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De cuchillas, empedrados y arenas blancas

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Un recorrido por tierras charrúas, con partida en Nueva Palmira, pasando por Carmelo, Colonia y Fray Bentos, entre otros sitios.

Por Juan Carlos Campanelli

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Tenía guardada en mí la idea –y también la información- de hacer este viaje a la costa uruguaya, pero me negaba a concretarlo solo. Entonces apareció Marta para “dar el sí”. Nos conocíamos poco, a ella de trotes y competencias y al francés Gilles, quien completó el trío de pedaleo, sólo por un café unos días antes.
Poco antes de salir compramos los pasajes en Línea Delta, ida y vuelta a Nueva Palmira. Conviene hacerse de algunos pesos uruguayos y llevarlos, o bien cambiar al bajar en Nueva Palmira.
La salida estaba anunciada para las 7:30. Hasta el Tigre fuimos en auto y lo dejamos frente a la empresa, en un estacionamiento de estadía diaria.
Comenzó el viaje. Marta, que casi no había dormido porque se había acostado tarde después de preparar las cosas y había amanecido muy temprano para salir, dijo que disfrutaría del viaje, pero ¡se durmió como un oso! Quedamos Gilles y yo haciendo relaciones públicas con otros acompañantes.
DSC04598Transcurrieron las tres horas y media de lancha por el interior de las verdes islas del Delta, con vegetación de color verde y marrón y un cielo totalmente despejado. Disfrutamos mucho de ese paseo peculiar para quienes vivimos en las urbes.
En el amarradero de Nueva Palmira armamos las alforjas y mochilas. Consultamos en la oficina de turismo pegada al embarcadero y partimos hacia nuestro alojamiento, a unas cuadras de allí.
Nueva Palmira tiene una zona portuaria con grandes buques de carga. En su costanera hay varias acopiadoras de cereales donde se guardan los granos que serán transportados. La costa es muy bella, con arboledas y mucho verde. Allí se pueden ver los más hermosos atardeceres, en una paleta de colores anaranjados.

Llegamos al hotel. Dejamos allí lo que no necesitaríamos para el trayecto hacia Carmelo, programado para lo que aun nos quedaba de ese día. Partimos por un camino de asfalto en mal estado por el tránsito de camiones. Se va bordeando las cerealeras y hay un poco de tránsito, pero sin peligro.
Después tomamos un camino de ripio o conchillas. Comenzaron algunas subidas y bajadas, conocidas en Uruguay como cuchillas, que demandan un esfuerzo en la pedaleada, a veces bastante intenso.
Así fuimos andando el camino hasta que llegamos a Punta Gorda. Antes pasamos Paseo Darwin, donde se encuentra el hito del kilómetro cero del Río de la Plata. También hay un obelisco que recuerda el lugar en donde indígenas lugareños mataron al conquistador español Juan Díaz de Solís. La playa es muy linda; da gusto recorrer ese pequeño bosquecito, con rayos de sol que atraviesan la frondosa arboleda pintando el terreno de sombras claroscuras.

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Un gran grupo
Desandamos el camino hasta el desvío que dice “a Carmelo” y tomamos una calle de tierra a la derecha que nos conectó con la Ruta 21 (que va desde Mercedes, en el norte, hasta Colonia, en el sur, copiando la costa). Por ésta nos desviamos a las vistosas playas de Zagarzazu, un muy lindo lugar para pasar unos días, con tranquilidad pueblerina y el lecho del río de fina arena.
Ahí me fui dando cuenta de que Gilles era un verdadero mountain biker. El francés había pedaleado por los Alpes y otros varios lugarcillos de Europa, de esos que nos dan envidia. La tenía clara el amigo y llevaba una necesidad interior de revivir toda su historia de ciclista de ley. También vivió el Tour de Francia y anduvo en nieves y montañas arriba y abajo.
A Marta la conocía de otras disciplinas deportivas –los dos éramos corredores de larga distancia. Creí que le sería duro este viaje en bici, porque era el primero, pero la dura resultó ser ella. Se la bancó y nos seguía a full sin decaer. Tiene historia de deporte y además se sentía mimada y cuidada por dos galanes. Fue una más en el grupo, ¡gran mujer!

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Sobre la ruta 21 se veía un espectacular bosque con el hotel Four Seasons (cinco estrellas), un campo de golf y viñedos, reconocidos por ser los más extensos de Uruguay. Además, unas enormes estancias y chacras, mucho verde. Así llegamos a Carmelo, entrando por la avenida principal, que nos condujo hasta la orilla del río.
Carmelo fue fundada en 1866. Todavía mantiene sus calles adoquinadas y algunas anticuadas paredes de barro, que plasman la vida de los antepasados y son la máxima expresión de la cultura uruguaya. Allí encontramos motos, motitos y bicicletas por todos lados, y también la plaza sobre la costa del río y el puente giratorio que se abre en 180º, primero de su tipo en Uruguay.
Cruzando el puente hay clubes y dos amarraderos (el Carmelo Rowling Club y el Yatch Club Carmelo). Un poco más adelante está la encantadora playa SER, con arenas blancas y limpias. El piso del río de arena invita a entrar, con una arboleda en la playa. Ese fue el lugar elegido para tomar sol y mates.
De regreso queríamos pasar por la Capilla Narbona, donde se comenta que vivió San Martín, pero cerraba a las 17 hs y llegamos minutos más tarde. Otra vez será.

La chiquilinada más linda
Regresamos por la ruta (asfalto) hasta la bifurcación del monumento de Don Quijote, donde tomamos a la derecha hacia el pueblo. Nuestra idea era llegar hasta la empresa de micros Berruti, en Nueva Palmira, que va por Ruta 21 haciendo todo el recorrido hasta Colonia, para ver si nos llevaban con las bicis al día siguiente hasta el empalme con la ruta 22, de modo que pudiéramos ir desde allí hasta Colonia pedaleando. En la empresa nos dijeron que sí.
Recordé las caídas del sol sobre el horizonte y entonces dije “vamos a la costa”. Con una mezcla de chiquilinada, adrenalina y deseo, bajamos volando por las calles de la ciudad, cruzando las esquinas a full hasta llegar a la costa en el preciso instante de la puesta del sol. Fue un inolvidable momento de relax, satisfacción y alegría.
De regreso al hotel caímos en la esquina de un viejo almacén de ramos generales, en donde conocimos al Rey del Mate uruguayo, un personaje de aquellos.
Después de un baño reparador cenamos en un restaurante cercano al hotel, muy familiar y accesible.

Ida a Colonia
Al otro día reparé una pinchadura que descubrí en mi bici y desayunamos con facturas que Gilles procuró. Ya en la terminal cargaron las bicis en el micro y, tras una hora de viaje, nos dejaron al costado de la Ruta 22 armando ruedas, alforjas y mochilas. Por una ruta interna de conchillas nos internamos unos cuantos kilómetros en busca de la Estancia Anchorena (residencia presidencial de descanso). Llegamos cerca del mediodía, después de un intenso pedaleo. Nos desilusionamos, pues sólo hay dos horarios de visita guiada, a las 10 y a las 14, y no se puede ir sin guía.
Necesitábamos a alguien que nos sacase una foto conjunta y justo aparecieron Karina y Micha, quienes paseaban en bici por Uruguay festejando un año de estar juntos. Con ellos formamos un grupo, lo que nos dio ánimo para encarar la ida hacia las barrancas, en un descenso pronunciado hacia el río.
Luego decidimos volver a Colonia por el camino interno (no por la Ruta 21). Aparecieron nuevamente las subidas y bajadas, que, con la carga de las alforjas, se hicieron más duras.
Se fue haciendo el camino hasta divisar a lo lejos la Plaza de Toros. Pasamos por la antigua cancha de pelota paleta y el hipódromo. Después llegó el asfalto. Estábamos cansados, pero nos impulsaba el deseo de buscar un lugar para sentarnos a tomar algo. Objetivo cumplido.
Nos hospedamos en el hostel Colonial -que Marta había reservado-, sobre la avenida principal, a tres cuadras de la ciudad antigua. El lugar tiene buenos baños y buenas habitaciones.

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Arena fina y blanca

Al otro día salimos camino a Santa Ana y Riachuelo por la ruta 1, por su banquina bastante ancha y en buen estado. Aparecieron las infaltables subidas y bajadas. A los pocos kilómetros se anunciaba la entrada a una estancia regional, donde su dueño también creó un museo, por el cual obtuvo varios premios Guiness, uno de ellos por su colección de lápices y llaveros. Nos quedamos un buen rato allí, entre latas de todo el mundo, frascos de perfumes, llaveros, lápices y varios objetos más. De ahí fuimos a ver sus regionales y a probar dulces de lo más variados: arándanos, cebolla, higos y muchos más.
Emprendimos camino nuevamente y caímos en una playa pasando Riachuelo. Bajamos unos pocos kilómetros y detrás de unas dunas descubrimos un paisaje con arena fina y blanca, extensa para ambos lados, y algunos arbustos en la ribera. Nos tentamos con un remojón hasta la cintura.
Volvimos a Colonia por la banquina de la ruta 1. No fue fácil. Gilles, adelante, tiraba contra un viento muy intenso y en contra, que complicaba las subidas. Sobre la ruta vimos el cartel del amarradero de yates de Riachuelo. Ahí doblamos a la izquierda, cruzando la ruta hacia la costa del brazo del río, que se metía en un lugar con camping y parrilla, donde amarraban los barcos y sus tripulantes se reunían bajo la frondosa arboleda.
Seguimos viaje contra el maldito viento. Un consejo: hacerse amigo del viento y de las subidas, no maldecir, pensar que ya pasará.
Ruta, rotonda e ingreso a Colonia, a buscar dónde comer unas empanadas con una copa de vino, cosa que ya era obsesión para Gilles.
Después anduvimos de paseo en la ciudad vieja, por calles empedradas, lugares bonitos y un amarradero, disfrutado del sol de la tarde, la costa, la terminal de trenes, todo pintoresco y con muchos visitantes.
Recogimos las pertenencias del hostel y partimos hasta la terminal de ómnibus que nos dejaría nuevamente en Nueva Palmira.
Cansados, comidos y felices por haber cumplido cada uno de los objetivos, nos fuimos a dormir para disfrutar nuestro último día en Uruguay.

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El deber de ser feliz
La lancha de vuelta a Tigre salía a las 16. Por la mañana, la dueña del hostel nos aconsejó partir en sentido contrario a Colonia, hacia Fray Bentos, en busca de la playa de los 33 Orientales. Son unos 15 kilómetros desde Nueva Palmira por la Ruta 21 y luego por la ruta 2, asfaltadas. También hubo subidas y bajadas y pasamos por campos lindantes.
Nos dirigimos hacia la costa del río por la entrada de un camping que funcionaba en temporada de verano. El día se prestaba, así que nos pusimos las mallas y ¡al río! Disfrutamos del sol y de la tranquilidad del lugar, alejados de los ruidos de vehículos, reencontrándonos con la belleza natural.
En el regreso hicimos un alto en el camino en el altar de una virgen que fue armado por los hijos del dueño de una estancia, fallecido en el hundimiento del Titanic.
Ya en el hotel cargamos los bártulos que faltaban y camino al puerto hicimos los trámites de aduana. Salimos hacia Tigre, haciendo nuevamente el vistoso recorrido entre las islas, con el sol cayendo en el atardecer. A las 20:00 llegamos a Buenos Aires.
Finalizó este viaje, seguramente el primero de otros tantos que compartiremos, felices por haber cumplido lo pensado, contentos del clima que nos tocó, complacidos por la adaptación de este recién formado equipo y agradecidos con la gente de Uruguay por su amabilidad y respeto.
Me gusta escribir esta historia. Me hace rememorar momentos y saber que en quienes leen se despierta el deseo de vivir algo parecido. ¡Es posible! Debemos fijar la idea en nuestra mente, sentir el deseo de hacerlo, inducir a quienes nos rodean a compartir estos momentos inolvidables y disfrutar de los colores, de los paisajes y de la naturaleza con todos los sentidos. “Hay un sólo deber: ser feliz” (Diderot).

EN SÍNTESIS
Salida: Tigre (Buenos Aires).
Destino: Costa del Uruguay.
Km totales: 210.
Época: Marzo.
Recorrido: Día 1: Nueva Palmira, Punta Gorda, Carmelo, Nueva Palmira (70 kilómetros). Día 2: Nueva Palmira a Ruta 22 (micro) y a Colonia (60 kilómetros). Día 3: Colonia a Santa Ana pasando por Riachuelo, y luego Colonia a Nueva Palmira (en micro, 50 kilómetros). Día 4: Nueva Palmira, Playa 33 Orientales (30 kilómetros).
KM totales: 210 kilómetros.
Ciclistas: Marta, Gilles, Juan Carlos.
Bicicletas: Vairo 3.8, Venzo MX 6, Raleigh 5.5.
Equipo de viaje: Repuestos, cables de freno y cambio, cubiertas, cámara, cortacadena, trozo de cadena, rayos. Ropa de lluvia: Capa, cubre alforjas y mochilas, pantalón de lluvia. Ropa deportiva: Campera de ciclismo, remeras de ciclismo, calzas, medias, buzo polar medio, campera de nylon liviana, casco, guantes, lentes de sol. Artículos de aseo personal, protector solar.
Alojamiento: Hotel La Casona: www.welcomeuruguay.com. En fines de semana largos es bastante complicado conseguir alojamiento, las reservas se deben hacer con anticipación. Además, en Carmelo, por ejemplo, no aceptan reservas por día, sino por todos los días del feriado.

MAPA

Nota publicada en Biciclub Nº206, febrero 2012.

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Accesorios

¡La revolución digital de Specialized!

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Specialized lanzó en Argentina su e-commerce con dos modos de envío distintos y muchísimos productos. Ahora, podés comprar lo que más te guste de la marca californiana desde cualquier lugar del país. Sí, incluso desde tu sillón.
Después de casi 50 años construyendo sus universalmente admiradas bicicletas, Specialized decidió apostar por el mundo digital con el lanzamiento de su nueva plataforma de venta online de todos sus productos. La inauguración de la misma se produjo durante este mes de agosto del 2022, instalando de esa manera un nuevo concepto de compra para los usuarios o, como a la marca le gusta llamarlos, los riders. Así, Specialized busca que puedas comprar cuándo, dónde y cómo quieras.

A través de la página oficial de la marca, en www.specialized.com, se podrán visualizar los artículos, tal como ya podíamos hacer antes de ahora, pero ahora con la opción de poder comprarlos sin movernos de nuestro hogar.
Con la compra, Specialized otorga dos posibilidades de envío y entrega: Enviar a casa y Retirar en tienda, dos nuevas formas de obtener tus productos Specialized.

Enviar a casa
Si optaste por Enviar a casa, la marca te ayuda a elegir los productos adecuados para vos y los envía adonde quieras, sin necesidad de moverte del sillón. Si comprás, por ejemplo, una bicicleta, llegará pre armada y aprobada por profesionales. Con tan solo unos ajustes menores realizados para su correcto envío, tu Specialized estará lista para salir a pedalear en cuestión de minutos. No hace falta ninguna maniobra mecánica compleja.
¿Preferís ayuda? Specialized no deja nada al azar y, si el usuario precisa ayuda de un especialista, podrá optar por mandar un mensaje a los agentes de asistencia en línea a través de su página web. También podrá contactarse con su Tienda Autorizada Specialized preferida, que naturalmente son expertas en la materia.

Retirar en tienda
Si has visitado la página web y encontraste ese producto que te enamoró, podés elegirlo, reservarlo y comprarlo online. Seleccionando Retirar en Tienda podrás elegir una de las Tiendas Autorizadas Specialized donde vas a poder retirar tu compra ¡gratis! Una vez que el producto esté en la tienda, se te notificará por correo para que te acerques a la tienda y te lo entregará su equipo.
Es un punto clave saber que podés acercarte a una Tienda Autorizada y aprovechar para hacer todas las preguntas que a veces nos surgen sobre la bici o el equipamiento que hayas comprado. Es bueno saber que ellos están para ayudarte y asegurarse de que tengas todo para vivir la mejor experiencia sobre tu bici. ¡Sacate todas las dudas!

“Pedalear el planeta hacia adelante”
Estas nuevas opciones de entrega son parte de una iniciativa mayor que busca llevar la mejor máquina impulsada por humanos a tantas personas como sea posible. Para Specialized, la bicicleta es más que solo un medio de transporte. Es una herramienta para transformar el mundo. Cuadra a cuadra. Kilómetro a kilómetro. Generación a generación. “Juntos —afirma Specialized— pedaleamos el planeta hacia adelante.”
Para guiarte y asegurarte tener una gran experiencia sobre dos ruedas, buscá siempre tu Tienda Autorizada Specialized más cercana en https://www.specialized.com/ar/es/store-finder.

Definitivamente es alentador ver este tipo de cambios en la industria ciclista. Y ver que el canal tradicional no desaparece, ya que el service y la visita a la tienda es necesaria para la bici y para el ciclista, que allé se encuentra con quienes más saben de bicis.

 

Más información en https://www.specialized.com/ar/es/how-to-buy-a-bike-online

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Las fotos y las clasificaciones de la fecha de la Copa del Mundo de XCO corrida el domingo en Albstadt, Alemania

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El actual campeón olímpico masculino de XCO, Tom Pidcock, logró la victoria en la Copa del Mundo de Mountain Bike UCI en Albstadt el domingo, mientras que la australiana Rebecca Ellen McConnell selló su segundo triunfo consecutivo.

Fotos: Bartek Wolinski / Red Bull Content Pool

XCO Albstadt masculino
1. Thomas Pidcock GBR 1h18m42s
2. IUE de Nino Schurter +0,20
3. Vlad Dascălu ROU +0.21
4. Titouan Carod FRA +0,36
5. David Valero Serrano ESP +0,54

General XCO masculina de la Copa del Mundo UCI MTB 2022
1. Nino Schurter SUI 538 puntos
2. Maxime Marotte FRA 361
3. Alan Hatherly RSA 334
4. Vlad Dascălu ROU 320
5. Filippo Colombo SUI 316

XCO Albstadt femenino
1. Rebecca Ellen McConnell Australia 1h19m39s
2. Jenny Rissveds SWE +0,48
3. Mona Mitterwallner AUT +1.00
4. Loana Lecomte FRA +1.51
5. IUE de Alessandra Keller +2,33

General XCO femenina de la Copa del Mundo UCI MTB 2022
1. Rebecca Ellen McConnell AUS 620 puntos
2. Anne Terpstra NED 373
3. Mona Mitterwallner AUT 357
4. Laura Stigger AUT 354
5. Loana Lecomte FRA 348

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Cicloturismo

Nación Salvaje: un viaje extraordinario por el maravilloso Parque Patagonia

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Cuando la vista se te pierda en un ocre eterno de atardeceres profundos.
Cuando el viento gobierne tus pelos, tus pasos, tu paciencia.
Cuando los cielos te provoquen suspiros inevitables y la intensidad del afuera te estremezca el adentro.
No te asustes ni te impacientes; escucha, observa con atención, que estás llegando a tierras donde la libertad aún no pudo ser domesticada.
El parque Patagonia se encuentra al norte de la provincia de Santa Cruz, que con sus 243.943 kilómetros cuadrados es la segunda más grande de la Argentina, pero también la de menor densidad poblacional. Tierras en donde el “por ahí no hay nada” se traduce en enormes extensiones de naturaleza virgen, en geografías intensamente agrestes en las que es mucho más probable cruzarse con grandes manadas de guanacos salvajes que con algún otro ser humano.

La primera vez que recorrimos la provincia en bici fue en el 2014, durante nuestro viaje por la ruta 40 y las sensaciones que tuvimos en ese entonces fueron las que a lo largo del tiempo nos hicieron volver una y otra vez, hasta elegirla hoy en día como nuestro hogar.
No es un lugar fácil ni cómodo, porque como todo lo indomable e impredecible te obliga a adaptarte, a sentirte chiquito, a ganar humildad, a entender sobre prioridades.
Pero para contrarrestar aquella rudeza de su clima y sus distancias, siempre te regala muchas de las experiencias más auténticas y extraordinarias que se puedan tener. Por eso cuando recibimos la invitación para conocer el Parque Patagonia en bici no tuvimos dudas de cuál tendría que ser nuestra respuesta y claramente no nos equivocamos.
Pedaleamos por senderos que bordeaban impactantes cañadones, mezclamos bici con trekking para llegar a lagunas escondidas repletas de flamencos, vimos por primera vez una familia de pumas, caminamos entre cerros color fantasía. En tan solo dos días atravesamos estepa, cerros, roca, ríos, nos encontramos entre árboles frondosos y reparadores. Conocimos gente que ama lo que hace. Gente que cree en lo que hace. Conocimos un parque en el que siempre fuimos bienvenidos y donde en tan solo dos días logramos sentirnos en viaje.

Los accesos al Parque
El Parque Patagonia Argentina cuenta con dos portales de acceso: el Portal La Ascensión y el Portal Cañadón Pinturas. Ambos tienen distintos senderos que permiten internarse en impactantes geografías y cuentan con servicios de uso público. Nosotros en esta oportunidad fuimos a visitar el Portal Cañadón Pinturas, y aunque ya somos viejos conocedores de la zona lo que encontramos fue una sorpresa constante en cada rincón que recorrimos.
El Portal Cañadón Pinturas tiene cinco senderos de distintas dificultades:
Tierra de Colores,
Koi,
La Guanaca,
Los Balcones y la
Bajada de los Toldos.

Pedaleando en los cinco senderos
El primer sendero que conocimos fue Tierra de Colores, ya que se encuentra a pocos metros de la entrada al portal. Es un recorrrido de dos kilómetros de baja dificultad en el que transitás por escenografías de cuento, entre cerros amarillos, rosados y ocres que recuerdan a los increíbles paisajes del norte argentino —con la sorprendente particularidad de estar en medio de la estepa patagonica, lo que hace a la experiencia aún más extraordinaria.

Pasamos la primera noche en La Posada de los Toldos, donde podes optar por hospedaje o camping libre con acceso a baños y un refugio. Nosotros ese día elegimos dormir en la camioneta.
A la mañana siguiente preparamos las bicis con el equipo y tomamos el camino que nos llevaría durante 19 kilómetros al inicio de los demás senderos, hasta concluir finalmente en la Cueva de las Manos.
Pedaleamos entre hermosas mesetas y llanuras extensas que dibujaban el horizonte hasta la entrada al sendero Koi, que asciende hasta la meseta Sumich. Abandonamos por un rato el camino para subir pedaleando por un estrecha huella que nos permitió avanzar algunos kilómetros, hasta que fue necesario dejar de las bicis y seguir a pie. Luego de un breve trekking llegamos a una laguna llena de flamencos rosados que se robaron nuestra atención por un largo rato.
Más adelante nos esperaba el final del recorrido, que permite una vista amplia e impactante del lugar. La bajada en bici por el sendero fue aún más divertida y llegamos nuevamente al camino en apenas algunos minutos, para volver a tomarlo en dirección a la Cueva de las Manos. La ruta estaba en excelentes condiciones, lo que nos permitió ir disfrutando del lugar sin contratiempos ni distracciones.
Luego de algunos kilómetros volvimos a encontrarnos con el cartel que marcaba el inicio del sendero La Guanaca, un trekking de 6 kilómetros que asciende al Cerro Amarillo, para terminar con una gran panorámica del cañadón Río Pinturas, acompañados de cóndores.
Más tarde, al regresar al inicio del sendero La Guanaca, nos metimos por el sendero Los Balcones, que nos llevó hasta la Bajada de los Toldos, pedaleando durante 3 kilómetros por una huella que va bordeando el cañadón, lo que hizo de ese tramo uno de los recorridos más impresionantes que hicimos en bici, porque mientras las ruedas giraban entretenidamente por una sendero serpenteante pero sin grandes dificultades, todo a nuestro costado se había vuelto un mundo de roca, colores y formaciones sorprendentes que nos mantuvieron con los ojos muy abiertos y las sonrisas constantes hasta la gran Bajada de los Toldos, donde el cañadón decide que es momento de dejarse de rodeos y mostrar toda su magia.
En ese punto, la Cueva de las Manos nos queda del otro lado del cañadón, por lo que para visitarla es necesario dejar las bicis y realizar una importante bajada que cruza el río por un camino perfectamente marcado que te permite recorrer parte del hermoso Río Pinturas, rodeados de vegetación, para ascender finalmente hasta la entrada a las cuevas.

Esa tarde, como tantas otras veces, armamos la carpa, calentamos el agua para el mate y esperamos a la puesta del sol. Pero el pequeño balcón que habíamos elegido para pasar la noche no era cosa de todos los días. Frente a nosotros el imponente y milenario cañadón del Río Pinturas nos sacudía las emociones y las ideas, para hablarnos de otras épocas, en las que la convivencia con el entorno estaba ligada a lazos mucho más simples y profundos que la mera codicia y ambición a la que nos fuimos acostumbrando.

Información útil
El portal Cañadón Pinturas se encuentra a 56 km de la localidad de Perito Moreno por la ruta 40.
Para conocer las Cuevas de las Manos es necesario pagar entrada (actualmente para residentes Argentinos es de 600 pesos) y esperar el horario de la visita guiada. Abre de 9 a 19 y las visitas guiadas son cada hora, con una duración aproximada de una hora. No se hacen reservas, el acceso es por orden de llegada y el número máximo por guiada es de 20 personas.
Si vas en carpa o motorhome vas a poder tener acceso a espacios de servicios públicos y gratuitos.
Aunque la distancia entre La Posada de los Toldos y La Cueva de las Manos es de tan solo 19 km, recomendamos ir con tiempo para poder entrar en los distintos senderos que se encuentran en el camino.
Al ser un lugar donde la fauna está protegida y no perseguida, como en otras zonas de Santa Cruz, es normal ver grandes manadas de guanacos, zorros o flamencos con total tranquilidad al costado del camino. Por lo que es fundamental respetar su hábitat y no molestarlos ni darles de comer ni asustarlos como si fueran parte de un entretenimiento.
La basura o residuos que se generen, sin importar las circunstancias o que tipo de basura generemos, deben volver con uno, lo que significa que una cáscara de fruta también es basura que no pertenece al lugar aunque sea orgánica, al igual que el papel higiénico. Por eso llevar siempre una bolsa donde poder acumular los residuos es indispensable.
En lugares que no están preparados o habilitados para realizar fuego como campings o fogones, el fuego nunca es una opción. Si vas a acampar en la naturaleza es necesario llevar una cocina a gas, alcohol o MSR.

El clima en Santa Cruz es muy variable y aun en días de verano, donde el sol es muy fuerte, la temperatura puede bajar abruptamente de un momento a otro. Sea cual fuere el recorrido que vamos a emprender, recomendamos llevar siempre buen abrigo aunque las condiciones muchas veces parezcan no ameritarlo.

Por Nación Salvaje

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Accesorios

Evol: caramañolas argentinas hechas en Italia, con certificaciones de Europa, Estados Unidos y Argentina

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Evol es una marca argentina que apunta a ofrecer productos de la más alta calidad mundial. Diseñada de acuerdo a las tendencias internacionales, la marca intenta posicionarse con productos únicos y duraderos.
Las caramañolas Evol se fabrican en la Comunidad Europea y vienen presentadas con un nylon que las aísla de cualquier partícula extraña que pueda haber en su traslado y exhibición. Tienen un pico de extrema calidad y durabilidad.
Algunos de sus detalles:
Materiales: cuerpo de la botella de polietilleno LD grado alimenticio; tapa de prolipopileno grado alimenticio; válvula de goma termoplástica grado alimenticio.
Prestaciones: disponible en dos tamaños y con cualidades que la hacen confiable, resistente, fácil de limpiar y apta para máquinas lavavajillas.
Diseño deportivo y funcional, apta para aguantar situaciones extremas, liviana y comprimible. Diámetro estándar de 74 mm, apta para todo tipo de portacaramañolas. En parte superior del cuerpo una zona más angosta facilita la manipulación de la botella aun en situaciones extremas. Su amplia boca asegura un rellenado rápido y una fácil operación de limpieza.
La tapa tiene diseño ergonómico y está hecha de dos diferentes materiales. Su suave válvula de acceso al líquido de tira y empuje es ideal para deporte, fácil de abrir y de cerrar mientras pedaleamos.
La superficie de la botella ofrece buen agarre, seguro y fácil, tanto en competición como en todo terreno.
La caramañola Evol tiene certificación europea CE y norteamericana FDA y es BPA free en su totalidad. Es cien por ciento reciclable.
Se ofrece en dos modelos:

Evol Loli, de 550 ml y en varios colores. Precio: US$ 7.5

Evol Super Loli, de 750 ml y en varios colores. Precio: US$ 8.25

 

Info: Fusion Bikes, Campillo 899, local 2, Córdoba | https://www.fusionbikes.com.ar

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