Ocultar Barra

Pedaleando en Indonesia junto a Pablo García

Fecha: 08.11.2017

Nuestros primeros días en Bali los pasamos sumándonos a la masa de turistas que arrasan el sur de la famosa isla. Nos subimos a una moto y recorrimos sus playas y sus poblaciones, junto a Santi y Marina –una pareja de mochileros argentinos que se alojaban en el mismo hotel- y Sergio y Alex –dos brasileros que también conocimos allí. Como en la mayoría de las grandes ciudades del sudeste asiático, la vida es caótica y estresante, dominada por un tráfico desenfrenado que se rige por sus propias “no reglas”. Miles de motos copan las calles, donde sólo se escucha el ensordecedor pitido de los vehículos. Todo en Indonesia se conduce con una mano al volante y la otra en la bocina, de la cual hacen un uso indiscriminado.
Dejamos el bullicioso sur para adentrarnos un poco en la Bali profunda, en busca de su cultura hindú, templos y mercados de alta montaña. Nuestra única parada para hacer noche fue en Ubud. Allí nos esperaba Clelia, una argentina a la que Pablo llegó por medio de un grupo de argentinos, quien nos recibió con los brazos abiertos y hospitalidad. Desde allí pedaleamos directamente hasta la costa para tomar el ferry rumbo a Lombok.

Debo decir que, al contrario de lo que afirman las guías de viaje, Bali no nos cautivó en absoluto. De hecho nos sorprendió la buenísima publicidad y fama que tiene esta isla.
Todo cambió en nuestra llegada a Lombok, donde, tras desembarcar del ferry, pedaleamos un par de horas bajo una luna menguante para hacer noche en Sengiggi.
Los dos días siguientes los pasamos retozando en Gili Meno, la segunda de las tres pequeñas islas que, al Noroeste de Lombok, son un refugio ideal para alejarse del bullicioso tránsito. Aquellos bungaloes en mitad de la nada parecían firmes candidatos a obsequiarnos nuestra primera noche tranquila en Indonesia… nada más lejos de la realidad. A las 5 de la mañana se aliaron los martillazos de algunos trabajadores con los omnipresentes, y más que puntuales, cantos de los gallos. Y es que en Indonesia hasta los concesionarios de coches tienen gallos y gallinas. Fueron 40 días en Indonesia y créanme que ni una sola noche estuvo exenta de esta molesta experiencia, a la que por lo general se suelen sumar muchos otros estruendos. El primer consejo que le daría a alguien que se disponga a viajar por este país sería que hiciese como yo: traerse un par de buenos tapones para los oídos. Seguirá despertándose a las 5 de la mañana pero al menos podrá retozar en la cama sin que le rechinen los oídos.
De todos modos eso no enturbió los buenos momentos que pasamos comiendo y charlando bajo los sombrajos de paja frente a la playa. Y menos aún el buceo en los maravillosos corales que existen en la zona, repletos de peces de todas las formas y colores, y de tortugas marinas.

Tras cruzar cómodamente Lombok por su esplendoroso valle central, algo que nos llevó un intenso día de pedaleada, cogimos el ferry hacia la desconocida Sumbawa. En esta isla, como en la anterior, desembarcamos por la noche. Igualmente pedaleamos a oscuras, esta vez sin el amparo de la luna, ya inexistente, hasta dar con un buen sitio para dormir.
Sumbawa no nos deparó sorpresas ni nos impresionó con sus paisajes. No obstante, su autenticidad y la total ausencia de turismo hizo que recorrerla nos dejara un buen sabor en la boca. Quizá debido a esto, las jornadas de pedaleo se alargaron más de la cuenta, superando los 130 kilómetros a pesar de la lluvia, las pésimas condiciones de unas carreteras caídas en el olvido y el barro que las hacía casi intransitables. Nada fue tan duro como recibir los miles de saludos sin el más mínimo espacio de tiempo entre ellos, con el “hello mister” habitual que te tortura martilleándote el cerebro una y otra vez sin descanso. Un “hello mister” chillado con desagrado por cada uno de los ciudadanos indonesios con los que nos cruzamos, que nos recordaba que Indonesia es el cuarto país más poblado del planeta.
Sería injusto dejar fuera de la lista de las dificultades aquellas referidas al descanso y la alimentación, dos aspectos importantísimos para responder al esfuerzo físico que requiere un viaje en bicicleta. Sobre la primera ya conté suficiente. Sobre la segunda no hay mucho que contar: arroz, que con suerte y si no andamos perdidos por el interior de una isla, lo conseguimos frito y con algún trozo de pollo que, dado su tamaño, parece haber pasado tanta hambre como nosotros. Pero como todo, esto tiene su lado positivo: tanto arroz hace que los inoportunos apretones de vientre que te obligan a saltar de la bici y correr entre la maleza contigua a la ruta, se reduzcan muy notablemente…
Pedaleando bajo estas condiciones era inevitable que se me viniera a la cabeza la pregunta de qué tipo de cortocircuito cerebral, crónico, tiene que sufrir alguien para escoger voluntariamente este estilo de vida ¡durante 10 años! Es cierto que no encuentro la respuesta a mi pregunta pero debo reconocer una muy preocupante afinidad con Pablo en este aspecto, quien tampoco creo que tenga la respuesta. Tan sólo les aclararé, para aquellos que no conozcan a Pablo, que él, lejos de estar loco como muchos pensaran, es una de las personas más cuerdas que conozco. Su cordura se basa principalmente en tener muy claro lo que quiere y tener la fuerza y el coraje de ir directo por ello.
La última noche en esta isla dormimos en nuestros sacos, protegidos con mosquiteras que colgaban bajo la pizarra torcida de una muy destartalada clase que, literalmente, invadimos al anochecer. Nuestras ropas húmedas se secaban sobre los diminutos pupitres de los alumnos y todas nuestras pertenencias salpicaban desordenadamente el aula. A la mañana, muy temprano, nos escabullimos habilidosamente entre los alumnos más disciplinados que empezaban a llegar a la escuela. Fue realmente divertido.

Lee la nota completa en Biciclub de octubre N° 275, disponible en kioscos y bicicleterías de todo el país.

Texto: Pablo Olías Milán / Fotos: Pablo García*

Si te gustó, compartilo con:

Hablamos sobre: Viajes en bici

Dejá tu comentario

Eres humano o robot? * Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

iCONSEGUILA EN LOS KIOSCOS!

Nº 275 - Noviembre 2017

NOTA DE TAPA
Ruedas para volar por la Carretera Austral Chilena.
PRODUCTOS: Interbike Las Vegas: lo que viene en 2018
CONSEJOS DE EXPERTOS: ¿Qué bici me compro?
TRAVESÍAS: El NOA, de Tucumán a Purmamarca
ENTRENAMIENTO: Cómo preparar una bebida isotónica. [+]

    canaglia

    orbea

    newton

    fullrace

    bici Up

    cruce-tunel

    silva

    adsgoogle

    geller

    mov responsable