Conectá con nosotros

Uncategorize

Cicloturismo de altura: una aventura en otra dimensión

Mariano Lorefice, indudablemente el mayor experto en ciclismo de altura del mundo, vuelca en esta nota sus conocimientos claves acerca del tema. La motivación, las edades ideales, el apunamiento, la condición física y la ventaja de ascender en grupo. Los efectos psicofísicos de la altitud y las adaptaciones.

Por Mariano Lorefice
LLegada-a-La-Poma_1492

Con las bicicletas convencionales no podemos volar, pero sí superar el nivel de las nubes y llegar a lugares tan altos en donde quizás alcancemos la fantasía de haber volado.
La bicicleta es fantástica, nos permite objetivamente no sólo llegar, sino también tener sensaciones que nos hacen trascender este mundo material. Pero no todo depende de la bicicleta, es fundamental quién la monta, sus inquietudes y el poder de su voluntad. Por sí sola, una bicicleta es nada más que un pedazo de fierro, o las más sofisticadas de carbono o titanio que lucen los fanáticos que se dan el gusto de gastar una pequeña fortuna. Me gusta que la bici tenga la virtud de comportarse magistralmente sólo bajo las manos y pies de un maestro. Y el discípulo más sabio se transforma en maestro cuando realiza sus propias cumbres, aunque físicamente sea incapaz de llegar a lo más alto ¿Por qué subir y para qué esforzarse tanto?. Para algunos las subidas son sinónimo de sufrimiento, otros prefieren las bajadas. Éstas se disfrutan más cuando uno supo llegar arriba por sus propios medios y son el premio al esfuerzo. Te tiene que gustar luchar, y con perseverancia podés lograr lo que para otros es muy difícil: un equilibrio en donde no importe que la empinada subida no termine después de la curva. Subir y gozar en el ascenso a medida que se nos abre la perspectiva del paisaje. Los que se quedaron abajo y no se animaron a subir se fueron empequeñeciendo, hasta el punto de desaparecer y perderse de nuestra vista. Fueron absorbidos por su dimensión de «chatura». Pero el placer de la cumbre no pasa por el egoísta sentimiento de sentirse superior, sino por gozar de la nueva perspectiva que alcanzamos, ese lugar en donde la tierra se une con el cielo y el horizonte se pierde a nuestros pies.
Cada cumbre que hacemos, en definitiva, es dentro de nosotros mismos, y nos ayuda a abrir otras puertas y andar nuevos caminos.

El camino de la montaña
Me crié en La Plata, una ciudad plana en donde las terrazas de los edificios eran lo más alto a lo que podía llegar. Me acostumbré a rodar sin lomas, con el distribuidor de tránsito de las afueras de la ciudad como la cuesta mas empinada en 400km a la redonda. Recién a los 16 años, cuando empecé a salir de mochilero y realicé mi primer viaje descubrí la dimensión de las montañas. Me producían cierto misterio y curiosidad. Haciendo trekking en los parques nacionales del sur quería subir a todas… Después de algunas temporadas de entrenamiento como maratonista, en la Quebrada de Humahuaca, conocí la respuesta de mi cuerpo a la enrarecida atmósfera de la Puna y me animé al Aconcagua. En 1994 logré la cumbre en solitario y con mi bicicleta.
En 1995 fui por primera vez con un pequeño grupo de cicloturistas al Abra del Acay (4895msnm) y a partir de ese viaje comprendí lo interesante que me podía resultar guiar a ciclistas aventureros a la montaña.
Como organizador realicé varias travesías al Abra del Acay y algunas a Machu Picchu. En el año 2001, cuando dirigí un grupo de 16 personas y cruzamos el Himalaya, de Katmandú a Lhasa, casi sentí que eso seria lo máximo. Pero siempre hay nuevas cumbres y un largo camino para seguir aprendiendo.

Las enseñanzas del Acay
El Abra del Acay se encuentra en la Ruta 40, entre la localidad de La Poma y San Antonio de los Cobres. Tiene fama de ser el paso rutero más alto de América, aunque hay caminos que, sin carácter de paso, lo superan ampliamente. Esta travesía nos sirvió para acumular experiencia como organizadores y tanto nosotros, como los participantes, fuimos «haciendo escuela» en ese lugar. Hubo quienes después de haber hecho este paso se atrevieron a ir a Machu Picchu, desde el lago Titicaca (3800msnm). Otros seis ciclistas, más afortunados, fueron al Himalaya. Ver la respuesta de la gente en estas tres travesías me sirvió para hacer el siguiente balance:

Motivación de los participantes
Para unos pocos, el hecho de conseguir un récord de altura era el motivador fundamental. Siempre trato de advertirle a esta gente que la travesía vale mucho más por los paisajes. Los que van con esa idea, por lo general terminan dándose cuenta que el «récord» es sólo un detalle. Contrastando, están aquellos que por sobre todas las cosas quieren conocer los paisajes y su gente, dándole no demasiada importancia al desafío físico. Son mayoría los que desean realizar una aventura personal y probarse sanamente. Es una forma que les permite crecer, en conjunto con sus compañeros, y gozar de los paisajes. Esta gente a la que le gustan los desafíos, después de una de estas travesías junta más fuerza para otra y le surge el deseo de ir por nuevas cumbres. Suele suceder que en estas situaciones descubren lo que son capaces de hacer y regresan con más autoestima, algo que sirve para potenciar la voluntad en todos los órdenes de la vida.

Edades
¿Quién esta viejo y quién joven?. La juventud no es sinónimo de fortaleza y resistencia. En este tipo de travesías es fundamental la madurez, que por lo general tienen los veteranos. Encontrar que un chico de menos de 20 años se adapte bien al grupo y a la montaña es más difícil que en un señor de 50. Los veteranos tuvieron mejor respuesta a la altitud. El promedio de edad de los participantes que hemos tenido ronda los 45 años. En la edición del Abra del Acay del año 2000, el promedio de edad de los 20 participantes fue de 48 años. En el Himalaya, de los 16 ciclistas, la mitad supero los 50, con un caso de 63. En dicha travesía, Giancarlo, de 57 y que entrena desde los 50, iba por primera vez a la altura y tuvo una de las mejores respuestas físicas.
Canon-del-R-Calchaqui-_1407

Apunamiento y aclimatación
Con la altura disminuye la presión atmosférica, la cantidad de oxígeno, la humedad y la temperatura. Cuanto más ascendemos más enrarecida se hace la atmósfera y más difícil adaptarnos. A estos problemas los resolvemos regulando las etapas, los ritmos de marcha, la alimentación y la hidratación. Previamente les solicitamos a los participantes que se hagan estudios médicos (electrocardiogramas, hemogramas y pruebas de esfuerzo). A veces hay organismos que no responden bien en la altura y no hay nada que se pueda hacer. Afortunadamente en todos estos años tuvimos solamente dos personas que orgánicamente estaban mal dispuestas para la altura. Uno de ellos sufrió malestares en las partes más altas de la travesía del Acay y regresó a los dos años, mejor entrenado, para sentirse igualmente mal.
El desafío es bastante importante y para nosotros la buena respuesta de la gente ha sido una satisfacción. Hay que tener en cuenta que la mayoría viene del nivel del mar y que asciende por sobre los 4500msnm en poco tiempo. En el caso del Acay, pasan la cuarta noche a 4100msnm. En la travesía a Machu Picchu empiezan pedaleando al segundo día a 3800msnm. En la travesía del Himalaya al quinto día se alcanzan los 5200msnm.

Condición física
La gran mayoría de los participantes en estas travesías de altura han sido aficionados, con una preparación física diferente a la de un corredor. Como las etapas están armadas para cicloturistas y no para súperatletas, no es fundamental tener el mejor estado físico. Hemos tenido casos de gente que entrenaba la capacidad aeróbica corriendo o realizando otras actividades y tuvo un excelente desempeño. Personas que no eran ciclistas y que subían mejor que los expertos. En la altura se pueden invertir los papeles y la actitud mental es fundamental. A mi entender no sirve salir a hacer kilómetros y kilómetros. Intercalando las salidas en bici con trote, natación u otra actividad aeróbica y gimnasio podemos lograr un entrenamiento variado divertido y de calidad.

Respuesta femenina
La respuesta física de las mujeres en la altura fue ampliamente favorable. Recuerdo el caso de una alemana, que pasaba por Bariloche, se enteró de la travesía y alquiló una bici para hacerla. No era ciclista, andaba con la frecuencia de un aficionado, y tuvo una de las mejores actuaciones de todos los participantes que hemos tenido. Estimo que su entrenamiento aeróbico de trotar, y el hecho de no tener sobrepeso, la ayudaron en los ascensos. Por lo general, las mujeres en la montaña se equiparan a los hombres.

Bicicletas utilizadas
Hemos tenido todo tipo de bicis y las mejores respuestas físicas no estuvieron en relación con la gente que tenía las mejores máquinas. Hubo quienes hicieron el Abra de Acay con bicicletas de acero muy pesadas, otros con híbridas, y hasta quien cruzó el Himalaya sin horquilla de amortiguación. Lógicamente una bici liviana y bien equipada ayuda a subir mejor, pero en la altura se producen sorpresas con los ciclistas.

Respuesta grupal
Los grupos suelen ser más manejables y aceptan un ritmo de marcha que en otras situaciones les hubiera resultado lento a algunos. Siempre trato de que haya un resto físico; cuando uno se funde en la altura es muy difícil recuperarse como en el llano. Cuando la gente se siente mal se torna apática y se aleja del grupo. Hay que estar atento, porque a veces los síntomas del mal de montaña se ocultan detrás de una euforia exagerada o con gestos agresivos. Un grupo unido y que tiene resto para reír es el mejor síntoma. En nuestro caso, por lo general la respuesta grupal o de relación entre la gente ha sido óptima. Muy rara vez se han registrado casos de competitividad, que pueden llegar a darse cuando participa un corredor que siente la necesidad de demostrar su «superioridad». A este tipo de personas la Puna siempre les «pega», y terminan aceptando el ritmo del grupo. En estos viajes la competitividad con los compañeros esta fuera de lugar. A veces las mujeres resultan más competitivas que los hombres o los veteranos corredores: quieren mostrarse como en sus mejores años juveniles.

Efectos psicofísicos
– Disminuye la resistencia del aire (al bajar la presión) y esto favorece el desplazamiento de la bicicleta, pudiéndose mejorar la velocidad en recta y en bajada y, con una correcta aclimatación, mantener la velocidad en trepada.
– Aumenta la velocidad, no disminuye la fuerza.
– La capacidad para mantener el esfuerzo disminuye a partir de los 1500msnm un 1% cada 100 metros, disminuyendo también la capacidad psíquica, según dicen a un 50% en la cumbre del Aconcagua.
– Se consumen más calorías que en otras situaciones.
– Aumenta la gravedad de las enfermedades, y las afecciones de las vías respiratorias pueden resultar peligrosas.
– Mal de montaña, (apunamiento, soroche) cefaleas, náuseas, trastornos del sueño, debilidad, según la sensibilidad particular de cada individuo.

Adaptaciones
– La necesidad de oxígeno hace que aumente la frecuencia respiratoria y a 5000msnm la ventilación aumenta el doble que a nivel del mar.
– Aumento de la frecuencia cardíaca (disminución de la frecuencia cardíaca máxima).

La adaptación en mediano plazo (mas de 15 días) determina:
– Aumento de casi el 100% de los capilares.
– Aumento de glóbulos rojos y hemoglobina (encargada de transportar el oxígeno en sangre).

 

Nota publicada en Biciclub Nº 88, abril 2002.

Continua leyendo
Publicidad
1 Comentario

1 Comentario

  1. Pablo Gomez

    18 febrero, 2012 a las 11:40 pm

    Muy Buena La Nota y La Pagina.. Saludos!

Dejá un comentario

Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cicloturismo

La otra Cuba en bicicleta

Un viaje en bicicleta por Cuba por fuera de los tradicionales circuitos turísticos, con mucha información práctica para aquellos que quieran intentar la aventura. Cómo alojarse en casas particulares y comer en los lugares que comen los propios cubanos.

Durante el mes de febrero de 2017 un pequeño grupo de cicloturistas argentinos recorrimos 1500 kilómetros de la mágica isla de Cuba. Al hacerlo en bicicletas pudimos internarnos en la realidad de sus pobladores, compartir sus actividades y comprender cómo funciona esta nación y cuáles son sus costumbres. Como grupo definimos que nuestro objetivo sería recorrer la mayor cantidad de kilómetros, pero teniendo en cuenta que no fuera por lugares preparados para el turismo, buscando conocer la diversidad geográfica, que es mucha pese a lo pequeño del territorio, y sobre todo conocer al habitante, al cubano de las ciudades y del campo. Entre nosotros nos decíamos que era un viaje ciclo-antropológico. El alojarnos en 21 casas particulares nos permitió conocer cómo funciona la sociedad, acompañarlos en sus tareas cotidianas y descubrir rincones que no se promocionan al viajero.

Occidente: Pinar de Río, Artemisa, La Habana, Mayabeque, Matanzas
Desde el aeropuerto de La Habana una combi nos transportó hacia la casa donde nos alojaríamos por 30 dólares, ubicada en el barrio chino. Después de entender cómo funciona el sistema de abastecimiento y comunicación y por dónde transitar con seguridad, estábamos listos para la partida.
Al alba y desde el Malecón de La Habana partimos con rumbo oeste. La ciudad es muy extensa pero absolutamente segura. El tránsito en las carreteras es escaso: predominan camiones, ómnibus, muy pocos autos y llegando a los poblados aparecen bicis, motos y carros. La bicicleta es el vehículo multipropósito de Cuba, muchas con dos pasajeros, con enormes cargas, con jaulas con gallinas, con fardos de pasto. Nos comentaban que en un período en que faltó petróleo, desde el gobierno se entregaron bicis chinas rodado 28 a la población.
El mar nos acompañó por más de 100 kilómetros de carretera costera, hasta que comenzamos a ingresar a la provincia más occidental de Cuba, Pinar del Río, donde se manifiesta la cordillera de Guaniguanico.
La zona del valle de Viñales nos sorprendió por su belleza y diversidad de paisajes, por lo que decidimos permanecer un día recorriendo la zona rural, que es Parque Nacional, donde nos aseguraron que se produce el mejor tabaco del mundo.
Cuando salimos del valle arribamos a la carretera central, una enorme autopista de ocho carriles, vacía, sin autos. Pasamos pueblitos sin mayor interés y sin darnos cuenta el atardecer se nos vino encima y con él la noche, sin tener arreglado el alojamiento.
Todo debe servir de aprendizaje. En Cuba no hay alumbrado en ninguna carretera ni cruce rutero y en los pueblos es escaso. Deambulamos peligrosamente, intentando encontrar un lugar donde dormir. En los hospedajes nos decían que estaban completos, hasta que dimos con un hotel alojamiento a la salida de San Cristóbal. Su dueño, enterado de que éramos argentinos, tomó la decisión de cerrar el alojamiento para atendernos. Nos brindó un dormitorio, donde puso otro colchón en el suelo, así que descansamos entre espejos y pósteres eróticos.
Ante lo ocurrido decidimos planificar los tramos en cuanto a distancia a recorrer y ciudades por dónde pasar en función de que dispusieran de casas de renta. Esto es posible de averiguar en las centrales de policía y en una aplicación para celulares que utilizan los dueños de las viviendas.
Seguimos andando por zona rural, con pequeños pueblos dedicados de lleno a la actividad agrícola, básicamente de arroz, con muchos tractores en la calzada. Los trabajadores nos saludaban alzando sus herramientas a nuestro paso, otros nos seguían en bici y los chicos querían que los fotografiásemos.
En Jagüey Grande se produce un cambio de paisaje en el ingreso a la península de Zapata, un extenso territorio ocupado por la ciénaga homónima. Este es el mayor humedal de Cuba, donde predominan los manglares y habita una especie endémica de cocodrilo. La carretera hasta Playa Larga transcurre por este ecosistema. Allí encontramos alojamiento con una maravillosa familia de profesores universitarios con grandes habilidades culinarias.
Este lugar es una referencia histórica de Cuba, pues Playa Larga se ubica en Bahía de Cochinos, donde en 1961 intentaron desembarcar tropas contrarrevolucionarias.
Seguimos recorriendo la península hasta Playa Girón por una carretera que bordea el mar, entre manglares, con solitarias playas donde parar y gozar de las vistas y de un baño.
Por la noche encontramos a una ciclista estadounidense que recorría la isla sola con bici de ruta y buen equipamiento, armando un derrotero para traer turistas.
Esa noche, para cenar estacionamos las bicis en un porta bici con los temores propios de nuestra tierra. Pasamos más de una hora cenando sin ver nuestras bicis y a nadie se le ocurrió tocar algo, tal cual nos aseguraron los parroquianos que ocurriría.
Región Central: Cienfuegos, Sancti Spiritus, Villa Clara, Ciego de Ávila, Camaguey
Cuando tomamos rumbo a Cienfuegos compartimos con un grupo de ocho ciclistas veteranos franceses varios kilómetros hasta el poblado de Yaguarama, donde en una cafetería de la carretera paramos a probar los sándwiches de pierna (carne de cerdo), causando una revolución entre los parroquianos que bebían ron.
Desde Cienfuegos, hermosa ciudad colonial fundada por franceses, llamada La Perla del Sur, nos dirigimos hacia Trinidad, otra villa de más de 500 años, con un centro histórico declarado patrimonio arquitectónico de la humanidad, con playas muy recomendables. Allí descansamos un día completo.
Siguiendo nuestro derrotero transitamos lo que se llama el Valle de los Ingenios, todo cultivado con caña de azúcar y con el fondo de las sierras de Escambray. La zona rural es productora de papaya, guayaba, bananas, algunos cítricos, ajo y cebollas, además de las tradicionales de café y tabaco.
Bordeando las montañas de Guamuhaya arribamos a Sancti Spiritus. Cruzando un histórico puente de cinco arcos de ladrillo sobre el río Yayabo ingresamos a una ciudad multicolor fundada en 1522 por españoles. El casco histórico, recientemente restaurado, nos dejó sorprendidos por su prolijidad, limpieza y belleza arquitectónica. Todo merece destinar tiempo para recorrerla: el puente de ladrillos, los parques, la catedral y otros edificios, todos de vivos colores.
Un viejo puente de hierro nos despidió de la ciudad en un amanecer neblinoso, mientras se desarrollaba la cosecha de caña de azúcar, en algunas parcelas con máquinas y en otras a puro machete, cargando camiones de doble acoplado.
Luego de 84 kilómetros arribamos a Ciego de Ávila, ciudad sin otra particularidad que ser acceso a las playas del norte y del sur del país, al estar en una parte muy angosta de la isla.
Ahí conocimos a un mecánico de la escuadra local de ciclismo que por la mañana nos acompañó a conseguir agua mineral y salir del pueblo en su vieja rutera de cromo. En esta zona la agricultura da lugar a una cuenca lechera productora de quesos.
Tras 110 kilómetros sin muchos atractivos ingresamos a Camagüey, tercera ciudad en cantidad de habitantes de la isla, otra de las ciudades con centro histórico del 1500, nombrado como patrimonio de la humanidad, cuna del nacimiento del General Agramonte, padre de la independencia cubana.

Oriente: Las Tunas, Granma, Holguín, Santiago de Cuba, Guantánamo
Por la ciudad de Guaimaro ingresamos a la zona oriental serrana de la isla. Este municipio tiene importancia porque allí se redactó la constitución cubana luego de la independencia de España.
Onduladas carreteras nos llevaron por Las Tunas hasta Holguín, llamada la ciudad de los parques (plazas), que se suceden a lo largo de la avenida principal.
Hacia el norte de la ciudad, en la bahía de Gibara, hay una zona de playas. Aquí se produjo el primer contacto entre los europeos comandados por Colón y las culturas nativas. Subidos a un vehículo ruso de marca Moskovich, llegamos a playas que hacen honor a las palabras que se atribuyen a Cristóbal Colon sobre las Antillas: “La tierra más hermosa que ojos humanos han visto.”
Un día domingo emprendimos desde Holguín la anteúltima etapa de nuestro viaje, hacia Bayamo, con la ruta solo para nosotros. Nos sorprendieron pequeños poblados con nombres tales como Cacacum, Limpio Chiquito, Cauto Cristo.
Finalmente emprendimos la última jornada de 140 kilómetros, con mucho desnivel, debido a que estábamos a las puertas de la Sierra Maestra. Grandes extensiones de caña de azúcar, en distintos momentos de la cosecha, con fuego donde ya se había cortado la caña, el aire espeso y con olor a melaza quemada.
Los últimos 50 kilómetros los realizamos en un tramo que ellos llaman “autopista”, una vía de cuatro carriles por mano totalmente asfaltada con interminables subidas. Por allí, llegando a la población El Cristo, faltando unos 12 kilómetros, se ve la ciudad de Santiago de Cuba, el mar y la Sierra Maestra.
Finalizamos nuestro viaje en la Plaza de la Revolución, donde se erige la estatua ecuestre del héroe de la independencia Antonio Maceo y en la esquina opuesta una gigantografía de Fidel Castro.
Luego de 1400 kilómetros dimos por terminado el viaje por la isla, con el cansancio propio de estas travesía pero felices por lo conocido y aprendido y sobre todo sin ningún contratiempo.
Santiago es una hermosa pero calurosa ciudad, en la que cada rincón está lleno de historia de los tres principales momentos históricos del país. Museos, paseos, viejas librerías, el puerto y el cementerio de Santa Ifigenia, donde descansan los restos de José Martí y de Fidel Castro, son un gran atractivo.


Lo que hay que saber
Las cajas de transporte de las bicis en avión se pueden guardar en la casa de renta en La Habana por unos CUC (Peso Cubano Convertible: 1 dólar = 0.90 CUC). Ellos la conservan mientras dure la vuelta a la isla.
– Clima. Hay dos temporadas: verano, muy caluroso, e invierno, cuando fuimos nosotros, donde la temperatura es más benévola, aunque en dos ocasiones tuvimos una máxima de 35°C. Los vientos pueden venir de cualquier lado, depende de la zona, y se puede escuchar el pronóstico en la radio o TV. Amanece muy temprano y oscurece a partir de las cinco de la tarde.
– El estado de las rutas, todas de asfalto, es entre bueno y regular, pero hay poco vehículos; mayormente camiones, tractores y buses.
– Alojamientos. Nosotros utilizamos casas de familia, a un costo de entre 20 a 30 CUC la habitación para los cuatro. Solo reservamos la casa de la primera noche, luego utilizamos su red de relaciones. Una familia te envía a la siguiente. Las familias brindan unos desayunos increíbles por 3 a 5 CUC, al igual que la cena.
– Hay que beber solo agua embotellada o, como los locales, hervida y filtrada. Se consigue agua mineral en botellas de 1.5, 3 y 5 litros a un costo de 1.90 CUC en estaciones de servicio o supermercados. Hay que tener cuidado con las botellas que no estén bien cerradas, porque las rellenan, y con el consumo de hielo.
– Comedores hay de todo tipo y precios. Para nuestro presupuesto reducido utilizamos lo que llaman cafeterías, que son para los nativos y que cobran en la moneda nacional CUP, cenando por 1 a 2 CUC.
– La comida es a base de arroz y frijoles, que pueden ir acompañados de carne de cerdo, pollo o pescado, y ensaladas de la verdura de estación (remolacha, repollo, tomate). Al pan lo adquiríamos en las panaderías del estado por centavos. Se puede tomar jugos exprimidos (sin hielo) o comer frutas, en nuestro caso bananas, papaya, guayaba. En la ruta se puede conseguir jugo de caña de azúcar, muy energético. Se ofrecen unas barras de maní caseras muy buenas.
– Bebidas: hay una marca de gaseosa en lata, Ciego de Ávila, malta y cerveza regionales en botellas de 250 cc de las más variadas marcas, todas entre 1 a 2 CUC.
– Repuestos de bicicletas: no hay nada. Lo que se consigue es todo muy elemental y solo para rodado 28. En La Habana hay un negocio para rentar bicicletas pero básicas. Las cámaras están hechas de cámara de tractor, las venden por metro y hay que llevarlas al ponchero (gomero) para que las pegue según la medida.
– Moneda. Tienen dos: el CUC, que vale aproximadamente un 10% más que un dólar y un poco menos que un euro, y el CUP, la moneda local más difundida en el interior, que equivale a 0.24 de CUC. El dinero se cambia en bancos o en casas de cambio. Para todo trámite se necesita pasaporte. Conviene llevar euros, no dólares, a los que les aplican un descuento del 10%.
– Seguridad. Nos sentimos muy seguros y cuidados tanto de día como de noche hasta en las ciudades más grandes. Lo más peligroso es cuando te pasan en la ruta las guaguas (camiones adaptados para el transporte de personas). Les llamábamos asesinos por las maniobras que realizaban.
– Los argentinos somos muy queridos y respetados, al ser de la patria del Che.

Datos del viaje
– Recorrimos 1400 kilómetros entre el 7 de febrero y el 8 de marzo, pedaleando unos 16 días por las rutas y tres días en La Habana y alrededores, recorriendo otros 100 kilómetros.
– Pedaleamos 70 a 130 kilómetros por día, desde temprano por la mañana y luego de la siesta, evitando el mediodía.
– Gasto promedio por día: 21 CUC por persona.
– Clima: mayoría de días soleados, salvo dos con lloviznas, y el viento un poco anárquico.
– Alimentación. Desayunábamos abundante en las casas de familia donde nos hospedábamos, al mediodía comíamos sándwiches de pierna y por la noche cenábamos en las cafeterías o en las casas donde nos hospedábamos.
– Si uno concurre a los lugares preparados para el turismo los precios suben. Para evitar esto conviene relacionarse con las familias y ellos negocian con su red de servicios.
– Derrotero: La Habana, Bahía Onda, Viñales, San Cristobal, Surgidero de Batabano, Playa Larga, Playa Girón, Cienfuegos, Trinidad, Sancti Spiritu, Ciego de Ávila, Camaguey, Guaimaró, Las Tunas, Holguín, Bayamo, Santiago de Cuba.
– Información adicional: rebord.gustavo@gmail.com.


Por Gustavo Rebord

Continua leyendo

Uncategorize

El origen de las lesiones en la rodilla

La articulación de la rodilla es la más expuesta y menos protegida contra las lesiones traumático/mecánicas. Doc Pedales nos habla aquí del ABC anatómico de esta articulación clave para los que andamos en bicicleta. (más…)

Continua leyendo

Bicis especiales

Es de caña, resiste como el acero y no es basura

Un experimentado y multikilométrico ciclista nos cuenta en primera persona sus impresiones sobre su particular bici con cuadro de caña y con la que ha sorteado sin problemas decenas de miles de kilómetros de paisajes agrestes y urbanos, incluyendo carreras de montaña y aventuras extremas. (más…)

Continua leyendo

Bicis

#Vidriera: Bicicleta Cannondale Cujo 2 Rodado 27.5

Cuadro Cujo SmartForm C2 Alloy Save. Horquilla RockShox Judy Silver TK, 120 mm, Solo Air. Transmisión Shimano SLX 1×11. Frenos Shimano MT200 a disco hidráulicos. Ruedas: llantas WTB STC i35 TCS con cubiertas WTB Ranger Comp 27.5×2.8. Asiento Cannondale Stage 3. Manubrio y stem Cannondale C3. Portasilla TranzX Dropper. Puños Cannodale. Modelo 2019.

solo-bici.negocio.site | Diagonal Pellegrini 98, General Alvear (MZA)

$ 177.723

Continua leyendo

Edición Digital

Nº 311

Más Leídas