Conectá con nosotros

Editoriales

El camino fácil

Publicado

el

El ciclismo es un gran deporte. Sin embargo una buena parte de los argentinos que coincide con esta afirmación considera que haciendo 20 a 30 cuadras de tanto en tanto a no más de 15 km/h ya es suficiente. Por lo tanto podríamos afirmar que el ciclismo es un gran deporte pero poca gente lo practica regularmente. Y la razón de esto pareciera radicar en una cierta mala reputación de nuestro deporte: la gente suele pensar que es muy trabajoso encaramarse sobre una máquina incómoda (que es lo que le venden los malos comerciantes a los inexpertos) para rodar en medio del peligroso tránsito, donde los ciclistas no son bienvenidos. Estas razones explican el escenario argentino de la bicicleta: hay muchos dueños de bicicletas (en Argentina se venden más de un millón de bicicletas por año) pero muy pocos ciclistas activos. Es que hay demasiados argentinos que jamás han disfrutado de los auténticos placeres del ciclismo simplemente porque no conocen la manera fácil, segura y eficaz de andar en bicicleta.
Andar en bicicleta es un viaje y una aventura. Es la capacidad de ir hacia donde se quiera sintiendo el placer corporal y mental de generar la energía necesaria para lograrlo. Hay pocas cosas que igualen esta satisfacción, por más que vaya acompañada de un razonable cansancio.
El ciclismo es un excelente ejercicio, aunque no cuando uno se limita a rodar a 15 km/h. Una vez que se aprende la técnica correcta de pedaleo uno puede disfrutar desplazándose a 20, 30 y hasta a 40 o más km/h. Y una vez adquirida esta pericia el ciclismo es una forma de ejercicio fácil, quizás la más fácil de todas, y la más eficaz, ya que uno produce potencia mayor por períodos más prolongados que en cualquier otro deporte.
La bicicleta está tan admirablemente diseñada que permite a su piloto trabajar con comodidad y eficiencia. Y cualquier persona puede constatar esto, siempre que acceda a una bicicleta del tamaño correcto, ajustada a su talla y a su peculiar estado físico y en concordancia con el estilo en que puede o quiere pedalear. El sistema de transmisión suele confundir al inexperto, pero cuando logra descubrir su uso correcto y sus ventajas el recorrido será más fácil y la velocidad mayor.
Si una bicicleta está bien fabricada responderá a cada movimiento de su tripulante -y en algunos casos hasta pareciera que responde a su pensamiento. Con el tiempo pasamos a sentirla como parte de nosotros mismos, permitiéndonos cubrir grandes distancias, subir cerros y volar por descensos con una potencia digna de un superhéroe.
Es cierto que a menudo a las bicicletas se le pinchan las ruedas o requieren ajustes. Sin embargo el tiempo y el uso nos permiten aprender cómo funciona cada componente y la forma más sencilla de repararlo, de modo que rara vez nos deja en la calle. Hasta personas sin habilidad mecánica pueden lograr esto con un mínimo de observación y práctica.
Es razonable que la gente piense que circular en bicicleta en medio del tránsito motorizado es peligroso y amenazante. Sin duda que el tránsito no es uno de los placeres de la vida, ni siquiera para el mismo automovilista (sólo lo es para las empresas de peaje y los funcionarios de Tránsito), pero cuando se aprende a andar en bicicleta en él uno se percata que se integra a una danza que con experiencia, conocimientos y prudencia se puede bailar. En ese momento el tránsito deja de ser una misteriosa amenaza, para convertirse en una condición que puede manejarse con un razonable nivel de seguridad.
Para todos nosotros el ciclismo no sólo es un gran deporte sino que además realmente vale la pena. Busquemos los caminos para que otros, especialmente nuestros allegados y seres queridos, lleguen a esta convicción recorriendo el camino fácil hacia él. El verano mismo e incluso las vacaciones son una gran oportunidad para lograrlo.

Publicidad
2 Comentarios

2 Comments

  1. Marcelo

    13 enero, 2012 a las 10:35 pm

    Estoy tan de acuerdo con lo que decis Mario,sobre todo cuando decis que “es un viaje y una aventura ” que siento una perdida irrecuperable los años que no tome la bicicleta mas seriamente.
    Hasta los 17 años no tenia un minuto de mi vida sin mi compañera de 2 ruedas, despues no puedo saber que me bajo, si a esa edad uno cree que es medio grandote o al no tener un auto mejor nada, no se…

  2. Ismael Mahfoud

    8 agosto, 2015 a las 9:41 am

    Muy buen punto de vista. Coraje, curiosidad y ansias de superarse, en bicicleta.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Editoriales

Las 10 leyes de Murphy del ciclismo

Publicado

el

Por

  1. Siempre que caigas será de manera que haga el mayor daño posible a tu bici.
  2. El daño a las partes de la bicicleta es directamente proporcional a su costo.
  3. Los accidentes solo suceden cuando hay mucha gente mirando. Y en las carreras sólo cuando se pasa frente a un buen número de espectadores.
  4. La percepción de profundidad de un charco siempre es la mitad de la real.
  5. El equilibrio nunca se pierde ni al principio ni al final de un río, siempre en la mitad.
  6. Ramas, bolsas de nylon, hojas y rocas siempre son magnéticamente atraídas a los rayos y/o al descarrilador trasero.
  7. Los pinchazos se producen mayormente cuando no llevamos kit de reparación encima y/o cuando no hay bicicleterías en las cercanías.
  8. Si te golpea una mosca, mosquito u otro insecto, siempre será en el ojo o en la boca, si es que están abiertos.
  9. Raíces y rocas son solo visibles cuando ya chocaste con ellas.
  10. El viento nunca es a favor.

por Mario García

Continua leyendo

Deporte y Entrenamiento

Entrenamiento: cómo sobrellevar los cambios

Publicado

el

Una reflexión sobre el peso de los cambios que nos están afectando en nuestra actividad física y mental (cambio de estación, cambio climático, pandemia) y como llevarlos adelante de la mejor manera posible.

Queridos lectores, aquí estamos tratando de restablecer la comunicación con la biósfera o medio ambiente. En esta actualidad tan dinámica, con tantos cambios en sus parámetros, que hasta ahora habían sido estables y habituales, para lograr un plan de entrenamiento acorde al clima, la humedad, la temperatura, los vientos, la estación, la libertad/encierro, el tipo de alimentación, los tiempos de esparcimiento/trabajo, etcétera, se nos hace casi imposible lograr un equilibrio aceptable como para acceder a siquiera mantener un estado físico ordinario.
La pregunta es: ¿Qué pautas psico-físico-biológicas se deberían tener en cuenta como prioritarias para lograrlo medianamente?
Yo sugeriría como primer escalón optar por una actitud práctica y positiva, ya que el desconcierto lo único que logra es alejarnos más de nuestro objetivo (entrenar).
Desde antes del famoso cambio climático, los ajustes prácticamente se establecían de acuerdo a la estación reinante. Hoy es imposible. Las horas de actividad y de descanso deberían estar regidas por la estación, por los días más largos o más cortos, por las temperaturas, la alimentación, la vestimenta. ¿Se acuerdan acaso de aquellas épocas “normales”? Por ejemplo, por mi localidad corre una ruta que va de norte a sur. Yo acostumbraba a consultar el clima para decidir si salía con la bici para uno u otro lado, de modo de regresar más descansado con viento a favor. Pero ahora es habitual que en cortos lapsos de tiempo el viento cambie de dirección varias veces.
El segundo escalón es valorar cada minuto de entrenamiento realizado, ya que lo hecho, hecho está, y no se pierde, y no dejar pasar las oportunidades de trabajo que se presenten, esperando otras mejores o ideales.
Tercer escalón: aceptar lo que sucede y por sobre todas las cosas buscar adaptarse al acontecer, sin violentar el cuerpo ni la mente, queriendo lograr metas difíciles o imposibles. Sabiendo que esto “también pasará”.
Buenas rutas.

Por Doc Pedales: doctor en medicina Eduardo Jorge Saint Bonnet (MN 48943 MP 23765) es médico deportólogo y deportista.

Continua leyendo

Ciclismo urbano

Ciclovías en todos lados menos en el Gran Buenos Aires

Publicado

el

La pandemia trajo mil desgracias pero también creó oportunidades, entre ellas que el temor al contagio hiciera que una inmensa cantidad de bicicletas abandonadas en garajes, cocheras y balcones volvieran a la vida y que otra gran cantidad de ellas salieran flamantes de sus cajas para transportar y alegrar a los argentinos. ¿Qué otro sentimiento puede resumir mejor la visión de esas miríadas de nuevos ciclistas recorriendo el espacio público de todas las ciudades del país?
Frente a esta nueva realidad, algunas ciudades intentaron crear o aumentar la facilidades para alentar esta tendencia, generando espacios de circulación de bicicletas y de peatones.
Como nos cuenta Jimena Pérez Marchetta desde Salta en esta nota, la ciudad norteña puso a la bicicleta como prioridad en su gestión, creando de la nada 22 kilómetros de ciclovías, entre ellas una sobre la Avenida Belgrano, la más importante de Salta, y nuevos espacios de estacionamiento.
En Mendoza, Javier Passera, Coordinador de Movilidad Sustentable del municipio, nos puso al día de la cantidad de obras que en este sentido se encararon allí (en nuestra edición de noviembre podremos leer un reportaje a Javier), entre ellas nada menos que la ciclovía sobre la Avenida San Martín, la más importante de la ciudad cuyana.
En Buenos Aires, que ya tenía 250 kilómetros de ciclovías, en una red que interconecta a toda la ciudad, se sumaron 17 kilómetros de carriles de mano única en algunas avenidas claves de la ciudad: Corrientes, Córdoba, Estado de Israel y Ángel Gallardo.
Muchas otra ciudades del país se han sumado a esta tendencia, pero por razones inexplicables, ningún municipio del Gran Buenos Aires, donde más necesarias son estas obras para alentar la caminata y el pedaleo y evitar el contagio, han avanzado ni un centímetro en este sentido, pese a que pomposamente ya en julio pasado el Ministerio de Transporte de la Nación había anunciado lo que denominó un Plan de Micromovilidad para todo el país, según el cual se iban a crear carriles para bicis en los municipios aledaños a la ciudad de Buenos Aires conectados con la red porteña…
Si te he visto no me acuerdo.
Por el contrario, lo que hoy se puede ver en cualquier municipio aledaño a la ciudad es una renovada cantidad de automóviles, quizás más que antes de la pandemia, por el temor al contagio en el transporte público, e infinidad de bicis rodando peligrosamente entre ellos y aun por las veredas, sobre las cuales cada día se pueden ver más y más autos estacionados, sacándole aun más espacio al peatón.
¿Habrá pues algún plan o todo era simplemente un anuncio para la gilada?

Por Mario García 

Intro de la revista Biciclub de octubre 2020, Nº 310

Continua leyendo

Ciclismo urbano

No es la primera vez que las bicicletas pueden salvar al mundo

Publicado

el


El coronavirus ha producido una explosiva demanda de bicicletas en muchas partes del globo, al punto que en varias ciudades del mundo con tradición ciclista las noticias indican que ya resulta casi imposible conseguir unidades de hasta 1000 dólares y muchas bicicleterías han abierto listas de espera para nuevos clientes ansiosos por hacerse de una bici. En paralelo, muchas ciudades han generado nuevos carriles para los nuevos ciclistas que huyen del hacinamiento del transporte público y de las incomodidades y los costos del automóvil.
Pero esto no es la primera vez que sucede.
Baste recordar cómo el advenimiento de la bicicleta transformó la vida social a fines del siglo 19. Aparecía en el mundo una tecnología revolucionaria, social y culturalmente equivalente a la del smartphone en nuestros días. Durante la década de 1890 la bicicleta fue tan imprescindible como hoy lo es un teléfono inteligente. Un transporte rápido, elegante y accesible que podía llevar a la gente a cualquier lugar, en cualquier momento y de manera gratuita. Los príncipes y los reyes se mostraban en ellas mientras progresivamente las clases trabajadoras los imitaban y se las apropiaban, transformándolas en un medio de locomoción masivo. Los costosos caballos y carruajes comenzaron a volverse prescindibles; moverse en bicicleta era más barato y más rápido.
Las mujeres fueron especialmente entusiastas, al punto que comenzaron a descartar las incómodas faldas victorianas y adoptaron los bombachones bloomers para largarse al camino. Fue en 1896 que Susan Anthony le dijo a un periodista su ya famosa frase: “La bicicleta ha hecho más por emancipar a la mujer que ninguna otra cosa en el mundo.”
La bicicleta se metió en todos los intersticios de la cultura humana; en el arte, en la literatura, en la moda, en la vida militar, en el deporte. Y dio lugar a la pavimentación de las calles y al desarrollo de caminos rurales, herramientas que tiempo después avasallaría el automóvil.
Cuando nació, la bici fue la que multiplicó los caminos del mundo y hoy vuelve a reaparecer para generar nuevos caminos, nuevas formas de uso del espacio urbano, nuevas formas de vida. Quizás esto no dure para siempre, quizás desaparecido el miedo la bicicleta vuelva al lugar que tenía, promisorio pero en moderado crecimiento. Quizás. Pero de todos modos, enhorabuena, porque por lo menos en este sprint nada ni nadie podrá superarla.


Por Mario García

Continua leyendo

Más Leídas