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De Ushuaia a Córdoba con un compañero fiel

Fecha: 17.08.2018

Por Sebastián Inzúa
Iniciar un viaje en bicicleta en el fin del mundo es un desafío para el alma. Ushuaia es el primer escalón para trepar nuestra América imponente. La Patagonia es un reto planetario, particularmente la estepa de Santa Cruz y Chubut, con sus enormes distancias entre pueblos, escasez de agua, soledad, monotonía en el paisaje y el viento como factor supremo. Shénu, Kósten, Kürüf eran los nombres que le daban diferentes pueblos originarios. Su fuerza impetuosa puede alcanzar tranquilamente los 150 km/h y permanecer por semanas con intensidades similares.

Este conjunto fenomenal brinda la oportunidad de viajar bien adentro de uno mismo, reconocer nuestros límites y superarlos, fatigar hasta la última fibra muscular, padecer el molesto susurrar que taladra hasta los pensamientos más profundos. Las rachas, de repente, embisten como cabras intentando tumbar la bicicleta y a veces lo logran. En la búsqueda de estrategia para enfrentar este avatar del clima surge la posibilidad de viajar de noche, con la luna y las estrellas como aliadas. Viajar al ritmo de la luciérnaga bajo un cielo estrellado invita a volar dentro de la cúpula celestial con la tenue melodía de las alimañas nocturnas. También el amanecer y el atardecer son los regalos ineludibles del día, donde el viento suele amainar, dando permiso para avanzar algunos tramos más.


Tras haber superado lo agreste y desolado de la geografía, un nuevo brote de autoconfianza creció en mí con la sabiduría de comprender que somos muy pequeños ante la imponencia de la naturaleza y sus caprichos. Así culminaba uno de los caminos más desafiantes en el arte de cicloviajar. Tan intensa fue esta etapa que, tras recorrer 8000 kilómetros en un año, con varios cruces de cordillera, decidí hacer un alto en mi periplo de unir los extremos de Argentina y volver en busca de la energía de los afectos. No fue fácil esta lucha contra el ego que me exigía no abandonar el objetivo, pero la recompensa de la decisión cambió mi vida para siempre.


Un poco después de virar de rumbo llegué a un puesto de policía rural al sur de Mendoza y conocí a un perro callejero, Ngurú, quien se ha convertido en mi compañero de viaje y de vida. Decidir viajar con un perro en bici tiene un mundo de consecuencias. Es asumir la responsabilidad de su cuidado, modificar la bici, cargar con su peso, su agua y comida, saber que algunas puertas se cierran por no aceptar mascotas, planear mejor las rutas, brindarle lo mejor en situaciones adversas como el exceso de calor o frío, realizar sus controles veterinarios y varias cosas más. La recompensa es su compañía; un amor mutuo, puro y sincero que no vale la pena: vale la vida.


En nuestro próximo viaje junto a Ngurú, el flamante perro viajero, planeamos combinar el cicloturismo con el montañismo, desde el centro de Argentina rumbo a la Cordillera, para trepar por el noroeste argentino y luego continuar donde el alma nos dicte el camino.

EN SÍNTESIS
Recorrido: Ushuaia – Córdoba (con varios cruces a Chile)
Distancia: 8000 kilómetros
Tiempo: 1 año
Info: www.rodartierra.com, Facebook: Rodar Tierra, Instagram: @rodartierra

Nota publicada en Revista Biciclub #278, febrero 2018

 


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