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Ser o no ser un ciclista depredador

Fecha: 14.01.2017

Existen prácticas habituales que destruyen la naturaleza y transforman al ciclista en un enemigo a los ojos de propietarios de las tierras, guardaparques y cuidadores. De la mano de IMBA, esta nota detalla algunos de esos comportamientos y recomienda cómo evitarlos.

Por Alejandro Minuzzi*

Ilustración: Isabel García

¿Cuántas veces nos ha pasado ir en nuestra bici hacia ese sendero o camino rural que tanto nos gusta y encontrarnos con que tiene un alambrado, un cartel que nos prohíbe pasar o que a mitad de camino nos paren y tengamos que dar media vuelta? Y eso sin contar que en la mayoría de los parques nacionales no está permitido andar en bicicleta por el impacto que generarían en el lugar, a pesar de que muchos estudios demuestran lo contrario (incluso si el diseño es adecuado, las bicicletas tendrían menor impacto que los peatones).
Es en esos casos cuando IMBA u organizaciones similares intentan negociar un acceso para la práctica de ciclismo, pero muchas veces también descubrimos que ese famoso dicho que afirma que “uno cosecha lo que siembra” se aplica a la perfección. No somos más que generadores de nuestro propio destino y en muchos casos complotamos contra nosotros mismos como ciclistas y usuarios de los senderos.
Basándonos en los relatos de propietarios de las tierras, administradores, guardaparques y cuidadores, nos interesa detallar las prácticas más comunes que transforman al ciclista en un “depredador de la naturaleza”. Y también hablar de cómo evitarlas de manera simple, tan simple que no contemplarlas sería atentar contra el ciclismo de montaña como deporte o hacer un autoboicot para lo que más nos gusta a los ciclistas.

Arrojar basura
Algo que debería ser obvio, al parecer para muchos ciclistas o deportistas no lo es. La frase recurrente para no dejarnos circular suele ser “los ciclistas tiran mucha basura”. Y todos los argumentos de defensa posibles se ven nulos cuando la persona que dice esto está cargando una bolsa llena de residuos.
Dejar tirada una cámara que se cortó en medio de la montaña no es para nada una buena práctica, ni tampoco tirar todo el Slime cuando parchamos al costado del camino. Lo mismo ocurre con los sobres energéticos y los envoltorios de barritas de cereal: si los llevamos hasta ahí, nada cuesta llevarlos a un cesto de residuos o aun a nuestra casa en el bolsillo. A fin de cuentas el envoltorio vacío pesa menos que el lleno.
No hay que olvidar tampoco una contaminación menos evidente, la mal llamada biodegradable, que incluye cáscaras de frutas y semillas. Si bien es cierto que estos residuos son naturales, para que cumplan la función de abono deberían ser enterrados a 20 cm como mínimo (no tapados con una piedra o un puñado de tierra). Al estar al aire libre, estos deshechos generan impacto visual, dependiendo la zona y cantidad, proliferación de moscas y -lo último y más peligroso-, plagas de roedores que, cuando están mal alimentados, se comen a sus propias crías para dejar sobrevivir al más fuerte. Pero una cascara de banana claramente es un festín y hace que el mayor porcentaje de crías sobrevivan y estén listas para reproducirse a los 45 días. Hagan sus propias cuentas.

Erosión
Siempre decimos que una bicicleta erosiona menos que una moto. Eso es cierto, pero para ser real y efectivo, un buen control de erosión tiene que estar directamente ligado al diseño del sendero. Dado que estas prácticas son poco habituales o nulas en Argentina y en la mayoría de los países latinoamericanos, para evitar o disminuir este daño (sin tener que construir un nuevo sendero) podemos simplemente cambiar nuestros hábitos al practicar deporte. Una foto de un ciclista derrapando en una curva puede ser la imagen del día en una página web que seguimos habitualmente, pero desde nuestra perspectiva documenta el daño del día y esa cultura humana predadora que sólo contempla el beneficio del momento y no el largo plazo o el uso que los próximos usuarios puedan darle.
Desde luego que una frenada no hará mucho daño, pero esa fotografía genera que muchas personas quieran imitarla y muchas frenadas sí hacen daño y terminan rompiendo el sendero o sección que tanto trabajo tomó construir. Cuando hay gran cantidad de material suelto en un tramo, se empeora la siguiente sección inmediata, generando que más usuarios deban frenar bruscamente para poder pasarla. Si a ese combo le sumamos un día de lluvia que arrastre el material… el resultado, a nuestro criterio, es desastroso y lleva mucho esfuerzo repararlo.
Ni hablar de andar en los días de lluvia o con mucho barro: algunos senderos aguantan ese tipo de uso, pero la mayoría no lo hace y no es nada bueno. Básicamente creemos que se debe evitar andar los días de lluvia o con mucho barro si queremos cuidar los senderos construidos. Por otro lado, seamos realistas: si estamos doblando y fluyendo en el sendero es casi innecesario bloquear la rueda.

Senderos no sustentables
Son cada vez más las personas que se animan a construir un sendero en la montaña para andar en bicicleta. Claro está que emprender este tipo de trabajo implica mucho esfuerzo. Pero, irónicamente, toma el mismo trabajo que sea sustentable o no.
La diferencia más radical está en qué ocurre luego de construido el sendero. Si es sustentable las tareas de mantenimiento serán mínimas. De hecho un sendero de 7 kilómetros puede ser mantenido por dos personas en cuatro horas una vez al año. En contrapartida, un sendero que no es sustentable no sólo genera muchísimo trabajo de mantenimiento sino que también se vuelve exponencialmente más peligroso al aumentar su nivel de erosión. Suelen ser más inaccesibles y en muchos casos generan que se pierda el acceso a ese lugar, ya que el dueño del campo, administrador u organizaciones ambientalistas pueden decidir que el mismo se cierre, ya sea por su alto impacto ambiental como por el riesgo de accidentes, con lo cual todo el trabajo realizado durante mucho tiempo se pierde en un abrir y cerrar de ojos.
Sabemos que puede ser complicado comprender el desafío de crear un sendero sustentable. De hecho aprender a hacerlo realmente bien toma años de especialización en diferentes áreas, pero en la actualidad, con el acceso a Internet, video tutoriales de IMBA con su gran biblioteca online a nivel mundial, no existen demasiadas excusas para no contar con el conocimiento básico para hacerlo. Es conveniente que a la hora de hacer un sendero y clavar la pala en el suelo por primera vez leamos toda la información posible, consultemos a IMBA por consejos o especialistas en el área y realicemos un correcto diseño del mismo, que no supere el 10% de pendiente promedio. Además, no construyamos senderos ilegales, pidamos los permisos necesarios.
Siguiendo estos consejos básicos lograremos que nuestros proyectos duren más tiempo y requieran de menos mantenimiento.

Propiedad privada
Romper un candado para entrar a un campo, dañar una tranquera o cortar alambrados son prácticas que no deberían ser realizadas bajo ningún punto de vista. Por desgracia, sucede a menudo que los ciclistas ingresan con vehículos a la parte más alta del sendero para simplemente no ver interrumpida una bajada. Si bien esa montaña detrás de los alambrados se ve muy tentadora para crear una nueva línea de senderos, realizar este tipo de prácticas es una clara violación a los derechos de la propiedad privada. Básicamente, es como si un grupo de personas rompiera la medianera del patio de nuestras casas porque tenemos lindo pasto y se armen allí un picadito de futbol.
En propietarios o administradores esto genera un resentimiento muy difícil de negociar. La mejor gestión cuando se observa un cartel que prohíbe el paso es comenzar con el diálogo y pedir los permisos correspondientes, evitando la conducta invasiva bajo todo punto de vista, ya que en cierta medida de tiempo, lento o rápido, las consecuencias son simplemente malas para todos los ciclistas y deportistas y llevan a cerrar el acceso para siempre en esas áreas.

Reducción del impacto
Todas las actividades humanas que se realizan en la naturaleza generan un impacto. Pero está demostrado -gracias a numerosos estudios- que la bicicleta no afecta de forma importante el ambiente en comparación con otras actividades. El problema no sobreviene por la propia actividad sino más bien por la falta de “ética” de algunas personas que la practican.
Desde IMBA nuestro pedido es para todos y cada uno de los ciclistas y deportistas al aire libre, para que logremos crear un cambio de conciencia, dejemos la montaña sin rastros y que su única marca sea la huella de la bicicleta o el calzado para correr.
Siempre que podamos recolectemos basura, incluso si no fue arrojada por nosotros o por nuestro grupo. Cada vez que tengamos la oportunidad plantemos un árbol (especie local) y avisemos al dueño de la tierra que vamos a realizar esa acción. Hagamos correr la voz de la conciencia, volvámonos actores comprometidos y dejemos la comodidad de ser espectadores cuando veamos a alguien arrojando basura, frenando indebidamente o tomando cualquier tipo de acción que genere excesiva erosión o desmejore la imagen de los ciclistas. Tomemos nuestro tiempo (de manera educada y no confrontativa) para compartir esta filosofía de no dejar rastro y de limpiar el sendero. A fin de cuentas, si no comenzamos a mejorar nuestra imagen y conducta, los resultados hablarán por sí solos y nuestro “patio de juegos” se volverá más pequeño porque, en realidad, era el patio de otra persona que se cansó de ser buena onda.

Es muy claro que la bicicleta es ambientalmente amigable, mejora la calidad de vida de las personas y la salud de los mismos e incluso, si la actividad se realiza bien administrada, puede generar un atractivo económico muy rentable a través del turismo. Pero todas las prácticas detalladas en este escrito hacen que en muchos casos sólo por unos pocos (porque claramente no son todos los ciclistas) nos veamos perjudicados todos en general, seamos o no ciclistas, e incluso que los prestadores turísticos en algunos casos se tomen su tiempo para pensar si es realmente conveniente trabajar con este tipo de público.

*Presidente de IMBA argentina, deportista, guía de montaña, rescatista y especialista en diseño y construcción de senderos.

La labor de IMBA
Iniciar un verdadero cambio sociocultural que beneficie a los deportes al aire libre es una de las metas de la International Mountain Bicycling Association (IMBA). Esta organización no gubernamental se creó hace 25 años en los Estados Unidos y desde 2014 trabaja en Argentina, con sede en Córdoba. Una de sus proyectos más resonantes es la construcción de un Bike Park de dos hectáreas en el cordobés Parque Sarmiento, con un sistema de senderos, una sección para saltos medianos y pequeños y otra para trial.
Para conocer más sobre el tema de esta nota se puede ingresar a la página de IMBA y chequear el área de recursos o bien ponerse en contacto con su equipo para hacer consultas específicas.
Info: www.imba.com.ar, membresía@imba.com.ar.

Nota publicada en revista Biciclub Nº 257, mayo de 2016

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Hablamos sobre: MTB, Reflexiones en dos ruedas

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Nº 271 - Julio 2017

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