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Cuentos que viajan en bicicleta

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Hay dos cosas que no dejan de gustarnos aunque crezcamos: andar en bicicleta y que nos narren cuentos atrapantes.
Sobre lo primero no hace falta explicar mucho, ya que la mayoría de nosotros pedalea casi a diario. Pero ¿cuánto hace que no nos sentamos en una silla –o en el piso- y dejamos que nos narren un cuento?
De eso se ocupa Marcelo Guerrero, un cordobés creador de cuentosencamino.com y de oficio cuentero. “Es una palabra polisémica, asociada muchas veces con el versero, mentiroso o chamuyero. Por eso digo que no ando haciendo el cuento, sino contando cuentos”, aclara enseguida.

Un oficio milenario
Marcelo rescata uno de los artes más antiguos, ya que solamente con el uso de su voz y su expresión corporal logra retener la atención de chicos y adultos por varios minutos. Claro que eso en épocas de celulares y tablets es mérito doble.
Hace un tiempo decidió que llevaría sus historias a distintos puntos del país y para eso decidió transportarlas en bicicleta. Según él mismo relata, la idea surgió hace varios años, cuando era estudiante de secundaria: “La profe de Geografía pidió una monografía que describiera un viaje por una ruta nacional y yo recuerdo haberlo imaginado en bicicleta por la ruta 40. Recién este año comencé a concretar el proyecto de recorrer Argentina en bici fuera del papel y elegí el norte cordobés para iniciarlo.”

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El viaje soñado
Su objetivo es ir recorriendo el país por tramos, ya que por momentos debe interrumpir la pedaleada para poder participar de actividades cuenteras en otras ciudades. Al momento en que lo entrevistamos se encontraba viajando por el este de su provincia, dirigiéndose a recorrer la región de Mar Chiquita y todos los pueblos del noreste de Córdoba. Lo que tiene por seguro es que cuando comience la primavera pondrá rumbo sur con su bici para llegar a Ushuaia por ruta nacional 3 y volverá por la mítica 40.
Marcelo explica que está en la naturaleza misma de los cuentos viajar de boca a oído y de oído a boca, porque así viajan y hacen viajar a la gente. Para compartir todo esto decidió comenzar su propio blog, cuentosencamino.com, donde va subiendo de todo un poco: quién es él, los viajes que hace, los cuentos que va sumando a su repertorio y lo que piensa sobre la cuentería. Dice que es como si fuera su valija digital, donde puede poner toda la información sobre espectáculos, talleres, entrevistas y mucho más.

La máquina
La bici de Marcelo es una Raleigh Mojave 5.0 que compró usada hace un año y medio aproximadamente. “Siempre tuve bicis muy sencillas (cuadros de acero, 18 velocidades, horquilla rígida), pero cuando decidí que quería viajar por largo tiempo compré ésta. De a poco mejoré la transmisión, cambié las ruedas por unas con llantas doble pared, modifiqué el asiento y le sumé portaequipajes y cuenta kilómetros”, describe con precisión y agrega que le puso también una bocina ¡porque a los chicos les encanta!
También hay otras cuestiones acerca de su equipamiento: “Aún no consigo el bendito manubrio mariposa (si alguien tiene que me avise), así que ando con los acoples a los costados. Las alforjas las hice yo por una cuestión de presupuesto, pero la idea es cambiarlas en un futuro por unas bien hechas. Nos llevamos muy bien la bici y yo, hasta ahora sólo he pinchado un par de veces y nada más.”

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Si hay aventura, hay cuento
Justamente sobre esta relación, le preguntamos qué le aporta la bici a un cuentero, a lo que nos respondió con mucha seguridad: “Lo primero que aporta es aventura, y si hay aventura hay algo que contar. Además la bicicleta aún conserva ese romanticismo del trotamundos, de lo trashumante, del que se lanzó a la aventura para encontrarse con la gente, con sus historias y también sus ganas de escuchar y conocer otros mundos.

¡Volá de acá Pedro!
No quisimos terminar la entrevista sin pedirle que nos contara un cuento que incluyera una bici, así que gentilmente nos compartió uno de su autoría que surgió gracias a una técnica de improvisación. Los invitamos a acomodarse en la silla y disfrutar de “Volá Pedro”.

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Cicloturismo

La otra Cuba en bicicleta

Un viaje en bicicleta por Cuba por fuera de los tradicionales circuitos turísticos, con mucha información práctica para aquellos que quieran intentar la aventura. Cómo alojarse en casas particulares y comer en los lugares que comen los propios cubanos.

Durante el mes de febrero de 2017 un pequeño grupo de cicloturistas argentinos recorrimos 1500 kilómetros de la mágica isla de Cuba. Al hacerlo en bicicletas pudimos internarnos en la realidad de sus pobladores, compartir sus actividades y comprender cómo funciona esta nación y cuáles son sus costumbres. Como grupo definimos que nuestro objetivo sería recorrer la mayor cantidad de kilómetros, pero teniendo en cuenta que no fuera por lugares preparados para el turismo, buscando conocer la diversidad geográfica, que es mucha pese a lo pequeño del territorio, y sobre todo conocer al habitante, al cubano de las ciudades y del campo. Entre nosotros nos decíamos que era un viaje ciclo-antropológico. El alojarnos en 21 casas particulares nos permitió conocer cómo funciona la sociedad, acompañarlos en sus tareas cotidianas y descubrir rincones que no se promocionan al viajero.

Occidente: Pinar de Río, Artemisa, La Habana, Mayabeque, Matanzas
Desde el aeropuerto de La Habana una combi nos transportó hacia la casa donde nos alojaríamos por 30 dólares, ubicada en el barrio chino. Después de entender cómo funciona el sistema de abastecimiento y comunicación y por dónde transitar con seguridad, estábamos listos para la partida.
Al alba y desde el Malecón de La Habana partimos con rumbo oeste. La ciudad es muy extensa pero absolutamente segura. El tránsito en las carreteras es escaso: predominan camiones, ómnibus, muy pocos autos y llegando a los poblados aparecen bicis, motos y carros. La bicicleta es el vehículo multipropósito de Cuba, muchas con dos pasajeros, con enormes cargas, con jaulas con gallinas, con fardos de pasto. Nos comentaban que en un período en que faltó petróleo, desde el gobierno se entregaron bicis chinas rodado 28 a la población.
El mar nos acompañó por más de 100 kilómetros de carretera costera, hasta que comenzamos a ingresar a la provincia más occidental de Cuba, Pinar del Río, donde se manifiesta la cordillera de Guaniguanico.
La zona del valle de Viñales nos sorprendió por su belleza y diversidad de paisajes, por lo que decidimos permanecer un día recorriendo la zona rural, que es Parque Nacional, donde nos aseguraron que se produce el mejor tabaco del mundo.
Cuando salimos del valle arribamos a la carretera central, una enorme autopista de ocho carriles, vacía, sin autos. Pasamos pueblitos sin mayor interés y sin darnos cuenta el atardecer se nos vino encima y con él la noche, sin tener arreglado el alojamiento.
Todo debe servir de aprendizaje. En Cuba no hay alumbrado en ninguna carretera ni cruce rutero y en los pueblos es escaso. Deambulamos peligrosamente, intentando encontrar un lugar donde dormir. En los hospedajes nos decían que estaban completos, hasta que dimos con un hotel alojamiento a la salida de San Cristóbal. Su dueño, enterado de que éramos argentinos, tomó la decisión de cerrar el alojamiento para atendernos. Nos brindó un dormitorio, donde puso otro colchón en el suelo, así que descansamos entre espejos y pósteres eróticos.
Ante lo ocurrido decidimos planificar los tramos en cuanto a distancia a recorrer y ciudades por dónde pasar en función de que dispusieran de casas de renta. Esto es posible de averiguar en las centrales de policía y en una aplicación para celulares que utilizan los dueños de las viviendas.
Seguimos andando por zona rural, con pequeños pueblos dedicados de lleno a la actividad agrícola, básicamente de arroz, con muchos tractores en la calzada. Los trabajadores nos saludaban alzando sus herramientas a nuestro paso, otros nos seguían en bici y los chicos querían que los fotografiásemos.
En Jagüey Grande se produce un cambio de paisaje en el ingreso a la península de Zapata, un extenso territorio ocupado por la ciénaga homónima. Este es el mayor humedal de Cuba, donde predominan los manglares y habita una especie endémica de cocodrilo. La carretera hasta Playa Larga transcurre por este ecosistema. Allí encontramos alojamiento con una maravillosa familia de profesores universitarios con grandes habilidades culinarias.
Este lugar es una referencia histórica de Cuba, pues Playa Larga se ubica en Bahía de Cochinos, donde en 1961 intentaron desembarcar tropas contrarrevolucionarias.
Seguimos recorriendo la península hasta Playa Girón por una carretera que bordea el mar, entre manglares, con solitarias playas donde parar y gozar de las vistas y de un baño.
Por la noche encontramos a una ciclista estadounidense que recorría la isla sola con bici de ruta y buen equipamiento, armando un derrotero para traer turistas.
Esa noche, para cenar estacionamos las bicis en un porta bici con los temores propios de nuestra tierra. Pasamos más de una hora cenando sin ver nuestras bicis y a nadie se le ocurrió tocar algo, tal cual nos aseguraron los parroquianos que ocurriría.
Región Central: Cienfuegos, Sancti Spiritus, Villa Clara, Ciego de Ávila, Camaguey
Cuando tomamos rumbo a Cienfuegos compartimos con un grupo de ocho ciclistas veteranos franceses varios kilómetros hasta el poblado de Yaguarama, donde en una cafetería de la carretera paramos a probar los sándwiches de pierna (carne de cerdo), causando una revolución entre los parroquianos que bebían ron.
Desde Cienfuegos, hermosa ciudad colonial fundada por franceses, llamada La Perla del Sur, nos dirigimos hacia Trinidad, otra villa de más de 500 años, con un centro histórico declarado patrimonio arquitectónico de la humanidad, con playas muy recomendables. Allí descansamos un día completo.
Siguiendo nuestro derrotero transitamos lo que se llama el Valle de los Ingenios, todo cultivado con caña de azúcar y con el fondo de las sierras de Escambray. La zona rural es productora de papaya, guayaba, bananas, algunos cítricos, ajo y cebollas, además de las tradicionales de café y tabaco.
Bordeando las montañas de Guamuhaya arribamos a Sancti Spiritus. Cruzando un histórico puente de cinco arcos de ladrillo sobre el río Yayabo ingresamos a una ciudad multicolor fundada en 1522 por españoles. El casco histórico, recientemente restaurado, nos dejó sorprendidos por su prolijidad, limpieza y belleza arquitectónica. Todo merece destinar tiempo para recorrerla: el puente de ladrillos, los parques, la catedral y otros edificios, todos de vivos colores.
Un viejo puente de hierro nos despidió de la ciudad en un amanecer neblinoso, mientras se desarrollaba la cosecha de caña de azúcar, en algunas parcelas con máquinas y en otras a puro machete, cargando camiones de doble acoplado.
Luego de 84 kilómetros arribamos a Ciego de Ávila, ciudad sin otra particularidad que ser acceso a las playas del norte y del sur del país, al estar en una parte muy angosta de la isla.
Ahí conocimos a un mecánico de la escuadra local de ciclismo que por la mañana nos acompañó a conseguir agua mineral y salir del pueblo en su vieja rutera de cromo. En esta zona la agricultura da lugar a una cuenca lechera productora de quesos.
Tras 110 kilómetros sin muchos atractivos ingresamos a Camagüey, tercera ciudad en cantidad de habitantes de la isla, otra de las ciudades con centro histórico del 1500, nombrado como patrimonio de la humanidad, cuna del nacimiento del General Agramonte, padre de la independencia cubana.

Oriente: Las Tunas, Granma, Holguín, Santiago de Cuba, Guantánamo
Por la ciudad de Guaimaro ingresamos a la zona oriental serrana de la isla. Este municipio tiene importancia porque allí se redactó la constitución cubana luego de la independencia de España.
Onduladas carreteras nos llevaron por Las Tunas hasta Holguín, llamada la ciudad de los parques (plazas), que se suceden a lo largo de la avenida principal.
Hacia el norte de la ciudad, en la bahía de Gibara, hay una zona de playas. Aquí se produjo el primer contacto entre los europeos comandados por Colón y las culturas nativas. Subidos a un vehículo ruso de marca Moskovich, llegamos a playas que hacen honor a las palabras que se atribuyen a Cristóbal Colon sobre las Antillas: “La tierra más hermosa que ojos humanos han visto.”
Un día domingo emprendimos desde Holguín la anteúltima etapa de nuestro viaje, hacia Bayamo, con la ruta solo para nosotros. Nos sorprendieron pequeños poblados con nombres tales como Cacacum, Limpio Chiquito, Cauto Cristo.
Finalmente emprendimos la última jornada de 140 kilómetros, con mucho desnivel, debido a que estábamos a las puertas de la Sierra Maestra. Grandes extensiones de caña de azúcar, en distintos momentos de la cosecha, con fuego donde ya se había cortado la caña, el aire espeso y con olor a melaza quemada.
Los últimos 50 kilómetros los realizamos en un tramo que ellos llaman “autopista”, una vía de cuatro carriles por mano totalmente asfaltada con interminables subidas. Por allí, llegando a la población El Cristo, faltando unos 12 kilómetros, se ve la ciudad de Santiago de Cuba, el mar y la Sierra Maestra.
Finalizamos nuestro viaje en la Plaza de la Revolución, donde se erige la estatua ecuestre del héroe de la independencia Antonio Maceo y en la esquina opuesta una gigantografía de Fidel Castro.
Luego de 1400 kilómetros dimos por terminado el viaje por la isla, con el cansancio propio de estas travesía pero felices por lo conocido y aprendido y sobre todo sin ningún contratiempo.
Santiago es una hermosa pero calurosa ciudad, en la que cada rincón está lleno de historia de los tres principales momentos históricos del país. Museos, paseos, viejas librerías, el puerto y el cementerio de Santa Ifigenia, donde descansan los restos de José Martí y de Fidel Castro, son un gran atractivo.


Lo que hay que saber
Las cajas de transporte de las bicis en avión se pueden guardar en la casa de renta en La Habana por unos CUC (Peso Cubano Convertible: 1 dólar = 0.90 CUC). Ellos la conservan mientras dure la vuelta a la isla.
– Clima. Hay dos temporadas: verano, muy caluroso, e invierno, cuando fuimos nosotros, donde la temperatura es más benévola, aunque en dos ocasiones tuvimos una máxima de 35°C. Los vientos pueden venir de cualquier lado, depende de la zona, y se puede escuchar el pronóstico en la radio o TV. Amanece muy temprano y oscurece a partir de las cinco de la tarde.
– El estado de las rutas, todas de asfalto, es entre bueno y regular, pero hay poco vehículos; mayormente camiones, tractores y buses.
– Alojamientos. Nosotros utilizamos casas de familia, a un costo de entre 20 a 30 CUC la habitación para los cuatro. Solo reservamos la casa de la primera noche, luego utilizamos su red de relaciones. Una familia te envía a la siguiente. Las familias brindan unos desayunos increíbles por 3 a 5 CUC, al igual que la cena.
– Hay que beber solo agua embotellada o, como los locales, hervida y filtrada. Se consigue agua mineral en botellas de 1.5, 3 y 5 litros a un costo de 1.90 CUC en estaciones de servicio o supermercados. Hay que tener cuidado con las botellas que no estén bien cerradas, porque las rellenan, y con el consumo de hielo.
– Comedores hay de todo tipo y precios. Para nuestro presupuesto reducido utilizamos lo que llaman cafeterías, que son para los nativos y que cobran en la moneda nacional CUP, cenando por 1 a 2 CUC.
– La comida es a base de arroz y frijoles, que pueden ir acompañados de carne de cerdo, pollo o pescado, y ensaladas de la verdura de estación (remolacha, repollo, tomate). Al pan lo adquiríamos en las panaderías del estado por centavos. Se puede tomar jugos exprimidos (sin hielo) o comer frutas, en nuestro caso bananas, papaya, guayaba. En la ruta se puede conseguir jugo de caña de azúcar, muy energético. Se ofrecen unas barras de maní caseras muy buenas.
– Bebidas: hay una marca de gaseosa en lata, Ciego de Ávila, malta y cerveza regionales en botellas de 250 cc de las más variadas marcas, todas entre 1 a 2 CUC.
– Repuestos de bicicletas: no hay nada. Lo que se consigue es todo muy elemental y solo para rodado 28. En La Habana hay un negocio para rentar bicicletas pero básicas. Las cámaras están hechas de cámara de tractor, las venden por metro y hay que llevarlas al ponchero (gomero) para que las pegue según la medida.
– Moneda. Tienen dos: el CUC, que vale aproximadamente un 10% más que un dólar y un poco menos que un euro, y el CUP, la moneda local más difundida en el interior, que equivale a 0.24 de CUC. El dinero se cambia en bancos o en casas de cambio. Para todo trámite se necesita pasaporte. Conviene llevar euros, no dólares, a los que les aplican un descuento del 10%.
– Seguridad. Nos sentimos muy seguros y cuidados tanto de día como de noche hasta en las ciudades más grandes. Lo más peligroso es cuando te pasan en la ruta las guaguas (camiones adaptados para el transporte de personas). Les llamábamos asesinos por las maniobras que realizaban.
– Los argentinos somos muy queridos y respetados, al ser de la patria del Che.

Datos del viaje
– Recorrimos 1400 kilómetros entre el 7 de febrero y el 8 de marzo, pedaleando unos 16 días por las rutas y tres días en La Habana y alrededores, recorriendo otros 100 kilómetros.
– Pedaleamos 70 a 130 kilómetros por día, desde temprano por la mañana y luego de la siesta, evitando el mediodía.
– Gasto promedio por día: 21 CUC por persona.
– Clima: mayoría de días soleados, salvo dos con lloviznas, y el viento un poco anárquico.
– Alimentación. Desayunábamos abundante en las casas de familia donde nos hospedábamos, al mediodía comíamos sándwiches de pierna y por la noche cenábamos en las cafeterías o en las casas donde nos hospedábamos.
– Si uno concurre a los lugares preparados para el turismo los precios suben. Para evitar esto conviene relacionarse con las familias y ellos negocian con su red de servicios.
– Derrotero: La Habana, Bahía Onda, Viñales, San Cristobal, Surgidero de Batabano, Playa Larga, Playa Girón, Cienfuegos, Trinidad, Sancti Spiritu, Ciego de Ávila, Camaguey, Guaimaró, Las Tunas, Holguín, Bayamo, Santiago de Cuba.
– Información adicional: rebord.gustavo@gmail.com.


Por Gustavo Rebord

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