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Ciclovías, una pesadilla porteña

Fecha: 26.11.2018

Entre las 2 y las 3 de la tarde de un día de septiembre recorrí unos 7 kilómetros de ciclovías que surcan el macrocentro de Buenos Aires y la zona norte de la ciudad. Estaba de buen humor y no estaba apurado, pero la travesía logró trastornarme el ánimo. Es que, entre otros obstáculos, me encontré con pozos de las más variadas formas, montículos de pavimento, contenedores de basura, cartoneros trabajando con sus carros, autos estacionados, motocicletas circulando como si fuera su propio carril, gente que cruza mirando solo el paso de los autos, un paseador de perros en bici arrastrando cuatro perros y ocupando ambos carriles, materiales de construcción frente a una obra sobre la ciclovía, camiones de reparación de servicios, una pequeña multitud esperando la salida de niños de una escuela y ocupando toda la ciclovía, gente simplemente caminando como si se tratara de una ampliación de la vereda, gente trotando, vallas a la espera de ser recogidas, más pozos, más montículos… y me olvido de muchos otros.
Si a esto le sumamos el caprichoso trazado de la red, basado en utilizar calles de escasa circulación de autos; el doble sentido de circulación, que hace que la gente no nos vea venir cuando rodamos en sentido contrario al de los automóviles y que nos obliga a ingresar a la calle en contramano cuando un obstáculo ocupa toda la ciclovía; el carril combado del lado de la vereda y su borde de pavimento superpuesto al hormigón…, el ciclismo urbano porteño se transforma en un deporte extremo, solo apto para gente de corazón fuerte y dispuesta a la aventura. No en vano hoy vemos circulando por las ciclovías porteñas una inmensa mayoría de gente joven y poca y nada gente mayor y mucho menos niños, para los cuales seguramente la ciclovía se ve tanto o más riesgosa que una calle sin ella.
Fue de aplaudir en su momento el desarrollo de una red de ciclovías en la ciudad de Buenos Aires, pero la infraestructura creada al efecto debe ser repensada y actualizada sobre la base de lo que realmente sucede en ellas, cómo se utilizan, quién las utiliza y quiénes se pretende que se sumen a ellas. Porque esta realidad es incompatible con la pretensión de alentar el uso de la bici por parte de la población en general. Esta realidad busca aventureros, deportistas de riesgo, no multitudes en dos ruedas.

Texto: Mario García | Foto: @bicipaladin

Intro de la revista Biciclub Nº 286, octubre 2018.


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Hablamos sobre: Ciclismo urbano, Mario García

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Nº 288 - Diciembre 2018

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