, según la demanda, es más lento que en el corazón normalmente inervado.
Los sujetos recientemente trasplantados presentan el perfil del individuo fuera de forma, es decir que cuando se realiza un trabajo intenso aumenta bastante la frecuencia respiratoria. Pero después de seis a 12 meses de entrenamiento la respuesta es casi similar a la de un sujeto no trasplantado.
Relacionado con esto, la taquicardia fisiológica en el trasplantado como respuesta al esfuerzo se produce por el retorno venoso y por la adrenalina circulante estimulada por el movimiento. En etapas posteriores se verifica una re-inervación simpática espontánea que comienza a actuar como regulador adicional, mejorando aun más la adaptación al esfuerzo.

*El Dr. Eduardo Saint Bonnet es médico especializado en Deportología (MN 489343) y ciclismo. Vive en Capilla del Monte, Córdoba.

Nota publicada en Biciclub Nº187, julio 2010.

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Hablamos sobre: Doc Pedales, Medicina del deporte

2 Responses to “La recuperación pasada la enfermedad”

  1. JULIO POJILA dice:

    Muy buena la revista y por supuesto la pagina en la web,gracias por todo vtro aporte por los que amamos el ciclismo,por sus consejos y porque traves de los profesionales que en conocido en sus publicaciones sigo llevando mis 61 años haciendo equilibrio sobre dos ruedas.Gracias totales…!

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