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Deporte y Entrenamiento

El dolor físico en el deporte y en la vida

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La ciencia demuestra que el dolor físico como sensación es el resultado de una composición de elementos entre los cuales interviene el estímulo y luego una sucesión de eventos que terminan en lo que llamamos dolor.
Hoy se sabe que el dolor nace siempre en el cerebro. El dolor es algo más que una mera experiencia somática. Al tiempo que despierta sensaciones, sucumbe a la fuerza controladora de la mente y suele acompañarse de emociones. No hay un centro cerebral especial para el dolor. El cerebro recoge los datos del mensaje doloroso. Aparte de los medicamentos, el dolor puede controlarse de manera consciente, a través de la mente.
Como resumen se puede afirmar que aunque se lacere la carne, se queme, se pinche, etcétera, el dolor nace siempre en el cerebro.
Todo esto evidencia que los factores psicológicos desempeñan una función determinante. El fuerte influjo de la actitud mental en la percepción del dolor es decisiva. Si bien avisa de un daño para garantizar la supervivencia, la toma de decisiones, el estado anímico, las expectativas, etcétera, suman elementos para tornar a la sensación de dolor de imperceptible a insoportable. También un trauma psíquico en anteriores épocas de la vida puede evocar dolor crónico. Y también se sabe que en el dolor crónico interviene una actividad anormal de las neuronas que se encuentran a lo largo de la vía del dolor corporal. Ello se verifica en casos como la artritis, el cáncer, los traumatismos físicos y otras manifestaciones.

 

Por Doc Pedales: doctor en medicina Eduardo Saint Bonnet (MN 48943 y MP 23765), deportólogo y deportista.

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Deporte y Entrenamiento

Una historia de amor verdadero y de bicicletas inclusivas

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Foto: Sebastián Carreras

Mi nombre es Valeria Gasa. Tengo 32 años, nací en Arrecifes y pasé mi infancia en el campo hasta los 6 años. Luego nos mudamos con mi familia a la ciudad de Salto. Fue una hermosa infancia.
Hice mis primeros estudios en Salto y los continué en un instituto de formación docente en Pergamino. Estudié psicopedagogía y luego inicié una licenciatura de la misma rama.
Cuando estaba finalizando mis primeros años de carrera me tocó conocer a Ezequiel, que hoy tiene 13 años. Recibí un llamado para poder acompañarlo en un hogar de niños, brindarle contención y estimularlo para que pudiera desarrollarse de la mejor manera posible.
Lo conocí en el Hogar y comencé a trabajar con él, a ayudarlo en su vida cotidiana, coordinando además con otras instituciones para las evaluaciones correspondientes en relación a su salud. En ese momento el tenía casi dos años de vida. Su diagnóstico de parálisis cerebral, hipotonía muscular y microcefalia, entre otros, hacían que requiriese de mucha atención y estimulación.
Trabajé horas y horas ofreciéndole las herramientas necesarias para que pudiera ejercitarse, reconocer objetos, reconocerse a sí mismo. Siempre trabajé en equipo. También me encargaba de llevarlo a los centros de salud, entre ellos al Garrahan (el Hospital Profesor Dr. Juan P. Garrahan es el centro pediátrico de referencia en salud pública, gratuita y de alta complejidad de la Argentina).
Pase días y días realizando estudios para conocer más sobre su parálisis.
Con el correr del tiempo me daba cuenta que él iba cambiando, iba mejorando su situación. Recuerdo el primer día que salió a la calle. Que sintió el viento en su cara y el primer día que pudo hamacarse en el parque.
Pasaba el tiempo y noté que empezaba a tener mucha más conexión conmigo y con las personas que estaban a su alrededor.
Claramente todos hacíamos un poquito por él y eso era notorio en su desarrollo.
Poco a poco comenzó a sentarse. Comenzó a conectar su mirada. A interesarse en el entorno. Ezequiel se manifiesta con gestos, gritos, risas, llantos y sonrisas. Es su forma de expresarse, ya que no posee lenguaje verbal.
Había que aprender a entenderlo.
De a poco empecé a trabajar con él más horas de las que me correspondían.
Cuando llegaba Navidad y año nuevo hacía la mudanza de su cuna a la casa de mis padres, porque en ese momento vivía con ellos. Y pasaba las fiestas con nosotros.
En ocasiones era difícil para el entorno familiar aceptar esa situación.
Un día decidí mudarme…, pero antes de eso debí dejar mi relación de trabajo con Ezequiel. Porque realmente había algo muy fuerte que me unía. Pensé siempre en mejorar su calidad de vida, que pudiera escuchar un cuentito por las noches y recibir un abrazo. Que pudiera tener la contención de una familia. O por lo menos quería intentarlo.
De joven siempre le decía a mi mamá que no quería tener hijos. Pero de repente pensaba tanto en Ezequiel… No lo podía ver cómo un hijo, claramente, pero sí pensaba que podía cumplir una función más activa en su desarrollo.
Planteé esto a las autoridades del Hogar. Y planeamos una cita con la jueza que llevaba adelante el caso (Ezequiel es de Salto, tiene 5 hermanos y sus padres viven en la misma ciudad).
Poco tiempo después recibí una cita para evaluar la situación .
En ese momento me estaba mudando… Pensaba en armar mi vida sola y obviamente pensaba en poder incorporar a Ezequiel en un futuro.
Las autoridades confiaron en mi proyecto de vida con él y poco tiempo después recibí la orden de egreso de Ezequiel del Hogar. Me otorgaron la guarda provisoria y comenzamos a vivir juntos. Mi casa se llenó de sillas de ruedas, de bipedestadores (un equipamiento que permite la posición vertical de un niño con control motor inadecuado). Debí adaptar las entradas. Acomodar la habitación, el baño, etcétera. Hubo muchos diálogos con la obra social para que le cubriesen todas las atenciones necesarias, incluyendo que alguien pudiese atenderlo mientras yo tenía que ir a trabajar. Pero en pocos días nos adaptamos. Nos acomodamos y empezamos un camino nuevo. Siempre digo que lleno de felicidad.
El entorno a veces no comprendía mi decisión de vida, pero yo siempre estuve segura de eso.
Con el tiempo, a veces notábamos con Ezequiel que necesitábamos algo más. Siempre le ha gustado el aire libre. Y de casualidad nos conectamos con un señor de Ecuador que es creador de bicis inclusivas.
Y empezó a cambiar nuevamente nuestra vida.
Nos enseñó cómo armar una bici para salir a pasear con Ezequiel y me puse en campaña. Conseguí una bici playera y le adapté una silla de ruedas.
Con ayuda de la gente logramos la primera bicicleta.

Comencé a notar que Ezequiel sentía mucha felicidad. Que el viento en su cara lo hacía muy feliz. Y que se enojaba cuando paraba en los semáforos. Empezó a gritar cuando debía frenar… y ahí empezamos con las aventuras.
Corrimos la primera carrera en la ciudad de Concordia, provincia de Entre Ríos.
Se trataba de participar en una maratón dónde todos corrían a pie con una bici… La verdad que fue la primera ciudad que aceptó las cosas así como las planteamos. Y nos sentimos súper felices. Mucha gente aplaudía a Ezequiel y él se entusiasmaba más y más. Le gustó mucho el recibimiento y fundamentalmente la carrera en sí, dónde todos se acercaban y querían compartir algo con él.
Desde ese momento nos propusimos participar en más carreras.
Hasta que he escrito estas líneas, hemos participado en 77 eventos deportivos, la mayoría maratones en las que participamos con la bici inclusiva, en algunas carreras de rural bike, en un duatlón y hasta en algunas carreras de ciclismo.

Con el paso del tiempo fuimos perfeccionando la silla y la bicicleta. Cambiamos de marca y modelo, le pusimos cambios y fuimos mejorando los sistemas de apoyo para poder correr y participar de eventos deportivos.
El deporte nos abrió muchos caminos. Y también nos han cerrado caminos, pero cuando nos cerraron algún camino nos encargamos de volver a abrirlo. Fundamentalmente para que las organizaciones pudiesen comprender que íbamos a competir con nosotros mismos. Que íbamos a dejar un mensaje a la comunidad: si quieres puedes. Es lo único que queremos que sepan. Y que eso pueda replicarse en cualquier parte del mundo.

Con las participaciones en eventos empezaron a surgir muchas cosas buenas. Empresas que nos empezaron a apoyar, programas de TV, y de a poco fuimos preparando más elementos para que Ezequiel pudiera disfrutar de las carreras y de la conexión con la naturaleza, entre ellos, hace tres años, la idea de poder armar un sistema para correr en la nieve. Ya habíamos probado asfalto y tierra en bici y habíamos construido un sistema para correr en la montaña. Solo faltaba probar con la nieve.
Así que nos invitaron a una carrera en la nieve y aceptamos. Un gran desafío.
Varias empresas apoyaron la iniciativa y con dos esquíes construimos una silla adaptada para la nieve.
Fue una experiencia increíble que volvemos a repetir todos los años.
Pero claramente, de todas las experiencias consideramos que la bici es lo que más feliz lo hace. Puede conectarse. Puede gritar. Puede sentir ese vientito que lo hace tan libre. Uno de los conceptos que más lo identifica tiene que ver con la libertad, con la sensación de poder, de desplazarse, de llegar…, y sobre todo de una manera sustentable.

Quiero compartir con ustedes también la noticia de que este año salió la sentencia de adopción de Ezequiel. Nuestro abogado, el doctor Jorge C. ha realizado un trabajo impecable durante los 9 años que esperamos la adopción.
Hemos recorrido varias ciudades, varias provincias, participando de muchos eventos y hace tiempo decidí apoyar a familias con personas con discapacidad.
Siempre fui ayudando de manera virtual, pero hoy en día estamos ayudando de otra manera, mucho más concreta.
En este 2021 decidimos poder ayudar a los niños y niñas que necesiten salir al aire libre, que necesiten conectarse con el entorno, y para ello estamos haciendo unos enganches especiales para poder brindarles una bici inclusiva.
Hemos recibido algunas donaciones que nos permitieron hacer la primera bici, que fue entregada a Mateo, de 6 años de edad, que también tiene parálisis cerebral. Y pronto empezaremos con la segunda bici.
Obviamente hacemos todo con el apoyo de la comunidad y empresas que quieran ayudarnos a cumplir este sueño.
Para todo ello hoy nos hacen falta, entre otras cosas, algunos insumos como fierros de 30×30, ruedas de bici o bicicletas comunes con cambio que pueden ser muy útiles para la conexión que debemos hacer con las sillas de ruedas.
Lo del armado de las bicis lo hago junto a mi novia Julia, con la que hace más de un año que estamos juntas luchando junto a Eze cada día. Y con ella y un grupo de personas de mi ciudad estamos trabajando todos juntos para poder cumplirle el sueño a más niños.
Dejo aquí los datos contactarnos por si alguna empresa o familia decide ayudarnos a seguir con el proyecto: valegasa@hotmail.com | 2474-441800 | https://www.instagram.com/valegasasalto/

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Deporte y Entrenamiento

El Semillero de Madryn: un modelo a imitar para ofrecerle a los más chicos

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La iniciativa de El Semillero MadrynBiker nació en Puerto Madryn, Chubut, a principios del 2019. Su fundador fue Juan Carlos Felipe (46), panadero e integrante de un grupo de ciclistas. En su participación en carreras observaron que los chicos de Madryn que participaban la sufrían frente a los de la vecina provincia de Río Negro, cosa que lo decidió a comenzar a entrenarlos.
Comenzó con los hijos de sus compañeros de las dos ruedas y con el tiempo el semillero se fue ampliando: 7, 8, 20, 30… , hasta que hoy superan los 180.
En ese proceso el entrenamiento fue dando sus frutos. Al principio los del Semillero quedaban relegados en todos los eventos en que participaban, pero con trabajo y tenacidad empezaron a pasar al frente, a ocupar los podios. Hoy, 14 de estos chicos han sido postulados para formar parte de la selección chubutense de ruta, pese a que en la diaria hacen fundamentalmente MTB.
Durante la pandemia el grupo creció explosivamente. Mientras, Juan Carlos completaba diversos cursos de ciclismo, de cardio y se perfeccionaba en adolescentes y niños. Hoy hay en el grupo diversas categorías por edad, desde los más chicos hasta cadetes, prejuveniles y juveniles. “Me sale la docencia”, afirma Juan Carlos.
Un grupo de padres lo asisten en las actividades, ya que entrenan todos los días tanto en MTB como en ruta. Y con el tiempo la experiencia ha ido prendiendo en otros lugares de la provincia de Chubut, como Trelew, Comodoro o Esquel, donde se están armando grupos basados en el modelo que ofrece El Semillero.
Los chicos que participan no pagan cuota, solo un seguro. Hoy la idea es institucionalizar el trabajo, apuntando a formar un club que pueda desarrollar una sede y un circuito, para lo cual sí ya se cobrará una pequeña cuota.
Paralelamente se apunta a formar entre los adolescentes que “alcen la mano” un grupo de alto rendimiento, que reciba un entrenamiento diferencial, que tenga el apoyo de profesionales, entre ellos un nutricionista, y que puede apuntar a participar en competencias provinciales y nacionales de envergadura.
Quizás lo único que le falte al Semillero sea el contacto con otros grupos similares del país. Juan Carlos considera que necesita conectarse con ellos y que el hecho de que los chicos se conecten entre ellos puede resultar un gran salto de calidad. Por eso es que planean recibir a grupos de chicos de todo el país en Madryn, ofreciéndoles lo necesario para una estadía digna y provechosa, e igualmente visitar con los chicos los lugares donde haya experiencias similares.
Lo que sigue es el testimonio de una de sus integrantes, María Laura Agüero.

“El Semillero se hace ver adonde quiera que vaya”

El Semillero MadrynBiker nació hace alrededor de 3 años como un grupo de padres y chicos/as amantes de las dos ruedas y del ciclismo de montaña. Comenzamos muy de apoco, con apenas 6 chicos, a salir a rodar por el monte de la ciudad de Puerto Madryn. Así, de boca en boca se fueron sumando cada vez más personas, más chicos y chicas que querían ser parte de esta aventura, más madres y padres que querían acompañar y ayudar a cuidar a los chicos y pasar una linda tarde rodando.
Con todo el compromiso y el amor al deporte y a los jóvenes, Juan Carlos Felipe asumió el compromiso de llevar a los ciclistas a dar un paso más allá que sólo salir a hacer cicloturismo. Comenzó a organizar el grupo por edades y capacidades. Armó el grupo de “los picantes” como él llama a sus precadetes, cadetes y juveniles. El grupo 1, con los pequeños que ya dejaron sus rueditas y están listos para superar obstáculos cada días más difíciles. Y el grupo 2, que se está preparando para ser parte de “los picantes” del futuro.

Con todo esto, no sólo comenzó un compromiso de entrenamiento sino también de superación personal. Ayudó a muchos chicos/as con sobrepeso a desafiarse a sí mismos y cumplir el objetivo de bajar de peso. Los acompañó y alentó constantemente en ese tránsito. Sin dejar de mencionar que muchos de ellos perdieron miedos que los bloqueaban no solo arriba de la bicicleta sino en otros aspectos de sus vidas. La pandemia los aplastó… cómo a todos, pero Juan no los dejó caer. Les armó planes de entrenamiento para hacer en sus casas, desafíos que debían cumplir y hasta mandar videos. Muchas veces el estímulo era ganarse los tan amados vigilantes de manufactura propia (Juan es panadero y ese es el sustento de su familia).
En momentos de encierro armó y planificó carreras para cuando pudieran viajar, buscó descuentos, alojamientos, comida, todo lo necesario para que pudiesen viajar con un costo mínimo.
Cuando el aislamiento no permitía viajar, se las ingenió para armar una carrera contrafreloj. Los estimuló a entrenar un circuito tantas veces como fuera necesario, con el objetivo de superar el propio tiempo. Así, les tomo una prueba cumpliendo con las restricciones propias de la pandemia y manteniendo la seguridad de todos. Les mostró que no hay obstáculo que pueda frenar a un ciclista y que no hace falta competir contra el amigo sino contra uno mismo. Así les enseñó el valor de la superación propia. Los estimuló, les dio “una zanahoria” delante para correr tras ella, un objetivo por el cual levantarse y proponerse entrenar y ser mejor que ayer.
Hoy en día, pandemia por medio, el Semillero tiene 180 ciclistas, y se sumaron manos con ganas de ayudar. Sebastián Ortube y yo misma acompañamos a Juan en los entrenamientos, dividiéndo los grupos, planificando juntos carreras, viajes e ideas para mejorar y levantar el ánimo de los chicos y chicas.
El Semillero no sólo quedó en el ciclismo de montaña. Desde él se armó el primer grupo juvenil de ciclismo de ruta, reflotando esta actividad en la zona. Las autoridades de Chubut Deportes escucharon sobre este grupo de grandes potenciales sobre ruedas y los convocaron a una preselección para formar parte de la selección chubutense de ciclismo y representar a la provincia a nivel nacional.

Toda esta energía atrajo almas bondadosas que hicieron donaciones. Donaciones que ayudaron a ciclistas con escasos recursos económicos pero con un grandioso sentido de la responsabilidad y el compromiso para con el Semillero, además de sobradas condiciones para el ciclismo.
El Semillero se hace ver adonde quiera que vaya. Las competencias adonde asiste se inundan de camisetas amarillas. La gente los ve con admiración y muchas veces con asombro, porque ven a todos esos chicos y chicas de todas las edades alentándose los unos a los otros, ayudándose, acompañándose y los más grandes enseñando a los más chicos. Es así como no sólo llegaron a lograr superaciones personales sino también a colmar los podios de todas las categorías.

 

FB https://www.facebook.com/semillero.madrynbiker
Juan Carlos Felipe: (280)4032522
Sebastián Ortube: (280)4720027
María Laura Agüero: (280)4419485 | laguerocnp@gmail.com
Fotos: Ariel Agu

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Cicloturismo

Una detallada lista de todo lo que hay que llevar para un viaje en bicicleta

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Gonzalo Zamorano es un experto viajero en bicicleta. A continuación, traducido en palabras, todo lo que podés ver en la foto.

Bicicleta y alforjas

Bicicleta Venzo Atix
Apidura Expedition Saddle Pack 17L
Apidura Expedition Handlebar Pack 14L
Apidura Expedition Top Tube Pack 1L
Apidura Expedition Frame Pack 3L
Apidura Expedition Accessory Pocket 4,5L
Apidura Expedition Fork Pack (X4) 3L
Straps My Fix plus
Casco Limar 875

Equipo de camping

Tienda 3fulgear Lanshan 1pro
Mochila 3fulgear 35L
Aislante Inflable Sea To Summit Ether Light XT Insulated Mat
Saco de dormir (x2) Eolus 10C

Indumentaria

Zapatilla Bicicleta MTB Venzo Air Mesh
Sandalias Sandalos Andes Trail
Lentes Venzo 001
Indumentaria Ciclismo Gobik
Rompevientos
Guantes
Campera de plumas
Camisetas (x2)
Pantalón corto (x2)
Camiseta térmica
Pantalón térmico (x2)
Cuellos Buff (x2)
Medias (x2)
Calzoncillos (x2)

Herramientas

Herramientas multifunción Super B
Cortaplumas Victorinox 17 usos
Pinza Leatherman Wingman
Inflador doble acción
Líquido tubeless T-Elite
Cámara de emergencia 29”
Aceite para cadena TF2

Equipo audiovisual

Cámara Sony A7ii + 4 baterías
Objetivo Samyang 35 mm
Dron DJI Mini2
GoPro Black 7 + 2 baterías
Portátil MacBoox Air 13”
Power Bank Gadnic 25000 mah
Memoria externa
Trípode Manfrotto

Equipo alimentación

Olla 1L
Cuchara/tenedor
Botella de 500 ml de aceite
Vaso plegable
Bombilla
Cocinilla de alcohol
Bolsa con condimentos
Encendedor (x2)
Caramañola Venzo de 750 cm (x2)
Botella Nalgene 1L

Higiene

Pasta de dientes
Espejo
Desodorante
Jabón
Máquina de afeitar
Toalla

Lo indispensable

¡Ganas de recorrer nuevos caminos y mucha perseverancia!

 

Seguí las aventuras de Gonzalo en: https://www.instagram.com/gonzalo.zamorano/

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Deporte y Entrenamiento

Las mil y una desgracias y felicidades que pueden sucederte en el Trasmontaña, por el Prensa Team

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El team Prensa de Biciclub, integrado por Ariel Sabatella, nuestro fotógrafo y cronista, y Pablo Giarra (42), titular de Ávalon Bike Shop, de Villa Urquiza (CABA), nos regaló esta crónica desde adentro mismo del Trasmontaña 2021, corrido el pasado 21 de noviembre en las sierras y senderos tucumanos. Fueron de la partida 1325 parejas, en una carrera que por el clima, las exigencias técnicas y la extensión le movió el piso al más pintado.

 

TRASMONTAÑA: TE ODIO, TE AMO
Por Ariel Sabatella

Después de 27 meses de abstinencia del más puro MTB, saciado por momentos en algunas sierras de Tandil o en los senderos del Ecoxtreme de Pilar, el Prensa Team de Biciclub pudo volver a saborear de lo mejor de la senda tucumana y esta vez con ingredientes de lo más picantes, entre ellos unos 38ºC de temperatura y el circuito más largo y técnico de las 27 ediciones de esta carrera.

La previa: Expo Biciclub
La gran fiesta del MTB comenzaría, como es habitual, el viernes previo (19 de noviembre) a las 10 AM, horario en que se inicia la entrega de los esperados kits a los corredores. Esto se realiza desde hace 8 ediciones en las instalaciones del Hotel Hilton Garden Inn.

La gente comienza a llegar al lugar y disfrutar de la Expo Biciclub. La previa de la gran fiesta del mountain bike nacional comienza a palpitar al ritmo de marcas que exponen sus mejores especímenes, para que los ojos de cada ciclista brillen de manera que todos sabemos que lo hacen cuando vemos esa bici que siempre nos gustó pero que ahora está al alcance de nuestras manos y en esta ocasión hasta las podemos tocar…
Todas las grandes marcas se juntaron para mostrar sus nuevos lanzamientos. Scott con su nueva Spark, con amortiguador trasero interno; Specialized con sus Epic y Chisel; Venzo presentando su nueva doble suspensión; Volta con su nueva línea 2022; Willier y Fuji con todo lo nuevo 2022; Vairo con la presentación de su linea de e-bikes; Sunpeed presentándose en sociedad; y Trek con su novedosa Supercaliber.
Además, en la Expo podías acceder en distintos stands al servicio de seteo de suspensiones, medición de isquiones, charlas/clases de mecánica ligera y service de horquillas Lefty en el stand de Cannondale (de la mano de David Logrippo), por lo cuál no había excusa para no tener todo a punto para el día de largar. Varios otros expositores ofrecían sus mejores productos para quien quisiera darse un merecido gusto o terminar de completar su kit para el domingo.
A pesar del sol radiante que nos hizo sentir el rigor de 34ºC, la Expo brilló con gran concurrencia de gente que recorrió y se deleitó paseando por todos sus sectores, donde se respiraba y escuchaban charlas relacionadas con partes de las bicis, medidas de manubrios y ángulos de dirección, materiales de cuadros, seteos de rebote y por supuesto la clásica pregunta: “¿Cómo está la (bajada de la) 15?”

El Prensa Team

Nuevamente con un número colgado del manubrio, la apuesta era volver a disfrutar de la carrera desde adentro y contar lo que se vive en sus exigentes 48 kilómetros. En esta ocasión y después de 4 años consecutivos, el lugar de Juan Pablo Cassaccione (Halawa), mi habitual compañero, fue ocupado por un amigo de la bici, dueño de la tienda Ávalon Bike Shop: Pablo Giarra.

Pablito, cómo le decimos los amigos, escuchó durante más de una década hablar de la carrera y de las modificaciones del circuito largo durante esa década. Desde cuando la carrera dejó de tener al Telégrafo como su gran cuco y terminar en el Siambón, habían pasado el “Trasmo de barro” del 2015; el del calor y estreno del nuevo gran cuco a vencer: el Maciel del 2016; y el del frío violento del 2018…
La carrera, que en su clásica fecha de agosto casi siempre cae en Día del Niño, una de las fechas de mayor venta para las tiendas, hacía que muchos bicicleteros, entre ellos Pablo, nunca la hubiera podido “disfrutar”. Razón por la cual en este 2021, con el cambio de fechas por la pandemia, no tuvo más escapatoria que dar el sí y ponerse a entrenar para disfrutar de la carrera y planear unas vacaciones por el NOA con su compañera durante los días siguientes.

¿Hay vida sin carne ni harinas?
Esta edición fue la que con más compromiso desde lo deportivo me tomé desde el punto de vista del entrenamiento y la planificación junto a mi coach Camilo Candia, que gran paciencia me tiene. A ello sumé el cambio de algunos hábitos alimenticios. En este último año dejé de consumir alimentos con trigo y después de 12 años de vegetarianismo, abandoné lácteos y huevos, por lo cuál era un desafío constatar también hasta dónde podía exigirse mi cuerpo, ya que muchos piensan que sin carne y harinas no hay vida y puedo decirles de primera mano que no es así. Con estos hábitos alimentarios el cuerpo va liviano y enfocado en dónde poner la energía.

12 horas de sueño
Los días previos de la Expo Biciclub son días muy intensos. Este año lo fueron aún más por razones personales y la presión de que todo debía salir bien se hizo sentir, por lo que conciliar el sueño durante las noches previas era tarea difícil, entre otras razones por las altas horas en que terminábamos de trabajar después de jornadas de 17 horas y la cabeza que no paraba de la ansiedad. Desde el jueves al domingo sólo pude dormir un total 12 horas. El sábado pensaba que podía llegar a dormir unas 6 horas de corrido, pero justo en la planta baja del departamento que alquilábamos hubo una peña que duró hasta casi el momento de salir para la carrera. No hubo manera de tener un buen descanso previo, pero “si ya estás en el baile, tenés que bailar.¨

Agua, agua y mucha agua
Se decía que esta edición del Trasmontaña iba a ser o muy calurosa o un mar de barro impedaleable, ya que en la región es época de calor y de lluvias. Afortunadamente no fue así, no cayó una gota de agua durante la carrera, pero esos 35 grados de promedio hicieron que los días previos y durante la carrera sí o sí hubiera que consumir muchísima agua para no deshidratarse.

Una nave HT
Mis primeros dos Trasmontañas habían sido en una HT (hardtail=rígida) doble plato y los últimos dos en una bici de trail doble suspensión (120 mm adelante y atrás), ambas con doble plato. En esta oportunidad la elegida fue una Polygon Syncline C5 HT de carbono.
No es por polémico, pero la doble suspensión trepa muy bien y baja mejor (eso no lo cuestiono) pero las HT son más divertidas y más físicas.
Volver a la HT resultó en mi caso todo un desafío para afinar la técnica, volver a elegir líneas y por sobre todo mejorar mi estado físico, intercalando el entrenamiento de bici con prácticas de ashtanga yoga.
La carrera sería una gran prueba de fuego para la “Poly”, ya que nunca nadie había hecho esta carrera con ese modelo.

Su geometría no es convencional para ser una bici de XC. Tiene un ángulo de 67 grados de frente, una horquilla Fox 32 de 120 mm de recorrido, vainas relativamente cortas y caja muy baja, condimentos que hacen que la bici suba muy bien, doble muy bien y baje súper estable por el ángulo, la horquilla y la altura de la caja pedalera.
En definitiva, una nave para disfrutar y exigir al 100%.

El peso importa
Siempre uno es esclavo de los pesos de las bicis y los componentes, pero de nada sirve alivianar la bici si uno no se aliviana. En mi primer Transmontaña, allá por el 2016, pesaba más de 105 kilos y hoy rondo los 79 kilos, lo puedo afirmar. La bici va ayudar a que seamos mejores ciclistas, es una gran herramienta, pero en vez de comprar componentes para alivianarla y gastar muuuucha plata en que eso pase es mejor cerrar el pico, cambiar hábitos y acomodar el físico para poder disfrutar de esa herramienta el 100%.

El circuito
Este año el recorrido volvió a cambiar, se puso más picante. En esta edición una vez que se llega a La Sala, después de atravesar el cañadón salimos a la ruta y bordeamos el campo para encarar el camino a Pocotes y las primeras trepadas, allí donde esta carrera empieza a decirte: “de acá en más no queda nada llano…”
Llegando a Villa Rubia y después de su hermosa bajada uno comienza a subir de nuevo en una pendiente tendida hasta las primeras cárcavas, donde por momentos parece una fila de un supermercado pre pandemia, con una procesión de ciclistas que caminan hasta la cima y siguen después de un poco de agua y de recuperar el aire hasta la cima del Telégrafo, en esa subida de casi 3 kilómetros que tanto se disfruta y sufre al mismo tiempo (aunque ya no tanto, sabiendo que el enemigo ahora es el querido por pocos y odiado por muchos Maciel).
Del Telégrafo a la Refinor y de ahí a la ruta, el pinar, la canchita de fútbol y la base del Maciel… Si llegaste hasta acá, de acá no volvés y a darle pedales o trekking hasta el alto para luego disfrutar de la bajada de la Bryton con lo que queda de vos… Aunque después viene otra de las partes nuevas, la herradura, y por fin la ansiada meta. Nada pero nada llano, literal.

Hidratación: ¡5 puestos, 10 puntos!
Si hay algo que está demostrado es que la organización de la carrera intenta superarse en cada edición, desde el trazado del circuito hasta la logística de la hidratación.
Llevar agua a los puntos estratégicos para los casi 3000 corredores no es nada fácil y al ver que el agua estaba disponible en cinco puntos del circuito ubicados en forma estratégica y en donde la gente que abastecía a cada corredor se preocupaba por llenar a cada uno la caramañola o el camelback fue realmente muy reconfortante. El sentir que la organización nos estaba cuidando, hidratándonos para estar sin miedo a que nos faltase agua, hacía que tuviésemos más ganas de estar ahí.

Nuestra carrera
Las carreras del Prensa Team nunca son muy competitivas, por más que el ciclocomputador nos diga 4.30 horas de marcha tardamos siempre casi el doble, porque paramos a hacer preguntas, a tomar videos o fotos o a rellenar la caramañolas o a comer alguna palta.
Esta vez largamos a las 9 de la mañana y a los pocos minutos entramos a la calle 15: ¡Lo que se extrañaba ese sendero largo y divertido! Pablito, que siempre la había oído nombrar, pensaba que la 15 era la largada nomás y al enterarse que no lo era y ver lo que lo esperaba no podía creerlo. Andaba feliz tratando de encontrar un poco de “flow” hasta que la senda le dio la bienvenida en una de sus curvas y lo mandó al piso (la rueda delantera se barrió en una de esas curvas.) Afortunadamente no venía nadie detrás y tras un “¿estás bien?” de rigor volvimos a rodar, hasta que dos minutos después de nuevo al piso y ahora con mayores consecuencias: aro revirado, cubierta desinflada y pérdida de líquido tubeless.
Seguimos viaje y cruzamos varias veces el río y al llegar a la Sala, en la zona de asistencia encontramos a Graciela, la mujer de Palito Macías, que lo estaba esperando para asistirlo y muy amablemente nos prestó el inflador de pie y tras acomodar todo seguimos.
La falta de aclimatación y mis más de 10 días sin rodar hicieron que arrancase con una adrenalina muy alta, hasta que en la bajada hacia el río en Villa Rubia y tras decirle a Pablito “vayamos por la línea de la la izquierda que es más tendida” y que no arriesguemos de más… me fui al piso. Caí sin consecuencias, nada más que unas frutillas en el brazo y a seguir, pero… ya no era el mismo: Tras subir unos cientos de metros tuve que parar, porque sentía que no tenía fuerzas y el calor no me dejaba respirar. La adrenalina, el calor y el poco sueño me estaban jugando una mala pasada. Tras unos minutos de pelea mental pude volver a estar en modo para disfrutar de las primeras subidas, que ya se hacían sentir. Así, con un ritmo moderado pero parejo, llegamos al abastecimiento del kilómetro 18 y encaramos el Telégrafo.

Hola calambres
En un momento de la subida al Telégrafo con mi compañero nos separamos. Yo estaba subiendo un poco más holgado que él y tomé distancia. Tras esperar varios minutos apareció con su característica postura sobre su bici y con un gesto de dolor. Los primeros calambres habían aparecido y lo iban a acompañar hasta casi el final de recorrido. A lo largo de las subidas se veía gente tirada en el piso peleándole a esos dolores tan característicos e intentando volver a estar en carrera.

El Telégrafo adentro
La cima del Telégrafo se saborea como un espaldarazo de ánimo y por sobre todo de confianza. Cuando comenzamos la carrera teníamos cuatro desafíos: la calle 15, el Telégrafo, el Maciel y llegar.
Las charlas de los corredores mientras se recarga agua se parecen a una sobremesa de un asado con amigos, entre chicanas, palabras de aliento y pronósticos (la mayoría erróneos o demasiado alentadores) de cuanto tiempo más van a tardar, todo lo que hace que el clima de ese lugar sea único y todos queramos estar un poco más y ver pasar a esos “osados” ciclistas que solo llevan consigo una única botella de agua y con un simple vaso de plástico agarrado en velocidad tiran hasta el próximo abastecimiento.

Zapatero a tus zapatos
Tras pasar el Telégrafo a Pablito se le rompió la traba de su zapatilla izquierda… Después de pensar cómo arreglarla con lo que teníamos a mano decidimos usar un Tamal de Halawa, un accesorio en que podés llevar casi todo lo que necesitás y ponerlo donde se te ocurra en la bici. Usamos las cintas del tamal para agarrar la zapa al pie y suplir la traba rota. Dio resultado y seguimos contentos varios kilómetros más hasta que en el Río Sucio la zapatilla derecha corrió la misma suerte: la traba voló y la suela se desprendió por completo. La zapatilla derecha estaba desintegrada por completo y por más que tratamos de solucionar el inconveniente con los precintos de las placas de los números el panorama era negro.

Abandonar no es una opción

Pablito estaba desmoralizado, sentado en el pasto. Su expresión era de preocupación y su cabeza le estaba empezando a ganar. Me senté a su lado y le dije: “Esta carrera es de a dos, si vos no querés seguir no seguimos pero hay algo que te puedo decir porque me tocó vivirlo (en nuestra tercera carrera en 2018 con Juan Pablo): si abandonás ahora es una espina que vas a llevar todo el año hasta que puedas volver para sacártela. Sigamos un poco más y después vemos que hacemos.” Lo ayudé a pararse para volver a pedalear y mientras reiniciábamos la marcha le dije: “Pablo, voy a hacer todo lo posible para terminar esta carrera, porque la medalla se la prometí a mi hija y voy a cumplir.” Y tras esas palabras, a solo 200 metros, ocurrió algo inesperado. Nos cruzamos con el soporte neutral de Shimano y con el experimentado Leo Cacciola, que tras saludarnos después de tiempo sin vernos, se puso la 10 y nos solucionó el problema sólo como los grandes saben hacerlo: varias vueltas de cinta Duct Tape en ambas zapas. Tras haber conocido en carne propia el propósito y sentido de los Blue Angels de Shimano, reiniciamos la marcha. De ahí en más solo nos esperaba llegar y no había excusas.

¡Suenan la criqueras!
Tomamos un gel y encaramos el Maciel, muy rodable y un gran desafío, donde cada tanto, entre tanto “trekking”, cuando uno pasa pedaleando se transforma en un héroe nacional durante una gesta sanmartiniana y se lo alienta como tal, como se merece.

Pablito subía un poco en bici y otro poco caminando, como podía, porque más allá de los calambres tiene varios clavos en el tobillo que le dificultan la flexión. Eso hizo que por momentos decidiera subir caminando a la par de él con la dos bicis, para que pudiese descansar su tobillo.
Las criqueras suenan y los pasos se tornan cada vez más lentos por la pendiente. Vamos cruzando gente descansando o esperando a su compañero en la sombra, que a esta altura cotiza más que el dólar blue, y tras el saludo y las palabras de ánimo te dan ganas de seguir para arriba, total todo lo que sube baja… ¡¡¡y como baja!!!

La Bryton
Es el premio instantáneo post Maciel, una bajada larga y divertida que comienza apenas terminás de subir y si soltás los frenos la velocidad que agarrás a esa altura de la carrera compensa todo lo que te tocó ir lento subiendo el Maciel. Tremenda esta parte nueva del circuito, con líneas muy claras y bastante poceadas, se ve que por el caminar de animales, que hacen que pongas a prueba tu técnica y tu físico tras varias horas de carrera.

La amargura
En esta misma bajada, entre tanto traqueteo, perdí la cámara de fotos en la que estaba registrando todo, con fotos y videos de todo ese día. El bolso en que la transportaba, cerrado por la mitad, y el traqueteo no se llevan de lo mejor. Seguramente —pensé al constatar la pérdida— la cámara estará estallada en algún lugar y la memoria con todo el material registrado quedará como una cápsula del tiempo para quién la encuentre o para los gusanos cuando ya no existamos en este mundo.

Alberto “el milagro” Arrieta
Pero como lo más increíble de los milagros es que ocurran, después de transitar la amargura de haber perdido el material que habíamos grabado y pensar cómo poder recomponer la nota, nos contactamos con Pablo Rosales, uno de los organizadores del Trasmo, para informarle que si cuando limpiaban la senda encontraban una cámara era nuestra… Y poco tiempo después el mismo Rosales nos mandó el contacto de Alberto Arrieta, quien se había comunicado con la organización para informarles que había encontrado una cámara. Alberto es un mendocino que corrió su primer Transmontaña en poco más de 9 horas, algo épico si tenemos en cuenta el debut, la temperatura y la dureza del circuito. De inmediato nos pusimos en contacto con él y miles de gracias mediante, nos envió la cámara y pocos días después de asimilar que todo estaba perdido ya estábamos completos nuevamente.
Al final de esta nota y en también en nuestras redes pueden ver el video del Prensa Team o lo quedó de nosotros después de esta tremenda batalla. ¡Gracias Alberto!

¡¡¡Llegando!!!
Tras bajar la Bryton, llegar al río y comenzar a subir, llegamos a la ruta. La gente vuelve a hacerse sentir, dando aliento al pleno rayo de sol, brindándose con un aplauso y hasta ofreciendo agua. Cosas que solo el Tramontaña te da.
Encarando esta última parte la energía vuelve, porque la adrenalina de la misión cumplida se siente al llegar, no queda nada tan técnico que te pueda sacar de juego y la emoción de “ganarle” otra vez al Trasmontaña es el motor de las piernas.
Nuevamente la llegada se escucha desde varios kilómetros antes y el marco en imbatible: familias, olor a asado, amistad y ese sentir especial de que cada uno que está ahí ya no es el mismo que hace algunas horas atrás.

La vida es una
Como decían unas calzas de una de una pareja que cruzamos: “La vida es una”, y qué mejor que llenarla de experiencias para contar.
Esta carrera se trata de superarse, de jugar en equipo en un deporte de uno, de pensar en el otro, de exigirte al máximo hasta quedar vacío y por sobre todo ya no volver a ser el mismo que cuando 6 horas atrás encaraste la calle 15.
Nos pedimos paso en 2022.

TRASMONTAÑA 2021 EN 9 HORAS 10 MINUTOS, TODO UN ÉXITO
Por Pablo Giarra

Me preparé varios meses antes. Desde que supe que este año no se correría en agosto, sino en noviembre. Pero nunca fue suficiente el entrenamiento, por diferentes motivos: trabajo, horarios, familia. Pero me preparé bastante.
Sabía que las trepadas (así como las bajadas) que yo conocía o estaba acostumbrado a hacer no se acercaban en lo más mínimo a las de Trasmontaña, pero trataba de prepararme según las indicaciones que me pasaba el entrenador.
Sí, hice mi primer Trasmo en 9 horas 10 minutos, con 5 horas 13 minutos en movimiento, a una velocidad media de 9.4 km/h, a un promedio de 147 pulsaciones por minuto, con un ascenso acumulado de 1666 metros.
Bla, bla, bla…

Daños colaterales
Mucho dato, mucha estadística, pero las cosas que uno vive ahí, más siendo la primera vez, no se entrenan, se dan y te llegan como una piña en la cara (o caídas, para ser más concreto). Roturas de llanta con destalonamiento en la famosa 15, recién iniciando, pudiendo seguir a pesar del viboreo de la rueda una vez entalonada nuevamente.
Y más adelante, en la mitad del segundo tercio de carrera, arranqué contra vaya a saber qué, uno de los broches de mi zapatilla izquierda, que supuestamente eran re buenas, quedándome como par de alpargatas bien usadas.
Acá ya empezaba a entrar en juego la importancia de ir en parejas, mostrando que es más que ir de a dos acompañándose. En este caso, mi compañero sacó a relucir su zapatero interno y me ayudó a reabrochar mi zapatilla con un Tamal de Halawa, cosa que sirvió hasta pasar al próximo evento desafortunado, también con las zapatillas y también con soluciones de zapatero remendón: ahora se había desprendido el otro broche lateral, el de la zapatilla derecha.
Resultado: una alpargata en un pie, una chinela rota y vieja en el otro. Y nuevamente mi zapatero remendón sacó los precintos de los cartelitos que indicaban que integrábamos el Team Prensa y con ellos ajustó como se pudo toda la zapa. Más difícil ahora, esta vez no era lo mismo, estaba muy destruida.
No, esas cosas no se entrenan. Sabés que pueden pasar, pero hasta que no pasan no te ponen a prueba realmente. Y no estoy considerando aun el esfuerzo increíble que demanda el recorrido, que destruye tu integridad física a medida que transcurre, trepando y bajando. Con el subibaja de emociones que eso implica, se suma el desánimo de no poder seguir simplemente porque no podés subir al Maciel en bici y con ojotas. Lo anímico es más importante que el cansancio, y todo indicaba que mi alma me estaba ganando la pulseada.
Pero Ariel demostró ahí mismo que no solo era una buen compositor de calzado, sino que metió un coaching increíble para que después de armada la zapatilla con precintos me decidiera seguir.
Hasta que poco después apareció el maná del cielo o, mejor dicho, un puesto de asistencia de Shimano donde Leo Cacciola sacó de su valija de magia una Duct Tape con la que me encintó las dos zapatillas de manera que fueran nuevamente funcionales.
Otra vez el subibaja emocional estaba de mi lado.
Pero continuaba el Maciel, la trepada más importante (e inhumana) de la carrera. Con el objetivo de terminarla como norte, le dimos con todo lo que estuvo a nuestro alcance y la subida terminó sin mayores inconvenientes, salvo el cansancio extremo (nunca en mis 42 años de vida me exigí, física y anímicamente tanto) y las caminatas en las trepadas más duras para poder avanzar.

El summun del MTB
Prepárense todo lo que puedan, hagan todo lo necesario y más para estar lo más aptos para afrontar semejante carrera. Pero hasta que no lo hagan y conozcan realmente lo que es el Trasmo no van a saber lo que es el esfuerzo necesario para realizarlo. Recién ahí van a entender todo lo que requiere esta competencia para poder hacerla.
Aprovechen bien el gran recurso de que se hace en parejas y traten de sobrellevar todo juntos.
Carrera y lugares increíbles, exigente y muy, pero muy buena. Si te gusta el MTB, este es el summum de la disciplina.
Mis objetivos eran conocerla, terminarla y disfrutarla (esto último parece mucho más evidente una vez terminado). Todos se cumplieron con creces.
Sí, terminé el trasmo en 9 horas. Sí, fue un rotundo éxito.

 

Fotos: www.ubice.ar e Isabel García (Biciclub)

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