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Ciclismo urbano

Ciclismo urbano: cuando la noche es nuestra

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No descubro nada si digo que subirse a la bici para andar por la ciudad tiene un encanto especial. Y no hay clima o ambiente que no haga especial a esa rodada, obviamente tomando en cuenta los gustos y preferencias de cada uno, cada uno de las cuales tiene sus fanáticos y detractores.

Están quienes disfrutan el agobiante verano para pedalear y quienes detestan lidiar con el sudor o con el calor que irradia el asfalto. Son estos los amantes del frío y la preparación estilo “capas de cebolla”, con su certeza de que el movimiento les brinda la temperatura ideal. Hasta el viento y la lluvia tienen un gustito especial, casi como si saliéramos a jugar y divertirnos con las condiciones climáticas. Y están los que prefieren salir con los primeros rayos del sol y aquellos de los que vamos a hablar en esta nota (entre los que me incluyo): quienes disfrutamos la ciudad de noche.

Lo imprescindible

Para disfrutar de la noche en bicicleta no voy a pasar por alto las recomendaciones básicas, casi de supervivencia, que todo ciclista urbano que se precie como tal debe tener en cuenta. 

Como partidario del “vestirse para el destino y no para el camino”, no soy muy amigo de la ropa fluorescente o reflectiva, aunque obviamente (y aplicando el sentido común) tampoco recomiendo vestirse completamente oscuros, estilo ninja, porque eso nos hace invisibles a los ojos de los demás. 

Las luces son innegociables. La función de las luces no es tanto que nosotros veamos el camino (las luces de la ciudad suelen ser más que suficientes) sino para llamar la atención y que nos vean los demás. Luces blancas adelante y rojas atrás, deben estar religiosamente puestas cada vez que salgamos a rodar. De hecho, siempre recomiendo tener un juego de luces extra (de las más económicas) por cualquier imprevisto que nos juegue una mala pasada, como perderlas, roturas o que se acabe la pila/batería. 

Otro riesgo que enfrentamos (sobre todo los fines de semana) tiene que ver con el alcohol y la conducción, que hace que tengamos que mantener los radares atentos ante cualquier situación que percibamos fuera de control, para poder anticiparnos y evitar un mal momento.

Todas las noches, la noche 

La nocturnidad tiene varias etapas bien marcadas, con sus características y vida propia, casi como si fueran capítulos diferentes, que los voy a definir de manera completamente arbitraria. 

Desde que los rayos del sol se apagan definitivamente hasta las 22 horas, la noche mantiene la inercia de lo que fue el día. Movimiento, gente que vuelve a sus casas, gente que sale. Si no fuera por las luces nadie notaría la diferencia: ruido, movimiento, la danza de los ciudadanos moviéndose al compás de la rutina. Es quizás el momento donde más precauciones debemos tomar, porque el tránsito es aún intenso y la transición desde la tarde hace que nuestros ojos (y los de los demás) deban adaptarse a la nueva situación. 

Luego de esta primera etapa de intensidad, de repente notaremos que las calles empiezan a despejarse. Casi de un momento a otro notamos que el nivel abrumador de ruido desciende bruscamente y es ahí donde empezamos a relajar (un poco nada más) la tensión del tránsito y es cuando se empiezan a disfrutar las pedaleadas. 

Esta segunda etapa arbitrariamente la defino desde las 22 hasta las 2 o 3 de la madrugada. Las luces de la ciudad en la noche plena le dan un marco más espectacular aún a la travesía. Sea que salimos con destino a algún lugar puntual (al cine, a tomar algo con amigos, a alguna cita) o que simplemente decidimos dejarnos llevar, vamos a poder apreciar el paisaje urbano de avenidas con poca actividad, pudiendo llegar con la vista más allá y apreciar ese horizonte que durante el día se nos hacía invisible. 

Salir a estas horas nos muestra una postal que en nada se parece a la de apenas algunas horas atrás. El movimiento de la ciudad aún perdura y lo vemos en los bares, cervecerías, puntos de encuentro, que de alguna manera la sentimos como la compañía de nuestra rodada, junto con el ruido de nuestras ruedas deslizándose por el pavimento (sí, se pueden oír), que nos hace sentir que vamos flotando sin llamar demasiado la atención, sin interrumpir los momentos de los demás. Es el momento en el que compartimos la calle con otros intrépidos que disfrutan la noche como nosotros, como también con quienes se ganan la vida repartiendo las comidas que muchos están esperando ansiosos en sus casas. Casi de manera implícita, entre ciclistas urbanos se respira ese espíritu de camaradería y compañerismo; difícilmente escucharemos discusiones estériles o agresiones gratuitas entre “compedaleros”. Nada de ruidos molestos, bocinas, motores gritones. La ciudad a esta hora es un territorio fértil, en donde podemos sacar a relucir todo lo bueno que le hace la bicicleta a la ciudad. 

Pasadas las 3 y hasta que el sol vuelve a decir presente se van agotando todos los indicios de movimiento que podíamos ver. Realmente la ciudad se convierte en un desierto y la soledad del pedaleo es algo que definitivamente se puede disfrutar. Quizás también sea el momento en el cual estemos emprendiendo la vuelta o la retirada y sean los últimos kilómetros de nuestro viaje. Nada quita que ahora disfrutemos del encanto de tener las calles casi a nuestra entera disposición. Es el momento de relajar el pedaleo, no dejar que nada nos apure y hasta quizás podamos repasar mentalmente el balance de nuestro día, sabiendo que nos espera nuestra casa y un merecido descanso para nuestras piernas, pero con la satisfacción de haber disfrutado de esos estímulos y postales atípicas que nos regala la ciudad cuando cae la noche, cuando sentimos a cada golpe de pedal que arriba de la bicicleta… la noche es nuestra.

Por Matías Avallone, conductor del programa de radio B Invasión Bicicleta. 

https://twitter.com/matiasavallone | https://twitter.com/binvasionbici

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Bici Total, el plan de Seguros Rivadavia ágil y de bajo costo

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Seguros Rivadavia te ofrece tres planes para asegurar tu bicicleta, adaptados para las necesidades de cada ciclista.
Uno de ellos es Bici Total, un plan cerrado que ofrece la doble ventaja de una forma muy ágil de contratación y un bajo costo.
El plan está dirigido a aquellas personas propietarias de una bicicleta que desean contratar coberturas y sumas definidas y cuenta con las siguientes coberturas básicas:
Robo total.
Muerte accidental.
Invalidez total y parcial permanente por accidente.
Gastos de asistencia médico-farmacéutica por accidente.
Cobertura de responsabilidad civil del ciclista.

 

Más info: www.segurosrivadavia.com | 0810-999-3200 | info@segurosrivadavia.com
O bien contactarse con cualquiera de los agentes que conforman la extensa red de Productores Asesores de Seguros Rivadavia en todo el país.

Foto: Eduardo Enrietti en unsplash

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El Viernes 13 de Enero de 2023 se realizó una marcha pacífica en reclamo de mayor seguridad ante reiterados robos cada vez más violentos que sufren los ciclistas.

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Una propuesta de Bicisur y Ciclistas Monte Grande que reunió a más de 200 ciclistas y donde participaron varios grupos ciclistas de la zona, entre ellos Ciclismo Ezeiza, Mountain amigos y muchos otros.

La marcha fue tranquila y ordenada, preservando la seguridad en el tránsito, en un recorrido que comenzó en la Plaza Mitre de Monte Grande frente a la Municipalidad de Esteban Echeverría, hasta la Municipalidad de Ezeiza donde descansaron unos breves minutos para luego retornar a Monte Grande.

Desde la Secretaría de Seguridad de Esteban Echeverría hicieron propuestas para, en un futuro, al menos llegar a tener circuitos seguros, que se irán desarrollando junto a los ciclistas, mientras que en Ezeiza se comprometieron a aumentar el patrullaje.

Más info: https://www.instagram.com/ciclistasmontegrande/

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Ciclismo urbano

La violencia vial y las bicicletas: buenos y malos en la misma bolsa

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Por estos días, impulsado por las redes sociales, se instaló el tema de la violencia vial, destacando principalmente los incidentes entre ciclistas y automovilistas, y en menor medida peatones y otros usuarios de la vía pública.

Que hay un estado de alteración y violencia generalizada que excede particularmente al tránsito es palpable y leemos y escuchamos noticias todos los días en ese sentido. Grescas, peleas, estados de alteración permanente que ante la mínima discusión escala a niveles ridículamente peligrosos. El caos de tránsito de la ciudad es un caldo de cultivo ideal para potenciar esas conductas: estrés, bocinazos, insultos de los más variados, exceso de ruidos, conducción agresiva e imprudente y la tensión que se respira a cada momento en hora pico da rienda suelta a la exteriorización de conductas agresivas que en otras situaciones o momentos quizás se lograban reprimir.

Protegidos por una carrocería, a la que se suma todo el valor simbólico que tiene el auto como objeto, la percepción de peligro se traslada a la del cuidado del bien solamente. Un pequeño toque que provoca apenas un rayón o una abolladura es claramente inofensivo para el conductor de un auto, pero despierta una ira irracional hacia quien (accidentalmente o no) lo haya provocado. Si a esto sumamos conductas imprudentes ya familiares (como conducción bajo efectos del alcohol y/o mirando el celular y/o con exceso de velocidad y/o sin respetar las prioridades y reglas básicas) y la falta de autoridad, control y sanciones efectivas por parte del Estado (que por omisión se desentiende de cuestiones que hacen a la convivencia ciudadana) convierte a las calles en una selva en la que los más vulnerables terminan siendo las víctimas.

El agosto del año pasado, en Avenida Balbín y Monroe un ciclista murió bajo las ruedas de un camión que giró sin respetar la distancia al ciclista. En el lugar hay una bicicleta blanca en recuerdo de la víctima.
En noviembre, un conductor alcoholizado atropelló a una persona de 65 años en un country de Pilar, ocasionándole graves heridas.
En ese mismo mes, un conductor también bajo efectos del alcohol se subió a la Plaza de la República, donde está el Obelisco. No fue una tragedia porque ocurrió de madrugada, cuando no circula gente por ahí.
Durante el pasado mes de diciembre un automovilista quiso evitar un control policial y arrastró en el capot de su auto a dos agentes, que terminaron con heridas en sus piernas.
En enero de este año un conductor, también con exceso de alcohol en sangre, se incrustó en una casa de Moreno, matando a dos niños que estaban dentro de la casa durmiendo. Luego intentó escapar.
También en Paraná, Entre Ríos, el conductor de un camión embistió y mató a un ciclista en la avenida de acceso al túnel subfluvial.

Estos incidentes viales se repiten diariamente. Pero será que ya los tomamos con naturalidad, porque ninguno de estos se viraliza ni genera polémica en las redes. A nadie le llama la atención que se use el auto como un arma. A nadie le molesta ver conductas contrarias a la seguridad vial. Esto ya no genera likes ni retweets. Aunque sean nuestros niños, nuestros amigos y familiares los que pierden la vida.
Con mayor o menor gravedad todos los días hay que lamentar víctimas evitables por culpa de la violencia al volante y la desidia del estado, que ignora el derecho a movilizarse con seguridad, sobre todo a quienes no se mueven en vehículos motorizados, y elude sus responsabilidades al otorgar licencias de conducir de manera irrestricta y no ejerce su función de control ni aplica la consecuente sanción efectiva.
Romper espejos de autos, golpear y patear puertas y buscar y fogonear constantemente el conflicto está pésimo. Alimenta reacciones desmedidas, pone a buenos y malos en la misma bolsa, maximiza prejuicios e incita a más violencia. No ayuda en nada (más bien logra el efecto contrario) a pacificar las calles, que es lo que la mayoría de los que nos movemos en bicicleta buscamos, un entorno en el que podamos movernos sin poner en riesgo nuestra integridad.

Por Matías Avallone, conductor del programa B Invasión Bicicleta https://twitter.com/matiasavallone | https://twitter.com/binvasionbici

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¡Basta de robos a ciclistas!: una marcha para hacernos visibles

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Frente al flagelo de los continuos robos a ciclistas y con el objeto de hacer visible el problema, las agrupaciones bonaerenses Bicisur y Ciclistas Monte Grande invitan a todos los ciclistas a participar de una marcha ciclista, ordenada y masiva, desde la Municipalidad de Monte Grande hasta la Municipalidad de Ezeiza y vuelta.
La cita es el viernes 13 de enero del 2023 a las 19 hs, frente a la Municipalidad de Monte Grande, desde donde arrancará la marcha en fila de dos en dos, por razones de seguridad y para no molestar al tránsito, con dirección a la Municipalidad de Ezeiza, con regreso luego al punto de partida. 

La velocidad de la marcha será controlada, de manera de no dejar atrás a ningún participante. Para los que se quieran agregar por el camino, el recorrido se llevará a cabo por la ruta 205.
El lema: “¡Queremos pedalear seguros sin que nos roben!” 

Más info: @ciclistasmontegrande

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