Conectá con nosotros

Reflexiones en dos ruedas

El mundo será una fiesta

Por Mario García

Días atrás tuve oportunidad de ver fotos urbanas de hace 100 años. Y escrutándolas me saltaron a la vista un puñado de detalles. Carros, bicicletas, caballos, algún que otro tranvía y gente por todos lados, en las veredas y en la misma calle, todos cruzándose, usando y compartiendo el espacio a sus anchas. Incluso en lugares con tránsito intenso podía verse ese uso ilimitado del espacio público.
Obviamente no había cruces de cebra para peatones. ¿Y por qué debía haberlos? En aquellas épocas, y antes de eso durante miles y decenas de miles de años, la gente cruzaba por donde su corazón le indicaba, a mitad de cuadra, en diagonal, o incluso caminaba por el medio de la acera, por donde se le antojara. Era espacio público, por lo tanto de todos, y no era de esperar que por atrás nuestro apareciera una máquina metálica de una tonelada para atropellarnos y mucho menos para reclamar que ese espacio le pertenecía en exclusiva.
La calle no era solo para trasladarse de un punto a otro. Era también el lugar para las celebraciones, para comprar y vender comida y todo tipo de utensilio, para que los chicos jugaran y ellos y sus familias se relacionaran, para ver y ser vistos. Era el lugar de todos, de pobres y de ricos.
Pocos años después todo esto comenzaría a cambiar con la aparición del automóvil y la mutilación que éste produjo de la vida en las calles. Los seres humanos fuimos expulsados del paraíso.
Pero en aquellos años la gente no se entregó mansamente a este avance del complejo automotriz sino que luchó. Las primeras fatalidades causadas por los automóviles fueron motivo de protestas y reclamos. En algunos pocos lugares, como Holanda, esas protestas dieron sus frutos y los automóviles fueron restringidos severamente, pero en la mayor parte del mundo el complejo automotriz, que compró poder y conciencias, triunfó ampliamente. Al punto que hoy en la Argentina mueren 15 personas por día en accidentes de tránsito y a nadie se le mueve un pelo. 15 muertos por día parece ser aceptable. Los automóviles, según nuestra actual conciencia ciudadana, tienen derecho a herir, a mutilar, a matar. Y a los peatones nos queda ocupar un mero lugar en la vereda y a los ciclistas ponernos casco y apartarnos del camino de las bestias del infierno que surcan calles y caminos. Los niños no pueden jugar en la calle. La gente no puede socializar. La calle es de los autos y de los ladrones.
Pero esto, vuelvo a las fotos, no pasó siempre. Durante miles y miles y miles de años las cosas no fueron así. Y hoy hay núcleos muy potentes en todo el mundo de gente consciente de que esto debe cambiar, que las máquinas que matan deben ser restringidas de manera extrema. Que debemos volver a lo que fue razonable y humano por siempre. De manera diferente, por supuesto, quizás sin carros ni caballos, pero reconstruyendo formas de convivencia en las que el hombre siga siendo hombre, dueño y señor de sus actos y del espacio que le corresponde. Y para eso hay que barrer la basura de la calle.
Admito que a veces pierdo las esperanzas, pero cuando me siento abatido recuerdo que esta plaga tiene tan solo cien años y el ser humano muchos muchos muchos más y recurro al lúcido aforismo del pensador de Sarandí: “Todo pasa.”

Intro de revista Biciclub #284, agosto de 2018.

Continua leyendo
Publicidad
Click para comentar

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ciclismo urbano

Calles salvajes: “Hoy quisieron matarme”

Tengo 21 años, desde hace más de 10 que me manejo con bastante autonomía por la ciudad. A los 9 o 10 años empecé a ir a la escuela en bicicleta, vivía en Baigorria. Cuando empecé la secundaria me empecé a mover en colectivo por un tema de distancia y tuve a la bici bastante abandonada, hasta que me mudé a Rosario.
Al poco tiempo de mudarme la bici se hizo una parte fundamental de mí, no sólo para trasladarme sino para trabajar. Recorrí diversas “plataformas” de envíos a domicilio y después empecé a hacer bicimensajería por mi cuenta. El último gran cambio que hice fue meterme en la mecánica de bicicletas, que es mi trabajo actual.
Moverse en bicicleta en la ciudad es algo que puede ser fantástico, y este año, entre la pandemia y los meses donde no hubo transporte urbano, esto se evidenció fuertemente. Rápidamente la municipalidad de Rosario dispuso nuevas bicisendas en las principales avenidas de la ciudad (un reclamo que se venía haciendo desde hace mucho).
Pero pese a todos los avances que hubo (principal y casi únicamente más bicisendas), andar en bici por la ciudad sigue siendo un desafío. Podría nombrar de memoria diversos lugares específicos donde por un diseño mediocre y hasta diría negligente, la nueva infraestructura ciclística genera más problemas que soluciones. Desde la esquina de Entre Ríos y Córdoba, donde por culpa de taxis, patrulleros y autos particulares mal estacionados, los colectivos siempre se terminan subiendo a la bicisenda, o la bicisenda de Avenida Pellegrini, por donde constantemente las motos circulan a alta velocidad.
Hoy me tocó vivir un par de situaciones de riesgo. Venía por la bicisenda de Avenida Ovidio Lagos al 4000, una camioneta dobló a la izquierda sin el guiño y sin mirar y estuve a centímetros de terminar abajo. Un par de cuadras más al norte, otra camioneta, esperando para doblar a la izquierda, nuevamente sin el guiño y completamente cruzada sobre la bicisenda. La pude esquivar por la derecha y al pasar golpeé en la parte trasera de la chata para hacerle saber que estaba haciendo todo mal. Avancé unos metros, miré para atrás, la camioneta puso reversa en el medio de la avenida y encaró para mi lado. Seguí avanzando y para poder tomar más distancia pasé un semáforo en rojo. La camioneta hizo lo mismo, pasó el semáforo en rojo, adelantando a los demás autos por la derecha. Me alcanzó. La tenía a centímetros atrás mío. Sentía como aceleraba y clavaba los frenos justo antes de tocarme. No sabía si la contaba. El escenario de ser atropellado cada vez era más real y cercano. Doblé en contramano a la derecha. La camioneta también dobló en contramano. Ya estaba, no le importaba nada. Vi un garaje abierto, un taller mecánico, me metí. No había nadie, pegue unos gritos, no salía nadie. Por suerte aparecieron unos vecinos que habían visto toda la secuencia y se quedaron un rato conmigo. Nunca me temblaron tanto las piernas.
No sé cuál es la solución pero tengo en claro cual es el principal problema. Ningún ciclista puede estar seguro en la calle mientras haya gente arriba de un auto con este tipo de actitudes negligentes y en algunos casos criminales. Y al estado parece no importarle. ¿Cuándo fue la última vez que escucharon de una multa por no usar el guiño? ¿Alguna vez vieron cómo multaban a una moto por ir por la bicisenda?
Es incontable la cantidad de veces que sufrí en carne propia la negligencia, impunidad y violencia por parte de automovilistas. Ya me cansé. Me cansé de pedir las cosas bien, me cansé de decir amablemente (o no tanto) “poné el guiño”, me cansé de que me manden a la mierda después de eso, que me amenacen de muerte o que me digan que en la esquina se bajan y me cagan a piñas. Si vas a poner en riesgo mi vida por no usar el guiño o no mirar los espejos y encima ni siquiera vas a pedir disculpas o aceptar tu error, si creés que no merezco circular en la misma calle por la que lo haces vos, no esperes que reaccione amablemente, se acabó, podes despedirte del guiño o del espejito que no usás. No te preocupes, eso se puede volver a comprar, y si existiera una multa debería ser bastante más cara.
¿Los ciclistas a veces hacemos cosas incorrectas? Solo puedo hablar desde mi lugar, y sí, paso semáforos en rojo a diario entre otras cosas, pero con la certeza de que jamás puse en riesgo la vida de nadie, ni siquiera la mía, y muchísimo menos a propósito.
Si un día me muero en un “accidente” probablemente sea abajo de una Hilux último modelo con todos los papeles al día.

Julian Casiello: juliancasiello@gmail.com

Foto: @bicipaladin

Continua leyendo

Reflexiones en dos ruedas

Enfermedad y deporte: “Mi debilidad se transformó en mi fortaleza“

Una enfermedad discapacitante ayudó al protagonista de esta nota a convertirse en un deportista full time de las dos ruedas, a las que llegó luego de tener que abandonar el béisbol, su deporte de origen, como consecuencia de su enfermedad. (más…)

Continua leyendo

Reflexiones en dos ruedas

Según las Naciones Unidas hoy es el Día de la Bicicleta

Durante el mes de abril del año 2018 la Organización de las Naciones Unidas decidió proclamar al 3 de junio como el Día Mundial de la Bicicleta, reconociendo en sus considerandos los múltiples beneficios que trae la bicicleta a la humanidad y en particular “la singularidad, la longevidad y la versatilidad de la bicicleta, que lleva en uso dos siglos y que constituye un medio de transporte sostenible, sencillo, asequible, fiable, limpio y ecológico que contribuye a la gestión ambiental y beneficia la salud”.
La Organización de las Naciones Unidas asigna días internacionales con la intención de “sensibilizar al público en general sobre temas de gran interés, tales como los derechos humanos, el desarrollo sostenible o la salud. Al mismo tiempo, pretenden llamar la atención de los medios de comunicación y los gobiernos para dar a conocer problemas sin resolver que precisan la puesta en marcha de medidas políticas concretas”.
En fin, ya había un día mundial de la bici, cuya fecha, el 19 de abril, fue elegida por los propios ciclistas hace décadas, cosa que a la ONU parece no importarle. Igualmente, en buena hora, gracias por la gentileza y ¡chin chin por la bici, hermosa!

Continua leyendo

Ciclismo urbano

Sí, digámoslo, en Argentina el coronavirus le salva la vida a 20 personas por día

Cambiar el paisaje urbano, con más gente en bici y caminando que en auto, ya no hay que imaginarlo, lo hemos constatado. Todos nosotros hemos cruzado durante estos días una calle o avenida por cualquier lugar, todo nosotros hemos visto en algún momento arterias desiertas, semáforos inútiles, pasos de cebra en desuso.
Y también hemos podido constatar que en Argentina la fatídica cifra de unos 20 muertos por día en accidentes de tránsito ha descendido prácticamente a cero. El coronavirus ha matado a mucha gente, pero “gracias a él”, al haber tan pocos autos en las calles, en este mes que lleva la pandemia, unas 600 vidas se han salvado y unas miles de personas no han quedado lisiadas de por vida tras ser parte de un “accidente de tránsito”.
Puede que el dato parezca banal y que el razonamiento capcioso, pero no lo es. Los muertos por coronavirus en este mes no llegan a 100, mientras que los que han salvado su vida por que el coronavirus ha restringido la presencia de automóviles en las calles son cerca de 600 y miles los que se han salvado de quedar con secuelas.
¿Nos quedará como saldo algún aprendizaje social, cultural y político de esto? ¿Aprenderemos ahora que los miles de muertos por año por causa del tránsito automotor son por causa de una pandemia? ¿No será que hay que restringir drásticamente y para siempre la circulación de automóviles en las ciudades? ¿No será esta la gran oportunidad? ¿O los 100 muertos por coronavirus de este mes son más importantes que los 600 que hubieran muerto por “accidentes”?
En fin, para reflexionar.

Por Mario García

Continua leyendo

Más Leídas