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Una plegable por la montaña

Fecha: 17.07.2016

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Las bicicletas plegables están revolucionando la movilidad urbana en Buenos Aires. Pero con más de dos años en nuestra bicicletería Lord Bike, identificamos siempre las mismas inquietudes sobre ellas: ¿Andan rápido? ¿Hay que pedalear más? ¿Resisten o se rompen? Decidimos sacarnos las dudas y llevar una Tern Link D16 al extremo en el clásico trayecto Copina a Cóndor (Córdoba), ida y vuelta. La única modificación sobre la bici fue en las cubiertas originales, unas Schwalbe Kojak, que se reemplazaron por unas Kenda con tacos, imprescindibles para circular con seguridad por caminos de montaña.
Estos dos parajes, ubicados en el Camino de las Altas Cumbres, nacieron en 1913 cuando se construyó un camino de montaña para unir los Valles de Punilla y de Traslasierra. En la actualidad están conectados por un tramo de 18 kilómetros. Se trata de un típico camino de montaña, duro y pedregoso, que asciende desde los 1448 msmn hasta los 2200 msmn.
Comenzamos a pedalear en Villa Carlos Paz (600 msnm). La ruta hasta Copina es de asfalto. En los primeros kilómetros de ruta, si bien extrañé las cubiertas originales de la bici, me adapté rápido a los tacos en el asfalto y pude mantener un promedio de 20/25 km/h.
Una pequeña recta de 500 metros en bajada me permitió probar la bici a fondo. La ciclocomputadora marcaba 52 km/h, la estabilidad del rodado era asombrosa y la inercia me permitía adelantar aún sin pedalear a mis compañeros en mountain bikes.
Luego de 25 kilómetros apareció un desvío a la derecha con un camino en bajada y, como única referencia, una pequeña casa. Luego de 5 kilómetros más llegamos a Copina. Recorrimos 40 kilómetros desde Carlos Paz y estábamos a los 1448 msnm.
Hicimos una parada en este caserío. No había ningún lugar para comprar, salvo un pequeño quiosco con más bebidas alcohólicas que alimentos para la venta. Miré los árboles y estaban cubiertos de líquenes, claveles del aire y barbas de viejo, síntomas de aire puro y polución cero. De pronto algún poblador curioso se asomó por una ventana, otro salió raudamente de una casa y se metió en otra. Recordé al pueblo Macondo, en Cien Años de Soledad, la novela de García Márquez.
Comenzó el ascenso a El Cóndor. Teníamos 18 kilómetros por delante hasta llegar a los 2200 msnm. Éramos los únicos locos que subíamos, ya que la mayoría hacía el camino inverso.
Me despedí del plato grande de mi Tern D16 y entró en acción el plato de 39 dientes y el juego con las coronas de piñón. Los tacos de la Kenda se aferraban como garras al piso; sólo era cuestión de pedalear. La bici trepaba y en ningún momento se trababa. Comenzaban a aparecer los famosos puentes colgantes. Era inevitable parar a sacar fotos. Atrás y a lo lejos se veía el lago San Roque; daba miedo ver lo que habíamos ascendido.
Cargamos agua en las vertientes y devoramos barritas de cereal. En el último tramo de este camino estaba la parte más difícil. El cansancio y las pendientes nos acompañaron en las últimas horas de luz. A lo lejos veíamos las antenas en la cumbre; era el faro a dónde nos dirigíamos.
Finalmente llegamos. No sé si algún ciclista hizo este recorrido con una plegable antes, pero me tomo el atrevimiento de autoproclamarme como el primero. Una auténtica locura. La confianza que tenía en este producto se confirmó.
Cansados y con un poco de frío llegamos al Parador El Cóndor. Como un oasis nos recibió en medio de la nada. Todo lo que un aventurero en dos ruedas podía esperar estaba en ese lugar: comida, refugio y más comida. Si hablábamos de calorías consumidas en el ascenso, creo que fueron recuperadas en pocos minutos.
Alquilamos unos cómodos dormis para pasar la noche en la montaña. Una gran cena en el salón del parador, un baño de agua caliente y una buena cama fueron los premios completos a una dura jornada de bici.
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Horas después, el sol que se filtraba por las rendijas de la ventana me invitó despertame. Tras un buen desayuno y las consabidas explicaciones a algún curioso que preguntó cómo habíamos subido con esa bici “chiquitita”, hice un rápido chequeo de la plegable. El sistema de bisagras OCL, que equipa a la mayoría de las Tern, se comportó de forma increíble, sin ningún juego ni ruido. Sin dudas es el mejor sistema de bisagras en plegables.
Preparé los frenos para un uso extremo en la bajada, aunque en subida prácticamente no los había usado. Los cambios entraban todos perfectamente y la pata del descarrilador, que a la vista parece muy expuesta a los golpes, no tenía ni una marca. Estábamos listos para lo mejor del fin de semana, el descenso.
Tan sólo 40 minutos nos llevó lo que el día anterior había sido una maratónica etapa de subidas interminables. Como reza el dicho: lo que difícil viene, fácil se va.
Empezamos a bajar. Parado en los pedales tirando el peso hacia atrás y tratando de copiar los peraltes y esquivar las rocas, dolían los gemelos y las manos, pero el viento en la cara y la vista del valle me hacían olvidar todo. En la inmensidad de la montaña el hombre-ciclista se reencuentra con su espíritu de niño y se divierte como si bajara por un tobogán.
Los frenos chillaron luego de pasar por el agua que cruzaba el camino, pero no perdieron eficacia. El poste de manubrio, al ser rígido, me permitía exigirlo. En las curvas cerradas y derrapando en los ángulos cerrados, la D16 bajaba velozmente. Al chequear la computadora, la velocidad máxima me marcaba 42 km/h. En un terreno sin rectas largas, increíble para una plegable.
Llegamos a Copina. Nos quedaba el camino a Carlos Paz, todo en bajada. Con poco tránsito y bajando se podía observar quien subía, así que pudimos correr a gusto y ocupar toda la ruta cortando las curvas. Alcancé una velocidad máxima de 62 km/h.
El viaje llegaba a su fin, no quise mirar atrás porque ya extrañaba la montaña.
Mientras pedaleamos hasta el auto para iniciar el regreso a Buenos Aires, agendé a Copina, El Cóndor, Copina como uno de los diez recorridos que un ciclista no debería dejar de hacer en Argentina.
Texto: Gustavo Almada

RECORRIDO POR LAS ALTAS CUMBRES CON UNA TERN D16
Lugares: Copina y El Cóndor (Córdoba)
Kilómetros: 160 kilómetros en un día y medio
Época: Abril
Ciclistas: Gustavo Almada, Octavio Almada, Claudio Duclos, Jerónimo Duclos, Damián Canelas
Info: lordbike.com.ar, Facebook: ldbike, blog.lordbike.com.ar

Nota publicada en la sección Viajeros de la revista Biciclub Nº 248, agosto de 2015.

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