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Cicloturismo de altura: una aventura en otra dimensión

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Mariano Lorefice, indudablemente el mayor experto en ciclismo de altura del mundo, vuelca en esta nota sus conocimientos claves acerca del tema. La motivación, las edades ideales, el apunamiento, la condición física y la ventaja de ascender en grupo. Los efectos psicofísicos de la altitud y las adaptaciones.

Por Mariano Lorefice
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Con las bicicletas convencionales no podemos volar, pero sí superar el nivel de las nubes y llegar a lugares tan altos en donde quizás alcancemos la fantasía de haber volado.
La bicicleta es fantástica, nos permite objetivamente no sólo llegar, sino también tener sensaciones que nos hacen trascender este mundo material. Pero no todo depende de la bicicleta, es fundamental quién la monta, sus inquietudes y el poder de su voluntad. Por sí sola, una bicicleta es nada más que un pedazo de fierro, o las más sofisticadas de carbono o titanio que lucen los fanáticos que se dan el gusto de gastar una pequeña fortuna. Me gusta que la bici tenga la virtud de comportarse magistralmente sólo bajo las manos y pies de un maestro. Y el discípulo más sabio se transforma en maestro cuando realiza sus propias cumbres, aunque físicamente sea incapaz de llegar a lo más alto ¿Por qué subir y para qué esforzarse tanto?. Para algunos las subidas son sinónimo de sufrimiento, otros prefieren las bajadas. Éstas se disfrutan más cuando uno supo llegar arriba por sus propios medios y son el premio al esfuerzo. Te tiene que gustar luchar, y con perseverancia podés lograr lo que para otros es muy difícil: un equilibrio en donde no importe que la empinada subida no termine después de la curva. Subir y gozar en el ascenso a medida que se nos abre la perspectiva del paisaje. Los que se quedaron abajo y no se animaron a subir se fueron empequeñeciendo, hasta el punto de desaparecer y perderse de nuestra vista. Fueron absorbidos por su dimensión de “chatura”. Pero el placer de la cumbre no pasa por el egoísta sentimiento de sentirse superior, sino por gozar de la nueva perspectiva que alcanzamos, ese lugar en donde la tierra se une con el cielo y el horizonte se pierde a nuestros pies.
Cada cumbre que hacemos, en definitiva, es dentro de nosotros mismos, y nos ayuda a abrir otras puertas y andar nuevos caminos.

El camino de la montaña
Me crié en La Plata, una ciudad plana en donde las terrazas de los edificios eran lo más alto a lo que podía llegar. Me acostumbré a rodar sin lomas, con el distribuidor de tránsito de las afueras de la ciudad como la cuesta mas empinada en 400km a la redonda. Recién a los 16 años, cuando empecé a salir de mochilero y realicé mi primer viaje descubrí la dimensión de las montañas. Me producían cierto misterio y curiosidad. Haciendo trekking en los parques nacionales del sur quería subir a todas… Después de algunas temporadas de entrenamiento como maratonista, en la Quebrada de Humahuaca, conocí la respuesta de mi cuerpo a la enrarecida atmósfera de la Puna y me animé al Aconcagua. En 1994 logré la cumbre en solitario y con mi bicicleta.
En 1995 fui por primera vez con un pequeño grupo de cicloturistas al Abra del Acay (4895msnm) y a partir de ese viaje comprendí lo interesante que me podía resultar guiar a ciclistas aventureros a la montaña.
Como organizador realicé varias travesías al Abra del Acay y algunas a Machu Picchu. En el año 2001, cuando dirigí un grupo de 16 personas y cruzamos el Himalaya, de Katmandú a Lhasa, casi sentí que eso seria lo máximo. Pero siempre hay nuevas cumbres y un largo camino para seguir aprendiendo.

Las enseñanzas del Acay
El Abra del Acay se encuentra en la Ruta 40, entre la localidad de La Poma y San Antonio de los Cobres. Tiene fama de ser el paso rutero más alto de América, aunque hay caminos que, sin carácter de paso, lo superan ampliamente. Esta travesía nos sirvió para acumular experiencia como organizadores y tanto nosotros, como los participantes, fuimos “haciendo escuela” en ese lugar. Hubo quienes después de haber hecho este paso se atrevieron a ir a Machu Picchu, desde el lago Titicaca (3800msnm). Otros seis ciclistas, más afortunados, fueron al Himalaya. Ver la respuesta de la gente en estas tres travesías me sirvió para hacer el siguiente balance:

Motivación de los participantes
Para unos pocos, el hecho de conseguir un récord de altura era el motivador fundamental. Siempre trato de advertirle a esta gente que la travesía vale mucho más por los paisajes. Los que van con esa idea, por lo general terminan dándose cuenta que el “récord” es sólo un detalle. Contrastando, están aquellos que por sobre todas las cosas quieren conocer los paisajes y su gente, dándole no demasiada importancia al desafío físico. Son mayoría los que desean realizar una aventura personal y probarse sanamente. Es una forma que les permite crecer, en conjunto con sus compañeros, y gozar de los paisajes. Esta gente a la que le gustan los desafíos, después de una de estas travesías junta más fuerza para otra y le surge el deseo de ir por nuevas cumbres. Suele suceder que en estas situaciones descubren lo que son capaces de hacer y regresan con más autoestima, algo que sirve para potenciar la voluntad en todos los órdenes de la vida.

Edades
¿Quién esta viejo y quién joven?. La juventud no es sinónimo de fortaleza y resistencia. En este tipo de travesías es fundamental la madurez, que por lo general tienen los veteranos. Encontrar que un chico de menos de 20 años se adapte bien al grupo y a la montaña es más difícil que en un señor de 50. Los veteranos tuvieron mejor respuesta a la altitud. El promedio de edad de los participantes que hemos tenido ronda los 45 años. En la edición del Abra del Acay del año 2000, el promedio de edad de los 20 participantes fue de 48 años. En el Himalaya, de los 16 ciclistas, la mitad supero los 50, con un caso de 63. En dicha travesía, Giancarlo, de 57 y que entrena desde los 50, iba por primera vez a la altura y tuvo una de las mejores respuestas físicas.
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Apunamiento y aclimatación
Con la altura disminuye la presión atmosférica, la cantidad de oxígeno, la humedad y la temperatura. Cuanto más ascendemos más enrarecida se hace la atmósfera y más difícil adaptarnos. A estos problemas los resolvemos regulando las etapas, los ritmos de marcha, la alimentación y la hidratación. Previamente les solicitamos a los participantes que se hagan estudios médicos (electrocardiogramas, hemogramas y pruebas de esfuerzo). A veces hay organismos que no responden bien en la altura y no hay nada que se pueda hacer. Afortunadamente en todos estos años tuvimos solamente dos personas que orgánicamente estaban mal dispuestas para la altura. Uno de ellos sufrió malestares en las partes más altas de la travesía del Acay y regresó a los dos años, mejor entrenado, para sentirse igualmente mal.
El desafío es bastante importante y para nosotros la buena respuesta de la gente ha sido una satisfacción. Hay que tener en cuenta que la mayoría viene del nivel del mar y que asciende por sobre los 4500msnm en poco tiempo. En el caso del Acay, pasan la cuarta noche a 4100msnm. En la travesía a Machu Picchu empiezan pedaleando al segundo día a 3800msnm. En la travesía del Himalaya al quinto día se alcanzan los 5200msnm.

Condición física
La gran mayoría de los participantes en estas travesías de altura han sido aficionados, con una preparación física diferente a la de un corredor. Como las etapas están armadas para cicloturistas y no para súperatletas, no es fundamental tener el mejor estado físico. Hemos tenido casos de gente que entrenaba la capacidad aeróbica corriendo o realizando otras actividades y tuvo un excelente desempeño. Personas que no eran ciclistas y que subían mejor que los expertos. En la altura se pueden invertir los papeles y la actitud mental es fundamental. A mi entender no sirve salir a hacer kilómetros y kilómetros. Intercalando las salidas en bici con trote, natación u otra actividad aeróbica y gimnasio podemos lograr un entrenamiento variado divertido y de calidad.

Respuesta femenina
La respuesta física de las mujeres en la altura fue ampliamente favorable. Recuerdo el caso de una alemana, que pasaba por Bariloche, se enteró de la travesía y alquiló una bici para hacerla. No era ciclista, andaba con la frecuencia de un aficionado, y tuvo una de las mejores actuaciones de todos los participantes que hemos tenido. Estimo que su entrenamiento aeróbico de trotar, y el hecho de no tener sobrepeso, la ayudaron en los ascensos. Por lo general, las mujeres en la montaña se equiparan a los hombres.

Bicicletas utilizadas
Hemos tenido todo tipo de bicis y las mejores respuestas físicas no estuvieron en relación con la gente que tenía las mejores máquinas. Hubo quienes hicieron el Abra de Acay con bicicletas de acero muy pesadas, otros con híbridas, y hasta quien cruzó el Himalaya sin horquilla de amortiguación. Lógicamente una bici liviana y bien equipada ayuda a subir mejor, pero en la altura se producen sorpresas con los ciclistas.

Respuesta grupal
Los grupos suelen ser más manejables y aceptan un ritmo de marcha que en otras situaciones les hubiera resultado lento a algunos. Siempre trato de que haya un resto físico; cuando uno se funde en la altura es muy difícil recuperarse como en el llano. Cuando la gente se siente mal se torna apática y se aleja del grupo. Hay que estar atento, porque a veces los síntomas del mal de montaña se ocultan detrás de una euforia exagerada o con gestos agresivos. Un grupo unido y que tiene resto para reír es el mejor síntoma. En nuestro caso, por lo general la respuesta grupal o de relación entre la gente ha sido óptima. Muy rara vez se han registrado casos de competitividad, que pueden llegar a darse cuando participa un corredor que siente la necesidad de demostrar su “superioridad”. A este tipo de personas la Puna siempre les “pega”, y terminan aceptando el ritmo del grupo. En estos viajes la competitividad con los compañeros esta fuera de lugar. A veces las mujeres resultan más competitivas que los hombres o los veteranos corredores: quieren mostrarse como en sus mejores años juveniles.

Efectos psicofísicos
– Disminuye la resistencia del aire (al bajar la presión) y esto favorece el desplazamiento de la bicicleta, pudiéndose mejorar la velocidad en recta y en bajada y, con una correcta aclimatación, mantener la velocidad en trepada.
– Aumenta la velocidad, no disminuye la fuerza.
– La capacidad para mantener el esfuerzo disminuye a partir de los 1500msnm un 1% cada 100 metros, disminuyendo también la capacidad psíquica, según dicen a un 50% en la cumbre del Aconcagua.
– Se consumen más calorías que en otras situaciones.
– Aumenta la gravedad de las enfermedades, y las afecciones de las vías respiratorias pueden resultar peligrosas.
– Mal de montaña, (apunamiento, soroche) cefaleas, náuseas, trastornos del sueño, debilidad, según la sensibilidad particular de cada individuo.

Adaptaciones
– La necesidad de oxígeno hace que aumente la frecuencia respiratoria y a 5000msnm la ventilación aumenta el doble que a nivel del mar.
– Aumento de la frecuencia cardíaca (disminución de la frecuencia cardíaca máxima).

La adaptación en mediano plazo (mas de 15 días) determina:
– Aumento de casi el 100% de los capilares.
– Aumento de glóbulos rojos y hemoglobina (encargada de transportar el oxígeno en sangre).

 

Nota publicada en Biciclub Nº 88, abril 2002.

1 Comentario

1 Comentario

  1. Pablo Gomez

    18 febrero, 2012 a las 11:40 pm

    Muy Buena La Nota y La Pagina.. Saludos!

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