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Deporte: Cuando la cabeza es la que gana o pierde

Fecha: 13.07.2020

Todo deportista busca permanentemente llevar su rendimiento al límite de las posibilidades. Para ello debe entrenar duro no sólo en el plano físico sino también en el mental y emocional. Las pautas del entrenamiento psicológico.

El tema del entrenamiento mental, psicológico, autógeno, de la concentración o de las capacidades volitivas es bastante escabroso. El problema proviene, entre otras cosas, de que los conceptos anteriores se meten todos en la misma bolsa, como si significaran lo mismo, cuando en verdad no es así. Lo que no podemos negar es que todas estas cuestiones nos llevan a pensar que en el entrenamiento deportivo no todo acaba en la preparación física. Por el contrario, ¡hay mucho más!

En el ámbito del deporte se escuchan a diario afirmaciones tales como “entrena bárbaro pero le pesa el número”, “en el país anda bien, pero cuando sale al exterior se achica”, “entrena a media máquina, pero cuando compite se transforma y es una fiera”, o “no tiene cabeza para entrenar”. Tarde o temprano estas frases nos hacen reflexionar sobre la importancia que merece la preparación mental y psicológica de los deportistas. Ya lo decía dos siglos atrás el filósofo y estadista alemán Wilhelm Freiherr von Humboldt (1767-1835): “Es increíble cuánta fuerza le puede dar la mente al cuerpo”.

Paso a paso

En la actualidad todos somos testigos de las ínfimas diferencias de rendimiento que existen entre los deportistas de elite. Son cada vez más los atletas de alto rendimiento que están en condiciones de ganar, aunque en los hechos sólo uno pueda hacerlo. En este marco de paridad, la optimización de los procesos psicológicos trae aparejada una clara mejoría en el rendimiento.

Si bien la psicología del deporte (ver columna aparte) es una ciencia relativamente nueva (se instaló como tal hace poco más de cuatro décadas), la preparación psicológica y volitiva son utilizadas desde la existencia misma del deporte. Seguramente en un comienzo se las aplicó de manera espontánea, instintiva y hasta casual. Pero en la actualidad es imposible pensar en un proceso de formación deportiva sin la correspondiente planificación de los aspectos no físicos del rendimiento.

Un caso que puede ilustrar esto es el de la nadadora Georgina Bardach, en la época en que competía en finales de campeonatos mundiales o europeos. Sus pruebas (los 400 metros combinados) eran dominadas ampliamente por la ucraniana Yana Klockova. Fue entonces cuando su head coach le dijo: “Le tenemos que ganar en algo”. El primer objetivo, entonces, fue que Georgina llegara antes que Klockova al cubo de partida. El segundo aspecto fue pasar más fuerte que ella los cien mariposa (que es el primer estilo de la prueba), por más que después explotara. Y así fue trabajando paso a paso.

Si bien Georgina nunca pudo ganarle a Klockova, estos pequeños logros fortalecieron su autoestima e hicieron que dejara de ver a su rival como a alguien simplemente invencible.

Estado cristal

Todo deportista busca permanentemente, tanto en los entrenamientos como en las competencias, llevar su rendimiento al límite de sus posibilidades. Para ello debe entrenar duro, no sólo en el plano físico sino también en el mental y emocional. Sin embargo, ninguno de estos aspectos trabajados por separado, de manera aislada del resto, nos garantizan el éxito y la obtención del máximo rendimiento. El ser humano es una conjunción de aspectos físicos, mentales y emocionales. En el caso de las máximas performances deportivas, todo esto debe estar tan bien aceitado como la caja de cambios de un auto de Fórmula Uno.

Recuerdo las declaraciones de José Meolans antes de los Juegos Panamericanos de Brasil 2007, cuando dijo que aún estaba esperando volver a nadar como lo había hecho en la final del campeonato del mundo de pileta corta en Moscú 2002, donde había obtenido la medalla de oro en los 50 metros libres. Esto es un claro ejemplo del denominado estado cristal, en el que al deportista le sale bien absolutamente todo  y todas las piezas  están ensambladas de manera armónica. Sin embargo, siempre digo que este estado es tan perfecto como frágil. Una vez que se logra, se rompe, y volver a construirlo nos puede llevar dos, tres o cuatro años más.

De todo lo anterior se desprende que la psicología del deporte y el entrenamiento de las capacidades cognitivas, psicológicas y volitivas deben formar parte de todo proceso de entrenamiento deportivo que apunte a la máxima performance.

Hay muy buenos profesionales que se capacitan y especializan en éste área. Nosotros, los entrenadores, debemos leer y conocer al respecto, pero no deberíamos invadir campos, porque un trabajo bien hecho en este sentido debe llevarlo a cabo un psicólogo deportivo.

El entrenamiento psicológico           

Se trata de la optimización planificada y sistemática de las condiciones psicológicas individuales que intervienen en el rendimiento deportivo. Éste a su vez se divide en el entrenamiento de las habilidades y el entrenamiento del autocontrol. En el primer caso, el objetivo es la formación, estabilización y disponibilidad de condiciones psíquicas del rendimiento tales como percibir, valorar, imaginar, recordar, pensar, planear, decidir y tener en cuenta la inteligencia de juego. Una de las herramientas fundamentales del entrenamiento de las habilidades es el entrenamiento mental o ideo-motor.

Por su parte, el entrenamiento del autocontrol puede subdividirse en el entrenamiento motivacional y el entrenamiento psicorregulador, que es el control del accionar y de la percepción. Dentro de este último, el más conocido es el entrenamiento autógeno y de relajación.

Como podemos apreciar, el entrenamiento psicológico es mucho más que la simple frase “no tiene cabeza para entrenar” o “compite como una fiera”.

Permítanme compartir con ustedes parte de la experiencia que significó entrenar (por allá por el 2007/2008) a Lucas Cocha, triatleta de elite. Siempre lo defino como alguien especial, no sólo en lo que se refiere a su rendimiento físico, sino también en cuanto a sus capacidades psicológicas. A modo de ejemplo contaré la definición que protagonizó en el Triatlón Internacional de Puerto Madero, en abril de 2007. Fue un día frío y lluvioso, condiciones que a Lucas lo perjudican de sobremanera, porque lo hacen más proclive a calambres y contracturas. A esto se le sumaba que estábamos en pleno período de carga de volumen para los Juegos Panamericanos de julio 2007 en Brasil. Es decir, no hicimos puesta a punto, sino al contrario. Pero Lucas ganó este triatlón. Lo definió con Velmar Bianco en un sprint de 100 metros para el infarto, que se resolvió sobre la alfombra roja de la llegada. Ganó por menos de un metro, cruzó la meta y se desplomó.

Debo aclarar que Lucas forjaba esta capacidad psíquica, mental y volitiva día a día en cada uno de sus entrenamientos y competencias. ¡No fue casualidad! Su motivación intrínseca y sus ansias de autosuperación eran ilimitadas.

Otro ejemplo de esto es la “nueva raza” de deportistas de aventura, que compiten en condiciones climáticas y geográficas extremas y encima no duermen, algo que, fisiológicamente, es imposible. O los triatletas de larga distancia, los ultramaratonistas, los ciclistas que sin competir se proponen hacer largas travesías por terrenos inhóspitos. Todo esto no se logra únicamente con un buen entrenamiento físico, sino también, como dijo Humboldt, con la fuerza ilimitada que la mente puede darle al cuerpo.


Por Elisa Lapenta es entrenadora de afamados deportistas de alto rendimiento | (0351)15-6225243 | elisalapentah3o@hotmail.com | h3osports.com.ar 

Fuentes:
– Erfolgstraining, Michael Regner.
– Mental Training for Peak Performance, Steven Ungerleider.
– Psicología del Deporte, Harris & Harris.


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Hablamos sobre: Columnistas, Elisa Lapenta, Entrenamiento

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