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Cicloturismo

El arte de sobrevivir viajando

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Por Mariano Lorefice.

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En mis comienzos, siendo un atleta mediocre, demasiado idealista y sin respaldo económico, concretar mis objetivos dependía de algo más que de una cuestión física: también era un desafío económico. Actualmente, cuando recuerdo lo ingenuo y empecinado que era, no puedo más que sonreír.
Hace 20 años atrás correr el Ironman de Río de Janeiro, por ejemplo, era un gran desafío en el que participaban sólo unas 40 personas. No era un triatlón difundido, había muy pocos adeptos a la larga distancia y participar en esta prueba era casi una aventura. Pero las cosas han cambiado mucho y ahora centenares de argentinos se dan el gusto de correr estos triatlones.
También, viajar con la bici y las alforjas era una aventura en la que existía el misterio y había más espíritu romántico. En la actualidad, antes de hacer un viaje con la bici el ciclista virtual puede darse un paseito por Internet y encontrar toda la información detallada: lugares a donde ir, impresiones de colegas que han girado por el mundo y todo el material de viaje. Sobre la ruta también se podrá comprobar que es fácil encontrarse con otros ciclistas y que los aventureros del pedal ya han conquistado el mundo.
Sin embargo, estoy contento de haber podido saborear mis aventuras como un pionero y tengo nostalgia de esos viejos tiempos.
Algunas personas que recién se inician en el cicloturismo tienen la ilusión de que el viaje que van a realizar es un gran desafío, y por eso creen que alguien los tiene que bancar. Ingenuamente, no se dan cuenta de que lo que buscan son vacaciones pagas. Yo también he pecado de inocente en ese sentido, y en algún momento creí que ser un buen deportista y tener nobles ideales eran motivos suficientes para conseguir apoyo. En el relato que sigue hay una síntesis de algunas experiencias.

Al Ironman con 30 dólares
A los 19 años mi sueño era correr un ironman. El de Hawaii era inaccesible, pero cuando descubrí que se hacía uno en Río de Janeiro me puse a entrenar y ahorrar. En 1989 no hice otra cosa que entrenar y trabajar en ocasionales changas de pintura. No tendría muchas oportunidades, ya que cuando cumpliera 21 años tenía previsto entrar a la escuela de guardaparques. Como vivía con mi abuela, no pagaba alquiler y mis gastos eran mínimos, y no me iba a comprar nada que no sirviera para el deporte. No salía de noche ni saldría, soy abstemio y vegetariano, y lo único que deseaba era comer y entrenar bien, aunque muchas veces lo hacía mal por excederme en la distancia.
Todos los días pasaba por la bicicletería Italcicle con mi antigua Raleigh de media carrera y me fijaba si alguien se había llevado la superbicicleta que lucía en la vidriera. Era lindo soñar. Mi bici ya tenía palancas de aluminio y una computadora a la cual me encantaba sumarle kilómetros. Poco a poco se iba transformando en bicicleta de carrera. Los pedales con traba eran aun inaccesibles y el mantenimiento de la bici se hacía caro. Las coronas se iban gastando y pronto necesitaría cambiar el piñón. Algunos dientes saltaban, ¡pero lo terrible era el desgaste que sufrían los tubos! Había probado con pegarle cinta adhesiva alrededor de la banda de rodamiento, pero no había caso.
Un día tuve el coraje de entrar a la bicicletería y preguntar si no me querían auspiciar con un par de tubos. Me enorgullecía entrenar para un ironman, en aquel entonces no había casi nadie que lo hiciera, pero así y todo sentí vergüenza. El bicicletero se había enterado que a veces yo llegaba a pedalear 1500 kilómetros semanales, además del trote y la natación, y quizás sólo por eso no me dio un no rotundo. De todos modos, ni siquiera conseguí un descuento, así que para comprarlos habría que seguir buscando los mejores precios en Quilmes. Los tubos que usaba eran de los más resistentes que había (Álvarez Cross y Monti Reforzado.) Llegué a descoser y volver a coser dos tubos íntegros sacándole totalmente la cámara. El error lo cometí al coserlo con hilo de nylon y cuando lo inflé se estiró. De nuevo a descoserlo y coserlo con hilo que extraje de otros tubos. ¡Fueron siete horas de empecinada testarudez para rescatar un tubo! A partir de ese día me fui poniendo experto en reciclar. Ya no rompía tantas agujas y en los dedos me salieron callos.
Era cierto que la abuela me auspiciaba, pero no era un banco. Hasta Río tuve 40 horas de bus y cuando llegué a la ciudad me encontré solo y con 30 dólares para sobrevivir una semana. Gracias a Dyan Madruga, el organizador, tuve una buena semana de aclimatación, lógicamente con rebusques que me ayudaron a estirar mi escaso capital.
Estaba orgulloso de mi última adquisición, un piñón Regina Oro con 12 dientes en la corona más chica. Según creía, esa era mi arma mortal, pero los colegas brasileños me desilusionaron al decirme que el terreno era muy montañoso y no tendría relación para subir: 42 x 17 era poco. Parado en los pedales y haciendo fuerza a lo loco, sobreviví a la etapa de ciclismo y quedé quinto en la clasificación total del triatlón. No hice otra cosa que resistir y gracias a eso estuve entre los 11 sobrevivientes que completaron la prueba de los 35 que largaron.

Sandwiches de banana y calabozos
En ese primer ironman me enteré que había pruebas más largas. Quería probar cómo era eso, y a partir de ahí me propuse entrenar para el triatlón más largo de la historia. Nada más y nada menos que un quíntuple ironman (19 kilómetros de nado, 900 kilómetros de bici y 211 kilómetros de trote.) Creía que participar en esa prueba era algo heroico, así que me propuse demostrar que tenía las condiciones para hacerlo. Mis recursos eran limitados y debía encontrar a alguien que me auspiciara. Pero limitada también era mi capacidad de imaginar, y no sabía que sólo por hacer mérito deportivo no me iban a bancar.
Primero fueron 100 km pedestres en Salvador (Brasil), donde obtuve una mediocre novena posición. Pero a sólo 14 días de esa ultramaratón tuve la revancha en los 100 km de Uberaba (Minas Gerais), donde quedé en sexto lugar y primero en la categoría.
Colibro Livraria (Río de Janeiro) fue mi primer auspiciante. Me dieron 100 dólares, ¡no lo podía creer! Para mí fue más que un trofeo y ese billete significaba la esperanza de conseguir auspicio. Si me lo habían dado en Brasil, ¿cómo no lo conseguiría en mi país?
Seis días después de correr la segunda ultramaratón preparé la bici y las alforjas. La carta de recomendación de un amigo, policía militar de Río de Janeiro, me presentaba como un deportista que regresaba a su patria pedaleando. Ese fue mi pasaporte para ingresar en las comisarías del camino y obtener un seguro calabozo para descansar. Sin pedirlo, también recibía arroz y feijoada. Durante el día la formula era sándwich de banana, un combustible muy barato y efectivo.
De Río de Janeiro hasta La Plata fueron 3225 kilómetros, 18 días de pedaleo y menos de $20 de gasto. A partir de ese viaje empecé a tener la esperanza de viajar por el mundo.

Rifas y amigos para un ironman x 5
Allá por 1991, lo máximo que se había hecho era un ironman x 3. Pero esta vez la cita sería en Holanda y la distancia se multiplicaría x 5. Una prueba que haría historia.
Cinco meses antes de la carrera, que era en octubre, hice todo lo que podía hacer físicamente y demostré que estaba en condiciones de participar en la prueba de triatlón más larga del mundo. Sin embargo mi mérito deportivo no era para nada comparable a lo inútil que era comercialmente para vender lo que hacía. El idealismo no me alcanzaba para conseguir los pasajes aéreos para Holanda; apenas tenía una marca de ropa que me vestía (en realidad vendía la mayoría de las prendas y me arreglaba con un mínimo.)
La Asociación Platense de Triatlón hizo rifas y Federico Dillon me prestó 1500 pesos. Pero justamente por ese motivo viajé con mucha presión, no corrí tranquilo y completé la prueba con un noveno puesto, como quien cumple con una responsabilidad. Al regresar estaba eufórico, me excedí en el trabajo y en el entrenamiento y en un poco más de un mes cancelé las deudas. Ese fue un verdadero récord, la disciplina de ultratriatleta también la podía canalizar en el trabajo. Rasquetear, lijar paredes y cielorrasos durante 12 horas seguidas también podía resultar un desafío.

Pedalear es barato: Al decaironman en bici
Ya había completado el primer quíntuple y ahora quería participar en el primer ironman x 10 (38 kilómetros de natación, 1800 kilómetros de ciclismo y 422 kilómetros de pedestrismo.) El desafío de ir en bicicleta hasta Monterrey, México, me resultaba muy atractivo, quizás más que completar esta prueba, que se titulaba The Perfect Ten. Además, si iba en bicicleta me evitaría renegar con posibles patrocinantes tratando de obtener el pasaje aéreo.
La carrera de guardaparques la cambié por la de ultradistancista. Sin embargo, la vocación de servir al cuidado de la naturaleza estaba latente. Me decidí llamar la atención por la causa conservacionista y volcarme a un vehículo ecológico que me permitiese disfrutar y cuidar la naturaleza. En el camino pasaría por medios de prensa, escuelas y fundaciones ecológicas. Hice 240 medallones de cerámica, material muy económico (aunque bastante pesado) y les grabé un logo y una inscripción con el mensaje de la campaña. Eran para entregarlos en lugares específicos y aunque no tuviera un peso, jamás los vendería.
Unas semanas antes de viajar, una marca de ropa decidió auspiciarme. Yo me resistí a viajar en avión y quedamos en que le pagarían parte del pasaje aéreo a Saúl, un amigo que iba como asistente.
Para llegar a Monterrey pedaleé 87 dias, 10.500 kilómetros y pasé por 11 países. Fueron muy pocos días para muchas e interesantes experiencias que tardaría tiempo en asimilar. Increíblemente, en el decaironman completé más del 20% de mi viaje transcontinental en sólo 11 días, dando vueltas en un circuito de 1.6 kilómetros. La pregunta que más me hacía la gente era: “¿En que pensás?” Muchas veces pensaba en cómo conseguir auspicio.
En Monterrey me declararon ciudadano ilustre, me entregaron una placa y me consiguieron un pasaje para regresar a Argentina y luego volver a México. Tenía expectativas de completar lo que me faltaba desde Monterrey a Alaska, pero en Argentina la falta de auspicio y la mala situación económica frustró las posibilidades de regresar.

Sandwiches de Power Bar
¿Qué mejor que empezar una vuelta al mundo por el propio país? Siempre había querido unir la Quiaca con Ushuaia. La posibilidad de hacerlo en bici me resultaba muy interesante. Le podía dar continuidad a la campaña ecológica del año anterior y tendría la experiencia de vivenciar todas las geografías de un país tan amplio. Sería una buena misión, experiencia y entrenamiento.
La vuelta a la Argentina se tituló Pedaleando por la Vida. Durante el recorrido iría visitando escuelas y entregando material de fundaciones ecológicas y una propuesta de participación escolar. Hice afiches, calcomanías y remeras con los mensajes de la campaña para repartir gratuitamente. Pero todo ese material hubo que financiarlo, lo cual implicó un esfuerzo de producción y una lucha para conseguir sponsors. A veces terminaba teniendo que poner plata de mi bolsillo.
Establecí relación con un patrocinante (Specialized, Power Bar) que me planteó la posibilidad de financiar la vuelta. El plan sería hacer 500 remeras con diferentes motivos de la campaña ecológica, de las cuales 250 quedarían para repartir en escuelas y la otra mitad las tendría que vender para entregarle a mi sponsor el 50% de lo recaudado.
Mientras pedaleaba me iba reabasteciendo del material didáctico que entregaba en las escuelas y de las invalorables tabletas de Power Bar (me enviaban las que tenían fecha cercana de vencimiento.) Esta vez se me ocurrió implementar los sandwiches de Power Bar. En aquel entonces había sólo tres gustos de esas barras y los de nuez de malta quedaban muy bien con el pan. Ese fue mi combustible fundamental para completar los 11.900 kilómetros en 77 etapas de pedaleo. En total comí 374 barritas (sólo algunas en sandwiches), a un promedio de casi cinco por día. Ojo: a veces también me cocinaba y me daban algo de comer en las escuelas.
Si me quedaba en el campo dormía en carpa, pero por lo general para ir cumpliendo con la campaña era mejor dormir en los pueblos. Calabozos, escuelas y municipalidades eran buenos refugios para la noche.
Mis gastos se redujeron al mínimo y finalmente con el bajo costo de 130 pesos recorrí las 23 provincias de nuestro país, visite 14 parques nacionales y 116 escuelas.

Contrarreloj cinco estrellas
Por primera vez la historia era diferente. Tuve la suerte de conseguir el auspicio de Proyecto 21 (Vicegobernación de la Provincia de Buenos Aires) para recorrer nuevamente todas las provincias y continuar con la campaña del año anterior. Pero la gran diferencia quedó establecida en que no iría solo: lo haría con una camioneta de apoyo y un pequeño grupo que me asistiría. Ya que contaba con un servicio que jamás había tenido, me propuse hacerlo contrarreloj, con vistas a tomármelo como un entrenamiento para correr la Race Across America, una carrera que cruza los Estados Unidos de costa a costa.
A pesar del confort, estaba mejor preparado para viajar solo y terminé completando esta vuelta con alforjas. Sin embargo, tan solo no me quedé. Un yeso me acompañó durante los últimos 8500 km y estuvo en mi brazo, producto de una rotura de escafoides, por 93 días.

Aconcagua: “Quedate con la bici, pibe”
No sólo quería demostrarme que con la bicicleta -aunque sea a cuestas- podía llegar a cualquier lugar, sino que tenía muchas expectativas de que esa marca de bicicletas me apoyara en la vuelta al mundo.
Con experiencia casi nula en montañismo, encarar el desafío de ascender los 6969 msnm del techo de América era riesgoso y por eso hoy me doy cuenta de lo afortunado que fui de que algunas firmas (Broni, Fugate y Héctor Vieytes) me entregaran equipo y confiaran en mí.
En esa época trabajaba como guardavidas en la pileta del Club Banco Provincia de City Bell, donde para emprender el desafío me dieron permiso por 15 días. Cumplí con el tiempo establecido y a los 14 días regresé, orgulloso de haber hecho cumbre y con una foto en donde aparecía con un banderín del club en la cima del Aconcagua. ¡Pero me encontré con la triste noticia de que estaba despedido porque la autorización no me la había dado la persona que correspondía!
Como consuelo la gente de la firma que me había dado la bicicleta en préstamo, me dijo: “Quedate con la bici, pibe”.
Con esa misma máquina uniría Alaska con Ushuaia y daría la vuelta al mundo por el hemisferio norte.

¡Cha, cha, cha!
La preparación para la vuelta al mundo fue continua y progresiva durante un lapso de ocho años.
Después de haber realizado las pruebas que acabo de describir llegó el momento de largar. Trabajé, ahorré y conseguí ayuda de amigos de Argentina y España, pero ninguna firma que pusiera dinero. Sin embargo también desarrollé algo más valioso: la experiencia y la capacidad que me permitiría sobrevivir y llegar pedaleando a casi cualquier lugar.
Entre esos lugares remotos a los cuales llegué por mi propio esfuerzo se encuentra el desierto de Pakistán. Allí me encontré con un beduino que salió rápidamente de su ranchito mimetizado en el desierto y, corriendo a la par de mi bici con un entusiasmo sorprendente, me gritaba eufórico: “¡Cha, cha, cha!”, lo que significa “¡té, té, té!”. No me quería vender nada, simplemente quería halagarme y ser mi anfitrión. Supongo que la curiosidad habrá sido mutua. Él se preguntaría cómo había hecho yo para llegar ahí con una simple bicicleta, a la cual miraba con curiosidad para ver si no tenía algún cohete. Y yo me preguntaba cómo hacía este hijo de Alá para vivir ahí en semejante soledad, en un lugar donde por las tardes las tormentas de viento azotan como el peor castigo.
Esa situación me puso contento, porque en ese lugar los dólares de un sponsor de nada me hubieran servido… Había llegado ahí por mis propios medios y aun me quedaban fuerzas para seguir. Aunque pareciera medio muerto, el elixir de Mohamed me renovaba. ¡Benditos los patrocinantes del camino, aquellos que dan desinteresadamente!

La vuelta al mundo: Un producto
No hace mucho me encontré con un muchacho que realizó un corto viaje en bici y a partir de ahí se le ocurrió programar una vuelta al mundo. No me sorprendió esta decisión, ya que el cicloturismo es apasionante e invita a la aventura. Lo sorprendente fue cuando me dijo: “Quiero dar la vuelta al mundo porque lo veo como un buen producto.” Jamás lo había visto así, pero yo estaba ante un pequeño empresario, que tenía su parte de razón en lo que argumentaba. Convicción: así hay que moverse en el mundo de los negocios.



Nota publicada en revista Biciclub Nº 175 (julio 2009).

 

4 Comentarios

4 Comments

  1. ester

    8 junio, 2011 a las 8:13 pm

    quisiera poder contactarme con esta persona, por favor les ruego que puedan cumplir con este pedido

  2. biciclub

    9 junio, 2011 a las 1:51 pm

    Hola Ester,
    Podés contactar a Mariano Lorefice a marianolorefice@yahoo.com
    Saludos.

  3. adrian

    26 noviembre, 2011 a las 5:54 am

    demasiado egocentrico cuanto hay de verdad……..

  4. Adolfo

    20 enero, 2014 a las 4:18 pm

    Mariano sos un heroe…

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Cicloturismo

Hans Rey: una aventura en e-MTB por la ciudad de México. La cultura, la comida y los misterios de una urbe de 22 millones de habitantes

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“¡Hans, he cancelado mi vuelo!” rezaba el mensaje que recibí de Rob Warner la mañana del día en que debía llegar a Ciudad de México. ¡Casi pierdo la cabeza! Después de planear este viaje 

durante más de un año, había llegado a México un día antes que Rob para tenerlo todo listo. Pero al llegar me di cuenta de que una de las baterías de la e-MTB, que enviamos a México antes que nosotros, era un modelo equivocado. Pensé en preguntarle a Rob si había alguna posibilidad de que pudiera traer una, ya que todavía estaba en su casa en Inglaterra. También le dije que de todas maneras no habría problema, ya que probablemente podríamos pedir prestada una batería a alguno de los 22 millones de habitantes de la capital. Pero se lo tomó a mal, pensando que no tendría una batería para su e-bike y, sin siquiera llamarme, canceló su vuelo. 

Es difícil explicar lo mucho que había trabajado con Shimano y con otras personas durante meses para encontrar la manera de enviar las baterías a México, ya que, al ser consideradas mercancías peligrosas y no poderlas transportar en aviones, resulta muy complicado enviarlas. 

Después de convencer a Rob de que cambiara su vuelo y viniera en el siguiente avión disponible, pensando que solo se perdería la primera etapa de nuestra aventura, finalmente llegó a  México, pero desgraciadamente su bicicleta no. En este punto estaba dispuesto a matarlo. Todo estaba a punto de desmoronarse o, al menos, parecía que no iba a tener al compañero de correrías con el que contaba. Durante el segundo día teníamos previsto subir a un volcán de 4.500 metros, y habría sido una pena hacerlo sin Rob, así que después de unas cuantas llamadas telefónicas a sus patrocinadores, para asegurarnos de que no les importaría que llevara una bicicleta prestada de otra marca, conseguimos salvar el día. 

Mis viajes “urbanos”

Tras viajar a algunos de los rincones más remotos del planeta en mis primeros viajes de aventura en los años 90, recientemente he encontrado el placer de explorar algunas de las ciudades más grandes del planeta, que suelen estar inmersas en entornos naturales increíbles. 

Ciudad de México reúne todos los requisitos para ser un destino perfecto para una aventura en bicicleta: una metrópolis de gran altitud, con toda su gente, el tránsito, la cultura y la historia, pero también los volcanes, los bike parks y las misteriosas pirámides. Los contrastes no podrían ser mayores entre la naturaleza y la jungla urbana. Y entre los ricos y los pobres: más de 4 millones de personas viven aquí en barrios marginales. 

Si piensas que es fácil planificar un viaje de 5 días que incluya todos los puntos destacados de una mega ciudad, incluyendo lugares interesantes, monumentos y los mejores senderos, piénsalo de nuevo. Suele requerir al menos un año de planificación, incluso con la ayuda de Internet y con el apoyo de guías y riders locales. 

Mau de Ávila fue nuestro guía local, el encargado de arreglar todas las cosas. Él y sus hermanos llevan adelante una empresa llamada DABCO, que ofrece coaching, construcción de senderos y salidas guiadas y están completamente embebidos en la escena de montaña de la ciudad de México y de su más popular bike park, el Desierto de los Leones.

Nuestro equipo estaba formado por mi veterano camarógrafo Cédric Tassan y mi esposa, Carmen Rey, como fotógrafa, ambos, por supuesto, equipados también con e-bikes. Había muchas preguntas que debían resolverse antes de esto. Para empezar, dónde ir y dónde no ir: Ciudad de México puede ser un lugar muy peligroso y montar con bicis caras y cámaras de video y de fotos no es prudente ni seguro en todas partes.

Dia 1: pura ciudad, contrastes y comida callejera 

Finalmente conseguimos una gran mezcla de las mejores y más interesantes zonas. 

Nuestra primera etapa urbana comenzó en un suburbio llamado Santa Fe, comenzando en un barrio muy pobre, aunque rápidamente nos sumergimos entre relucientes rascacielos y lujosas casas. Los contrastes son visibles en todas partes y, a menudo, un flamante edificio o mansión se encuentra literalmente al lado de un barrio marginal deteriorado. Ese día también pudimos probar por primera vez el tránsito al llegar a la hora punta de la mañana en dirección al centro de Ciudad de México, rodando por zonas como Lomas, Chapultepec, Roma, Centro, Zocola o Polanco —esta última el Beverly Hills de CDMX (Ciudad de México). 

Recorrimos bastantes kilómetros ese día y encontramos algunos singletracks entre los diferentes barrios. Pensamos un par de veces en nuestros estómagos antes de almorzar tacos callejeros, pero no pudimos resistir el olor de un puesto improvisado, regentado por un hombre y su mujer. Parecía lo suficientemente limpio para la aprobación de Mau y resultaron ser unos burritos deliciosos. 

Nuestro destino final del día fue el Templo Mayor, que solía ser el principal templo del pueblo mexicano hasta que los españoles lo sustituyeron por una catedral. 

Es difícil de creer que Ciudad de México estuviera cubierta en su mayor parte por un lago, que fue lentamente drenado para ampliar la ciudad. 

Muchos de los yacimientos arqueológicos, templos y pirámides existían mucho antes de que los aztecas gobernaran la zona entre 1345 y 1521 y, por consiguiente, antes de que los españoles invadieran México. 

Había traído mi GT eForce que, con una unidad motriz Shimano Steps EP8, era el juguete perfecto para explorar una ciudad así. Llevaba el cargador en la mochila por si necesitaba recargar la batería, en caso de que el recorrido fuera más largo de lo previsto. Encontramos algunos increíbles retos de riding urbano en parques y plazas para poner a prueba nuestras habilidades. 

Al final de ese día nos sentimos algo agotados. Estábamos listos para unas cervezas.

El volcán Nevado de Toluca

Rob Warner es una leyenda del MTB. Excorredor de la Copa del Mundo de descenso, se ha convertido en la voz del MTB, comentando todas las carreras en Red Bull TV. Tiene una personalidad divertida y es un buen rider. Los dos tenemos experiencia en el mundo del trial, por lo que siempre estábamos atentos a los obstáculos y desafíos del camino. 

Afortunadamente, Rob pudo finalmente unirse a nosotros durante la segunda jornada para pedalear el volcán Nevado de Toluca, un volcán gigante ubicado a solo dos horas al oeste de la ciudad, con un enorme cráter y dos lagos de cráter a más de 4600 metros de altura. Fue uno de los puntos más destacados de nuestro viaje.

Después de circunnavegar los lagos, salimos por el borde del cráter para realizar un impresionante descenso hacia el valle. 

Impresionante por varias razones: las vistas, la falta de aire y el descenso técnico que nos esperaba. Me alegré de que todos lleváramos cubiertas tubeless, lo que nos evitó los pinchazos sobre los afilados pisos de roca. A causa de la altitud, Rob se sentía un poco mareado, además de que su jet lag tampoco ayudaba; en ocasiones no estaba seguro de poder continuar. 

Por su parte, Mau también llevaba una e-bike y resultó ser un rider fantástico. Fue bueno contar con algunos conocimientos locales y también con alguien que nos ayudara a comunicarnos con la gente de las montañas, que lleva una vida muy sencilla. 

Parte de la experiencia de México es la experiencia de la comida mexicana; la forma en que se cocina, se sirve y se presenta. Pudimos probar algunos platos muy auténticos, como los chiles rellenos, la carne asada y las carnitas, por nombrar solo algunos.

Desierto de Los Leones y pulque para brindar

El Desierto de los Leones es una enorme zona natural en las afueras de la ciudad. Pertenece a los nativos, que aún conservan los títulos de propiedad que los españoles les otorgaron hace 500 años. Se ha convertido en la zona de riding más popular de Ciudad de México, con más de 120 senderos, según Trailforks. 

En un intento de proteger el terreno de los desarrolladores urbanos, los bikers locales, incluido Mau, están trabajando con los indígenas para convertirlo en un bike park oficial con mejores servicios e infraestructura para los cientos de ciclistas que ya acuden a él, pero también para crear oportunidades de trabajo e ingresos para los lugareños. Algunos fines de semana se han visto más de 5000 bikers disfrutando del aire libre con vistas a todo el valle alto de Ciudad de México. Se puede ir en autobús o pedaleando hasta más allá de los 3000 metros de altitud. 

No faltan tampoco opciones para descender por la ladera de la montaña. Tuvimos la oportunidad de rodar en un sendero negro llamado Extinción, que era bastante técnico, con algunos toboganes empinados y caídas rocosas. 

También pudimos poner a prueba nuestras habilidades de escalada en el sendero Hipermuro. Realmente disfruto de los senderos técnicos y rocosos cuesta arriba que no se podrían escalar en una MTB normal, pero con la ayuda del motor Shimano Steps fuimos capaces de subir algunas líneas muy desafiantes. No hay que asumir que sea fácil porque se trate de una e-bike, pues se necesita mucha habilidad para mantener el impulso y elegir una línea limpia. Entre el calor, la falta de oxígeno y los largos e implacables tramos rocosos del sendero, tuve ganas de hiperventilar más de una vez. 

Otra cosa que me sorprendió fue la cantidad de riders y la cantidad de bicicletas de alta gama que había. Esto demuestra que nuestro deporte se ha disparado en los últimos 10 años. Siempre se dice que “si se construyen senderos, vendrán”, y no podría ser más cierto. Solo en este barrio hay unas 6 tiendas de bicicletas y cada vez hay más zonas para rodar en bicicleta con senderos que aparecen por todas partes en Ciudad de México. 

En la base del bike park, en un pequeño restaurante, donde la música folclórica tradicional mexicana sonaba por los altavoces, cerca de una de las zonas de aparcamiento, descubrimos el sabor del pulque. Se trata de una bebida alcohólica tradicional mexicana producida a partir de la fermentación del aguamiel, extraída de varias especies de plantas de agave que crecen en la meseta central de México.

Frida, Rivera, el estadio Azteca y Xochimilco

Había llegado el momento de que Rob conociera la ciudad, ya que se había perdido la primera etapa urbana. Su bicicleta había llegado el día anterior y todo el mundo estaba entusiasmado por conocer la ciudad en domingo, un día de la semana que aporta un ambiente diferente y en el que está definitivamente menos concurrida. 

Partimos de la Casa Azul de Coyoacán, donde la artista más famosa de México, Frida Kahlo, vivió con su marido Diego Rivera, que también fue un destacado pintor mexicano. Sus grandes frescos ayudaron a difundir el movimiento muralista en todo el mundo y pueden verse por toda la ciudad.

No pude resistirme a coger un coco fresco de un chico que los vendía y los preparaba para comer, allí mismo en la calle. 

Me encanta el agua de coco y también su carne blanca y fresca. Ya que estábamos allí, también probé unos saltamontes secos con un poco más de lima y chile: crujientes de verdad. A Rob no se le pudo convencer de probar nada de eso, al contrario. No lo entiendo, para mí probar las especialidades locales cuando viajo a lugares exóticos es siempre un punto destacado.

El ambiente de los domingos por la mañana en esta parte de la ciudad es muy agradable, con gente sentada en los cafés, y los mercados locales y los parques llenos de residentes. También había quienes se dedicaban a jugar partidos de fútbol, a correr o incluso a escalar junto al Estadio Olímpico en la zona de la Ciudad Universitaria. 

Ese estadio se construyó para los Juegos Olímpicos de 1968. La enorme inversión que se realizó para ello fue bastante controvertida y provocó protestas y disturbios en su momento. La obra generó muchos obstáculos urbanos, desde paredes y escaleras artificiales hasta formaciones naturales de roca de lava sobre las que se construyó esta zona. Gracias a ello, definitivamente, nos pusimos las pilas con los whelies.  

Mau había prometido una colorida sorpresa al final de nuestro recorrido. Xochimilco fue exactamente eso. Xochimilco es más conocido por sus canales, que son restos de lo que fue un extenso sistema de lagos y canales que conectaba la mayoría de los asentamientos del Valle de México. Estos canales, junto con las islas artificiales llamadas chinampas, atraen a los turistas y a otros residentes de la ciudad a pasear en coloridas embarcaciones tipo góndolas, llamadas trajineras, por los 170 kilómetros de canales. Por 100 pesos más, contratamos a nuestro propio grupo de mariachis para que tocaran algunas melodías del folclore mexicano y así hacer nuestro crucero aún más romántico. 

Las pirámides y el lado oscuro

Teotihuacán ha estado en mi lista de deseos durante mucho tiempo. He tenido la suerte de ver muchos sitios arqueológicos interesantes en todo el mundo, pero estas misteriosas pirámides antiguas eran algo que siempre quise ver. Cuando los aztecas encontraron las pirámides, estas ya llevaban allí unos 1500 años. Nadie sabe con precisión quién las construyó, por qué y cómo. En los últimos años se han descubierto sistemas de túneles subterráneos bajo las pirámides, muchos 

de ellos repletos de artefactos. No pudimos resistirnos a pasar por este lugar en nuestro último día y echar un vistazo. 

Por supuesto, no pudimos entrar con nuestras bicis, pero no hubo problema. Fue increíble ver estas estructuras de cerca y después pudimos dar un paseo por el exterior del recinto. También queríamos explorar algunos de los barrios menos atractivos, donde la pobreza y la delincuencia reinan en las calles. Ecatepec es una de estas zonas, con casas de colores y personajes turbios. Estábamos advertidos y sabíamos que no debíamos pasar mucho tiempo allí con nuestras pintas de extranjeros, bicicletas de lujo y cámaras caras. 

Este pueblo tiene góndolas que pasan por encima, no para transportar a los mountain bikers como estamos acostumbrados en los centros de esquí, sino para servir de transporte público, en lugar de un sistema de subte o de tren. Fue una experiencia aleccionadora ver esta otra cara de la ciudad. La injusticia es muy notoria y sentimos una especie de alivio después de sobrevivir a nuestro descenso por las calles, evitando problemas. 

Esta ciudad es tan grande que los barrios individuales son como mundos separados. Un mar interminable de casas hasta donde alcanza la vista, aire contaminado y calles y carreteras atascadas de tránsito. Algunos coches solo pueden circular en determinados días como medida para aliviar la congestión vial. 

Por una vez apreciamos esta aventura urbana, pero preferimos la naturaleza y la cultura que se pueden encontrar por fuera de la jungla de cemento.

Wheels 4 Life: solidaridad sobre ruedas 

El último día no teníamos planeado pedalear, pero sí teníamos la misión de distribuir algunas bicicletas a través de la organización benéfica que mi mujer y yo iniciamos hace 17 años, Wheels 4 Life, una organización sin ánimo de lucro que regala bicicletas a personas necesitadas de transporte en países en desarrollo. Tenemos previsto apoyar varios proyectos en México en el futuro, y pusimos la primera piedra mientras estábamos allí. 

Tuvimos la suerte de donar las primeras bicicletas en persona: algunas fueron para los indígenas que dirigirán el Desierto Bike Park, que necesitan bicicletas para llegar al bike park desde sus casas, para trabajar en los senderos y hacer del bike park una empresa legítima. También volvimos a ver a un hombre que conocimos el primer día, que vive en una choza muy sencilla y a quien habíamos visto cargar pesados cántaros de agua hasta su casa. Una bicicleta no solo le ayudará en esta tarea diaria, sino que le servirá para muchos otros recados y le ayudará potencialmente a encontrar trabajo. 

¡Viva México! 

Texto: Hans Rey

Fotos: Carmen Rey

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Cicloturismo

Cicloturistas Bahienses: diversión a pedal para todos los gustos y capacidades

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Con el paso de los años y el crecimiento imparable de la actividad cicloturista en la Argentina, la zona de Bahía Blanca fue convirtiéndose en un importante centro de actividades para una gran cantidad de agrupaciones de ciclistas, desde pequeños grupos que hacen salidas suburbanas hasta agrupaciones muy numerosas que abarcan todas las posibles facetas de la actividad. 

Entre estos últimos está el grupo Cicloturistas Bahienses, que se fundó en abril del 2021con el objeto de difundir y promover toda la actividad vinculada al ciclismo, los viajes en bici, las salidas locales, zonales y regionales, concretando recorridos cortos y largos, en grupos o individuales. Hoy lo integran más de 150 ciclistas, entre los cuales los hay de Bahía Blanca y también de la ciudad vecina de Punta Alta.

Una importante característica de Cicloturistas Bahienses es que además de la actividad central sobre las dos ruedas, la agrupación colabora participando en campañas solidarias con establecimientos escolares de Bahía Blanca y de la región y también brinda su aporte a la Plataforma de Sustentabilidad Integral, una importante institución que fomenta la movilidad sustentable a través del uso de la bicicleta y el cuidado del medio ambiente y que organiza congresos internacionales de la temática.

En cuanto al día a día, no solo los administradores del grupo organizan las salidas, ya que es posible que  cualquier integrante pueda proponer y organizar una, para lo cual debe indicar el destino, la distancia a recorrer, el horario de salida y el grado de dificultad de acuerdo al camino que se transitará. Esto permite que a veces haya más de una salida a diferentes lugares en un mismo día. Una vez aprobada la propuesta por los administradores, esta se difunde a través de Whatsapp, Facebook e Instagran. 

Las salidas diarias más habituales se realizan a la zona rural o la marítima lindantes a la ciudad de Bahía Blanca y los fines de semana o feriados a zonas más alejadas, como la localidad de Cabildo y localidades que integran el partido de Tornquist como Saldugaray y Sierra de la Ventana, entre otras, o del partido de Villarino.

En verano se organizan salidas nocturnas, ya sea para ver la salida de la luna llena a Puente Canesa (puente sobre el Arroyo Naposta), la puesta del sol en el muelle de General Cerri o desde la playa de Villa del Mar (Punta Alta).

Un abanico de actividades definitivamente para todos los gustos y capacidades.

En redes: @cicloturistasbahienses

Walter Martínez: wj_martinez@yahoo.com.ar

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Cicloturismo

Gabriela Sabatini: enamorada de la vida, de Argentina… y de la bici

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Residente en Suiza, Gabriela Sabatini no deja de visitar con frecuencia su país de origen. En esta ocasión pedaleó las Salinas Grandes jujeñas y otros puntos de la provincia. En sus redes, la extenista, hoy frecuente ciclista, posteó una selección de fotos de su viaje con un texto más que elocuente.

Ya en Jujuy, Gaby no solo pedaleó las Salinas Grandes, sino que aprovechó para visitar los mejores puntos de la provincia norteña.

Fotos: Instagram @sabatinigabyok

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Cicloturismo

Pedalea o muereh: una familia circletera (sí, circletera) y un viaje sin destino

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“Hace un año salimos de Olavarría con los pedales floreciendo justo con la primavera. Junto con cuatro amigos más, doce ruedas de bicicleta nos dirigimos al sur de la Argentina. Llegamos hasta Bariloche para saber que la hermosa familia circletera (N. de la R.: sí, así, circletera, mezcla de circo y bicicleta) cambiaba de deseos y así fue como nos despedimos.” 

Con estos renglones empieza el primer email que nos mandaron Lusi y Gise para contarnos el viaje que luego de aquella vuelta por el sur argentino decidieron hacer juntas con una primera meta, Brasil, pero sin destino fijo ni mucho menos final. 

Cuando pegaron la vuelta del sur, Lusi y Gise volvieron a la ciudad de Olavarría un primero de abril para abrazar a sus familias y seguir, ahora con ganas de conocer las Cataratas y después cruzar a Brasil.

“Fue duro, fue muy duro —recuerdan en aquel primer email—, pero coronamos los días pedaleando más de lo que creíamos que podíamos, superadas en aprendizajes de portuñol, orgullosas de lo que logramos y pedaleando para no morir.”

Hoy cuentan su modo de vida desde @pedaleaomuereh. Seguilas, vale la pena. Y nos mandaron el texto que podés leer a continuación.

Pedalea o muereh: un viaje sin plan…

Por Lusi y Gise

El día que se estableció la cuarentena, nos encontramos con unos amigos que recién habían vuelto de México.

Hacía dos meses que habíamos vuelto de Ecuador, nuestro primer viaje a dedo durante un año. Pasamos por Bolivia y Perú y en Salta adoptamos a Elado, una gatita negra.

Como a todos, la pandemia nos dejo en shock, pero cuando empezamos a encontrar la libertad para salir a la calle a laburar (ya que hacemos arte en las calles), aprovechamos.

Con un golpe de suerte y algunos ahorros compramos las bicis (la idea de seguir viajando nunca desapareció, pero ahora le habíamos agregado ruedas a las ganas).

Nacimos en Olavarría, una ciudad (bonaerense) llena de arte, donde quienes estamos en la movida independiente somos todos amigos y la mayoría viajeros. Nos juntábamos mucho a entrenar, a comer, para ir a algún evento y para los cumpleaños coordinábamos encontrarnos en el camino. Terminamos siendo varios paseando en bici y fantaseando con la idea de viajar en galera… y así fue como sucedió.

Firmamos contrato (imaginario por supuesto) y empezamos los preparativos.

Nos fuimos adentrando en la mecánica, aprendiendo a parchar y toqueteando un poco las bicis para ver qué onda.

Eze y Leo, salieron un mes antes hacia el Partido de la Costa y junto con ellos volvió Fran, marajense (N. de la R.: gentilicio de Mar de Ajó).

Durante ese mes nos reuníamos con la Flo. Ella había viajado por Brasil en bici junto con Olga, una perrita brasileña amante del sol. Nos enseñó a armar unas alforjas con bolsas de alimento para perros y el resto fueron agarres improvisados.

El 21 de septiembre del 2021 salimos rumbo al sur Flo, Leo, Eze, Fran, Lusi, Gise, Elado y Olga. Juntos eramos “Elado de Olga CIRCLETEROS”. 

Durante 8 meses hicimos funciones de circo para juntar la plata para comer, recorrimos Buenos Aires, los calores extremos de La Pampa, Río Negro y el valle de Neuquén. Fue una hermosa convivencia y aprendimos un montón para luego largarnos a la ruta solas. 

En Bariloche nos tocó despedirnos. Nosotras queríamos conocer Brasil desde hacía rato y ya era hora. Así que pegamos la vuelta.

Pasamos por nuestra ciudad natal para saludar a la familia. Un mes en Olavarría y apareció Moro, la cachorra, que no tenía planes de ser pequeña.

En mayo del 2022 partimos rumbo a Misiones. Hicimos la ruta 14, conocimos algunos de los saltos más turísticos y pasamos por San Pedro a saludar a una amiga.

En Puerto Iguazú nos quedamos un mes. Nos instalamos en la YPF que esta a 1 kilómetro de la aduana, donde conocimos gente muy hermosa con la que conectamos mucho, juntamos la plata para conocer las Cataratas, siempre con malabares, sahumerios, algunos piercing o un poco de música, y laburamos un poco más para cruzar la frontera con algunos ahorros.

Después de 3 meses en la tierra colorada, junto con Moro y Elado, atravesamos la aduana.

No hablábamos nada en portugués, pero poco a poco fuimos entendiendo cómo funcionaba y cómo era la cultura. Atravesamos Foz Do Iguaçú por una ruta alternativa hasta llegar a la 277, que iba a ser la única ruta que transitaríamos durante los próximos meses.

Al principio fue difícil. Los postos (estaciones de servicio) se convirtieron en nuestra casa en el estado de Paraná, con duchas gratis y permiso para armar la carpa. Íbamos seguras.

Así cruzamos todo el estado, pasando por Cascavel, Guarapuava, y antes de llegar a Curitiba perdimos a Eladito en un accidente. Nuestra compañera desde hacía 4 años ya no estaba y eso nos rompió el corazón. Nos sentíamos tristes, cansadas y sin fuerzas.

Deseábamos estar en casa, abrazadas a nuestros padres, madres y hermanos. Recibimos un montón de mensajes hermosos, acompañándonos. Pero decidimos seguir viaje porque nos pareció que la ausencia de Elado se iba a sentir más estando en casa.

Para nuestra suerte, en Curitiba nos recibió una familia que habíamos conocido en la ruta. En Paraná fueron muchos días de lluvia, muchos morros y subidas muy difíciles. Veníamos golpeadas y esa semana con la familia Sawazaki fue un mimo al alma. Nos adentramos un poco más en el idioma, hicimos intercambios culinarios y nos levantaron el ánimo, cosa que nos sirvió para tener más energías a la hora de seguir.

Después de un mes y medio cruzamos al Estado de São Paulo y llegamos al fin al litoral. La primera playa fue Peruibe, y avanzamos por la ruta 101, que costea el país, para disfrutar del mar. 

Es inexplicable la magia que se encuentra dentro de las playas paradisíacas que nos sorprenden al otro lado de los morros. Barra Do Una, Maresias, Toque Toque, Uabatuba (donde llueve mucho) y las que nos faltan por conocer…

No tenemos un plan real; cuando nos preguntan decimos que vamos hasta Colombia o que queremos llegar al litoral norte de Brasil. Pero la realidad es que nuestros planes cambian todo el tiempo y como vamos tranquilas y sin apuros le hacemos caso a la intuición si pinta quedarnos o irnos de un lugar.

Por ahora llegamos a Rio de Janeiro, nos encontramos con unas amigas en Paraty, quienes se prendieron a la locura y se compraron unas bicis para seguir con nosotras. Paramos un mes en la ciudad histórica para reparar, hacer unos cambios bonitos a las bicicletas y seguir.

Mientras, nos ordenamos, paseamos y de paso vamos subiendo registros de nuestras aventuras en nuestras página de instagram @pedaleaomuereh y algunos cortos que hacemos a Youtube.

Gracias, mamá y papá, hermanos y amigos, por estar del otro lado de la pantalla, siempre haciéndonos sentir su amor. 


https://www.instagram.com/pedaleaomuereh/?hl=es-la | gisemartinnzz@gmail.com 

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