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Editoriales

De semillas y árboles

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por Mario García.

Entre el 29 de abril y el 2 de mayo próximos se celebrará en la localidad cordobesa de La Cumbre la decimoquinta edición del Desafío al Valle del Río Pinto. El evento, nacido en 1996 por iniciativa de un grupo de deportistas locales que luego se nuclearían en el Club de Amigos del Deporte, convocó en su primera edición a 131 entusiastas del mountain biking.
Los años pasaron, los aciertos organizativos se sucedieron, y aquella semilla plantada en 1996 se transformó en el árbol más robusto de la escena del ciclismo de montaña actual.
Cierto es que de aquel entonces a hoy no sólo creció el árbol sino también la escena misma. En 1996 pocas eran las propuestas que recibían los bikers, justamente porque pocos, muy pocos, eran esos bikers, una mera elite de iniciados. Hoy esa escena se ha hecho multitudinaria y naturalmente las propuestas se han multiplicado, al punto de que cada fin de semana del año podemos detectar decenas de eventos de todo tipo dirigidos a ellos, algo impensable allá por 1996.
El bosque creció, pues, pero no todos los árboles crecieron tan vivos, firmes y vigorosos como este cumbreño de especie desconocida. Muchos murieron, otros apenas sobrevivieron, nacieron otros de nuevas semillas esparcidas por el viento.
El misterio de la vida le dio forma a cada propuesta. Algunas convocatorias atraen por la seducción de sus impulsores, otras por el encanto de la geografía, otras por su atracción deportiva, otras por un marketing certero, las más porque los bikers las necesitan, y prácticamente todas por una mezcla de todos o algunos de estos factores.
En este trajinar del tiempo nuestro árbol cumbreño adquirió proporciones monumentales, y pasó de ser una simple carrera de mountain -de las que como dije hay decenas por fin de semana- a un multifacético acontecimiento deportivo, cultural y turístico, capaz de reunir miles de personas de todo el país y ya no pocas de paises vecinos.
Las respuestas que podemos llegar a recibir de los participantes y de sus acompañantes cuando preguntamos qué es lo que los trae a esta peregrinación anual pueden llegar a desconcertarnos. Correr su primera carrera, correrla por decimoquinta vez, participar para llevarse un premio en efectivo o participar para simplemente completar el recorrido, disfrutar o formar parte de la Expo Biciclub, recorrer paisajes serranos, convivir durante cinco días con la más rica muestra de amantes de la bici de nuestra región, reencontrarse con amigos lejanos, aprovechar la oportunidad para arrastrar a familiares y amigos a un evento que no se reduce sólo a una carrera dominguera, etcétera, etcétera. Cada respuesta es única, y esto se debe precisamente a que Río Pinto es muchas cosas a la vez y, permitanme la insistencia, no “sólo una carrera”.
Cada árbol tiene lo suyo. Algunos atraen a los pajaros por lo frondoso de su follaje, otros por sus frutos, otros porque con sus materiales se pueden hacer los mejores nidos, otros por su perfume, otros por su generosa sombra. Sólo los pájaros saben discernir esas propiedades, y cuando las encuentran todas en uno, hacia ahí vuelan.
La semilla plantada en 1996 ya cumple 15 años y ofrece en su despliegue todo lo que sus padres fundadores quisieron y supieron poner en ella. Es que lo que no está en la semilla no estará en el árbol.

Editorial de la edición Nº 184 de Biciclub, abril 2009.

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Ciclismo urbano

Elogio del ciclismo lento

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Una de las cosas más beneficiosas que puede aportarle la bicicleta a la vida urbana es una suerte de pacificación del tránsito, naturalmente alocado por una superpoblación de máquinas a motor en las que el único esfuerzo que hay que hacer para andar más y más rápido es apretar levemente el acelerador. Pero los que andamos en bicicleta solemos contagiarnos del insano ambiente de velocidad y apuro que genera la manada automotriz y terminamos intentando ir a su ritmo, o incluso a mayor ritmo a medida que vamos descubriendo que para trayectos urbanos somos realmente más rápidos que cualquier súper automóvil. Y con ello desnaturalizamos a la bici, la convertimos en un apéndice de aquella masa metálica y dejamos de aportarle a la ciudad nuestra más preciada virtud, la baja velocidad.

Además, una de las claves para disfrutar plenamente de la bici en la ciudad es bajar la velocidad y andar más seguros, más placenteramente, llegar a destino más calmados y relajados, disfrutando del momento y de lo que nos rodea. Para nada es necesario imitar a los automóviles, porque para hacerlo nada mejor que bajarse de la bici y subirse a un auto o a una moto…

Por esta demanda de lentitud es importante que para la ciudad optemos por bicicletas que nos permitan una posición erguida y confortable, con buena visión de nuestros alrededores, con mínimos cambios de marcha, con algún portapaquetes para trasladar cosas. Una máquina simple y cómoda. Lo contrario de una súper equipada mountain bike o de esas inútiles símil pisteras que nos obligan a posiciones incómodas, que nos dificultan la visibilidad de nuestro entorno y nos tientan permanentemente a subir la velocidad. El deporte hay que practicarlo en el ambiente adecuado, en la pista o en la montaña, no en la ciudad y mucho menos para trasladarnos.

Andar a baja velocidad nos permitirá vestirnos “de ciudad”, tal como queremos que nos vean al llegar a nuestro destino. Y respetar semáforos y otras reglas de tránsito escritas y no escritas que nos aportarán mucho más seguridad que un casco.

Por último, como regla general, la propensión de los no-ciclistas a subirse a la bicicleta es inversamente proporcional a la velocidad que observan en el tránsito ciclista. Cuanto más lento sea ese tránsito y por tanto más seguro y menos deportivo, más gente se animará a sumarse a la corriente y generar esa masa crítica que el día que la logremos será una importante herramienta de pacificación del tránsito urbano.

La próxima vez que te subas a la bici date 5 o 10 minutos extras para cubrir tu trayecto urbano. Con eso quizás sea suficiente. Te sentirás feliz y hasta un poco extasiado. Y esa felicidad suele ser contagiosa.

Texto: Mario García | Foto: Ariel Sabatella

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Editoriales

Las 10 leyes de Murphy del ciclismo

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  1. Siempre que caigas será de manera que haga el mayor daño posible a tu bici.
  2. El daño a las partes de la bicicleta es directamente proporcional a su costo.
  3. Los accidentes solo suceden cuando hay mucha gente mirando. Y en las carreras sólo cuando se pasa frente a un buen número de espectadores.
  4. La percepción de profundidad de un charco siempre es la mitad de la real.
  5. El equilibrio nunca se pierde ni al principio ni al final de un río, siempre en la mitad.
  6. Ramas, bolsas de nylon, hojas y rocas siempre son magnéticamente atraídas a los rayos y/o al descarrilador trasero.
  7. Los pinchazos se producen mayormente cuando no llevamos kit de reparación encima y/o cuando no hay bicicleterías en las cercanías.
  8. Si te golpea una mosca, mosquito u otro insecto, siempre será en el ojo o en la boca, si es que están abiertos.
  9. Raíces y rocas son solo visibles cuando ya chocaste con ellas.
  10. El viento nunca es a favor.

por Mario García

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Deporte y Entrenamiento

Entrenamiento: cómo sobrellevar los cambios

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Una reflexión sobre el peso de los cambios que nos están afectando en nuestra actividad física y mental (cambio de estación, cambio climático, pandemia) y como llevarlos adelante de la mejor manera posible.

Queridos lectores, aquí estamos tratando de restablecer la comunicación con la biósfera o medio ambiente. En esta actualidad tan dinámica, con tantos cambios en sus parámetros, que hasta ahora habían sido estables y habituales, para lograr un plan de entrenamiento acorde al clima, la humedad, la temperatura, los vientos, la estación, la libertad/encierro, el tipo de alimentación, los tiempos de esparcimiento/trabajo, etcétera, se nos hace casi imposible lograr un equilibrio aceptable como para acceder a siquiera mantener un estado físico ordinario.
La pregunta es: ¿Qué pautas psico-físico-biológicas se deberían tener en cuenta como prioritarias para lograrlo medianamente?
Yo sugeriría como primer escalón optar por una actitud práctica y positiva, ya que el desconcierto lo único que logra es alejarnos más de nuestro objetivo (entrenar).
Desde antes del famoso cambio climático, los ajustes prácticamente se establecían de acuerdo a la estación reinante. Hoy es imposible. Las horas de actividad y de descanso deberían estar regidas por la estación, por los días más largos o más cortos, por las temperaturas, la alimentación, la vestimenta. ¿Se acuerdan acaso de aquellas épocas “normales”? Por ejemplo, por mi localidad corre una ruta que va de norte a sur. Yo acostumbraba a consultar el clima para decidir si salía con la bici para uno u otro lado, de modo de regresar más descansado con viento a favor. Pero ahora es habitual que en cortos lapsos de tiempo el viento cambie de dirección varias veces.
El segundo escalón es valorar cada minuto de entrenamiento realizado, ya que lo hecho, hecho está, y no se pierde, y no dejar pasar las oportunidades de trabajo que se presenten, esperando otras mejores o ideales.
Tercer escalón: aceptar lo que sucede y por sobre todas las cosas buscar adaptarse al acontecer, sin violentar el cuerpo ni la mente, queriendo lograr metas difíciles o imposibles. Sabiendo que esto “también pasará”.
Buenas rutas.

Por Doc Pedales: doctor en medicina Eduardo Jorge Saint Bonnet (MN 48943 MP 23765) es médico deportólogo y deportista.

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Ciclismo urbano

Ciclovías en todos lados menos en el Gran Buenos Aires

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La pandemia trajo mil desgracias pero también creó oportunidades, entre ellas que el temor al contagio hiciera que una inmensa cantidad de bicicletas abandonadas en garajes, cocheras y balcones volvieran a la vida y que otra gran cantidad de ellas salieran flamantes de sus cajas para transportar y alegrar a los argentinos. ¿Qué otro sentimiento puede resumir mejor la visión de esas miríadas de nuevos ciclistas recorriendo el espacio público de todas las ciudades del país?
Frente a esta nueva realidad, algunas ciudades intentaron crear o aumentar la facilidades para alentar esta tendencia, generando espacios de circulación de bicicletas y de peatones.
Como nos cuenta Jimena Pérez Marchetta desde Salta en esta nota, la ciudad norteña puso a la bicicleta como prioridad en su gestión, creando de la nada 22 kilómetros de ciclovías, entre ellas una sobre la Avenida Belgrano, la más importante de Salta, y nuevos espacios de estacionamiento.
En Mendoza, Javier Passera, Coordinador de Movilidad Sustentable del municipio, nos puso al día de la cantidad de obras que en este sentido se encararon allí (en nuestra edición de noviembre podremos leer un reportaje a Javier), entre ellas nada menos que la ciclovía sobre la Avenida San Martín, la más importante de la ciudad cuyana.
En Buenos Aires, que ya tenía 250 kilómetros de ciclovías, en una red que interconecta a toda la ciudad, se sumaron 17 kilómetros de carriles de mano única en algunas avenidas claves de la ciudad: Corrientes, Córdoba, Estado de Israel y Ángel Gallardo.
Muchas otra ciudades del país se han sumado a esta tendencia, pero por razones inexplicables, ningún municipio del Gran Buenos Aires, donde más necesarias son estas obras para alentar la caminata y el pedaleo y evitar el contagio, han avanzado ni un centímetro en este sentido, pese a que pomposamente ya en julio pasado el Ministerio de Transporte de la Nación había anunciado lo que denominó un Plan de Micromovilidad para todo el país, según el cual se iban a crear carriles para bicis en los municipios aledaños a la ciudad de Buenos Aires conectados con la red porteña…
Si te he visto no me acuerdo.
Por el contrario, lo que hoy se puede ver en cualquier municipio aledaño a la ciudad es una renovada cantidad de automóviles, quizás más que antes de la pandemia, por el temor al contagio en el transporte público, e infinidad de bicis rodando peligrosamente entre ellos y aun por las veredas, sobre las cuales cada día se pueden ver más y más autos estacionados, sacándole aun más espacio al peatón.
¿Habrá pues algún plan o todo era simplemente un anuncio para la gilada?

Por Mario García 

Intro de la revista Biciclub de octubre 2020, Nº 310

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