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Deporte y Entrenamiento

Conductas deportivas: esa delgada línea que separa a la salud de la enfermedad

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En el deporte amateur, el límite entre lo sano y lo patológico puede llegar a convertirse en una línea fácil de cruzar, que tanto los entrenadores como los familiares y amigos del deportista deben cuidar que este no la traspase. La pasión es la llave de esta contradicción.

Pasión, hobby, obsesión
Vamos a echar un poco de luz sobre la definición académica de estas palabras, yendo de lo simple a lo complejo:
– Hobby es una voz inglesa que refiere a una afición o pasatiempo que se practica habitualmente en los ratos de ocio.
No quiero dejar de detenerme en la última parte de esa definición referida a los ratos de ocio. Suelo repetir en mis charlas y artículos que yo entreno a personas adultas, con responsabilidades familiares, laborales y sociales que eligen el deporte como hobby (es decir que lo practican en su tiempo libre), más allá de que muchos de los deportistas máster suelen escaparse del trabajo un par de horitas al mediodía para nadar, por ejemplo, o un par de veces a la semana salen un par de horas antes para pedalear o trotar.
Pero cada uno sabe que luego compensa esas horas laborales de algún modo. El problema empieza cuando uno empieza a descuidar el trabajo en pos del deporte. Porque una cosa es acomodar las variables para entrenar tranquilo y otra muy distinta es dejar de lado compromisos laborales para irse a pedalear.
– Pasión (del verbo en latino patior, que significa padecer, sufrir, tolerar) es una emoción o un sentimiento muy fuerte hacia una persona, tema, idea u objeto. Es una emoción intensa que engloba el deseo por algo. Se dice que una persona se apasiona por algo cuando establece una fuerte afinidad. Me atrevo a afirmar que el 95 por ciento de los que practicamos ciclismo somos unos apasionados por las dos ruedas.
– Obsesión (proviene del termino latino obsessio, que significa asedio) es una perturbación anímica producida por una idea fija, que con tenaz persistencia asalta la mente. Este pensamiento, sentimiento o tendencia persiste en la persona más allá de los esfuerzos por librarse de él. La persona se encuentra dominada por esta idea, pensamiento o imagen. Se impone en la persona de modo repetitivo, independientemente de la voluntad, de modo tal que no se puede reprimir o evitar con facilidad. La obsesión tiene un carácter compulsivo y termina por adquirir una condición angustiante para quien la sufre. Cuando las obsesiones y compulsiones se hacen crónicas se transforman en neurosis y comienzan a alterar el normal desarrollo de la vida de esa persona.
Y esto es precisamente a lo que no tenemos que llegar con nuestra practica deportiva. Porque como siempre digo, para el deportista amateur entrenar es un cable a tierra, un desconectarse de sus otras rutinas y obligaciones, un respiro en días altamente exigentes en otros planos. Y es precisamente una herramienta para estar y vivir mejor. Si llegamos a obsesionarnos con ello, el deporte pasa a ser una variable perjudicial para nuestra salud. Y no debemos dejar que esto pase.

Amateurismo apasionado
Definidos los tres términos, a mi modo de ver ser apasionado es un privilegio. Suelo conversar de esto a menudo con mis alumnos: ¡Cuán hermoso es que algo te guste siempre!
Recuerdo lo que sentí la primera vez que —a escondidas de mis padres— le saqué la bici de ruta a mi hermano y me fui pedaleando de Saldán a Villa Allende ida y vuelta (unos 7 kilómetros en total). Tenía 16 años, pero jamás pude olvidar esa sensación de libertad y felicidad que me invadió (así como tampoco pude olvidar el reto que me dieron mis padres cuando se enteraron…) ¡Pero juro que al día de hoy (casi 35 años después) siento ese mismo cosquilleo en mi panza cuando me estoy poniendo los zapatos y las calzas para ir a pedalear!
Si eso no es pasión, ¿qué es? Amar lo que uno hace, poner su mejor empeño, dar lo mejor de sí en cada salida. ¡Eso está bien! ¡Practicar un hobby, una afición de manera apasionada es lo que nos mantiene vivos!
Salir a pedalear es nuestro cable a tierra. ¿Quién no se ha subido a la bici (o salido a trotar) con la cabeza repleta de problemas y al regresar, si bien los problemas siguen estando allí, nuestra sensación de bienestar es tan superadora que vemos todo a otra escala? Y es que el deporte nos cura el alma. Nos gratifica. Nos amiga con el entorno.
Y quiero aprovechar para reivindicar a los deportistas amateurs. Generalmente el término aficionado o amateur se aplica a quien realiza una actividad sin un carácter profesional. El deportista amateur, en contraste con el profesional, practica un deporte porque le gusta y sin perseguir un fin económico (por el contrario, invierte tiempo y dinero para practicarlo). Y no es un término peyorativo, dado que muchos amateurs logran un estado de forma muy cercano al de un profesional.
El otro significado de la palabra amateur deriva de la lengua francesa, que a su vez deriva de la palabra latina que significa amar o el amador de. En este sentido un amateur puede ser tan hábil como un profesional, pese a que su motivación es el amor o la pasión por una cierta actividad y no persigue el fin de ganar dinero por realizarla.
El deportista amateur es básicamente una persona que practica su deporte por vocación, por amor, por pasión.

Cumplimiento y obsesión, esa delgada línea
Cuando un deportista llega a la entrevista inicial, una de mis preguntas clave es: ¿Cuáles son tus objetivos a corto, mediano y largo plazo? Las respuestas van desde lo más simple, como bajar un par de kilos, hasta correr un ironman o meterse en el podio de alguna súper carrrera de MTB.
La pregunta que le sigue es: ¿Qué estás dispuesto a hacer para lograrlo? Acá la cosa se pone seria, porque todo lo que mi deportista me dice queda asentado en su ficha personal y cuándo veo que se van a la banquina les recuerdo lo que dijeron aquel primer día.
Cuento esto de modo anecdótico. El 80 por ciento de los deportistas logran lo que se proponen cuando el objetivo es acorde a su edad, realidad, historia y contexto.
Lo que sucede generalmente es que a medida que pasan las semanas, los meses y los años, van aprendiendo a ser mas prolijos, metódicos y sistemáticos, no solo con sus entrenos sino también con sus descansos y con la alimentación.
Ahora bien, cuando comienzan a mostrar algunos destellos de obsesión en sus actos, es ahí donde los entrenadores debemos intervenir. Aunque más no sea marcándole que ningún extremo es bueno.
Me ha pasado en estos últimos años que varios deportistas cambian de entrenador porque eligen comenzar a entrenar por potencia y la mayoría de las sesiones en rodillo. (Y quiero aclarar que no estoy cuestionando el método —al menos no en este artículo). Pero lo que pasa con estos deportistas es que se obsesionan por los datos y las sesiones y los números, y empiezan a desconectarse en primer lugar de su grupo de amigos y en segundo lugar y lo que es más grave aun a mi modo de ver, se desconectan totalmente de sus percepciones subjetivas de rendimiento.
Y se vuelven cien por ciento dependientes de la computadora.
Como siempre digo, no está mal querer saber los datos, lo que no está bien es volverse adictos a ellos.
Otro modo de obsesión se da en aquellos deportistas que bajaron de peso y comenzaron a sentirse tan bien que sienten pánico de volver a aumentar esos kilos que bajaron. Estos deportistas son los que llegan al asado con un taper con arroz integral y una botella de agua mineral sin gas.
A estas personas hay que explicarles que no pasa nada si una noche nos salimos de la dieta y compartimos un buen asado y unas cervecitas con los amigos.
Otro ejemplo de obsesión son aquellos deportistas que no faltan nunca a un entrenamiento o que salen a entrenar aun con todas las variables en contra.
Siempre les aclaro a mis alumnos que una cosa es hacer un esfuerzo en un día complicado para salir a entrenar igual y otra muy distinta es, por ejemplo, salir a entrenar de noche por una ruta peligrosa o salir bajo una lluvia torrencial o salir a entrenar con unas líneas de fiebre porque “nunca falté a una sesión”.
Estos son ejemplos de obsesión que pueden pasar a ser tan solo una anécdota más, y si se dan de modo esporádico no suelen revestir mayor gravedad. Pero para nosotros los entrenadores tienen que ser una señal de alerta de que en ese deportista se está metiendo el virus de la obsesión. Y tenemos que estar muy atentos para que esto no se haga patológico. Porque una cosa es poner todo para autosuperarse y mejorar y otra muy distinta es desconectarse de la realidad.

Obsesión… y doping
En mis 25 años de profesión he tenido algún que otro exponente de aquella obsesión compulsiva por el deporte de la que hablamos antes. Al extremo tal de tener que decirle a un deportista que no lo podía seguir entrenando si persistía en esa postura.
Estoy plenamente de acuerdo en que para practicar un deporte en edades adultas hay que organizarse. De lo contrario es inviable poder sostener de modo ordenado las obligaciones laborales familiares y sociales. El problema se presenta cuando las prioridades comienzan a invertirse y el deporte toma el control de la vida de ese deportista.
Respecto de ese deportista al que tuve que dejar de entrenar, recuerdo que vino con el planteo de que quería “empezar a tomar algo” (lease sustancia prohibidas) para andar mejor. Ese fue para mí el punto final. Y si bien es un tema delicado, que amerita un tratamiento más detenido (tal vez en un próximo articulo lo haga), ese es un límite que no estoy dispuesta a traspasar.
Tengo bien en claro que ninguna carrera, podio ni medalla están por delante de la salud de un deportista. Nada está por delante de la salud de un deportista.
Lamentablemente ese ciclista al que hago referencia tomó el camino equivocado. Al punto tal que se separó de su mujer, dejó de ver a sus hijos, puso en riesgo su salud… y todo para nada, ya que su máximo logro fue ganar alguna que otra etapa de la Vuelta de San Juan. Fue el caso más extremo que me tocó vivir.
En mi postura profesional y personal el dopaje no tiene cabida. Como tampoco lo tiene ninguna suplementación -incluso permitida- que no esté prescripta por un nutricionista deportivo y con acabados fundamentos y una analítica sanguínea en mano.

Lo sano y lo patológico
Está claro que todo aquel que comienza una actividad deportiva quiere hacerlo de la mejor manera posible. Y la mejor manera posible es introducir el deporte dentro del top ten de las prioridades de vida…, pero jamás ponerlo en primer lugar, de modo tal que se torne una obsesión enfermiza que nos lleve a alterar el normal desarrollo de nuestras demás actividades.
No quisiera terminar sin destacar que, en mi opinión, un deportista amateur sano es aquel que dando todo de sí en los entrenamientos y competencias es capaz de reconocer sus propias limitaciones y aceptar con una sonrisa en los labios un “hasta acá llego” o un “di lo mejor” o “esta es mi mejor versión en mi realidad de vida”.
Está bien hacerse el hábito de no trasnochar, lo que no está tan bien es irse del casamiento del hermano a las once de la noche porque “mañana tengo que salir a rodar”.
Esta bien no tomar gaseosa entre semana (o incluso nunca), lo que no está tan bien es que no se compre una sola gaseosa en la casa ni siquiera como excepción.
Está bien hacer coincidir las vacaciones familiares con el Ironman de Cozummel o el de Florida, lo que no está tan bien es que no existan vacaciones en lugares del mundo en los que no haya carreras.
El límite es muy delgado. Y cuando un deportista no puede percibirlo, es su familia y somos nosotros los entrenadores quienes tenemos que marcar la diferencia entre lo sano y lo patológico.
Tengo un alumno que dice que la cantidad de bicis que necesitamos para entrenar y competir es N+1, en donde N es la cantidad de bicis que poseemos actualmente. Está bien decir esto a modo de broma, lo que no está tan bien es endeudarse más allá de nuestra economía para tener la última bici del mercado y hacer que le falten cosas a nuestros hijos.
A modo de anécdota de color referida a este tema, les comparto un caso real que ocurrió con un alumno del interior que coordinó con su bicicletero la compra de una nueva mountain bike. Organizaron una rifa y entre los amigotes del pueblo y amigas de su esposa vendieron los números a modo simbólico a dos pesos cada uno…, una baratija. Y cuando finalmente le llegó la bici, le pidió al bicicletero que llamase a su esposa para comunicarle que él era el ganador de la bici… Esto es pasión (y picardía criolla, para que la esposa no lo retase).
¡Este es el espíritu que debe reinar entre los adultos que salimos a pedalear, correr o nadar por el simple hecho de que amamos hacerlo!
Después de todo y más allá de todo, quienes practicamos deporte a edades adultas tan solo buscamos sentirnos bien, sentirnos vigentes y ser cada día un poquito mejores. De eso se trata lisa y llanamente, de tallar semana a semana la mejor versión de nosotros mismos, tengamos la edad que tengamos.

 

Por Elisa Lapenta: entrenadora de afamados deportistas de alto rendimiento. | (0351)15-6225243 | elisalapentah3o@hotmail.com | h3o Sports | @elisanoemilapenta

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Desafío de las Nubes: el próximo 5 de junio se corre en Salta la 8ª edición de esta gran clásica del MTB argentino

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Salta se prepara nuevamente para repetir una gran fiesta con un ya clásico evento del MTB argentino, la 8ª edición del Desafío de las Nubes.
Pese a la pandemia y los cambios de fecha propios de las restricciones, la séptima edición del Desafío, llevada adelante en septiembre del 2021, contó con la participación de más de 1000 bikers de distintas provincias, que vivieron tres jornadas a puro pedal en el epicentro de la histórica casa de Buena Vista. El primer y segundo día los ciclistas pudieron acreditarse, probar el circuito y disfrutar de una expo con marcas de primer nivel que acompañaron este importante evento.
La cita para este 2022 está prevista para el 5 de junio en el tradicional lugar, la reserva natural Campo General Belgrano, que brinda un marco espectacular para el desarrollo de toda las actividades del evento y permite disfrutar en familia y con amigos de una gran variedad de servicios premium y de la impecable organización que ofrece el Desafío de las Nubes.

Como gran novedad, para esta nueva edición, el Desafío de las Nubes tendrá dos circuitos competitivos, uno en modalidad rural de 70 kilómetros y el otro en modalidad cross crountry de 40 kilómetros, en los cuales podrán medirse los pilotos más experimentados. Para aquellos que se inician en la actividad o bien para los más jovencitos, se han programado dos circuitos promocionales, uno en modalidad rural de 20 kilómetros y el otro en modalidad cross de 24 kilómetros.

De esta manera, Salta promete actividades al alcance de todos los bikers, combinando un fin de semana lleno de paisajes, gastronomía del mejor nivel y una variada oferta hotelera.
Con Specialized como main sponsor de la carrera, junto a otras marcas como Shimano, Banco Macro, Cerveza Salta, Coca Cola, OSDE, Monster, Salta, ENA, Nissan, Nubicon y Flecha Bus, entre otras, la 8ª edición del Desafío de las Nubes es sin duda una cita casi obligatoria para todos los amantes del ciclismo.

 

Info e inscripciones en https://www.desafiodelasnubes.com.ar
Fotos ÚBICE: www.ubice.com.ar

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La sarcopenia, una secuela del coronavirus

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La sarcopenia es un síndrome complejo relacionado con la pérdida de masa muscular, bien de forma aislada o acompañada de un aumento de la masa grasa. En este último caso, además, la grasa se sitúa entre las fibras del músculo, lo que deteriora más la calidad muscular.
En general, la sarcopenia se verifica en personas seniles, con afecciones hormonales como la disminución de la insulina, por déficit de aporte proteico en la dietas caseras o por otras causas, entre ellas la que hoy nos ocupa, producida por sedentarismo o reposo en cama prolongado a partir de 15 días o más.
La disminución de la masa muscular, del rendimiento y la funcionalidad son los principales síntomas. El bajo rendimiento se verifica como cansancio precoz en las actividades que anteriormente a la afección se desplegaban normalmente.
La recuperación es posible pero no inmediata, ya que depende de la vuelta progresiva a la actividad física de una adecuada nutrición, todo esto siempre supervisado por profesionales idóneos. No se debe intentar ganar peso corporal total indiscriminado sino básicamente del o de los músculos comprometidos. Este cuadro es de cuidado si no se quiere sufrir otras alteraciones agregadas por sobreesfuerzos como desgarros, roturas tendinosas o fracturas diversas, ya que el músculo es el sostén del esqueleto.
A cuidarse amigos y buenas rutas.

 

Por Doc Pedales*
Foto: Francisco Moreno en Unsplash

*El autor de esta nota es el doctor en medicina Eduardo Saint Bonnet (MN 48943 y MP 23765), deportólogo y deportista.

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La importancia del entrenamiento invisible: el arte de hacer más haciendo menos

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Foto: Annie Spratt en Unsplash

¿Qué hacés cuando terminás de entrenar? ¿Has pensado cómo se recupera tu cuerpo tras una sesión intensa de ciclismo? Hablemos de lo que no se ve: el entrenamiento invisible.
El entrenamiento invisible es todo lo que hace el ciclista entre una sesión de entrenamiento y otra. El término invisible tiene su origen en aquellas acciones que no forman parte del entrenamiento en sí, aquello que el entrenador no puede ver pero que el ciclista hace cuando no se está entrenando para optimizar su rendimiento deportivo y la recuperación. Por ello engloba varias instancias, como el descanso, la nutrición o las actividades para reponer los músculos, como la crioterapia o los masajes deportivos, entre otras.
Cuando hablamos de ciclismo (o de cualquier práctica de ejercicio empleado como actividad física saludable) o asimismo del ciclismo recreacional o cicloturismo, todo lo relativo al entrenamiento invisible puede ser considerado como una serie de hábitos saludables que mejoraran la salud y la calidad de vida del practicante. En este caso no hablamos de la búsqueda del rendimiento deportivo en sí mismo, pero sí de práctica deportiva en condiciones óptimas que permitan un adecuado desarrollo y disfrute.
Por lo tanto el entrenamiento de hoy en día debe constar tanto de la parte condicional y técnica, como de la prevención y recuperación, para asegurar así una óptima recuperación del ciclista después de la actividad; este es el entrenamiento invisible y debe ser una parte más de la preparación del deportista.
El entrenamiento invisible es capaz de marcar la diferencia entre un buen ciclista y uno excelente.

La súper compensación
Tanto para el ciclismo recreacional como para el ciclismo competitivo es súper importante todo aquello que podemos hacer para recuperar nuestro organismo de las cargas aplicadas en el entrenamiento.
Resulta evidente que el cuerpo necesita recuperarse después de hacer ejercicio. Es en ese momento cuando surge lo que conocemos como súper compensación, que es la habilidad del cuerpo de recuperarse y encontrar equilibrio entre el entrenamiento realizado y la posterior recuperación que suele durar entre dos o tres días. A través de un entrenamiento planificado, la súper compensación es clave para que el ciclista empiece a ver resultados. Esto es porque hay períodos en los que el cuerpo se somete a altos niveles de estrés para producir las adaptaciones necesarias y progresar. Estos períodos se equilibran a través de las fases de descarga (demanda de menos estrés en el organismo) en los que la actividad continúa, pero se reduce el volumen o intensidad.
Es imprescindible recordar que estar supervisado por un profesional de educación física no solo te ayudará a variar el entrenamiento y adaptar cada día de actividad a tus necesidades y sensaciones, sino que además es el único indicado para prescribir ejercicio físico y diagramar un plan pensando especialmente en tus objetivos, considerando tu historial deportivo y tus capacidades .

Factores claves en el entrenamiento invisible
El entrenamiento invisible engloba muchos factores, pero sin duda hay algunos que tienen más peso que otros a la hora de mejorar el rendimiento deportivo, entre ellos podemos nombrar:
Descanso/sueño: la recuperación es parte del entrenamiento y de vital importancia. Cuando descansás poco tu cuerpo debe exigirse más. Durante el sueño se segregan hormonas como las del crecimiento, lo que ayuda a que los músculos se regeneren después de una jornada de entrenamiento. También refuerza el sistema inmunológico, por lo que evitará que tengas que hacer un parate por enfermedad. Es importante pensar en que las horas de sueño son tan importantes como su calidad.
Nutrición: los alimentos que ingiere el ciclista inciden directamente en la capacidad de recuperación tras el entrenamiento, en la sensación de fatiga muscular e incluso en la aparición de lesiones. Lo aconsejable es que el ciclista tenga una consulta con un nutricionista para que evalúe cómo deben ser sus ingestas diarias según su peso y la cantidad de actividad física que realiza.
Hidratación: beber agua y otras bebidas (como las isotónicas) contribuye a restablecer los niveles del organismo que, tras la práctica deportiva, puede haber perdido una gran cantidad de líquido en forma de sudor. Si este no se repone, se hará trabajar de más a los riñones, con los graves problemas que esto acarrea a la salud. La cantidad dependerá de cada ciclista y el tiempo que entrene.
Estiramientos: son fundamentales para evitar lesiones y dolores musculares el día después de haber realizado ejercicio. Estirar alivia las tensiones musculares, que si no se solventan a tiempo pueden derivar en molestias o lesiones. Sin embargo, los beneficios de estirar van más allá: mejora la flexibilidad, mantiene la movilidad articular y ayuda a que el riego sanguíneo llegue a todos los tejidos y con ello los nutrientes. De esta manera también te recuperás antes.
Técnicas de relajación y/o masajes: permiten regenerar la musculatura, reducir una posible inflamación y aumentan la circulación. La respiración es una de las técnicas de relajación más fáciles y eficientes.

Cuidados extras
Además de vigilar todos los aspectos ya mencionados, existe otra serie de cuidados extra que como ciclistas pueden llevarse a cabo para favorecer la recuperación y maximizar el rendimiento, como pueden ser visitas regulares al fisioterapeuta o al osteópata para detectar lesiones; crioterapia (aplicación de frío) para reducir la inflamación y remitir el dolor o simplemente elegir un buen equipamiento (calzado e indumentaria técnica) pueden contribuir a sacar lo mejor de nosotros mismos.
Finalmente el trabajo en conjunto del ciclista con un con coach deportivo profesional marcarán la diferencia en el aprendizaje de habilidades y competencias que le permitan al ciclista reforzar y entrenar la fortaleza mental y la gestión emocional.
Recordá siempre que el entrenamiento, la alimentación y el descanso son las tres variables más importantes que permiten que progreses deportivamente y sin lesionarte.

 

Por Andrea Romano. Coach y trainer, con la siguiente formación: Profesora de Educación Física (IPEF), Entrenadora Personal (UNC), Diplomada en Gestión Gerencial (Blas Pascal), Coach Deportiva (Unisport/Barcelona), Coach Ontológico Profesional certificada internacionalmente (ICF) y Coach Organizacional y Ejecutiva certificada (Unisport/Barcelona): andreamromano@live.com | https://www.instagram.com/andrearomano_coachtrainer

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Los peligros de entrenar con calor y cómo evitarlos

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El 80% de los ciclistas entrena a la siesta. Da igual si es primavera, invierno, verano u otoño. No sé bien la causa, pero puedo asegurarles que es así. De hecho yo lo hice durante muchos años en mi juventud. La siesta era para pedalear. Pero por suerte esta no sana costumbre pareciera ir cambiando paulatinamente a medida que los ciclistas se acercan a las ciencias del movimiento. Estoy convencida de que somos nosotros, los entrenadores, los primeros eslabones de esta cadena para intentar cambiar esta conducta. Y el mejor modo es informar a los deportistas acerca de las desventajas de entrenar en condiciones de calor extremo. Algunos se resisten a entenderlo y la primera respuesta que suelen darme es: Profe, las carreras no se suspenden por calor… Ya lo sé, contesto, pero una cosa es someter al organismo a una posible deshidratación una vez cada tanto que hacerlo sistemáticamente todos los días o día de por medio. Porque por más que tomemos todos los recaudos para mantener nuestras células hidratadas, el efecto residual y la fatiga post entrenamiento en calor es mucho más marcada en días sofocantes que en aquellos de temperaturas más amigables. No nos olvidemos que el organismo tiene dos mecanismos de defensa fundamentales para regular la temperatura:
Mantener el calor en invierno.
Eliminarlo en verano.
Para ambos la clave está, entre otras, en la redistribución del riego sanguíneo.

Fisiología y sensaciones
En términos generales, cuando entrenamos con altas temperaturas nuestra actividad fisiológica sufre algunos efectos, entre los cuales destacamos los siguientes tres:
Aumento de la frecuencia cardíaca provocada por el aumento de la temperatura de la piel.
Mayor sudoración. Si bien este es el mecanismo termorregulador por excelencia, debemos aclarar que a través de la transpiración no solo equilibramos la temperatura corporal sino que también perdemos sodio, potasio y otros minerales.
Disminución del volumen plasmático. El plasma es la parte líquida de la sangre, en la que se transportan los elementos celulares (glóbulos rojos con oxígeno, glóbulos blancos). Al disminuir el volumen plasmático la sangre se pone más “espesa”, haciendo que su circulación sea más costosa. Y entre las sensaciones que podemos experimentar al entrenar con altas temperaturas podemos mencionar las siguientes:
Sensación pronunciada de sed (boca pastosa).
Calambres y problemas digestivos.
Aumento de la sensación de fatiga. Disminución en el rendimiento físico. Pérdida de la concentración.
Aumento de la temperatura de la piel, lo que nos da la sensación de calor extremo.
Dolor de cabeza y desorientación asociada a la deshidratación.
Algunos trabajos recientes han encontrado relación directa entre la hipertermia (aumento de la temperatura corporal) y el sistema nervioso central, demostrando que el cerebro tiene un alto impacto en la sensación de fatiga en condiciones climáticas de calor extremo.

Aclimatización vs aclimatación
Si bien este título parece un simple juego de palabras, las características de ambos procesos son bien marcadas. El primero de ellos (la aclimatización) se da naturalmente en deportistas y no deportistas, cuando pasamos de una estación de temperaturas frescas a otra de temperaturas más elevadas. Son los procesos que realiza nuestro organismo de modo paulatino y natural cuando comienzan los días más calurosos. Por otro lado, la aclimatación es la capacidad del deportista para ejercitarse y soportar el calor al mismo tiempo. Y esta capacidad puede mejorarse realizando repetidas exposiciones a un medio caluroso. Ambos procesos, aclimatización o aclimatación, funcionan en base a mecanismos fisiológicos que son los responsables de que el organismo logre adaptarse al calor:
El aumento del volumen plasmático.
 Un cambio en la sudoración, que consiste en que el sudor empieza a salir a temperaturas de la piel, interna y externa, más bajas.
Aumento de los ritmos de sudoración, que además pueden mantenerse durante períodos más largos.
El sudor se distribuye de forma más efectiva por el cuerpo. Queda más diluido al disminuir la concentración de sodio en éste. Es decir que se pierden menos sales en el sudor.
Aumenta el flujo sanguíneo subcutáneo. La sangre fluye más direccionada a la periferia, para favorecer la eliminación del calor (contrariamente a lo que sucede con las bajas temperaturas en invierno, que producen una vasoconstricción periférica y un aumento del flujo sanguíneo hacia los órganos para garantizar la mantención del calor en los mismos.
El gasto cardíaco se distribuye más eficazmente. Los mecanismos de adaptación producen una disminución de la temperatura interna corporal y una reducción del gasto cardíaco para una exposición al calor e intensidad de ejercicio determinadas. O sea que el cuerpo logra acostumbrarse a realizar ejercicio a una determinada intensidad y a cierta temperatura, que es a la que se ha entrenado. Podemos afirmar entonces que las adaptaciones naturales se denominan aclimatización al calor, mientras que las adaptaciones inducidas o entrenadas se denominan aclimatación. La aclimatación al calor refiere pues a las adaptaciones biológicas necesarias para entrenar con altas temperaturas, reduciendo la tensión fisiológica. Mejora entonces la capacidad de trabajo físico, aumenta la comodidad y quedan más protegidos los órganos vitales (cerebro, hígado, riñones, músculos) de lesiones por calor. La adaptación biológica más importante de la aclimatación al calor es una respuesta de sudoración más temprana y mayor. La pérdida de calor excedente se da a través de las glándulas sudoríparas y la cantidad de las mismas es individual (no todos las personas tenemos la misma cantidad). Este número depende de cuán expuestos estuvimos a climas cálidos en nuestra niñez.

Complicaciones físicas relacionadas con el calor
Otra clave de este período de entrenamiento es prevenir las enfermedades relacionadas con el calor. Estas se dividen en diferentes categorías y progresan de una categoría a otra, dependiendo de la gravedad de los síntomas. Los calambres por calor y el síncope de calor son enfermedades menos graves, que pueden servir como señales de alerta temprana para alteraciones más graves como el agotamiento por calor y el golpe de calor. Ser consciente de los signos y síntomas de la enfermedad por calor puede reducir en gran medida los riesgos y puede salvar una vida.

Escala de progresión de la enfermedad por el calor
Los calambres por calor son espasmos musculares extremadamente dolorosos que se observan más frecuentemente en la pantorrilla y el abdomen, aunque cualquier músculo del cuerpo puede verse afectado. Están comúnmente relacionados con la pérdida excesiva de agua y de electrolitos. La más común es la pérdida de sodio. Se puede reponer la pérdida de electrolitos comiendo bananas para añadir potasio, añadir un poco de sal a la comida, comer o beber productos lácteos para reponer el calcio y beber mucha agua y bebidas deportivas.
El síncope de calor es resultado de la acumulación de la sangre y es una experiencia poco agradable para quien lo padece. El desmayo suele ocurrir después de un cambio súbito en la posición (por ejemplo, desde la posición de sentado a parado). Cuando esto ocurre debemos trasladar a la persona a una zona de sombra, ayudarlo a recostarse, elevar los pies por encima del corazón y proveerle de abundante líquido.
El agotamiento por calor ocurre generalmente por una inadecuada reposición de los líquidos perdidos a través del sudor. Si un atleta puede ser víctima de agotamiento por el calor, hay que trasladarlo a un lugar fresco y debe beber tanto líquido como sea posible. En algunos casos es necesaria la reposición de líquidos por vía intravenosa. La temperatura del cuerpo debe ser monitoreada de forma continua para asegurar que el atleta no entre en un golpe de calor.
El golpe de calor es una emergencia que amenaza la vida. La causa específica del golpe de calor es desconocida, aunque se cree que a medida que las personas entrenan bajo el sol durante períodos prolongados de tiempo, sus cuerpos producen una cantidad extrema de calor interno, al punto que el “sistema de refrigeración” se apaga y el cuerpo llega a producir niveles peligrosos de calor. Normalmente el cuerpo se enfría a sí mismo a través del sudor y la irradiación de calor a través de la piel. Pero cuando las temperaturas superan un cierto nivel, el cuerpo es incapaz de trabajar lo suficiente como para eliminar el calor y finalmente colapsa. Se debe prestar atención médica inmediata a los atletas que son víctimas de un golpe de calor. Estos atletas tienden a colapsar repentinamente y suelen perder el conocimiento. El golpe de calor puede ocurrir de repente y sin previo aviso. Si un deportista lo padece hay que disminuir la temperatura corporal llevándolo a un ambiente fresco, colocar hielo bajo las axilas, la ingle, el abdomen y el cuello y llamar a emergencias. Si la temperatura del cuerpo vuelve a la normalidad dentro de los 45 minutos se reducirá en gran medida la posibilidad de muerte. Con todo lo anteriormente descripto, el mensaje que queremos transmitir es que, si bien el calor nos invita a salir a rodar más y de mejor ánimo, debemos tratar de no exponernos a altísimas temperaturas. Las consecuencias pueden llegar a ser serias. Lo mejor, en caso de poder hacerlo, es salir a primera o a última hora. De ese modo evitaremos forzar nuestro metabolismo y podremos disfrutar de esta época tan hermosa del año pero priorizando nuestra salud.

Tips básicos para enfrentar el calor
Si bien el calor puede traer sus complicaciones, existen formas de prevenir los efectos negativos del mismo para los que no tienen más remedio que salir a correr en esas horas “mortales”:
Hidratación pre-salida. Se recomienda beber como mínimo de medio litro a un litro de agua una hora antes de salir a entrenar.
Reducir el ritmo. A menos velocidad, el cuerpo percibirá una sensación de fatiga menor, por lo que el entrenamiento seguirá siendo útil.
Mojarse. Si existe la posibilidad, puede ser útil reducir la temperatura corporal mojándose ligeramente la piel.
Usar ropa transpirable y de colores claros, gorras o un pañuelo bajo el casco y todo tipo de material que pueda favorecer la termorregulación.
Buscar rutas que  brinden la posibilidad de reponer líquidos. De no ser esto posible, salir con compañeros y evitar recorridos solitarios.
Hidratación posterior imprescindible. Reponer líquidos post-esfuerzo es tan importante como hidratarse durante los entrenamientos.

La hidratación
La hidratación es el proceso fisiológico de absorción de agua por parte de una célula, tejido u organismo, así como también el restablecimiento del grado de humedad normal de la piel y la proporción adecuada de agua en el organismo. El agua es esencial para la supervivencia de todas las formas conocidas de vida. Y cumple una función fundamental en nuestro organismo. Mantiene el equilibrio hidroelectrolítico, participa en la la eliminación de los residuos tóxicos de cualquier combustión y en la recuperación de las sustancias perdidas a través del estrés extremo por temperatura y calor, además de compensar toda situación de homeostasis térmica, independientemente de la temperatura ambiente.

Existen tres tipos de bebidas deportivas:
Las bebidas hipotónicas presentan una concentración de solutos (sustancias disueltas en el líquido) inferior a la del plasma sanguíneo, es decir, están menos concentradas que el plasma.
Las bebidas isotónicas poseen una concentración de solutos igual a la del plasma. Este tipo de bebidas contiene azúcares y electrolitos a la misma presión osmótica que la sangre (330 miliosmoles/litro).
Las bebidas hipertónicas poseen una concentración de solutos superior a la del plasma. Para evitar los riesgos de las enfermedades por calor debemos garantizar que el deportista esté bien hidratado y alimentado durante el entrenamiento y la competencia. Las bebidas con carbohidratos-electrolitos son más efectivas que el agua pura y deberían ser consumidas antes del entrenamiento, durante el mismo y cuando la oportunidad lo permita. La mayoría de las bebidas deportivas comerciales se adecuan tanto para la rehidratación como para la provisión de energía. El objetivo primordial de la hidratación es el de reponer totalmente la pérdida de líquidos por sudoración durante el ejercicio. No hay evidencias de que los seres humanos puedan adaptarse a la deshidratación crónica. De hecho el hombre puede sobrevivir sin alimento hasta 40 días, pero sin agua solo 72 horas. Por lo tanto, el único método para evitar la deshidratación durante el ejercicio es consumir cantidades adecuadas de líquidos. En términos de proteger la salud y mejorar la performance, no hay otra alternativa.

 

Por Elisa Lapenta*

*La autora es Profesora de Educación Física, especializada en Alto Rendimiento en Alemania, titular de H3o (servicio de entrenamiento orientado a deportistas de todos los niveles: tiempo libre, amateur, semiprofesional, pofesional): (0351)6225243 | elisalapentah3o@hotmail.com | h3o Sports | INSTAGRAM @elisanoemilapenta 

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