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Cicloturismo

El descenso de la Cuesta del Viento

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San Juan es la tierra del sol y del vino. También de la pasión por el ciclismo y las ruedas finas. En esta oportunidad recorrimos desde los Valles Iglesianos hasta Jáchal por la ruta 150 pasando por el Dique Cuesta del Viento. 

Texto y fotos: Gustavo Gonzalez

El Valle de Iglesia se encuentra al noroeste de la ciudad de San Juan, al pie de la Cordillera de los Andes y a una altitud de 1800 msnm. El paisaje es árido. Las lluvias son muy escasas y el terreno es pedregoso y con escasa vegetación, pero en los distintos pueblos del departamento y gracias al riego artificial florecen verdaderos vergeles.
Nosotros proponemos salir desde el punto más alto: la localidad de Iglesia, a 1900 msnm. Una vez que salimos a la ruta podemos desviarnos unos pocos kilómetros para conocer el verde poblado de Bella Vista o directamente hacer 10 kilómetros hasta el siguiente pueblito, Las Flores. Unos cinco kilómetros más adelante llegamos a un cruce de rutas: derecho se va a Chile por del Paso de Agua Negra, trepando a 4.700 msnm, y girando a la derecha seguimos descendiendo lentamente, siempre por el valle, teniendo la Cordillera a nuestra derecha y siguiendo la pendiente natural que nos lleva suavemente hacia Rodeo.


Tras 16 kilómetros se pasa por el Hotel Termas de Pismanta (hotel recuperado por sus trabajadores, que han formado una cooperativa) donde podemos acceder a un baño termal. El agua curativa de Pismanta se destaca porque surge a una temperatura de 39 a 45 ºC, tiene propiedades radioactivas, son bicarbonatadas, alcalinas y sódicas; son desintoxicantes, están indicadas para las personas que sufren del hígado, diabetes, reumatismo, gota, afecciones de la piel y respiratorias.
A los 26 kilómetros desde la partida se llega a Rodeo, la cabecera del Departamento. Esta localidad es la que cuenta con más infraestructura para el turismo y se la recorre por su calle principal forestada con álamos. Se recomienda hacer una parada en la pequeña capilla, en el Museo Arqueológico o en la Finca El Martillo. En esta última se puede ingresar libremente con la bici y recorrer sus caminos internos observando las distintas parcelas con cultivos o animales, todo enmarcado en una añosa forestación. Se venden artesanías y tejidos. Es el primer establecimiento sanjuanino que abrió sus puertas al turismo.


Finalizando la zona urbana se arriba al Embalse Cuesta del Viento que, como su nombre lo indica, los vientos constantes hacen que sea una meca de los windsurfistas de todo el mundo.
Acá podemos hacer un desvío de la ruta hacia la futura Villa Turística (recientemente licitada y adjudicada) y por un camino consolidado acceder a la playa con un parador de windsurf. Pero nuestro verdadero horizonte es la bajada… Con suerte tendremos fuerte viento a favor y volaremos con la bici, aunque la mayoría de las veces el viento se encajona en la quebrada y suele ponerse en contra. La razón de tanto viento es una especie de «embudo» que se forma justo donde ingresan las corrientes de aire en el valle. Al estrecharse el paso, el viento eleva su velocidad hasta los ochenta kilómetros por hora.
En el primer tramo vamos rodeando la margen sur, admirando el paisaje erosionado y colorido. Por un desvío se puede acceder a la costa del lago o al murallón del dique. Esta obra se finalizó en 1997 con el fin de producir energía y fomentar la producción agrícola y minera de la zona.
En el kilómetro 40 de nuestro recorrido y una vez dejado atrás el dique comenzamos la parte más espectacular del recorrido: los casi 20 kilómetros de descenso paralelos al río Jáchal por un camino de cornisa con excelentes vistas. El paisaje revela la elocuente actividad tectónica que hace millones de años produjo estratificaciones, fracturas y levantamientos de bloques, hoy desnudados por la erosión.


A medida que descendemos divisaremos la Central Hidroeléctrica, pasaremos por un túnel y un mirador, una área con Geoglifos (hay cartel), la Garganta del Río Jáchal (atención, el cartelito es muy poco visible y hay que desviarse de la ruta) y por el Dique Pachimoco (que regula el caudal para riego del valle de Jáchal).
Jáchal es la segunda ciudad en importancia de la provincia y dispone de todos los servicios. El principal atractivo turístico para el ciclista (aparte del recorrido descripto) es la ruta panorámica o Cuesta de Huaco, distante a unos 17 kilómetros hacia el este de la localidad por ruta provincial 491 (ex ruta nacional 40).
En Jáchal se puede visitar la iglesia que conserva el Cristo de cuero negro, articulado y de tamaño natural, originario del Siglo XVIII (Monumento Histórico Nacional) y el Museo Prieto (de arqueología y actividades rurales).

INFO
Datos útiles

¿Cómo llegar?

En automóvil: Desde San Juan por ruta nacional 40 hasta Talacasto. Luego se toma hacia la izquierda por ruta provincial 436, trepando hasta el cerro El Colorado (punto más alto del trayecto, a 3.000 msnm) para llegar a Iglesia. Distancia: 165 km.

Bus
Bus San Juan – Iglesia – Rodeo
Empresa Iglesia (0264) 422-1181
Buses San Juan – Jáchal
20 de Junio: (0264) 421-4108
VIA TAC: (0264) 421-4108

Internet
www.argentinaturismo.com.ar/sanjuan
(Circuitos, alojamientos y servicios)
www.travelsanjuan.com.ar
(Guía turística de San Juan)
www.fincaelmartillo.com
www.pismantaspa.com.ar
Hotel termal. Baño termal $ 10: (02647)497-091/92

*Gustavo González es profesor de Geografía (UBA) y guía de Bicicleta de Montaña. Se ha capacitado en Primeros Auxilios para zonas agrestes y naturales y es Intérprete Naturalista. Coordina la empresa prestadora de cicloturismo Bike&Trek.

Nota publicada en Biciclub Nº186, junio 2010.

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4 Comentarios

4 Comments

  1. Matias Sotingas

    25 julio, 2012 a las 9:44 pm

    Que hermoso que habra sido esa bajada! Quiero iiiiir!! 😀

  2. mari de angelis

    7 agosto, 2012 a las 10:48 pm

    hola!! quisiera saber para que fecha tenés programada de nuevo esa travesía, y cuántos días dura

    • Biciclub

      8 agosto, 2012 a las 8:46 am

      Hola María, por favor, escribí un email al viajero para saber esos detalles, al final de la nota figura el mismo. Saludos.

  3. Gustavo negreira

    17 febrero, 2018 a las 3:02 am

    Hola chicos me interesa este evento, necesitaría me envíen detalles. Muchas gracias.

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Cicloturismo

África: pedaleando por la ruta de la hospitalidad

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En junio de 2019, Esteban Mazzoncini se propuso pedalear 20.000 kilómetros para unir el norte de Europa con el sur del continente africano.
En este video documental Mazzoncini relata su paso por África, en donde no todo salió como lo planeaba, y acompaña sus vivencias escritas en el libro «Pedaleando por la ruta de la hospitalidad».

Más info en https://unviajerocurioso.com | https://www.instagram.com/estebanmazzoncini/

Adquirí el libro en: https://unviajerocurioso.com/el-libro/

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Cicloturismo

Aventura patagónica: Un viaje extraordinario con una bici ordinaria

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La neuquina Carla Saralegui se largó a un viaje improvisado en bicicleta que la llevó hasta Tierra del Fuego, donde la sorprendió la cuarentena. En esta nota nos relata su fantástico viaje en una bici que su padre había comprado en un supermercado. (más…)

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Cicloturismo

Sudamérica entrañable III: Ecuador

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Definitivamente había dejado atrás el frío. Ahora empezaría a dormir más en la hamaca que en la bolsa.
Para cruzar Ecuador hay básicamente tres opciones: por la llamada Ruta del Sol, sobre la costa, las sierras en el centro o la selva por el oriente. Esta última prometía pocos desniveles pero mucha lluvia, así que, dispuesto a mojarme, opté por ésta.
El país es relativamente corto, de sur a norte sólo unos 1200 kilómetros.
De Macará hasta Loja el camino discurre por una zona de montaña más bien boscosa. En uno de los descansos me detuve frente a un campus experimental de una facultad de agronomía, donde me recibieron para alojarme. Junto a los alumnos salimos a recorrer huertas y plantaciones de frutas. De ahí me fui con la panza y las alforjas a tope de comida.
Por medio de la página warmshowers.org contacté a una persona bastante popular entre los cicloviajeros que ofrecía alojamiento en un museo. Me recibió con un trago de lo que prometía ser curativo, entre otras tantas propiedades, pero había que taparse la nariz y bajarlo de un fondo blanco para tomarlo. Al evaluar que me encontraba sólo en un museo, contra una pared repleta de escopetas, en un lugar que no conocía, con un hombre que jamás había visto y haciéndome tal propuesta…, sin dudar acepté. Aquí no se sigue la premisa de “mejor malo conocido que bueno por conocer”; aquí es mejor conocer y punto.
El trago resultó salir de un frasco de 20 litros con una culebra sumergida en alcohol etílico y alguna cosa más seguramente… Estaba inmunizado.
A los pocos días estaba entrando a la troncal amazónica. Aquí la lluvia realmente no molesta demasiado, amén de que caía a baldes, ya que ayudaba a aplacar el intenso calor tropical.
Si bien la ruta que elegí cruzaba por la selva, estaba todo bastante intervenido por la mano del hombre con sembradíos y pastoreo. Así que en busca de zonas más vírgenes me adentré, siguiendo unas finas sendas que figuraban en el mapa.
Ahora sí, esto era lo que buscaba. Al costado del camino todo era selva primaria, es decir no intervenida por el hombre (aún). Árboles de 25 metros (en ese mismo momento se descubría el árbol más alto de la Amazonia, con 88 metros), frutas por todos lados al alcance de la mano y animales e insectos de todos los colores.
Por esos tiempos se estaban desatando los feroces incendios del 2019 en el Amazonas. Se podía ver el horizonte oscurecido y oler el humo a la distancia. Árboles de 300 años y la mayor biodiversidad del planeta poco a poco serían remplazados por hectáreas de monocultivo de grano transgénico. De nuevo la codicia ganando a la sensatez.
Lo que resultaba imposible era acampar libre por aquí; sí o sí tenía que encontrar un caserío. Caso contrario, con seguridad algún bicho me comería con carpa y todo, así que con lo justo llegué a Nayamanaca, donde me encontré con que estaban celebrando algo en la plaza. Era una locura y había de todo, hasta una corrida de toros improvisada donde los borrachos se tiraban sobre los animales. En fin, estaba entre el peligro de los animales por un lado y de los hombres alcoholizados (otro tipo de animal) por el otro.
Con un ojo abierto y otro cerrado pasé la noche en el pórtico de una casa.
Me quedaban dos tramos más en estos caminos hasta retomar la troncal amazónica, pero en el medio se me cruzó un río. En lugar de puente había una tirolesa donde por medio de un cable de acero te cruzaban en un carro. El primer cruce transcurrió sin problemas, pero varios kilómetros después, en el segundo, el cable estaba dañado.

Volver significaba retroceder 10 casilleros, y la mitad de estos en subida, por lo que se me ocurrió cruzar el río  con la bici al hombro. No era demasiado profundo, más bien playo y ancho, unos 300 metros. Lo investigué un poco y aborté el plan, de modo que no quedó más que volver por el mismo camino. Allí fue donde mientras les contaba mi odisea a unos lugareños, entre risas me informaban que ese río (Pastaza) estaba infestado de boas y culebras; para usar sus mismas palabras: “es una autopista para los bichos”.
Me fui feliz de poder hacer el mismo camino por segunda vez.

Sucede algo curioso cuando te llueve todo el día nivel catarata en la bici: el agua entra hasta por el más recóndito agujero, ranura o espacio vacío. De modo que la diferencia entre la ropa que llevaba puesta y la de la alforja era prácticamente nula. Así estuve pedaleando-nadando tres días completos. Luego vendrían las típicas lluvias esporádicas, más benévolas.
Ahora empezaba a ganar altura nuevamente, tomando la ruta de las cascadas y pasando por Baños de Ambato. Quito estaba cerca ya, pero decidí desviarme para entrar primero al parque nacional Cotopaxi, donde me quedé con ganas de subir al volcán, ubicado a 5900 msnm. En un país que se mueve en dólares, el permiso estaba casi a su misma altitud. Me conformé con contemplarlo desde la base.
Venía ya con varias noches de acampada, de modo que en Quito tendría un merecido descanso en una cama y un lavado de ropa como para hacer un poco de vida citadina.
Este tipo de viajes tiene de bueno que como si nada uno pasa de dormir en la selva con los monos a una cama con sabanas en algún hostel, conociendo viajeros de todo el mundo.

Aquí por fin encontré desde mi salida de Argentina, en casi cualquier almacén, dulce de leche (manjar blanco para ellos). Fui muy feliz durante las pocas horas que me duró ese pote.
Cuando ya estaba prácticamente en la frontera con Colombia me desvié unos kilómetros para dormir en un hermoso lago. Al otro día sólo quedarían 50 kilómetros. Siempre prefiero pasar las fronteras bien temprano, más aún ésta, que había estado con complicaciones.
En mi ultimo día en Ecuador retomé la ruta y el trámite que imaginaba de sólo un rato se convirtió en unas subidas terribles. Si bien los paisajes y la gente eran asombrosos, ese día no estaba motivado para tal esfuerzo, pero como un ángel de la guarda apareció de la nada un ciclista veterano en una rutera bastante kilometrada, se me puso al lado y se puede decir que me llevó hasta arriba, para luego desaparecer sin dejar rastro. La magia del camino.
Contento y cansado me quedo con pasaporte en mano, esperando el sello para cruzar otra barrera.

*En nuestra edición del pasado mes de octubre (Nº 310) el autor contó el primer tramo de su viaje, desde Tucumán a la frontera boliviana con Perú, y en la edición del pasado noviembre (Nº 311) su travesía por Perú. En nuestra próxima edición: Colombia.

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Cicloturismo

Cicloturisteando San Luis, una guía para recorrer en bici esta gran provincia, hecha al estilo de las mejores guías cicloturísticas del mundo

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La gente de Trans Sierras, encabezada por Fernando Giannini, lanzó durante el mes de marzo Cicloturisteando San Luis, una guía de cicloturismo hecha por y para cicloturistas, que permite que cualquiera pueda armar su propio cicloviaje por la provincia en función de su particular disposición de tiempo, intereses, presupuesto, estado físico experiencia y distancia a recorrer.

La elección de San Luis para el desarrollo de esta primera experiencia en la materia, se debe a los muchos años de conocimientos acumulados por los creadores de la guía acerca de la provincia en donde residen y a un reciente y exhaustivo relevamiento que los ha convencido que San Luis tiene todo el potencial para transformarse en una provincia bikefriendly: geografía, seguridad, buenas rutas y buena gente.

Entre otras cosas, la guía incluye excelentes mapas, en donde se pueden identificar etapas principales que muestran los recorridos más recomendables y etapas alternativas para que cada uno puede personalizar su ruta ideal. Al hacer clic en cada etapa se accede a toda la información técnica y turística: una detallada ficha técnica, imágenes y videos de cada etapa. La información puede bajarse al celular en una ficha pdf y desde ahí acceder a los tracks en formatos gpx (para GPS), kml (para celulares) o wikiloc.
La propuesta ofrece diversas opciones para diagramar el viaje, entre las cuales se puede optar por un cicloviaje completo (12 etapas, recorriendo 750 kilómetros y más de 3.000 metros de desnivel), cicloviajes parciales de diferentes extensiones y dificultad y una opción personalizada que permite armar salidas de uno, dos o tres días combinando etapas y coordinando traslados.
En todos estos recorridos el viajero pasará por muchos municipios, poblados y parajes, la gran mayoría de los cuales han acompañado el proyecto, en las que es posible encontrar en sus direcciones de turismo un calco de Municipio Amigo que los identifica: San Francisco del Monte del Oro, La Carolina, Las Chacras de San Martín, San Martín, El Talita, Santa Rosa del Conlara, Los Molles, La Toma y Potrero de los Funes. En diferentes localidades que forman parte del recorrido hay comercios y prestadores amigos del proyecto (alojamientos, restaurantes, campings, bicicleterías y otros) donde el cicloturista encontrará atención especial y descuentos.

Además de conocer una hermosa y acogedora provincia, como ocurre con otros recorridos míticos a nivel mundial, quienes realicen total o parcialmente las opciones de Cicloturisteando San Luis recibirán un certificado de cicloviajero.

 

Fernando Giannini: fagian3@gmail.com | 26646590105 | www.transsierras.com.ar

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