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África en bicicleta

Fecha: 15.03.2019

Una selección de retratos de las bicicletas que circulan por África, además de las impresiones ante tales curiosidades a lo largo de esta aventura de cuatro jóvenes sin preparación ciclista previa por siete países de ese misterioso continente.

Por Paulina Díaz

Somos cuatro amigos de Chile y Argentina que viajamos durante un año en bicicleta por el sur de África cargando equipos de fotografía, video y audio para registrar la experiencia, lo que nos permitió captar rarezas, paisajes, vestuarios, extrañas tradiciones, animales, insectos y naturalmente el mundo de las bicicletas en África y quiénes y cómo las usan, porque realmente es muy distinto a lo que estamos acostumbrados a ver en nuestros países.
Comenzaré este relato por Namibia, el segundo país que conocimos pedaleando luego de Sudáfrica. Ahí nos cruzamos con varios viajeros en bici y con cada uno de ellos intercambiamos experiencias, lugares que visitar, tiempos de pedaleada, caminos y precios, entre otras cosas. Sólo observando sus bicicletas y equipaje aprendimos muchos tips, conocimos tecnología y modos distintos de viajar. Todos ellos usaban modelos de bicicletas similares, mountain bikes e híbridas con rodados entre 27.5 y 29, distribuían el peso con alforjas traseras y delanteras de tamaño mediano, además de un bolso delantero soportado por el manubrio. Al igual que nosotros, aprovechaban la mayor cantidad de huecos del cuadro de la bicicleta, con un mapa, celular y herramientas a mano.

El plan y la dura realidad
Namibia es un país amigable para pedalear y con buena oferta turística, pero al mismo tiempo desafiante por los largos tramos desérticos y desolados y por un clima extremo, donde casi no hay sombra. Allí se corre un gran riesgo si no se está preparado, ya que son caminos que deben ser planificados para no tener problemas con el abastecimiento de comida y agua. En oportunidades cada uno de nosotros cargó entre 10 y 15 litros de agua, que por supuesto fue usada solo para lo necesario -beber, cocinar y lavarnos los dientes. Aprendimos a valorar cosas como lavarnos la cara en la mañana, cosa que sinceramente no era frecuente.


En paralelo a esta planificación, los pedaleros están abiertos a lo que el camino entrega, lo que te lleva, quieras o no, a tomar decisiones que muchas veces cambian tu plan inicial. Llevan lo esencial para sobrevivir y saben de mecánica. Se necesita ser práctico y simple, ya que todo el peso tienes que moverlo contigo siempre: la bici es tu casa y no debe ser muy pesada, porque la energía corporal es lo primero a cuidar para que no haya que anticiparse al final del viaje.

Inglesas de carga
En Kasane, ciudad fronteriza de Botswana, apareció el típico modelo de bici inglesa antigua, con freno de varilla, cuadro de hierro pesado y dínamo. Sorprendentemente y en opuesto al resto del mundo, en África es el modelo más utilizado. En particular en este lugar es un transporte urbano. Nuestro amigo rastafari Mambo, artista y comerciante, usa su bici para trabajar y visitar a sus amigos.


En Zimbabwe, Malawi, Mozambique y Tanzania es un clásico ver este mismo modelo pero cargando varias personas, como padres con sus hijos o amigos, pero lo que más nos impresionó es su uso como vehículo de carga, a veces son decenas de cañas de azúcar o más de cuatro sacos grandes de carbón, muchísima leña, ¡y hasta gallinas! Esas bicicletas resisten todo. Incluso algunos le agregan extensiones de fierro, madera o lo que sea para sujetar la carga y recorrer largas distancias. Sumémosle a esto que no siempre los caminos son amigables y que muchas veces deben caminar con la bicicleta al lado por ir en subida. Hasta vimos como cruzaban ríos en canoa con las bicis y la carga para llevar provisiones a lugares aislados.

Taxis a pedal
Una iniciativa digna de imitar son los bicitaxis. Me emocioné al entrar a Quelimane, a pocos kilómetros de la costa de Mozambique, y ver sus calles repletas de bicicletas con sillín trasero y pedalines para pasajeros, además de su número de contacto en la parte posterior. Ahí pedalear es un trabajo libre, sociable y necesario, definitivamente el transporte público por excelencia que permite movilizarse en una ciudad atestada. Quisimos vivir la experiencia subiendo a uno y notamos que son respetados por los autos, tienen buena convivencia entre ellos y que las calles están equipadas para su circulación y reparación. En cada cuadra hay una “Oficina”, nombre que le dan a pequeñas estaciones de servicio donde solucionan con lo básico problemas técnicos, como servicio de parches, inflado y repuestos.


Quelimane es conocida como la capital de las bicicletas y lo comprobamos al llegar justo para la carrera oficial de 30 kilómetros exclusiva para bicitaxis. Vimos cientos de ciclistas de todas las edades tomando muy en serio el desafío y una ciudad completa festejando en la llegada.
En este evento participó nuestro amigo Abdul, ciclista discapacitado que perdió parte de una pierna en un accidente, quien nos alojó en su casa y nos dio una interesante entrevista sobre su experiencia en inclusión. Abdul ayuda a personas con impedimentos físicos a integrarse en la sociedad: “Me acerqué al mundo de las bicicletas por mi discapacidad. Un triciclo manual era la única forma de moverme y con el tiempo descubrí que podía hacer mucho más. Hoy en día compito en carreras largas y viajo en bicicleta fuera de la ciudad con un grupo de amigos ciclistas con quienes no hay diferencia alguna.” Junto a Abdul y sus amigos fuimos pedaleando a Zalala, playa a 30 kilómetros de Quelimane.
También hay bicitaxis en Malawi y Tanzania, pero con más detalles de diseño, colores, luces, pelos, de todo para llamar la atención. Y también es una forma de callejear. Los vemos como un grupo más unido que competitivo, pasan días completos cerca de los mercados, conversando y riendo mientras esperan pasajeros.
Los bicitaxis no contaminan ni auditiva ni ambientalmente, no utilizan combustible, por eso son un transporte barato para el pasajero y rentable para el taxista y por supuesto mantienen en buen estado físico al conductor, un beneficio mental y espiritual.


Otro tema importante es la creatividad que tienen para reutilizar desechos, aprovechando el caucho usado para parchar cámaras, fabricar pastillas de frenos, atar o forrar sillines.
Al terminar nuestra travesía miramos hacia atrás y no terminamos de asimilar lo vivido en 9.000 kilómetros desde el sur hasta el centro de un continente que tiene mucho para contar y que sembró en nosotros la semilla del viaje. Sabemos que este es el principio de muchos otros viajes por el mundo.
Actualmente nos encontramos en proceso de post producción de la serie documental A Pedales África que esperamos transmitir tanto por canales de nuestros países como también en el extranjero. Sin ser periodistas ni cineastas, filmamos la serie nosotros mismos, así como pedaleamos los 9.000 kilómetros sin ser deportistas ni súper héroes. Cualquiera puede hacerlo. Invitamos a todos a cumplir sus sueños sin miedo ni expectativas sino con mucha voluntad y optimismo.
Seguiremos compartiendo fotografías, videos e impresiones como estas en nuestras redes sociales y sitio web.

LOS PROTAGONISTAS
A Pedales África

Paulina Díaz Lillo (29 años, chilena), autora de esta nota, ama la fotografía, la danza y la música. Es publicista y fundó la primera escuela de fotografía de moda en Chile. Lleva adelante el movimiento Pirata Perdido, donde reutilizan materiales de bicicleta para hacer accesorios.
Alejandro “Jan” Merola (32 años, argentino) es militante de izquierda en Argentina, fanático de Racing Club y estudió gestión ambiental.
Leandro Eljall (25 años, argentino) trabajó cinco años en una empresa de sistemas y dejó su carrera en física para inscribirse en un curso de mecánica de bicicletas en busca de un cambio de vida.
Renate Barraza Parma (30 años, chilena) es cocinera de profesión y pasión. Luego de cerrar su pequeño restaurante en Santiago, decidió dejar todo y sumarse a la aventura en tierras africanas que su novia, Paulina, estaba llevando adelante.
Estos cuatro jóvenes viajaron en bicicleta desde el 24 de diciembre del 2016 hasta el 18 de diciembre del 2017 por el sur de África. Su plan fue viajar por un año y mostrar que es posible realizarlo, haciéndolo simple, compartiendo y dejándose ayudar por las personas con las que se cruzaban. “Queremos vivir una aventura para ser cada día mejores y comunicarla para aportar al mundo. Vamos en busca de personas, animales, lugares e historias, registrando lo que nos va entregando el camino para producir la serie documental A Pedales África,” resume Leandro.
Juntar el dinero para el viaje no fue tarea fácil, dice Jan: “Leo vendió su auto, Pauli sumó sus ahorros de años, yo alquilé mi departamento y entre todos logramos juntar cerca de 10.000 dólares, lo que significa US$ 28 diarios. Viajar en bicicleta con un presupuesto reducido no les permitió hacer todas las actividades, ni visitar todos los parques nacionales o sitios más conocidos, pero les abrió las puertas a un turismo más humano, conociendo muchas realidades e historias de personas que otros turistas pasan de largo.

www.apedales.com | Twitter, Facebook, Instagram: @apedalesafrica


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Nº 293 - Mayo 2019


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