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Niños y deporte: la verdadera iniciación deportiva

Fecha: 18.12.2017

La infancia es un momento de permanentes cambios y desarrollos. Existe un gran tsunami de variaciones morfofuncionales a tener en cuenta al acercar a los niños al deporte. Cómo elegir a un profesional del ejercicio físico y la importancia de aprender mediante el juego.

Por Elisa Lapenta*

¿Qué mejor época del año para dedicarles unas líneas a los niños que esta? Agosto es el mes de los chicos. El presente artículo pretende ser tan solo un espacio para ayudarnos a reflexionar sobre varios aspectos relacionados a la motricidad infantil.
Prefiero hablar de desarrollo motriz antes que referirme al entrenamiento en niños. Desde el punto de vista biológico, la etapa de la niñez es momento de permanentes cambios y desarrollos. A este gran tsunami de variaciones morfofuncionales debemos tenerlo muy presente al momento de acercar a los niños al deporte. Los niños y jóvenes en etapa escolar, desde nivel inicial hasta que termina el secundario, pasan por diferentes fases de desarrollo bien delimitadas. Son las denominadas fases sensibles, períodos del proceso de desarrollo del ser humano que, cuando están sometidos a ciertos estímulos, reaccionan con una adaptación de mayor intensidad que en cualquier otro período (Varcelone, 2005). Para resumir, se trata de etapas en las que las distintas capacidades motoras van a rueda y con viento a favor. Si no aprovechamos a desarrollarlas bajo esas condiciones, más adelante todo costará el doble. Conocerlas al dedillo ayudará a potenciar al máximo su desarrollo.
Sin embargo esto no significa que hay que entrenar al niño desde pequeño. Por el contrario, en el niño no debería existir la palabra entrenamiento, porque lo primordial en esta etapa es el componente lúdico. Todo lo que haga el niño a nivel motriz debería de hacerlo jugando.
En la infancia los padres y profesores del ejercicio físico debemos aprovechar para brindarle al niño una gran “biblioteca” de herramientas motrices. Enseñarles a correr, saltar, rolar, lanzar, pedalear, nadar y todos los juegos con pelota que se nos puedan ocurrir. Un niño, cuyo acervo motor general es vasto y sólido, podrá luego -cuando sea más grande- optar por el deporte que realmente le guste y desarrollarse plenamente en él. Es por eso que no comparto la ansiedad de padres y entrenadores que buscan que un niño de siete años sea ya un “adulto en miniatura” al momento de entrenar.

El niño aprende jugando
Sin embargo, sí estoy de acuerdo en que la iniciación deportiva es el momento más interesante y fructífero para generar en el niño hábitos saludables hacia la práctica de la actividad física y de los deportes en general. Pero debemos aclarar que el concepto de “deporte ausente de riesgo” es falso. La actividad física mal dosificada, máxime en edades tempranas, puede ser muy perjudicial para el niño.
Existe una diferencia entre iniciación temprana y especialización temprana. La especialización precoz es una realidad. Y debemos estar atentos a que esto no tenga efectos negativos irreversibles en nuestros niños. Es acertado hacernos algunas preguntas antes de dejar a nuestros hijos en manos de un “entrenador o profesor”: ¿El adelanto en la edad de iniciación garantiza que el niño llegue al alto rendimiento? ¿Podemos afirmar que invertir numerosas horas en el entrenamiento de niños no tendrá efectos negativos a mediano y largo plazo? Y por último, ¿el profesional a quien le confiamos la preparación de nuestros hijos está lo suficientemente formado? En este sentido no hablo solo desde el punto de vista biológico, fisiológico y metodológico sino también en las áreas pedagógicas y de psicología evolutiva. Lamentablemente encontramos numerosos niños en manos de personas no competentes para dicha labor, y esto puede traer serias consecuencias futuras en su desarrollo motor.
La respuesta a las dos primeras preguntas es un no rotundo. Comenzar temprano no es garantía de éxito ni tampoco es garantía de no dañar al niño en algún aspecto. Muchos de los padres que acercan a sus hijos al deporte lo hacen con una excesiva expectativa de éxito, que si no se cumple se torna en una problemática seria en el núcleo familiar.
El niño aprende jugando. Y es eso lo que más importa en la iniciación deportiva: que el niño se divierta mientras aprende. El desarrollo de un acervo motor general extenso es el primer gran objetivo que debemos buscar en su formación deportiva. Que tenga en su haber un sinnúmero de herramientas motrices que le permitan desarrollar su creatividad y resolver cuanta tarea motriz se le ponga como desafío.
A mi modo de ver, en el entramado social son más importantes las escuelas de iniciación deportiva en general que las escuelitas de deportes específicas, ya sea fútbol o hándbol o básquet o incluso ciclismo. Está perfecto que los niños pedaleen, lo que no comparto es que los pongan en una bici de ruta 100 kilómetros tras un auto a los 10 años. Y les aseguro que estos casos suceden.

Visión general
En términos generales podemos decir que los niños entre tres, cuatro y cinco años deben de focalizar sus experiencias motrices en tomar contacto con distintas actividades como carrera en múltiples direcciones, saltos en todas sus formas, lanzamientos de distintas pelotas, manejo de objetos (aros, palos, sogas). También aquí debemos incluir elementos gimnásticos básicos como rol adelante y rol atrás o roles laterales. Pero todo a modo de juego.
En la primera etapa de la primaria, de seis a siete y de nueve a diez años, ya podemos comenzar con múltiples deportes en su versión “mini” (con campos de juego reducidos y pelotas de peso y tamaño adaptados a las distintas edades), además de incorporar las formas básicas del atletismo (carreras de 40, 50, 60 y 80 metros) o lanzamientos de pelotas medicinales, salto en largo e iniciación a salto tijera de costado y luego con giro para ir preparando a futuro las formas básicas del salto en alto. En cuanto a elementos gimnásticos podemos incluir medialunas, verticales con ayuda, saltos de cajón y algún que otro ejercicio en barras y bancos suecos.
Repito: lo anteriormente mencionado debemos hacerlo en modo de juego.
Desde los once a doce años, con ese vasto acervo motor de base podremos desarrollar un “acervo motor especial” orientado hacia el desarrollo de las distintas capacidades y el dominio técnico y táctico de distintos deportes.

El caso de la natación
La natación merece una mención especial. A mi modo de ver, más que un deporte es una necesidad. En Alemania, por ejemplo (país en el que me perfeccioné en entrenamiento deportivo), no existe ningún niño de más de ocho años que no sepa nadar los cuatro estilos. Esto se debe que a la natación es una materia más en los primeros grados, como matemática, lengua o geografía. Los alemanes comprendieron un razonamiento tan simple como: “Si un niño entra a una cancha de básquet sin saber jugar al básquet no sucede nada, pero si entra a una pileta sin saber nadar, se ahoga”. De ahí que considero que la natación debe formar parte de la formación escolar en los niños.

Un chico feliz
Este es un tema que en lo personal me apasiona tanto o más que entrenar a adultos. Los niños son “un diamante en bruto”. En un niño caben todas las capacidades motoras en estado potencial. Y que un niño se transforme en deportista es un proceso de toda una vida. No debemos apurarnos ni saltearnos etapas ni mucho menos poner en ellos nuestras frustraciones o propios sueños deportivos sin cumplir.
Los niños deben jugar, jugar y jugar. Y así, sin darse cuenta, estarán desarrollando todas las capacidades motoras y expresándose en modo creativo a través del deporte.
Los padres y profesionales del ejercicio físico somos los principales responsables de esta empresa. Segun Smoll (1986) y Gordillo (1992), los padres deben cumplir ciertas responsabilidades en relación a la formación deportiva infantil, a saber:
– Confiar su hijo al entrenador o profesor y respetar el papel de éste.
– Comprender y aceptar las limitaciones de sus hijos.
– Orientar hacia la diversión, hacia la mejora de las capacidades y hacia la creación de un clima de motivación positiva.
– Darle a los niños autonomía y posibilidad de tomar decisiones propias.
Por otro lado, los profesores y entrenadores somos el otro elemento indispensable en la iniciación deportiva escolar.
Hahn (1988) indica: “Los entrenadores son el nexo entre el niño y el deporte, siendo su responsabilidad pedagógica más importante la dirección del entrenamiento tecnomotriz.”
Debemos tener una formación y capacitación que estén a la altura de las circunstancias. Después de todo la hora de “Educación Física” (bien dada) es la más esperada por todos los niños. De nosotros depende brindarles un ambiente de máxima potenciación de sus cualidades y por sobre todas las cosas un clima propicio para el desarrollo de la creatividad. Un niño que se mueve resuelve tareas motoras y supera obstáculos y además comparte todo esto con sus pares, es un niño feliz.

*Elisa Lapenta es entrenadora de afamados deportistas de alto rendimiento. (0351)15-6225243, elisalapentah3o@hotmail.com, h3osports.com.ar, Facebook: h3o Sports.

Foto: Ariel Sabatella

Nota publicada en revista Biciclub Nº 272, agosto 2017.

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