Conectá con nosotros

ABC

Cómo elegir pedales

Los diferentes tipos de pedales y su utilidad práctica. Los pedales automáticos y los criterios para elegir por cuál optar, de acuerdo a la actividad principal que vamos a desarrollar con ellos.

El tema de los pedales automáticos es uno de esos temas que despierta muchas dudas a los ciclistas principiantes, fundamentalmente a los de mountain bike, ya que no a los de ruta, donde no suele haber principiantes absolutos (la mayoría se inicia en el mountain bike, y el que adquiere una bicicleta de ruta ya forma parte del deporte y sabe que no hay otra opción fuera de los pedales automáticos).
Por lo general, luego de la compra de su primera bicicleta de mountain bike de calidad, hecha con el espíritu de hacer deporte o ejercicio intenso o cicloturismo, el flamante pedalista suele enviarnos a la redacción la siguiente consulta: ¿Qué tipo de pedales debo usar? Y la verdad es que la pregunta es clave, ya que los pedales son el principal vínculo que nuestro cuerpo tiene con la bicicleta.
Los pedales se ofrecen en cuatro grandes tipos: pedales simples o sin fijación, pedales simples con puntera y eventualmente con puntera y correaje de sujeción (que se denomina jaula), pedales automáticos y pedales de plataforma. Cada tipo tiene un lugar en el mercado, pero a la hora de comprar una bicicleta nueva o un par de pedales es conveniente saber:
– cuál contribuirá a que nuestra pedaleada rinda más,
– cuál a que nos sintamos más cómodos y
– cuál será el más seguro.
Desde ya, el pedal común de la bicicleta barata, que en algunos casos no es ni antideslizante, es simplemente un recurso barato, un sucedáneo de pedal, ya que la pedaleada no rinde porque sólo podemos empujar el pedal en un tramo mínimo de la circunferencia y es sumamente peligroso, especialmente en el mountain bike y en general en cualquier situación en la que estemos rodando con cierta velocidad, porque nuestro pie puede fácilmente deslizarse fuera de él y provocarnos un accidente.

Los automáticos
En el mountain bike los pedales automáticos son la mejor opción. Con ellos el pie queda sujeto al pedal donde debe estar, garantizando que lo operemos a través de nuestros metatarsos. Es la conexión más estable que podamos tener con nuestra bicicleta y nos permiten no sólo aprovechar la fuerza de los músculos extensores de la pierna (cuádriceps, gemelos, etcétera) sino también la de los flexores (isquiotibiales, etcétera). Dicho de otra forma, permiten hacer fuerza para avanzar no sólo en el exiguo tramo en el que baja la pierna, sino también cuando se sube, aprovechando la fuerza de nuestras piernas en todo momento. O sea, podremos hacer que el tramo de empuje hacia abajo sea más largo y, una vez adquirida la práctica, hacer que el pie tire hacia arriba o ayude al otro pie que baja en el resto de la circunferencia. La excelencia de esta técnica conduce a la llamada pedaleada “redonda”, o a “redondear” la pedaleada, que implica el máximo aprovechamiento de nuestra energía.

Shimano-PD-M520-
Los pedales automáticos nos resultarán también los más seguros, ya que si en un sendero o en una maniobra arriegada o en una curva en velocidad se nos saliera el pie del pedal correríamos muchos riesgos. Por otra parte, será difícil que si usamos la bici para dar un par de vueltas de manzana el riesgo de que se nos resbale el pie esté demasiado latente, pero en una larga pedaleada, aun en asfalto y en condiciones normales, cuando uno está cansado…
Por otra parte, aprender a usarlos no demanda más que un día de práctica, ya que el pie se engancha fácilmente al apoyarlo sobre el pedal y se desengancha con un breve giro del talón hacia afuera. Incluso la traba del pedal tiene distintos grados de tensión, con lo que uno puede comenzar a usar estos pedales con esa traba en el mínimo de tensión e ir ajustándola a gusto cuando nos sentimos seguros.
Otra ventaja no menos importante de estos pedales es que en terrenos de montaña o simplemente irregulares, se nos facilita saltar por sobre obstáculos ejerciendo fuerza hacia arriba desde ellos.
Y finalmente, con el pedal automático no hay que pensar cómo ni dónde está nuestro pie en el pedal, cosa que muchas veces nos distrae y nos obliga a corregir la posición, de manera que, liberados de esa preocupación, podemos concentrarnos en nuestra técnica o incluso en simplemente divertirnos.
El único argumento serio en contra de los pedales automáticos es la posible caida sin poder desengancharse de ellos. Eventualmente esto puede sucederle a un inexperto, aunque si hacemos un breve aprendizaje y los primeros días nos andamos con cuidado y probando mucho el enganche y desenganche, es altamente improbable que nos suceda. Al final de esta nota volveremos sobre este tema.

Puntera y correas
Otro tipo de pedal que utilizan los ciclistas que saben de la necesidad del aprovechamiento de la energía de la pedaleada, y que es el pasado del pedal automático, es el de puntera y correas.
La puntera sola (que puede ser de plástico o metálica) obliga a que el pie apoye con el metatarso y que además podamos alargar algo el tramo de empule hacia abajo y levantar parcialmente el pedal cuando termina el tramo de empuje hacia abajo del pie.
Pedales-con-puntera-y-correas-(jaula)
Esto último se perfecciona cuando en el pedal con puntera además utilizamos el correaje que permite solidarizar el pie con el pedal. En este caso el pie y el pedal están firmemente unidos, se puede desarrollar una pedaleada no tan eficiente como en un pedal automático pero que se aproxima bastante y se evita el riesgo de que el pie se resbale fuera del pedal. El problema de este sistema es que para que la función se cumpla debidamente, el correaje debe ajustar con firmeza el pie, con lo que la posibilidad de sacar y poner el pie se dificulta mucho más que en un pedal automático. En suma, si usamos el correaje flojo, la función de sujeción no se cumple, y si lo usamos ajustado como corresponde corremos el riesgo serio de no poder destrabar los pies a tiempo ante una emergencia. En este sentido, es más peligroso un pedal de jaula bien ajustado que un pedal automático.
Una de las ventajas indiscutibles de este sistema es que es muy económico y no requiere el uso de calzado especial. Pero justamente, cuando usamos calzado convencional, que es inadecuadamente flexible, las fuerzas del pedaleo se concentran en un pequeño tramo de nuestros pies, generando fatiga y dolor cuando hacemos recorridos largos, ya que nuestros pies se ven obligados a plegarse sobre si mismos y desplegarse a continuación en su recorrido por la circunferencia del pedaleo.

Plataforma
Este tipo de pedal no ofrece ningún tipo de anclaje para el pie. En algunos modelos tienen superficies antideslizantes, que nos dan buen grip, pero el sistema en nada ayuda a aprovechar con eficiencia la pedaleada.
Durante muchos años los descensistas usaron este tipo de pedales, que los perjudicaba mucho cuando debían escalar, pero que les daba gran libertad a sus pies a la hora del descenso. Por aquellos años no se valoraba en la especialidad la potencia del pedaleo sino la técnica en la bajada. Pero ya desde hace años la tendencia es la de usar pedales automáticos también en el descenso, por lo menos en el ámbito competitivo más profesionalizado, ya que a la hora de hacer el mejor tiempo se valora a la pedaleada como se lo merece.

Shimano-PD-MX30-de-plataforma
El pedal de plataforma es también un pedal atractivo para los que recién se inician y en general para todos aquellos que aprecian tener sus pies en completa libertad, ya sea por gusto o por la práctica deportiva que desarrollan, como el caso del bmx freestyle, el freeride, el dirt jumping y hasta el descenso recreativo.
Incluso existen actualmente pedales de plataforma con trabas como las de los pedales automáticos, que permiten que cuando usamos el calzado adecuado podamos trabar como con cualquier pedal automático, pero que cuando usamos zapatillas sin trabas podamos disponer de una mayor superficie de apoyo para nuestro pie que la que ofrece el delgado pedal automático corriente.
Muchos riders expertos de especialidades como las mencionadas más arriba, que pedalean habitualmente con pedales de plataforma, aprenden a compensar la falta de conexión entre el pie y el pedal y minimizan las desventajas, pero aun con la mejor técnica y el mejor pedalista, la diferencia a favor del pedal automático es notable.

Cómo elegir automáticos
Siempre que alguien está pensando en comprarse una bicicleta de mountain, o de ruta o incluso una híbrida (la ideal para cicloturismo y en general para uso mixto ciudad-ruta-montaña) y aunque aun no lo tenga incorporado, en su futuro hay un par de pedales automáticos.

Crank-Brothers-Eggbeater-3-
Naturalmente, para usar pedales automáticos debemos tener, además, calzado específico, que no sólo permite instalar la traba en la suela sino que además ofrece otras ventajas. Es rígido, lo que impide que flexione nuestro pie sobre si mismo, evitándonos cansancio y dolores, es liviano y cómodo (hay modelos que son cómodos para pedalear y caminar, otros sólo para pedalear), y fundamentalmente es eficiente en el proceso de transferencia de la potencia.
Metámonos ahora en el tema de cómo elegir los pedales automáticos. Para ello, en principio hay que diferenciar dos grandes opciones:
– Sistemas exclusivos para pedalear, que tienen una traba que se monta por debajo de la suela en una posición optimizada para el pedaleo (y que cuando intentamos caminar con ellos por un reluciente piso del estacionamiento de un shoping puede hacernos vivir la loca aventura del deslizamiento total…). Estos sistemas fueron diseñados originalmente para bicicletas de ruta y son totalmente inapropiados para mountain bike, donde con frecuencia nos bajamos de la bici y caminamos, e incluso para bicis de ruta si no competimos o lo hacemos de tanto en tanto.
– Los sistemas en que la traba está metida “dentro” de la suela, o sea que no sobresale de ella o lo hace mínimamente, y que nos permiten caminar casi normalmente y en algunos diseños de manera completamente normal. Este sistema fue inicialmente desarrollado para el mountain bike, donde el sistema rutero no servía, pero con el tiempo encontraron un amplio camino en las bicicletas de ruta, al punto que en la actualidad, tanto en Europa como en los Estados Unidos, más de la mitad de las bicicletas de ruta que se venden vienen ya equipadas con estos pedales. Es que el que usa bicicleta de ruta también necesita caminar y también valora, cuando necesita bajarse de ella, no andar sonando por ahí como un bailarín de tap.
¿Por qué hay entonces mucha gente que usa el sistema de traba expuesta, cuando por lo visto es mejor el otro sistema, de traba recesiva? Los corredores profesionales lo hacen porque el calzado es un poco más liviano (muy poco), ya que no hay goma extra en la suela, solo una placa plástica o de carbono sobre la que se monta la traba, y también porque, con algunos modelos actuales la interfaz entre el calzado y el pedal es mayor y le aporta al ciclista una más sólida sensación cuando pedalea. Sin embargo, se han hecho tantos avances en el diseño y construcción de los sistemas de traba recesiva, que en la actualidad hay conjuntos pedal/calzado tan eficientes y livianos como los del sistema tradicional.
En cuanto al sistema de traba externa, las marcas líderes ofrecen actualmente lo que se denomina traba “flotante”, una genial innovación que permite que nuestro pie y nuestra rodilla determinen su propio alineamiento sobre el pedal, lo que es extraordinariamente importante para reducir el estrés sobre la rodilla y por consiguiente los dolores en ella. Antes de este diseño, un alineamiento inapropiado podía causar severas lesiones.
En lo que hace al sistema de traba recesiva hay mucho buenos diseños disponibles en todas las marcas líderes. Por lo general se trata de pedales con doble traba que, si bien fueron diseñados originalmente para el mountain bike hoy son muy usados en bicicletas de ruta e híbridas. Algunos tienen incluso un sistema de flotación rotativa, que los hace más amables con nuestras rodillas que los primeros diseños.

Cómo instalar las trabas
Si bien los nuevos sistemas flotantes han hecho que este tema no resulte tan crítico hoy en día, hay un par de cosas que deberemos controlar: el ángulo de la traba y la posición adelante/atrás.
Para determinar el ángulo correcto es conveniente colocar las trabas de manera que, cuando el calzado se mueve hacia adentro, nuestro tobillo casi no llegue a tocar la palanca. Con esta posición, cualquier buen sistema de pedales ofrecerá un generoso ángulo hacia afuera con respecto a la posición neutral (en línea con la bici), lo que significa que nuestro pie puede ir prácticamente adonde quiera. La única razón para modificar la posición de la traba de manera que limite el movimiento hacia afuera es para aquellos que tienen dificultad para girar sus talones lo suficientemente lejos como para destrabarse del pedal.
En lo que hace a la posición adelante/atrás, deberemos posicionar la traba de manera que el centro del metatarso (la parte más gorda de la planta) esté en línea con el centro del pedal. Esta posición nos aportará la mejor transferencia de la energía, sin agregar estrés a la rodilla. Sin embargo, en el caso de aquellos que tienen problemas de rodillas generados por el pedaleo, es conveniente probar corriendo la traba hacia atrás en el calzado, reduciendo de esta manera dramáticamente la palanca que el pedal puede ejercer contra nuestro pie y nuestra rodilla.

Y vamos a cerrar con el tema que le debe haber sobrevolado a todo principiante que leyó esta nota hasta acá. La GRAN cuestión. Cuando uses tus pedales automáticos por primera vez, luego de ensayar varias veces el quita y pon, las chances de que no puedas destrabarte a tiempo, y por consiguiente muerdas el polvo estrafalariamente sujeto a tu bici, son muy pocas, pero existen. La posibilidad de que, con el entusiasmo y la velocidad, se te olvide que para destrabar el pie debés ahora girar tu talón hacia afuera (no simplemente separar el pie del pedal), existe, está ahí como un monstruo acechando en la oscuridad. Y en el momento en que te des cuenta de tu error, cuando ya, por efecto del frenado al que te viste obligado, hayas perdido velocidad, será tarde… Imaginate lo que sigue, atados tus pies, sin otro lugar adonde ir… En cámara lenta, y seguramente rodeado de gente que sólo está ahí para mirarte caer, te desparramarás sobre el suelo en una incomprensible posición. Puede que no te lastimes, o como máximo te produzcas un raspón, pero la humillación puede superar al dolor, ¿no? Y, por sobre todas las cosas, nada hay que te haga tan especial como para que no te suceda lo que prácticamente a todos los que alguna vez estrenamos pedales automáticos nos pasó. ¡Quien no mordió alguna vez el polvo por esta razón qué levante la mano!

Nota publicada en Biciclub Nº209, mayo 2012.

Continua leyendo
Publicidad
9 Comentarios

9 Comments

  1. Raul

    9 octubre, 2013 a las 11:17 am

    Hola,para mis compañeros

  2. leiber rico

    16 enero, 2015 a las 8:24 pm

    Casi los tengo asi q me esty informando sobre ellos espero no caerme tanto claro se q me caere jeje gracias por la nota esta full

  3. eduardo

    2 julio, 2015 a las 5:37 pm

    ¿cual recomendas para cicloturismo?

    • Biciclub

      5 julio, 2015 a las 6:54 pm

      Eduardo, para un cicloturismo normal, sobre caminos, te recomendamos pedales de plataforma.

  4. Jonatan

    14 julio, 2015 a las 6:36 pm

    Excelente artículo, me ha ayudado mucho.

    Os doy las gracias

  5. Marcos

    6 octubre, 2015 a las 1:46 am

    Muy buen artículo.
    Me queda una duda, con respecto a la seguridad.
    Para dar algo de contexto: hace poco, entrenando en mi mtb con un amigo por una bicisenda, me llevé puesto un mojón central con el pedal… fue un lindo palo.
    Ahora leyendo, me pregunto como responderían los pedales automáticos en una situación de golpe fuerte? Tienen un punto donde la traba suelta por la fuerza del impacto, o lo retienen a uno pegado a la bici?

    Por otro lado, para cicloturismo por caminos no asfaltados, funcionarían punteras (sin amarras)?

    Gracias gente, espectaculares artículos.

    • Biciclub

      6 octubre, 2015 a las 5:31 pm

      Marcos, las calas de los zapatos de ciclismo tienen la posibilidad de ajustarse más o menos para que sea más fácil o difícil desprenderte de los pedales. Para empezar se recomienda tenerlos flojos de modo que con un pequeño movimiento -generalmente lateral- puedas desprender los zapatos del pedal. Según vayas adquiriendo experiencia podrás ajustarlos más. Los ciclistas experimentados suelen desprenderse al instante frente a un necesidad, ya que tienen muy adquirido el hábito de usarlos.
      Para cicloturismo claro que te servirán las punteras, lo único es que, como explica la nota, no aprovechás casi nada del «pedaleo redondo».

  6. Gustavo

    31 diciembre, 2016 a las 6:25 am

    Mi consulta es: q opinión tienen sobre los pedales mixtos o combinados? Para cicloturismo x terrenos no asfaltados recomiendan el uso de zapatillas comunes o zapatillas cn trabas? Desde ya les agradezco su respuesta a mi inquietud!

    • Biciclub

      2 enero, 2017 a las 1:59 pm

      Hola Gustavo, ¿a qué te referís cuando decís pedales mixtos o combinados? Siempre que quieras hacer la inversión y el aprendizaje de usar automáticos, es lo mejor para pedalear ya sea para competir, hacer cicloturismo o lo que sea, ya que son zapatillas hechas específicamente para pedalear (brindan mayor confort durante el pedaleo, evitando dolores), vas a poder optimizar la energía del pedaleo gracias a poder realizar el llamado «pedaleao redondo» (permiten hacer fuerza para avanzar no sólo en el exiguo tramo en el que baja la pierna, sino también cuando se sube, aprovechando la fuerza de nuestras piernas en todo momento). ¡Te recomendamos leer la nota! Toda la info está ahí.
      Saludos

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

ABC

Movilidad: datos que son amores

La Caja de Ahorro y Seguro hizo público en el pasado mes de diciembre los resultados de una investigación cuyo objetivo central era entender cuáles son los hábitos que surgieron en Argentina con la pandemia y cómo proyectan moverse las personas en este nuevo contexto de distanciamiento social.
Los que siguen son los datos más relevantes obtenidos en el estudio.
– El 87% de las personas se traslada caminando con mayor o igual frecuencia de lo que solía hacerlo antes de la pandemia. Cerca del 90% de las personas encuestadas elige moverse caminando, y a pesar de que tenían mayor movilidad desde antes que se haya decretado la etapa de Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio, el 53% espera, aún después de la pandemia, continuar caminando con frecuencia.
– El grupo etario que compone mayormente a quienes utilizan la bicicleta son las personas de la generación X. Una de cada tres personas de entre 35-54 años utiliza la bicicleta como medio de transporte. Entre los motivos por los cuales se utiliza la bicicleta, el 52% de los encuestados lo elige porque es el medio de transporte más saludable y el 18% piensa que es el medio de transporte más recomendable para evitar contagios.
– 3 de cada 10 personas planean mantener el uso de bici. Este medio de transporte fue la estrella durante los meses de pandemia. Con el transporte público restringido y la llegada del teletrabajo, la gente eligió moverse aún más de esta manera y manifiesta que mantendrá este hábito. El uso de la bicicleta en esta etapa de distanciamiento se mantendrá y es evidente que esta pandemia nos hizo incorporar algunos hábitos de movilidad que se van a mantener para siempre.
– ¿Cómo se da la reconfiguración del espacio y qué rol tiene la seguridad vial en este contexto?: 6 de cada 10 personas están de acuerdo con la ampliación de las bicisendas. Esto indica que la llegada de la pandemia intensificó y aceleró el proceso de transformación que se esperaba para los próximos años y las personas también demuestran mayor aceptación por estos proyectos.
– 7 de cada 10 personas están de acuerdo con la ampliación de las áreas peatonales. Otro de los cambios que se vio en los últimos meses debido a la pandemia, fue la ampliación de los espacios públicos y su conversión en áreas peatonales, algo que tuvo gran aceptación.
– Se debe considerar también que desde el inicio de la pandemia hubo un auge de los distintos sistemas de delivery que le dieron mayor visibilidad a la bicicleta, que desde hace ya varios años es considerada un actor clave en el escenario vial.
El informe concluye con una afirmación que deberíamos hacer nuestra: “Preguntémonos cada uno qué podemos hacer para que esto siga siendo así. Y hagámoslo.”

Por Mario García.

Continua leyendo

ABC

Entrenamiento: cómo empezar de cero

En épocas en que mucha gente se ha hecho de una bicicleta para usar como medio de transporte pero también para hacer ejercicio y eventualmente practicar el deporte, la profesora Elisa Lapenta nos aporta las bases de un plan racional y posible, detallando sus diversas etapas.

Todo en la vida tiene su lado positivo, hasta una pandemia. Llevamos ya siete meses desde que se decretó por primera vez el aislamiento, luego el distanciamiento, luego las marchas y contramarchas con las fases, flexibilizaciones, restricciones, etcétera, etcétera, etcétera.
A esta altura no tengo la menor duda de que el denominador común a todo este contexto que estamos atravesando es el cansancio y la incertidumbre por lo que vendrá.
Pero me atrevo a creer que en mayor o menor grado cada uno de nosotros ha podido capitalizar algo (poco o mucho) de esta pandemia.
En cuanto al deporte en general, hay estudios ya realizados en diversos países que demuestran que un alto porcentaje de personas sedentarias se acercaron a la práctica de algún tipo de actividad física durante este período.
Y lo más interesante de destacar es que tal vez sea la industria de la bicicleta una de las que se lleva la mayor cantidad de nuevos adeptos.
Al menos de esto dan cuenta numerosas bicicleterías a lo largo y a lo ancho de nuestro país que se han visto desbordadas por la altísima demanda de bicicletas de todo tipo (de MTB, de paseo, de ruta o urbanas).
A nivel internacional se ha comprobado que en pandemia (y aun fuera de ella) la bici pasó a ser uno de los medios de transporte más seguros y eco amigables para evitar el contagio del virus y la contaminación ambiental y también un deporte sin ruido ni humo, estrella principal en este contexto incierto que lamentablemente no anticipa una salida triunfal, al menos en el corto plazo.
Y es acá donde me paro para afirmar que hasta una pandemia tiene su lado positivo. No está demás mencionar los beneficios directos e indirectos que el ciclismo trae a nuestra salud:
– Evita el contagio del virus, ya que el medio solo lo usamos nosotros y la distancia social está naturalmente garantizada.
– Nos permite llegar a destino en menos tiempo que en un medio de transporte público.
– Al llegar, no perdemos valiosos minutos buscando dónde estacionar.
– Nos genera una sensación de bienestar inigualable (máxime en estos días de primavera).
– Como toda actividad deportiva, genera endorfinas y potencia el sistema inmunológico.
– Nos permite iniciar el día de un modo activo, lo cual redundará en un mejor ánimo a lo largo de la jornada.
– Provoca un gasto calórico considerable (dependiendo de la distancia y la intensidad que pedaleemos).
– No contamina el medio ambiente.
– Nos permite exponernos al sol, favoreciendo la absorción de la vitamina D.
– ¡Es lo más lindo que existe sobre el planeta! (Debo admitir que en esta afirmación hay una cuota de subjetividad por mi parte.)


La primera bici de adultos

Como todo comienzo en algo nuevo, el acercarse al mundo del ciclismo será una experiencia repleta de entusiasmo y de dudas. Y está bien que así sea.
La primera pregunta que suelen hacerme los pre-alumnos es “qué necesito para poder entrenar”. Y mi respuesta es bien simple: ¡Una bici, un casco y muchas ganas!
Con esas tres cosas basta.
A continuación, lo primero que tenemos que tener en claro es para qué queremos andar en bici. Si es por placer, por salud, por estética o para competir. Estas cuatro opciones no son excluyentes y de hecho puede que vayan apareciendo y sucediéndose una tras otra a medida que vamos sumando kilómetros. Sin embargo, al momento de comprar la bici debemos tener en cuantos dos conceptos fundacionales.
El primero es que “más o menos me sirva para lo que quiero”. Y el segundo que “ésta no será la única (ni la última) bici que compre”.
Para lo primero (que me sirva) debemos asesorarnos bien. Quienes puedan hacerlo con un profesional, bienvenido sea. Quienes no, sugiero que le pregunten a un amigo o conocido que ya esté en el mundo del ciclismo hace mínimo un par de años. O bien, si tienen a tiro un bicicletero de confianza, acudir a él.
Sea como sea, esta primera bici de adulto tiene el mismo sabor que la primera bici que nos trajeron los reyes magos. Se los aseguro.
Me permito hacer una diferenciación entre los varones y las mujeres al momento de la compra de la primera bici. Los varones seguramente se fijarán en el cuadro, en el grupo, en la suspensión, mientras que las mujeres generalmente elegiremos la bici que más nos gusta y luego nos detendremos a ver el grupo, el cuadro o la suspensión. Créanme que funcionamos así.
La compra de la primera bici debe de ir indefectiblemente acompañada por la compra de un casco. Todo lo demás (guantes, calzas, remeras, anteojos) pasa a un segundo plano. No quiero decir con esto que estas cosas no sean importantes, simplemente digo que el casco es lo más importante luego de la bici. Después viene todo lo demás.


El plan para el primer año

Pasado ese primer escollo (el de comprar la bici), llegamos a casa, se la presentamos al resto de la familia y nos preparamos para salir a estrenarla cuanto antes.
Pero ahora se nos llena nuevamente la cabeza de dudas: ¿Para dónde voy? ¿Por qué camino, ruta o sendero? ¿Cuánto tiempo salgo? ¿Con quién salgo? ¿A qué ritmo?
Esas primera salidas deberían ser lisa y llanamente a pura sensación. Sin tantas consignas ni condicionantes. Simplemente hay que subirse, dar las primeras pedaleadas y predisponernos a descubrir y disfrutar ese nuevo mundo que se nos abre a nuestros pies.
Pero eso no significa que no podamos luego ordenarnos un poco. Debemos, por ejemplo, tratar de salir al menos tres veces por semana día de por medio, no tres días seguidos de golpe.
Una vez que logramos acomodar esas tres sesiones durante un mes o un mes y medio, el siguiente paso es buscar un tiempito para una cuarta sesión, siempre manteniendo una misma duración promedio en cada salida.
Así podremos transitar un par de meses más.
Cuando ya estamos adaptados a esas cuatro sesiones semanales, ahí sí empezamos a darle más volumen a las sesiones: si pedaleábamos una hora, por ejemplo, intentaremos hacer 1:10 o 1:15 horas por sesión.
Y así otro mes más, para adaptarnos a esta nueva carga total.
Una vez que nos sentimos seguros y adaptados a estos volúmenes, recién ahí podemos pasar a hacer algunos trabajos de calidad, es decir empezar a buscar más velocidad en algunos kilómetros.
Todo esto debería de ser diagramado, claro está, por un profesional del ejercicio físico. Pero si no tenemos la posibilidad de acceder a uno, lo que tenemos que tener en claro es, en resumen, lo siguiente:
1. Ordenarnos para salir un mínimo de tres veces por semana entre 45’ y 60’ por sesión. Para un principiante eso es un montón.
2. Tratar de agregar luego una cuarta sesión en la semana. Es decir aumentar la frecuencia en la que salimos a rodar.
3. Con el tiempo aumentar la duración de cada sesión. Pasar, por ejemplo, de 1:15 a 1.30 horas por sesión.
4. Por último introducir trabajos fraccionados o continuos cortos de calidad, es decir darle más intensidad a algunos tramos del pedaleo.
Estos cuatro puntos pueden bien llevarnos un año.
En ese año seguramente ya habremos conocido a vecinos que pedalean, a grupos que se juntan los sábados, a algún entrenador, a un ciclista de los picantes. También es probable que hayamos tenido nuestra primera pinchadura, caída y explotada, cosa que suele suceder cuando nos juntamos con algún grupo que nos invita y nos dice “vamos a ir tranquilos, vení”, pero el tranquilo del pelotón es 40 km/h de promedio.
Todas estas cosas nos tienen que pasar. Nos van a pasar. E iremos aprendiendo en el proceso.


El camino a recibirse de ciclista

Pasado ese primer año, año y medio, pedaleando 48 de las 52 semanas al año, llega el momento en que o alguien nos tienta o simplemente se nos ocurre y… ¡zas!: “Amor, me inscribí para correr el Pinto (o el Trasmontaña).” Porque si hay algo en lo que se especializan los ciclistas principiantes es que no se andan con chiquitas. Nada de inscribirse en una carrera de la ciudad, de la región, de las más próximas y accesibles, carreras de distancias más amigables. No señor, de las alpargatas al campeonato del mundo sin escala.
¡Y allá vamos!
Los principiantes cordobeses (o los tucumanos, o los de las provincias con montañas donde hay carreras con frecuencia) contamos con la ventaja de que podemos hacer la previa, y es ahí cuando tomamos real dimensión de lo que podemos o no hacer, de medirnos. Pero no la llevan tan cómoda los principiantes de otras provincias, y ni hablar los que viven en zonas rurales donde la subida más pronunciada es el cordón de la vereda. ¡Cómo lo sufren!, porque metabólicamente esa es la palabra: ¡Sufrir!
Al momento de dar ese verdadero salto al vacío, la adrenalina estará tan alta y el entusiasmo será tan desproporcionado, que sin sombra de dudas ese primer Pinto o Trasmontaña quedará grabado a fuego en nuestras almas, pero podremos evaluarlo con una perspectiva más objetiva luego de que hayamos hecho el segundo o el tercero o quizás aun los subsiguientes…
Y es normal que así sea. Uno va a correr primeramente esas súper carreras con el único objetivo de llegar. ¡Y más del 85% llega! Y eso es grandioso. Sin embargo, definitivamente todo resulta mucho más grandioso cuando lo preparamos, cuando realmente entrenamos no en busca de llegar sino en busca de una marca.
Ese es el proceso natural. El primero objetivo es llegar, el segundo es mejorar el primero y el tercero ya sí es bajar las 4 o las 5 horas…
Ahora bien, una vez que me metí por debajo, por ejemplo, de las 4 horas y me acerqué a las 3:40 o 3:35, en ese momento es que la cosa se pone real y definitivamente peluda.
A esta altura ya llevamos unos cuatro años entrenando (y probablemente tres modelos de bicicletas), ya no nos da lo mismo un Shimano que un SRAM ni la doble suspensión o la simple. A esta altura ya tenemos el Garmin “cien mil” y seguramente formamos parte de la “comunidad” Garmin o Strava y competimos virtualmente con otros bikers de todo tipo, tamaño y color, a varios de los cuales seguramente ni conocemos en persona. Ahora los zapatos suelen hacer juego con el casco y para algún día del padre, de la madre o de cumpleaños ya habremos pedido de regalo una calza Santini con tiradores.
Cuando empezamos a entrar en la conversación del lote puntero de nuestra categoría aparece un nuevo mundo. Ni mejor ni peor, uno nuevo. Es el mundo de los datos, de las horas y horas de entrenamientos, de las semanas de carga de choque y de descarga, de los períodos de súper compensación y de puesta a punto, del potenciómetro, de los test de campo y de laboratorios planificados con rigurosidad científica.


La pasión por la bici

Estas son simplemente las etapas que uno transita cuando pasa de “andar con rueditas” a convertirse en un deportista amateur, pero lo que nunca deberemos olvidar es que la esencia de todo deportista amateur es que cuando nos acercamos a la bici, allá a los lejos en el tiempo, fue con el objetivo de disfrutarla.
En un comienzo disfrutábamos por el simple hecho de pedalear. Unos años después disfrutábamos además de mejorar, de competir, de ganar, de perder y de empatar. De viajar, de conocer lugares y personas. De vivenciar nuevas carreras, de pasarnos del MTB a la ruta o de la ruta al triatlón. De experimentar una carrera por etapas o una en parejas, de formar parte de un equipo, de tener un entrenador, de cambiar de entrenador, de cambiar de bici, de casco y de computadora y de cientos de cosas más.
Pero hay una frase que amalgama todo lo anteriormente descripto: la pasión por las dos ruedas.
Como dije al principio, todo tiene su lado positivo. Este 2020 nos dejara un batallón de nuevos ciclistas que replicarán con su ejemplo y entusiasmo esta toma de conciencia que estamos viendo a nivel mundial: aprender a disfrutar del hoy, del aquí, del ahora, del con quién. ¡Y si es arriba de una bici, mil veces mejor!

 

Por Elisa Lapenta: entrenadora de afamados deportistas de alto rendimiento | (0351)15-6225243 | elisalapentah3o@hotmail.com | h3o Sports | @elisanoemilapenta

Continua leyendo

ABC

Disfrutá de tus vacaciones con la máxima protección y seguridad

Llegó el verano y para muchos también llegaron las vacaciones, tiempo de finalizar el home office, los compromisos laborales y disponerse a disfrutar de la naturaleza.
Después de un año atravesado por una pandemia mundial, es necesario más que nunca generar tiempo de ocio, conectar con la familia y amigos y disponerse a un merecido descanso, dándole un respiro a la notebook, a la compu y al celular.
Una excelente opción para este momento es llevarte tu bicicleta al lugar elegido y disfrutar de excursiones y paseos rodeado de buena compañía o simplemente gozando del paisaje y conectando con los hermosos destinos que cuenta nuestro país. Otra opción es el cicloturismo, o sea organizar tus vacaciones en dos ruedas, para lo que hay que estar seguros de nuestra condición física, contar con un correcto equipamiento, herramientas e indumentaria.
En cualquier caso, los requisitos son variados, pero uno no menor es que teniendo en cuenta la problemática de la inseguridad actual, se puede optar por las nuevas coberturas creadas por Seguros Rivadavia.
Hoy la empresa dispone de tres alternativas que se adaptan a cada necesidad, pero en particular para emprender este tipo de travesía podemos seleccionar el producto Bici Max, que permite asegurar no solo bicicletas urbanas, sino también aquellas utilizadas en caminos de sierras y montañas o bien en competencias amateurs, dentro y fuera del país, con opciones de capitales y coberturas cerradas y otras con la flexibilidad de que elijamos aquellas que más se ajusten a sus necesidades de protección.
Bici Max es un plan flexible, dirigido a aquellas personas propietarias de una bicicleta que desean contratar coberturas adaptadas a sus necesidades de uso y con bondades que hacen de este producto uno de los más completos del mercado.
Cuenta con las siguientes coberturas:

Coberturas básicas:
– Robo total.
– Muerte accidental.
– Invalidez total y parcial permanente por accidente.
– Gastos de asistencia médico-farmacéutica por accidente.
– Cobertura de responsabilidad civil del ciclista.

Coberturas Adicionales:
– Robo de efectos personales en ocasión de uso de la bicicleta.
– Robo de equipos electrónicos portátiles en ocasión de uso de la bicicleta.
– Daños a la bicicleta.

A su vez, con el fin de brindar un servicio de excelencia, para este seguro se ofrecen, sin cargo, diversas prestaciones en caso de urgencias:

– Traslado por avería de la bicicleta.
– Asistencia por rotura de neumático.
– Reintegro de medicamentos como consecuencia de intento de robo.
– Envío de taxi o remís para traslado a domicilio a causa de robo.
– Envío de ambulancia hasta el centro médico más cercano en caso de accidente.
– Cambio de cerraduras por robo.
– Envío de taxi o remís hasta la dependencia policial más cercana en caso de robo. Reembolso de gastos de DNI por robo.
– Asesoramiento legal ante el robo o accidente sufrido.
– Conexión con centros de reparación de bicicletas.

Esperamos puedas disfrutar de unas excelentes vacaciones, o simplemente transitar seguro por tu ciudad, viajando con el respaldo que te ofrecen este y otros planes.

 

Para más información: www.segurosrivadavia.com | 0810-999-3200 | info@segurosrivadavia.com O bien, contactarse con cualquiera de los Productores Asesores de Seguros Rivadavia en todo el país.

Continua leyendo

ABC

Reglas para posicionar correctamente el asiento

Todo lo que hay que saber para posicionar correctamente el asiento en altura y adelante/atrás. La medición de la altura, del retroceso y de la inclinación. La alineación vertical de la rótula de la rodilla con el eje del pedal.

Una de las cosas mas importantes a la hora de posicionar a un ciclista (bikefit) es poner atención a los puntos de contacto, o sea pedales, asiento y manubrio. Ya en notas anteriores hablamos de los pedales y todo lo referente a ellos y ahora es el turno del asiento.
Es importante que podamos identificar las medidas que sitúan al asiento en el espacio.

Medición de altura, retroceso e inclinación
– Altura: es la medida tomada desde el centro de la caja pedalera (o eje del pedal, menos usada) al dorso en el centro del asiento, entendiendo el centro del asiento el punto en el cual tenga entre 7 u 8 cm de ancho, ya que nuestros isquiones deben apoyar por detrás de esta medida.
– Retroceso: es la medida tomada con una plomada o nivel láser desde el centro de la caja pedalera a la punta del asiento. Creemos que sería mejor tomar esta medida al centro del asiento antes descripto, ya que las longitudes de los asientos actuales nos pueden llevar a cometer errores, pero respetaremos el acuerdo convencional en la toma de esta medida.
– Inclinación: es la medición de la gradiente que usaremos con respecto al piso, en otras palabras es cuán más o menos se encuentra el dorso paralelo al piso.
Lo que debemos comprender en inicio es que teniendo como referencia el centro de la caja y el centro del asiento nos encontramos al unir estos dos puntos con una línea diagonal. Debido a esto cualquier modificación de una u otra medida afectará la posición final. Más simple aun es decir que tanto la altura como el retroceso se deben entender como una sola medida.

Alineación de la rótula y altura del asiento
Para iniciar un posicionamiento del asiento lo haremos rectificando la tan famosa “plomada” a través del retroceso del asiento. Esto consiste en alinear verticalmente la rótula de la rodilla con el eje del pedal situando las palancas a las 3 del reloj. Dependiendo del autor, se describe este punto por detrás de la rótula o por delante y se hacen modificaciones dependiendo de la especialidad ciclista que se practique, pero buscamos unificar un proceso y no generar mas dudas en torno a él.
Una vez que hemos dado el retroceso al asiento, avanzamos sobre la altura.
Para esto nos ayudaremos situando las palancas en las 6:00 del reloj. Usando la altura del asiento buscaremos encontrar con el talón el eje del pedal y una vez que hagamos contacto usaremos esa altura +3 a 4 mm. Tengamos en cuenta que todos somos morfológicamente diferentes, por lo cual frente a un fémur mas largo, por ejemplo, recomendamos ponerse en contacto con un especialista para evaluar minuciosamente el caso particular.
Básicamente, lo que debemos sentir al lograr una altura de asiento adecuada es que cuando llegamos a las 6:00 de la palanca aún estamos usando el cuádriceps y no el gemelo, muy común hoy en día.

Resultado de la alineación de la rótula con el eje del pedal y de la altura del asiento

El ancho del asiento
Las marcas de asientos ofrecen distintas medidas de ancho de asiento para adecuarse a la morfología de cada ciclista. Para determinar nuestra medida de ancho de asiento es que utilizan los medidores de isquiones (ver foto), la cual se puede determinar sentándonos sobre un pad de gel o bien sobre un dispositivo digital de medición de isquiones. Esta información, sumada al tipo de conducción preferida por el ciclista (especialidad), nos dará como resultado el o los modelos de asientos determinados de cada marca para cada usuario.

En nuestra próxima nota publicaremos un testeo a fondo de asientos disponibes en el mercado argentino.

El medidor de isquiones nos permite determinar el ancho del asiento

 

Texto: Roberto Hernández*

*roberto@amarubikefit.com | (011)3281-3482 | @amarubikefit | Amaru Bikefit

Continua leyendo

Más Leídas