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El Gran Bajo de San Julián: la mayor depresión de América en bicicleta

Fecha: 21.12.2018

  

Formamos la Agrupación Hijos del Viento hace cinco años y en la actualidad cuenta con 45 integrantes de entre 18 y 60 años. Juntos recorrimos miles de kilómetros en travesías de cicloturismo convocadas en diferentes provincias patagónicas.
Hace tiempo se escuchaba en nuestras reuniones sobre la idea de pedalear en el Gran Bajo de San Julián, la mayor depresión de América, de 105 metros bajo el nivel del mar. El sueño poco a poco fue tomando forma de proyecto y comenzamos la
planificación.
El Gran Bajo fue declarado Patrimonio Cultural en 2009. Esta declaración fue un primer paso muy importante para evitar los cateos mineros y con ello el probable ingreso de la megaminería al lugar. Quedó pendiente la aprobación del Plan de Manejo que asegure la protección de los invaluables tesoros que guarda este vasto territorio. Investigadores de diferentes nacionalidades estudian el Gran Bajo desde comienzos del siglo XX. Sin embargo para los habitantes de esta zona es un lugar desconocido. Decimos con orgullo que es una de las mayores depresiones del mundo, pero mucho más no sabemos. Así las cosas, necesitábamos información precisa del lugar. Todos los caminos conducían al querido vecino Idelfonso “El Viri” Delgado, conocedor de la zona, la persona indicada para ayudarnos a hacer el reconocimiento del camino y definir el recorrido para nuestra travesía.
Fuimos a conversar con “El Viri” y entre mate y mate, con papel y lápiz. Fue armando con los trazos seguros propios del que sabe de lo que habla. El mapa del Gran Bajo marcaba un camino posible para cumplir nuestro sueño. Ya teníamos una primera idea y le pedimos a nuestro amigo que nos acompañara como guía para recorrer la zona en la camioneta. Así lo hicimos. Vimos el camino, las posibles dificultades, bajadas y subidas, lugares para descansos y reaprovisionamiento. La medición con nuestro GPS nos daba un recorrido de 48 kilómetros. Volvimos mejor informados y cada vez más entusiasmados con este nuevo desafío.
La travesía quedó acordada para el domingo 2 de diciembre. Tramitamos la correspondiente autorización para ingresar al campo y viajamos en varios vehículos. Éramos 37 cicloturistas listos para disfrutar el día con un pronóstico muy alentador. Había viento del Oeste a 40 kilómetros/hora y una temperatura máxima de 24º. A las 10:30 de la mañana estábamos en el estacionamiento de la Planta La Silvita de TGS y 10:45 partimos. Comenzaba la gran fiesta del cicloturismo.
Los primeros 16 kilómetros nos condujeron a Laguna El Carbón y el Puesto Raspuzzi, punto más bajo de América, con 105 metros bajo el nivel del mar. El viento en contra era compensado con el pronunciado descenso de gran parte del trayecto. Llegamos allí al mediodía, apenas pasadas las 13:30. Sin lugar a dudas ese era el objetivo más importante y convertirnos en la primera agrupación de cicloturismo en llegar allí.
El Puesto Raspuzzi nos habla de una vida en soledad. ¿Habrá sabido Don Raspuzzi que pasaba sus días en el punto más bajo de América? De haberlo sabido ¿Tendría algún sentido para él? Sus batallas cotidianas contra el viento, la sequía y los depredadores lo tendrían muy ocupado para detenerse en curiosidades geográficas. No lo sabemos. Fue un momento vivido con emoción, se parece a otros parajes patagónicos pero es un lugar único y habíamos llegado hasta ahí con una voluntad colectiva, habiendo transformando una idea en un plan.


Nos quedaba el segundo objetivo por cumplir: dar la vuelta y completar todos juntos los 48 kilómetros de recorrido, superando las adversidades del viento en contra subiendo la Meseta Chica y pedaleando en los pedreros de lajas. Fue el tramo más complicado, por un terreno áspero y hostil que hizo estragos en las cubiertas de las bicicletas.
Después vino la recompensa y en la meseta el camino mejoró. Una tropilla de guanacos cruzó al galope y llamó la atención de la caravana. Están los guanacos, las lagunas y los picaderos, es territorio Tehuelche, allí cazaban con sus puntas y bolas de piedra. Ahora pueden verse algunas vainas servidas de las armas de los cazadores. Ya no es cuestión de supervivencia, se trata de otras necesidades.
El viento oeste nos ayudó para llegar hasta el casco de la Estancia El Perejil. Allí las huellas del trabajo ganadero están muy frescas, resistiendo todavía al tiempo del ocaso de la producción ovina. Viviendas de piedra indestructibles, algunos heroicos tamariscos, corajudos molinos malheridos que no quieren abandonar su lucha por el agua, potreros vacíos y silenciosos, el baño reseco y la pequeña herrería.


En ese lugar desolado y mágico descansamos, nos refrescamos y recargamos líquido, además reparamos algunos pinchazos, tomamos fotografías y encaramos el tramo final hasta la Planta de TGS, a 12 kilómetros. Dejamos El Perejil a las 15:30hs. El último tramo fue más rápido a pesar de las pinchaduras que obligaron varias veces a detener la marcha. Cuando el grupo pedaleaba en silencio rumbo al destino se percibe claramente la emoción y pasa algo difícil de contar.
Llegamos a la planta a las 17hs, completamos el recorrido planificado de 48 kilómetros los 37 cicloturistas, en medio de la algarabía característica y los aplausos que acompañaban con su color la llegada a la meta en cada travesía. Estábamos todos sanos, con algunos raspones, algunas espinas, pero todos bien.
El sol estaba todavía bien alto. Cargamos las bicicletas y volvimos al pueblo. ¡Sueño cumplido! Ahora, a pocos días de aquel momento, estamos pensando en la próxima.

Texto: Ariel Sarasa

Más info: www.facebook.com/lhdvbikeclub/


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Hablamos sobre: Recreativo, Viajes en bici

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