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Cicloturismo

Cicloturismo: una guía para iniciar a los niños

Consejos y equipamiento necesario para iniciar un viaje de vacaciones en bici. La experiencia en primera persona de un viaje en familia con una niña menor de 2 años y, a modo de ejemplo, un itinerario factible de llevar a cabo.

Texto Isabel García | Fotos: Ariel Sabatella

Tanto mi marido como yo somos asiduos usuarios de la bicicleta. Pese a tener automóvil, son muy pocas veces que lo usamos para trasladarnos por la enorme ciudad de Buenos Aires, donde vivimos. No queremos consumir la vida arriba de un auto cuando podemos llegar a destino mucho más rápido y de manera mucho más agradable sobre una bicicleta. Además, preferimos optar por esta forma de trasladarnos que nos aporta endorfinas, entre tantos otros beneficios.
Cuando nuestra familia se consolidó con la llegada de nuestra hija, Sol, esperamos con ansia los 9 meses necesarios que debe tener una criatura para poder sentarla en una sillita infantil de bicicleta. Pero así y todo la bici no siempre es la opción para moverse, muchas veces tenemos que optar por el auto (porque llueve, porque regresaremos de noche, etcétera) aunque siempre que sea posible y razonable lo hacemos en bicicleta.
Sol tiene casi 2 años y se avecinaba la posibilidad de un viaje de 10 días. Queríamos que fuese algo distinto y teníamos ganas de que pudiese tener algo que nos encanta, la bicicleta. Entonces surgió la idea de un viaje cicloturista, pero todas las opciones que se nos venían en mente nos daban muchas dudas. Sol nunca había viajado en bici más que para trasladarse en la ciudad y no sabíamos cuantas horas por día iba a soportar rodando, además de que la franja horaria de sol más fuerte íbamos a tener que evitarla. Tenía que ser un lugar que tuviese pueblos próximos donde poder parar, sin muchas distancias, por lo que charlando con mi padre nos sugirió Uruguay. Nos pareció una idea fantástica.
Desde el principio descartamos la posibilidad de llevar carpa, porque implicaría llevar también bolsas de dormir, aislantes y trastos para cocinar, además de todo los que somos padres sabemos que precisa un niño (bastante ropa porque se ensucian mucho, pañales, óleo calcáreo y algodón, juguetes, etcétera) ¡Y hay que llevar al niño en cuestión! Así que lo mejor era llevar lo súper imprescindible.
Con todo esto ya definido teníamos claras las bases del viaje…, pero nos faltaba definir dónde íbamos a dormir. Los hoteles no es lo que más nos gusta y tampoco nos parecía la opción más entretenida para nuestra hija. Y nosotros somos, como buenos cicloturistas, grandes fanáticos de la comida, además de que nos gusta elegir los productos para ello y cocinarlos nosotros mismos. Parando en hoteles los costos por alimentarnos iban a ser considerablemente elevados.
Por esas cosas de la vida, una amiga nos hizo conocer la plataforma Airbnb, un sitio web y aplicación en donde la gente pone en alquiler su propio hogar o alojamientos que tenga para rentar. Fue maravilloso manejarnos con esta aplicación, conseguimos lugares donde parar en todos lados, casas preciosas, manejadas por encantadores dueños.
En definitiva, pasamos 10 días de viaje parando mayormente en casas con jardín, cocinándonos y pedaleando en promedio unos 30 kilómetros los días que nos trasladábamos de un lugar a otro. Nuestra hija lo disfrutó a la par nuestra y prácticamente nunca se quejó cuando anduvimos en bicicleta –cosa que suele hacer con bastante energía a los 15 o 20 minutos de andar en auto.

A tener en cuenta
Resumiendo, los puntos que para nosotros fueron necesarios o, al menos, importantes para iniciar a nuestra hija en la experiencia del cicloturismo son:
– Evitar pedalear en horarios de sol excesivo y en época de lluvias y/o pleno verano (nosotros lo hicimos en noviembre).
– Elegir un lugar que tenga puntos cercanos para pernoctar o incluso para parar a comer o descansar si nuestro hijo se ofusca con el viaje.
– Evitar la carpa para llevar menos bártulos. Alguno de los padres tendrá que llevar al niño y, por ende, no podrá transportar muchos objetos. Existe el portapaquetes delantero para llevar algo extra de carga, que en este caso puede ser útil.
– Llevar algún elemento para transportar al niño cuando no salimos en bici. Nosotros generalmente usamos una guaguita para los paseos que no hacemos en bicicleta.
– Alojarse en casas da la posibilidad de darle de cenar a los niños para que se duerman temprano (nuestra hija se duerme a las 20:30 hs aproximadamente) y así los adultos poder cenar más tranquilos luego o hacer una sobremesa mientras la criatura duerme.
– Antes de emprender un viaje en bici el niño tiene que estar ya habituado a ser transportado en bicicleta por trayectos de al menos una hora.
– Aunque no pedaleemos en las peores horas de luz, el sol es fuerte, por lo que es fundamental el protector solar, pero también útil algo con que cubrir al niño. Nosotros compramos una sombrilla de las que se sujetan en los cochecitos de bebés. Y aunque sabíamos de antemano que no estaba diseñada para soportar el viento que se resiste al pedalear, nos ayudamos con pulpos de modo de mantener la sombrilla lo más firme posible.
– Además del kit de herramientas necesario, conviene llevar algún cepillo, trapo y lubricante para lavar la transmisión en caso de ir a zonas de playa. Es fundamental limpiar y lubricar al regresar de la salida, ya que la arena y el salitre pueden destruir nuestra transmisión en muy poco tiempo.
– Si vamos al exterior del país y no tenemos un GPS, podemos usar el del celular sin pagar los costosos importes del roaming. Google Maps permite descargarte mapas de hasta 300 megas. De esta manera, de una trayecto a otro podemos buscar wifi y descargar el próximo mapa que necesitaremos para llegar a destino.

El itinerario
Nosotros partimos en bici desde nuestra casa en Villa del Parque, Buenos Aires, hasta el puerto porteño, donde nos tomamos un buque directo a Montevideo (es más económica la opción de buque+bus, pero te obliga a desarmar las bicis para el tramo de bus). Pedaleamos un total de 120 kilómetros en 10 días, desde Montevideo a Piriápolis, ingresando en algunos pueblos para hacer trayectos por calles más tranquilas y conocer más. Los lugares que visitamos y etapas de viaje fueron:
– Montevideo-Solymar: 30 kilómetros sobre la Rambla Costanera. La mayoría del trayecto tiene ciclovía u opción de ir por el paseo costero, en el que transita bastante gente en bici y caminando.
– Solymar-Atlántida-Parque del Plata: 20 kilómetros por la Ruta Interbalnearia (también se puede hacer por la costa, aunque es un trayecto un poco más largo -nosotros no lo escogimos porque ese día había mucho viento y hacía frío) hasta El Águila, una curiosa casita hecha de piedras con forma de águila sobre el mar. Luego entramos en Atlántida para conocerla y almorzar. Desde aquí hasta Parque del Plata el trayecto es de 9 kilómetros y es realmente fascinante, de casas con jardines repletos de flores, dispuestas de las formas más extravagantes. Por este camino evitamos unos kilómetros de Ruta Interbalnearia, que tiene más tráfico aunque una ancha y buena banquina, ya que fuimos en paralelo sobre la Avenida Mario Ferreira.
– Parque del Plata-Paraíso Suizo (Jaureguiberry): 29 kilómetros por la Ruta Interbalnearia. Algunos kilómetros antes está Cuchilla Alta, un hermoso lugar, y algunos después Solís, también una preciosa opción donde quedarse. Desde Parque del Plata hasta Piriápolis hay que tener en cuenta que el camino ya no es plano sino ondulado, gracias a las famosas cuchillas.
– Paraíso Suizo (Jaureguiberry)-Piriápolis: a los 3 kilómetros de haber salido de Paraíso Suizo encontramos sobre la Ruta Interbalnearia la primera Escuela Sustentable de Latinoamérica (www.unaescuelasustentable.uy). Vale la pena detenerse a observarla, es una escuela realmente distinta y hermosa, realizada en un 60% con materiales reciclables, que aprovecha para su funcionamiento el agua de lluvia y la luz natural y utiliza energía obtenida de paneles solares, además de tener una huerta propia.
Luego de esta parada seguimos 1.5 kilómetros por la ruta hasta Solís, donde ingresamos a la ciudad para seguir camino por la rambla (Ruta 10). Este trayecto es realmente atractivo, muy verde, con bellas casas y el mar acompañándonos a nuestra derecha. En esta etapa pedaleamos un total de 22 kilómetros hasta Piriápolis, en donde decidimos alojarnos en una muy linda casa alejada de la ciudad, en un barrio de casitas y calles de ripio. Lo bueno de tener bicicleta es que luego podemos estar en 10-15 minutos en el centro o en algún punto interesante como Punta Colorada o Punta Negra.
– El regreso desde Piriápolis a Montevideo fue en bus. Las bicis se pueden llevar sin problemas en el micro, para lo cual solo debemos sacar la rueda delantera, cubrir la transmisión para no ensuciar nada y bajar el asiento.
Nosotros elegimos estos puntos/lugares donde parar pero entremedio aun hay más y hasta lo que pudimos ver todos son bellos y tienen su encanto, por lo que esta ruta puede ser muy fácil de modificar según los lugares que encontremos donde alojarnos (si lo hacemos por Airbnb) o los kilómetros que queramos pedalear.

Equipamiento
Nos arreglamos muy bien para llevar todo, incluso para tener espacio como para transportar comida cuando paramos en Paraíso Suízo, lugar en donde se consiguen pocos alimentos, que teníamos que llevarlos desde nuestro anterior destino.
Yo transporté a nuestra hija en una silla Hamax y objetos pequeños en un bolso delantero y un porta-alimentos, ambos de Halawa. Mi marido llevó un bolsito bajoasiento con herramientas, dos alforjas estancas Halawa 2.Zero de 30 litros de capacidad cada una, con cierres IKK estancos y por enrrollamiento y un bolso/mochila de Halawa que aún está en estado de prototipo pero que nos pareció ¡fascinante! Tiene una capacidad de entre 50 y 60 litros, es también estanco y al tener cierre por enrrollamiento el tamaño final del bolso es adaptable a lo que lleves. Va sobre el portapaquetes y alforjas y tiene tiras para llevarla como mochila cuando nos bajamos de la bici, por lo que no tuvimos que llevar una mochila extra para cuando andábamos sin rodados y teníamos que comprar o llevar cosas.
Es imprescindible comprar una buena silla infantil, ya que el niño pasará varias horas viajando allí. Hamax es una marca de sillas fabricadas en Noruega con un sistema que hace que la silla bascule con el movimiento, ofrece distintos modelos con variadas prestaciones y la mayoría de ellos tiene la opción de reclinar la silla para cuando los niños se duermen. Además, una de las prestaciones más funcionales es su sistema de soporte, que permite sacar y poner la silla sin herramientas sobre un estribo especial, con lo que es posible, instalando ese estribo en más de una bici, alternar el uso de la silla en los diferentes rodados.
Por más que no planeemos viajar de noche es imprescindible llevar luces y linga, ya que si salimos a cenar a algún restaurante o volvemos después del atardecer de un paseo, las necesitaremos.

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Ciclismo urbano

Paseos culturales en bicicleta por Buenos Aires

Viajero incansable y colaborador de Biciclub con sus atractivos relatos de viajes, Esteban Mazzoncini ha vuelto hace unos meses a Buenos Aires luego de un largo viaje en bicicleta y está organizando paseos culturales en bicicleta junto a Mariela Cavallo, una guía de turismo experta en contar historias de esta hermosa ciudad. Los paseos son de dificultad baja, de unos 6 kilómetros y con paradas donde además se ofrecen tips de fotografía y mecánica de la bici. El recorrido finaliza en el lago Regatas de Palermo, donde los participantes son invitados a un pícnic saludable, un juego sorpresa y una charla acerca de cómo organizar un viaje en bici por el mundo.

Instagram: @estebanmazzoncini | @baconcierge

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Cicloturismo

Irán en bici: hospitalidad y belleza

Irán, ese país tan lejano y desconocido para mí, con tan diferente cultura, religión e historia, fue uno de los destinos más esperados en mi viaje. Es uno de esos países que no se visitan todos los días, así que intenté aprovecharlo al máximo.

Pasé allí exactamente dos meses, desde mayo a julio de 2019, pedaleando casi 2300 kilómetros. Las rutas fueron siempre bastante seguras para pedalear, con banquinas. Abundaban también los parques públicos, donde estaba permitido acampar, y la comida en restaurantes en general era extremadamente barata. Así que gastaba poco; comía bien y rico; conocía mucho la vida de los locales; y disfrutaba de un clima de calor en la mejor época del año, justo antes del calor agobiante del verano (julio/agosto). Se daban así todas las condiciones para un viaje ideal.

Algunas cosas llamaron mi atención, y es que por aquel entonces, ingresé al país durante ramadán (el mes de ayuno de los musulmanes), por lo que debía cuidarme de no comer ni tomar agua en espacios públicos durante el día. Era interesante ver cómo su religión estaba así tan presente en su día a día, aunque también descubrí a muchos no-musulmanes que (como yo) se escondían a comer y romper el ayuno. Claro que en la ruta la regla no era tan estricta: podía hidratarme y comer sin problemas. Otra regla (de vestimenta) era vestir siempre de pantalón largo. Intenté cumplirla, pero luego supe que al hacer deporte podía ir de cortos, por lo que así lo hacía cuando pedaleaba. Eso sí, estando sin la bici debía usar los largos aunque hicieran 35°C de temperatura…

Mis expectativas en cuanto a la famosa hospitalidad iraní eran altas, fruto de tantos comentarios positivos recibidos por otros viajeros que la habían experimentado previamente. Y aún así, dicha hospitalidad superó largamente tales expectativas.

Era una incógnita constante saber con quien almorzaría, o donde pasaría la noche, pues eran tantísimas las invitaciones de la gente, día tras día, lo que hacía al viaje aun más interesante e intenso a la vez. Y siempre esas ayudas llegaban de forma desinteresada, contentos de colaborar con el viajero.

Por otra parte, llegar en bicicleta a ciudades con tanta historia como Isfahan, Hamedan, o Shiraz, eran satisfacciones enormes. Visitar sus enormes mezquitas, de una arquitectura y belleza difícil de describir, o pasear entre grandes bazares repletos de comidas, artesanías o alfombras persas, son hoy recuerdos preciosos. O bien acampar a escasos 200 metros de Persépolis, los restos de la antigua ciudad capital del imperio persa, construida hace más de 2500 años, o pedalear en botes acuáticos en las cuevas de Ali Sadr, al noroeste del país, las cuevas acuáticas más grandes del mundo.

Creo sin dudar que Irán fue uno de los puntos altos en mi viaje. Un país al que siempre querría volver, con mucho más para explorar y conocer. Y que, en mi opinión, reúne todas las características para quien planea hacer un viaje en un destino exótico pero a la vez seguro, barato, y con una riqueza humana y una histórica difíciles de superar.


Por Maximiliano Buss: en nuestra edición 305, del pasado mes de abril, publicamos en página 62 una síntesis del viaje de Maximiliano Buss entre Barcelona y Bangkok. Este relato corresponde a su paso por Irán.

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Cicloturismo

En vivo, el jueves 19/11 a las 20 hs de Argentina, hablamos de cómo armar tu viaje soñado

Sabemos que te gusta andar en bicicleta y que te apasionan los viajes y las aventuras. También sabemos que estás extrañando todo eso, y mucho.
Por eso desde Biciclub y Trans Sierras te ofrecemos de manera gratuita una serie de charlas online de 30 a 45 minutos sobre viajes en bicicleta (o, por qué no, también sumando trekking o remo). Hablaremos de viajes muy cerquita y otros de muy, muy lejos, porque en definitiva sólo se trata de buscar una excusa para conocer y pedalear.
En la primera charla, a realizarse el jueves 19 de noviembre a las 20 hs, compartiremos todo lo referido a un viaje por Cuba, realizado hace cuatro años. Te contaremos detalles y tips para que descubras este destino, tengas herramientas para armar tu viaje, sugerencias sobre qué hacer y que no. Todo esto en base a experiencias vividas y compartiendo mapas, diseños de recorridos, distancias, aciertos y errores, entre otras cosas.
Al finalizar la exposición tendrás un espacio abierto a preguntas.
La idea es compartir esta pasión que tenemos en común porque, sin dudas, pronto volveremos a armar alforjas y salir a descubrir nuevos destinos.

Toda la info e inscripciones haciendo click acá

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Cicloturismo

Vacaciones en bicicleta en Mendoza

La idea surgió a fines del año 2018. Ir a pedalear por los caminos de Mendoza. Ripio, asfalto, bodegas, desierto, montañas y cielo azul. En un principio estaba pensada para un grupo de ciclistas que ya había hecho otros viajes similares en los últimos años: Salta, Bariloche, Tandil y hasta el Cruce de los Andes. Pero esta vez las cosas resultaron distintas.

Como sucede a menudo, las buenas ideas van creciendo por contagio y lo que parecía ser una salida más de ese grupo de 10 o 12 compañeros de trabajo fue rápidamente ganando adeptos, hasta llegar a convocar nada menos que a 31.

La tarea para Sergio, nuestro organizador, no era fácil, no solo por la cantidad de anotados, sino también por los desafíos logísticos. El cronograma de vuelos era un rompecabezas. Además, algunos llevaban sus propias bicis y otros las debíamos alquilar. Buscar alojamiento único tampoco era fácil.

Lo primero fue encontrar la empresa justa para organizarnos el tour y nos decidimos por Rodado 26. No nos arrepentimos.

Y así partimos hacia la aventura el jueves 21 de marzo del 2019. En distintos vuelos fuimos llegando al Aeropuerto de Mendoza y desde allí nos trasladamos en combi hasta el hotel Casa La Galeana, en Chacras de Coria, un hotel pequeño pero muy cómodo, en el que ocupamos todas las habitaciones.

Antes de la cena, Ariel de Rodado 26 nos dio la bienvenida en una reunión grupal. Allí seteó las expectativas del viaje con una frase que tituló con precisión lo que sucedería: “Gente, los próximos cuatro días son vacaciones en bicicleta. Vamos a disfrutar de los paisajes, de pedalear juntos, de compartir buenos momentos.” Cena en el hotel y a dormir para juntar fuerzas para el día siguiente.

De Tupungato a Potrerillos

El viernes, luego de un desayuno liviano, a las nueve en punto partimos en dos combis hacia Tupungato. Allí, tomamos la ruta 89 y en la entrada de la Estancia Los Coirones las combis se detuvieron. Descargamos las bicis de los trailers y comenzamos a poner todo a punto.

Cuando todo estuvo listo, comenzó el pedaleo. Continuamos por la 89, un camino de ripio con muchas piedras. En el primer tramo de 15 kilómetros, entre muchas subidas y pocas y pequeñas bajadas, ascendimos 700 metros en medio de un paisaje espectacular, con el Cordón del Plata de fondo. Llegamos así hasta el punto más alto de la ruta 89, donde los muchachos de Rodado 26 habían armado un gazebo para almorzar. Sandwiches, frutas frescas y secas y mucho líquido. Todo perfecto para descansar un poco y retomar fuerzas.

Luego del almuerzo emprendimos la bajada. Siempre en ripio, la primera parte en forma de caracoles, muy divertida pero con la necesidad de prestar mucha atención al camino. Luego, al llegar a la zona del valle, el camino se hizo más recto, aunque continuaba descendiendo. Al llegar al pueblo de Las Vegas, el ripio de la ruta se hizo asfalto y la bajada continuó hasta el dique de Potrerillos. En total, 22 kilómetros de descenso muy rápido, donde algunos intrépidos alcanzaron casi 70 kilómetros por hora en algún tramo.    

Manzano histórico y Salentein

Nuevamente a las nueve en punto partimos en las combis, esta vez con rumbo a Tunuyán. A partir de allí, tomamos la ruta 94 hasta la intersección con el camino de La Quebrada, donde comenzó el pedaleo del día.

Los primeros cinco kilómetros fueron en ascenso, hasta llegar al Monumento al Manzano Histórico, lugar donde se dice que San Martín se detuvo cuando volvía de su campaña a Chile. Un poco decepcionados al enterarnos de que el famoso manzano ya no existe, y luego de socorrer a un ciclista solitario que había sufrido una caída en un sendero detrás del monumento, seguimos ascendiendo por la 94, ahora de ripio, dos kilómetros más hasta el Campamento de los Maristas. En ese lugar hicimos una parada técnica para comer algo de queso, dulce de batata y frutas secas.

En ese punto el grupo se dividió. Los más entrenados siguieron subiendo por la 94 algunos kilómetros más hasta llegar a las ruinas del hotel Samai Huasi. Los demás volvimos sobre nuestros pasos hasta la intersección con la ruta 89, justo donde está emplazado el Cristo de la Hermandad.

Tomamos un camino asfaltado en dirección a Tupungato. Luego de 20 kilómetros de descenso llegamos todos juntos al acceso a la Bodega Salentein, donde compartimos una muy buena degustación de empanadas y vinos de la casa. Por la tarde realizamos una visita a esta particular bodega.

De Uspallata a Villavicencio

Ya se había hecho costumbre la salida puntual a las nueve. Las combis con sus trailers nos llevaron por los increíbles paisajes de la ruta 7 hasta la ciudad de Uspallata. Saliendo de esa ciudad por la Ruta 52 abandonamos el asfalto y nos internamos en la Reserva Natural de Villavicencio.

En un punto de esa ruta nos detuvimos y comenzó el pedaleo. Fue el tramo más desafiante de todo el viaje, 12 kilómetros durísimos en ascenso casi constante en los que ganamos 1000 metros de altitud. Luego de casi dos horas llegamos a la Cruz del Paramillo, a 3000 metros de altitud, donde disfrutamos de un hermosa vista del Cerro Aconcagua. A partir de allí, cuatro kilómetros más con algunos repechos exigentes hasta llegar al Mirador del Balcón, donde nos esperaba la deseada bajada, los famosos caracoles de Villavicencio, 23 kilómetros de puro camino de cornisa, con más de 300 curvas, según los conocedores. Los picos de adrenalina nos acompañaron todo el trayecto, hasta el final del camino donde el famoso hotel inmortalizado en las botellas de agua mineral nos recibió para dar por finalizado el día de pedaleo.

Por la noche, de vuelta en Casa La Galeana, el Chino y Gaby, los asadores expertos del grupo, se mandaron un asado impresionante para todos.

Entre viñedos y senderos del pedemonte

El último día de pedealeo lo arrancamos montados en las bicis desde el hotel. Hicimos diez kilómetros hacia el sur y luego hacia el oeste con algo de pendiente ascendente hasta el dique Cipolletti, en Luján de Cuyo. A partir de allí nos internamos a pedalear por los viñedos de la bodega Luigi Bosca y luego por caminos internos, siempre rodeados de viñas y pequeñas bodegas.

Al mediodía llegamos a la bodega Nieto Senetiner, con su casco de estilo colonial excelentemente mantenido. Nos recibieron con una cata de vinos, visita a las instalaciones y un estupendo asado. Por la tarde los más fanáticos hicieron una pasada por los Senderos del Pedemonte, llenos de caminos angostos, más exigentes desde lo técnico pero muy divertidos.

Finalizado el último día, fuimos partiendo desde el hotel hacia al aeropuerto, organizados de acuerdo con nuestros cronogramas de vuelos de vuelta. La organización de Rodado 26 fue impecable de inicio a fin.

Hermosa visita a Mendoza. Un viaje inolvidable de cuatro días donde descubrimos lugares increíbles para recorrer en bici, rodeados de paisajes majestuosos. Un ambiente relajado para compartir momentos distintos a los habituales del trabajo y conocernos de una forma más cercana. Para algunos fue además el reencuentro con la bici después de años. Para todos una hermosa experiencia que nos dejó con las ganas de seguir haciendo viajes grupales en bicicleta.

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Edición Digital

Nº 311

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