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Desigualdades de género y pasiones en común

Fecha: 30.10.2019

La principal característica de la especie humana respecto de las demás es su capacidad de razonar. Tenemos el lenguaje como medio de comunicación, somos capaces de analizar acerca de lo que nos conviene, pensar nuestro pasado y planificar el futuro. También podemos adaptarnos a diferentes ambientes, situaciones y condiciones.
Ahora bien, aun cuando pertenecemos a la misma especie, nuestros géneros se diferencian anatómica, psíquica y fisiológicamente. Existen características que debemos tener en cuenta al momento de entrenar o competir según el género al que pertenezcamos. A saber:
– Diferencias generales anatómicas: el hombre se diferencia por tener un cuerpo más robusto y de mayor estatura que el de la mujer. Además desarrolla mayor porcentaje de masa muscular. Sus órganos genitales son visibles. Poseen abundante vellosidad en todo su cuerpo y cara. Su voz es más grave y sus hombros más anchos. Las mujeres nos caracterizamos por tener menor estatura, contextura más pequeña, cadera más ancha, voz más aguda. Los órganos genitales no son visibles. Tenemos menos bello corporal.
– Diferencias cromosómicas y hormonales: mientras la mujer tiene dos cromosomas X (siendo XX), en el hombre existe un cromosoma X y un cromosoma Y (XY), lo que generará entre otras cosas una síntesis diferenciada de proteínas y hormonas. Otra de las diferencias biológicas entre hombre y mujer más conocidas es la presencia de diferentes ritmos hormonales y de diferentes proporciones de hormonas según el sexo. En el hombre se encuentran niveles mucho más elevados de testosterona que en la mujer durante la mayor parte de la vida, mientras que en la mujer se sintetizan más estrógenos. Esto influye y provoca la presencia de características físicas y de funcionamiento fisiológico concretas en ambos sexos, visibles sobretodo en la pubertad y a partir de ella. Los diferentes ritmos hormonales hacen también que la pubertad suela empezar antes en las mujeres que en los hombres.
– Diferencias neurológicas y cerebrales: por lo general el cerebro masculino puede tener hasta un 11 por ciento más de tamaño y poseer una mayor proporción de sustancia blanca, mientras que el de la mujer suele ser más denso y tener mayor proporción de materia gris. Existen áreas del cerebro más desarrolladas según el sexo: en la mujer el cuerpo calloso y el esplenio suelen ser mayores, mientras que zonas como el área preóptica del hipotálamo, la amígdala y la corteza parietal son mayores en varones. Algunos de los circuitos cerebrales y nerviosos que empleamos son diferentes. También el nivel de estimulación necesario para causar una repuesta fisiológica ante un estímulo emocional es menor en las mujeres, mientras que lo que refiere a la estimulación sexual el nivel de estímulo necesario para disparar una respuesta a nivel fisiológico es menor en los hombres.
– Distribución de la grasa: por lo general el metabolismo de las mujeres las hace más propensas a la acumulación de tejido adiposo —sobre todo en la zona de las caderas—, mientras que en los hombres el metabolismo los favorece para un incremento más facilitado del tejido muscular.

El campo deportivo: historia versus actualidad
En 1978 comencé a competir a nivel provincial y nacional gracias al colegio al que asistí, el Colegio Alemán de Córdoba. Desde aquel entonces había una marcada diferencia entre la cantidad de nenas y nenes que participaban en los torneos. Las mujeres siempre éramos un grupo reducido. Tal vez por cuestiones culturales o educativas, pero no era muy bien visto que las nenas hiciéramos deporte… Eso era cosa de varones y me valió entre mis amigos del barrio el mote de “machona” o “marimacho”.
Pero mi pasión por el deporte fue muy fuerte y no me detuve siquiera a prestar atención a ese bullying. Cuando terminé el secundario, en 1987, comencé a practicar mountain bike y triatlón. Ya en los años 90, en las rutas de Córdoba éramos tan solo cinco o seis las mujeres que nos animábamos a pedalear en solitario 80, 90 o 100 kilómetros.
Como todo, esto tenía sus ventajas y desventajas. Muchas veces me han bocinado o gritado cosas desagradables, pero fueron muchas más las ocasiones en que un pelotón de varones me invitó a salir con ellos.
Otra de las cosas comúnmente aceptada era que los premios en efectivo en los triatlones fueran más bajos para las categorías damas que para caballeros. El argumento que la Federación Argentina de Triatlón esgrimía era “las mujeres son menos”. En aquel entonces yo pensaba: “¿Qué culpa tengo yo de que haya pocas mujeres compitiendo?”
Recuerdo el caso de un triatlón en Puerto Madryn, donde había quedado tercera en la general y no me dieron premio en efectivo. Cuando fui a preguntar me dijeron que como éramos tan pocas mujeres habían decidido no dar premio en efectivo y el dinero correspondiente a nuestra categoría se lo dieron a los varones. Increíble pero real. Estas cosas pasaban en los años 90 en nuestro país.
Por suerte estamos creciendo y madurando como sociedad. Actualmente las mujeres reciben en la mayoría de las carreras el mismo premio que los varones (o al menos el mismo porcentaje en base a la cantidad de inscriptas). Esto es mucho más justo y creo que es también un factor determinante al promover el deporte de resistencia entre las mujeres. Si bien los varones siguen siendo mayoría en casi todos los grupos, la cantidad de mujeres ya trepa por encima del 35%. Y esto es muy bueno.

Desigualdades
En términos generales y basada en mi experiencia como deportista y entrenadora, la mujer ha ganado terreno a pasos agigantados en los últimos años en el mundo deportivo. Y celebro que así sea.
Pero hay una realidad en la que todavía corremos en desventaja si somos mujeres. Sucede que si también somos madres y tenemos familia, tenemos que organizar meticulosamente nuestra logística cotidiana para salir a entrenar, y ni hablar al momento de viajar a competir. Los deportistas amateurs —tanto hombres como mujeres— tenemos familia, trabajo y obligaciones que se anteponen en prioridad a nuestra práctica deportiva.
Pero existen diferencias al momento de entrenar. En términos generales noto que los hombres empalman trabajo, entrenamiento y llegan a casa a la hora de la cena… Pero las mujeres tenemos que trabajar, debemos estar en casa cuando los niños regresan del colegio, darles la merienda, dejar pre-organizado todo para la cena y recién ahí ver que malabares hacemos para poder salir a entrenar un par de horitas. Si bien esto está cambiando, todavía está muy arraigado en nuestra cultura el hecho de que las mujeres nos ocupamos de los niños y de la casa y el hombre de “proveer”. Al momento de elegir una carrera en la cual participar, los hombres pagan la inscripción, arman el bolsito, preparan la bici y se van.
Cuando una mujer deportista decide participar en el Desafío al Valle del Río Pinto o en el Half de Tigre, por ejemplo, tiene que negociar varios meses antes con los abuelos para dejar a sus hijos, coordinar con quienes hacen pool para llevarlos al colegio los días que no va a estar y pedirle a una mamá amiga las tareas que deberá repasar con sus hijos al regreso de la carrera.
Hace 27 años que entreno adultos y he vivido muy de cerca estos procesos que describo. No quiero emitir un juicio valorativo al respecto, sino simplemente compartirles cómo se vive el deporte amateur de ambos lados de la especie humana.
Ahora bien, si hay un hilo conductor en todo esto, es sin lugar a dudas la inmensa pasión que le ponen tanto hombres como mujeres al proponerse un objetivo y trabajar para lograrlo. Ahí las diferencias se diluyen. La pasión es una sola. Dentro de un mismo grupo de entrenamiento el logro de una mujer como el de un hombre se festeja, aplaude y comparte por igual.
Más allá del género que determina ese único cromosoma Y, somos todos deportistas. Puedo asegurarles que entre los homo sapiens existe una subespecie: la de los deportistas amateurs. 


Texto: Elisa Lapenta, entrenadora de afamados deportistas de alto rendimiento. (0351)15-6225243, elisalapentah3o@hotmail.com, h3osports.com.ar, Facebook: h3o Sports.


Foto: Cameron Baird | Specialized


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Hablamos sobre: Entrenamiento, Reflexiones en dos ruedas

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