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Soluciones sencillas y económicas

Fecha: 16.12.2015

transito

Por Mario García.

Pareciera que el mayor obstáculo real que se presenta a los que pretendemos promover a la bicicleta como medio de transporte urbano es que el ciclismo es muy económico. Los bajos costos personales que implican andar en bici y, en escala mayor, los enormes ahorros que se producen en el cuidado del medio ambiente, en la construcción de caminos, de infraestructura, de hospitales y de servicios de emergencia para atender accidentes, son destacadas virtudes. Pero es precisamente por esas virtudes del ciclismo que los gobiernos y las administraciones hacen poco y nada para promoverlo.
Así como en el tema de la salud los administradores no tienen como prioridad la salud de la población, en cuyo caso dedicarían el grueso de sus esfuerzos a la prevención de la enfermedad, en el área del tránsito los administradores tienen prioridades que no apuntan ni a la reducción de costos, ni a la reducción de accidentes, ni a la reducción de la contaminación del medio ambiente.
En nuestro país, como en buena parte del mundo, la mayor parte de la inversión que el Estado dedica al tema del transporte de personas y cosas, que es enorme, se dedica a los caminos, calles y rutas, no al transporte público, ni mucho menos a medios como la bicicleta. Los funcionarios de todas las áreas de Transporte y Tránsito (ya sean organismos nacionales, provinciales o municipales) conforman una clásica burocracia auto-asistida que hace dinero montando y sosteniendo costosísimos proyectos camineros… para automóviles.
Pero aun con esas fastuosas inversiones, el problema del tránsito se torna más grave día a día. Se gastan millones en modificar un acceso a una autopista y ésta se descongestiona por unas semanas o meses… e inmediatamente vuelve a congestionarse, con lo cual los administradores vuelven a pensar en nuevas y mayores inversiones. El cuento de nunca acabar.
Nada de lo que se pueda hacer para resolver el problema que ocasionan los automóviles -realmente un caso de enfermedad terminal- puede igualar a la aplicación de principios sanos y lógicos en el área del transporte básico.
Parecería necesario seleccionar las prioridades nuevamente, y que los incentivos se apliquen a los desarrollos que sí puedan aportar una solución efectiva. Por ejemplo, aunque a primera vista parezca disparatado, pensemos seriamente qué sucedería si los gobiernos, en lugar de aplicarles mayores impuestos a los automovilistas para construir nuevos caminos y obras viales, subsidiaran a los ciclistas.
En casi todo el mundo actual, casi un tercio de la población vive bajo o muy cerca de la línea de pobreza, y el transporte consume una gran parte de sus reducidos ingresos, con lo cual un subsidio de este tipo tendrían un impacto beneficioso no sólo en el tránsito.
Pero más allá de los beneficios sociales, veamos el otro perfil atractivo de esta opción: sólo una pequeña porción de las enormes sumas que se gastan en calles, autopistas, transporte público, infraesctructura asociada, hospitales, ambulancias, patrullas policiales, etcétera, etcétera, para permitir que unas pocas personas se trasladen en su auto en la ciudad, sería necesaria para sostener este subsidio ¿Cuánto menos gastaría el Estado si le pagara a la gente para que se traslade en bicicleta?
En la “burocracia del tránsito” sólo existe el propósito de gastar cada vez mayores sumas de dinero de los contribuyentes en obras que no solucionan el problema del tránsito. Debieran, por el contrario, orientarse a plantearse el problema desde cero y a aplicar soluciones de bajo costo, prácticas e inteligentes, que las hay, y muchas.

Intro de la revista Biciclub Nº 250, octubre 2015.

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Hablamos sobre: Ciclismo urbano, Mario García

One Response to “Soluciones sencillas y económicas”

  1. Coincido con el punto de vista de la nota. Sin embargo en la medida puntual del subsidio a los ciclistas -el sueño del pibe, que te paguen por pedalear- me parece por lo pronto inaplicable, sencillamente porque es algo difícil de mensurar y corroborar.
    Al mismo tiempo se me ocurren medidas que van en el mismo sentido pero donde el subsidio que paga el estado es por algo en concreto, por lo tanto es comprobable que esté bien aplicado y que el usuario lo esté recibiendo legítimamente: me refiero a el boleto obrero y estudiantil gratuito (para ómnibus), que se aplicaron los gobiernos de San Luis y de Córdoba. El sistema de préstamo gratuito de bicicletas, es una forma de subsidiar el ciclismo, puesto que se está disponiendo del rodado de manera gratuita.
    Les saludo, ¡a seguir pedaleando!

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