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Recorrido en solitario desde Catamarca a Chile

Fecha: 08.09.2016

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Fiambalá, un pequeño pueblo catamarqueño, es la última civilización que encontramos si nos dirigimos hacia la frontera con Chile. Son 200 kilómetros de buen asfalto sobre la llamada Ruta de los Seismiles.
Salí desde el camping al amanecer. Bici a full, cámara al alcance y vestimenta acorde para encarar un ritmo tranquilo pero persistente. Me adentré en un ancho valle y lo atravesé en dirección noroeste. A la izquierda, las primeras elevaciones. Luego asomó el río a la derecha, que acompañó casi todo el viaje.
Sin viento, la temperatura subió rápido. La trepada era suave; el altímetro desmentía los falsos planos y se crucereaba a 15 km/h. 25 kilómetros, 2000 msnm, cielo despejado, día perfecto. Colores y formas exóticas. Montañas a ambos lados, tierra color pimentón y solitarios árboles con raíces desesperadas.
Marcó el cambio una forma rocosa triangular de color rojo, enorme, al final de una recta ondulada. Empezó una zona caracterizada por el color rojo vivo y un sinfín de curvas. Buen momento para descansar y refrescarse en el río, que luego se alejaría momentáneamente.
El recorrido seguía en ascenso con plato chico. Cerca del mediodía el panorama empezó a abrirse y una brisa solidaria empujó desde atrás. Fue una etapa dura. El primer refugio, excelente opción para pernoctar: techo de chapa, piso de concreto, laterales para sentarse y apoyar equipo, con espacio para cinco personas. La bici podía quedar atada afuera para que no se la llevara el viento.

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De allí al segundo refugio transité por un terreno diferente, de largas rectas, pendiente moderada, con viento de cola y vegetación baja, zonas verdes, mucho más plano y arenoso. Luego del merecido descanso seguí en sentido oeste. Tras 10 kilómetros llegué al Valle de Chaschuil. Llamaba la atención una única montaña cónica en su centro. La ruta se mantuvo paralela a la cordillera durante los próximos 100 kilómetros hacia el norte.
El segundo refugio tenía al río a 300 metros. Con buen caudal de agua transparente, permitió reaprovisionar y enfriarse. A continuación estaba la hostería de Cortaderas en el kilómetro 95. Larguísimas rectas con leves desniveles bastante lejos del río y cerros pintorescos a la izquierda, pero monótonos a derecha. Antes de llegar crucé un cartel que hacía referencia a la ruta de los Seismiles.
Finalmente llegué a Cortaderas, una solitaria hostería donde el río pasa de Este a Oeste, lugar elegido por muchos para ir a pescar, recomendable para cargar botellas de agua y seguir viaje.
La parte más desértica del recorrido, rodeada por varios grupos de llamas y burros, fue llegando al tercer refugio. Había mayor pendiente y el viento era importante, aunque casi siempre a favor. Montañas verdes, marrones, mucha arena, casi sin vegetación salvo a orillas del río.

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La pendiente se hizo más pronunciada poco antes de llegar al cuarto refugio, sobre una lomita. El arroyo estaba de mano izquierda, caminando unos 500 metros en bajada. Al cruzarlo había un buen médano tanto para fotografiar como para jugar. Los casi 4000 msnm obligaban a moverse lentamente.
El tercer tercio del recorrido arrancó rápido hasta las inevitables trepadas. Las cubiertas crujían en el asfalto y rompían fragmentos helados. Al término de una eterna recta encontré el quinto refugio, el punto más alto del sector (4200 msnm), ya que luego descendía a los 4000. Paisajes espectaculares, piso amarillo a ambos lados, cerros nevados de fondo y ¡una gran bajada de unos siete kilómetros antes de llegar!
Aduana y Migraciones atendían de siete a 19 hs y Gendarmería tenía refugios pagos para quedarse. Era la única zona con señal de celular y también la última de agua para llenar bidones.
La trepada final fue de sólo 21 kilómetros hasta el cruce, pero 700 metros hacia arriba. Sin dudas, la parte más difícil del ascenso. Los primeros metros fueron tranquilos, aunque por un camino sinuoso. Lo único constante era la pendiente. Hacía descansos cada vez más seguidos. Plato chico, piñón grande y mini objetivos que ayudaban a no pensar en el total. Serían aproximadamente cuatro horas para sólo 20 kilómetros. Una roca, una curva, paso a paso, toda pedaleada servía, con la cabeza fría. No había vegetación ni animales, solo uno y la bici. A mitad de camino bajó un poco la sinuosidad y la pendiente, lo que permitía subir algo la velocidad. Poco antes del kilómetro 200 la ruta se abrió y a lo lejos se distinguían ya los carteles ruteros y el refugio final. Saqué fuerzas del más allá y logré el objetivo principal. Apoyé la bici, abrazos y felicidad. ¡Cansancio extremo!

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El ascenso al volcán San Francisco partía desde allí. El campamento base estaba a 5100 msnm y la cumbre a 6036 msnm. Dormí y dejé todo en el sexto refugio para atacar la cumbre por la madrugada.
El terreno era flojo y suelto, a grandes rasgos, un plano inclinado. El camino, fácil de seguir. Sin viento y con cielo estrellado, se pronosticaba buen clima. Las primeras 2 horas seguí con linterna una huella de 4×4 que terminaba poco antes de encarar una loma. Detrás, el campamento. Desde allí nacía la gran diagonal que se visualizaba muy bien desde abajo. Cuando asomó el sol, se pasó del frío extremo al sol ardiente. Tres horas después, llegando a los 5700 msnm, el sendero rumbeaba hacia adentro, con menor inclinación, al costado de una canaleta donde en otra época correrá agua de deshielo. Aparecían falsas cumbres a la izquierda y a la derecha algunos penitentes y hasta un gigante pero plano cráter. A los 5850 había rocas grandes de formas raras y colores increíbles. Belleza natural.
Hasta los últimos metros que tuvimos que volver a trepar no tuvimos real idea de cuánto faltaba. Hasta que algo plateado brillante (maletín de intercambio) nos informó que llegábamos. En la cumbre, la vista hacia todos lados era fantástica.
Encaré el descenso pasado el mediodía. En una hora estuve en el campamento y dos horas más tarde en el refugio. Esa misma tarde armé la bici y bajé al quinto refugio para dormir con mayor oxígeno y recobrar energías. Al otro día volvería a Fiambalá en una sola jornada.
Por Martín Andujar.

EN SÍNTESIS
Dónde: Fiambalá a Volcán San Francisco, ida y vuelta.
Cuánto: 400 kilómetros.
Cómo: Bici Scott Scale 960 2013 30v
Quién: Martín Andujar
Info: martinandujar@gmail.com

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Nº 276 - Diciembre 2017

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