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Cicloturismo

En busca de las playas perfectas

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Lo primero que venía a mi mente cuando pensaba en recorrer estas islas era el paraíso: mar de aguas cristalinas, inmensas playas de arena blanca y hasta palmeras inclinadas. Imaginaba a su gente, de mayoría afrodescendiente, simpática y curiosa, viviendo de la pesca y agricultura principalmente, y hasta ajena al turismo. Creía que por estar en bicicleta llegaría a los mejores lugares, acamparía y disfrutaría de fabulosos atardeceres, me haría amigo de la gente. Creía que recorrer estas islas sería fácil y maravilloso.
Tenía los fondos para los nueve vuelos y los seis trayectos de barco que me llevarían a 12 países: Curazao, Trinidad y Tobago, Granada, San Vicente y Las Granadinas, Barbados, Santa Lucía, Martinica (Francia), Dominica, Puerto Rico (EEUU), República Dominicana, Haití y Cuba.


En las islas no hay turismo alternativo, no hay mochileros ni hostels ni campings y todo es caro. Por ello llegaba y salía del aeropuerto pedaleando y en cada país contaba con alguien que me recibiera en su casa durante un par de noches. Luego, con una idea más clara, salía a darle una vuelta a la isla, que nunca superaba los 200 o 300 kilómetros. Me demoraba varios días porque la mayoría de ellas tienen cuestas terroríficas.


Los caribeños son curiosos y en la mayoría de los casos amigables, pero a la hora de pedirle por un lugar para acampar se transformaban. Noté que los afrodescendientes no están acostumbrados a que venga un blanco en bicicleta y le pida montar la tienda en el jardín de su casa. Allí no hay cultura de camping. Y si antiguamente la había en alguna isla, como me dijeron, la violencia o los robos la hicieron desaparecer. Cualquier persona que escuchaba mis intenciones de acampar me insistía en que no lo hiciera y que tuviese cuidado. Algunas veces intenté acampar en la playa, pero cuando caía el sol el ambiente se ponía pesado, porque la poca gente que quedaba a esa hora comienza a beber. De todas maneras al menos una vez acampé en la mayoría de las islas.


Me dirigía a los afrodescendientes porque son los que habitan las islas, pero nunca me permitían acampar donde yo pedía sino lejos, bien lejos de ellos, justificándose con la violencia del lugar o con alguna banalidad. Ni una vez se me acercaron para preguntarme si necesitaba de agua. No me parecieron personas hospitalarias. Casualmente la mitad de mails que mandé fueron dirigidos a afrodescendientes, pero los que me recibieron fueron siempre blancos, mestizos e indios.
Estas islas estuvieron marcadas por más de 300 años de esclavitud y el 80% de la población es descendiente de esclavos. Imagino que hasta el concepto “blanco de mierda” fue transmitido de padre a hijo, de generación en generación. Y no creo que en la actualidad sea muy diferente, si son los blancos descendientes de los colonos quienes poseen una gran parte de las tierras y también controlan un número importante de los sectores económicos, en particular el de la agricultura, mientras que gran parte de la población negra vive en la extrema pobreza. Pablo, un rasta que conocí en Santa Lucía, me dijo al respecto: “Es como si hubiese supremacía blanca, los blancos son gerentes de los hoteles y empresas, los capitanes de los barcos, los dueños de los supermercados. El peor problema es que ese dinero no se invierte aquí, ni siquiera lo gastan, se lo llevan.”

Lee la nota completa en nuestra edición de Biciclub de Junio (N° 270), disponible en kioscos de revistas y bicicleterías adheridas.

Texto de Pablo García: www.pedaleandoelglobo.com, Facebook: Pedaleando el Globo, Twitter: @pablobicycle

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Cicloturismo

Una masterclass que no te podés perder: Cómo vivir viajando

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Esteban Mazzoncini es fotógrafo, escritor, nómada digital, coach ontológico y autor de los libros Pedaleando por la ruta de la hospitalidad, Un viajero curioso y Desafía tus rutas. Lleva recorridos 105 países en 30 años de viaje y ya exploró 453.200 km (bicicleta, moto, autostop, a pie).

Todos los conocimientos adquiridos en esta vida en viaje, los volcará el próximo 11 de diciembre, de 14 a 17 hs, en una Masterclass abierta a todo público.
Durante esa Masterclass (online y en vivo) Mazzoncini nos enseñará:
-Cómo conseguir sponsor/patrocinadores para tu viaje.
-Recursos para generar dinero (antes, durante y después del recorrido).
-A organizar un viaje alternativo para salir de las rutas tradicionales.
-Una estrategia para tomar fotos impactantes y poderosas.
-A viajar sin límite de tiempo y sin pagar hospedaje.
-Cómo descubrir tu esencia viajera: a pie, en bicicleta, en moto, haciendo autostop, etcétera.
-Cómo hacer autostop durante un viaje: trucos, tips, mejores lugares, etcétera.
-Cómo diseñar tu proyecto de viaje con anticipación.
-Recomendación de libros, documentales y charlas online.
-Neurociencia, PNL y ejercicios de coaching para destrabar miedos y dudas.
-Redes sociales, plataformas de visualización.
-Tienda online de tus productos

Preguntas frecuentes
-¿Cuánto dura?: 3 horas.
-¿Es en vivo?: sí, online por G. Meet.
-¿Puedo participar en otra fecha?: sí, con la modalidad de los videos grabados de 1 hora de duración cada uno.
-¿Habrá ronda de preguntas?: sí, al terminar el evento habrá tiempo para responder a tus consultas.
-¿Cuánto cuesta?: Esta masterclass demanda una inversión de 2.900 pesos argentinos o 19 euros.
-¿Cuáles son los medios de pago?: transferencia bancaria, PayPal, Wester Unión o Mercado Pago.
-Forma de contactarte: estebanmazzoncini@gmail.com | +54911-5125-6358 | Instagram @esteban mazzoncini

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Cicloturismo

Una detallada lista de todo lo que hay que llevar para un viaje en bicicleta

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Gonzalo Zamorano es un experto viajero en bicicleta. A continuación, traducido en palabras, todo lo que podés ver en la foto.

Bicicleta y alforjas

Bicicleta Venzo Atix
Apidura Expedition Saddle Pack 17L
Apidura Expedition Handlebar Pack 14L
Apidura Expedition Top Tube Pack 1L
Apidura Expedition Frame Pack 3L
Apidura Expedition Accessory Pocket 4,5L
Apidura Expedition Fork Pack (X4) 3L
Straps My Fix plus
Casco Limar 875

Equipo de camping

Tienda 3fulgear Lanshan 1pro
Mochila 3fulgear 35L
Aislante Inflable Sea To Summit Ether Light XT Insulated Mat
Saco de dormir (x2) Eolus 10C

Indumentaria

Zapatilla Bicicleta MTB Venzo Air Mesh
Sandalias Sandalos Andes Trail
Lentes Venzo 001
Indumentaria Ciclismo Gobik
Rompevientos
Guantes
Campera de plumas
Camisetas (x2)
Pantalón corto (x2)
Camiseta térmica
Pantalón térmico (x2)
Cuellos Buff (x2)
Medias (x2)
Calzoncillos (x2)

Herramientas

Herramientas multifunción Super B
Cortaplumas Victorinox 17 usos
Pinza Leatherman Wingman
Inflador doble acción
Líquido tubeless T-Elite
Cámara de emergencia 29”
Aceite para cadena TF2

Equipo audiovisual

Cámara Sony A7ii + 4 baterías
Objetivo Samyang 35 mm
Dron DJI Mini2
GoPro Black 7 + 2 baterías
Portátil MacBoox Air 13”
Power Bank Gadnic 25000 mah
Memoria externa
Trípode Manfrotto

Equipo alimentación

Olla 1L
Cuchara/tenedor
Botella de 500 ml de aceite
Vaso plegable
Bombilla
Cocinilla de alcohol
Bolsa con condimentos
Encendedor (x2)
Caramañola Venzo de 750 cm (x2)
Botella Nalgene 1L

Higiene

Pasta de dientes
Espejo
Desodorante
Jabón
Máquina de afeitar
Toalla

Lo indispensable

¡Ganas de recorrer nuevos caminos y mucha perseverancia!

 

Seguí las aventuras de Gonzalo en: https://www.instagram.com/gonzalo.zamorano/

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Cicloturismo

Ciclismo gravel por los más vertiginosos senderos de montaña

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David Cachón es un mountain biker profesional español que ha sido dos veces campeón mundial de MTB Trials, ha batido récords Guinness y actualmente se dedica a aventurarse en lugares extremos y contar sus historias en textos, fotos y videos. Aquí defiende a capa y espada las bicis gravel y en videos y fotos nos muestra de qué son capaces.

Una gravel… con suspensión

Poner rumbo a las montañas es fácil, pero encontrar la ruta perfecta para disfrutar al cien por ciento de una bicicleta gravel en un entorno escarpado y complicado, no lo es tanto. ¡Por suerte esta vez contaba con una ayuda extra! Hacia unas pocas semanas que había recibido en casa la nueva horquilla SR Suntour GVX, una horquilla dirigida al usuario de bicicletas gravel, todavía en fase de prototipo, pero esa es siempre la mejor excusa para poder darle caña a tope, sin miedo a que se rompa.

El destino: senderos épicos

Reconozco que tengo una obsesión. Nada malo, no penséis nada raro, se trata de apuntar en una libreta todos los sitios en los que me gustaría rodar en bicicleta y que me llaman la atención. Muchos de ellos los veo en televisión, revistas o internet… No tengo limites geográficos, de hecho cuanto más lejano sea el país y el lugar mejor. Pero hay algo que nunca deja de sorprenderme y es que en muchas ocasiones cerca de nuestros hogares, en las zonas en las que vivimos, tenemos lugares fantásticos y muchas veces realmente increíbles, pero que por la “normalización” que hacemos del entorno ya no llaman nuestra atención, pero igualmente son lugares flipantes.
Hace muchos años que le tenía echado el ojo a esta zona del Prepirineo. Por unas cosas u otras nunca había cuadrado todo para ir a explorar la zona de una forma concienzuda. Es lo que os comentaba antes que ocurre con los lugares que tenemos cerca de casa. Además el bueno de Kilian Bron (un rider al que respeto mucho) había hecho viral un video POV en esa zona, así que ya no tenía mucho sentido ir con mi bicicleta de montaña allí para tomar unos videos o unas fotografías. Pero si que lo tenía para hacerlo con una gravel. Todo sería mucho más puro, más preciso y por lo tanto mucho más peligroso. Un nuevo nivel de pilotaje al que la horquilla Suntour GVX me daría el acceso directo.
El Desfiladero de Monrebey, también llamado Congost de Mont-Rebei, es la frontera natural entre las regiones de Aragón y Cataluña, entre las comarcas de la Ribagorza y el Pallars Jussa. Sin duda alguna un lugar súper espectacular y simplemente único.
El entorno era perfecto, carreteras estrechas con un firme bastante desgastado y bacheado, infinitas pistas de tierra que confluyen en todas las direcciones y unos senderos ultra técnicos que ponen a prueba tu destreza, vértigo y equilibrio. ¡Es perfecto!

¿Por qué una horquilla de suspensión para gravel?

Yo siempre he defendido que soy un amante de la bicicleta y de todas sus modalidades. Los que me conocéis lo sabéis muy bien. Me encanta la bicicleta, trato de practicar todas las disciplinas posibles y aprender de todas y cada una de ellas.
Me gusta el ciclismo de carretera, me gusta pedalear, me gusta el XC… pero hace algunos años en un viaje por Alemania descubrí el gravel. Me encantó ese concepto. Un mundo nuevo se abrió ante mí, ya que había atravesado una temporada cargada de “sustos” y pequeños incidentes que me ocurrían cada vez que salía con mi bicicleta de carretera. Es muy frustrante saber que tienes un accidente por culpa de un conductor que no respeta las normas, que odia a los ciclistas o que simplemente no está en condiciones de conducir un coche.
Por otro lado, la bicicleta de XC nunca ha tenido mucho sentido para mí. Que nadie me mal interprete, adoro esa modalidad, pero para un tipo como yo y con mi estilo sobre la bicicleta el XC puede ser sustituido fácilmente por el gravel o dar un paso más y llegar al All Mountain. Son modalidades que para mi entender navegan a orillas de tus preferencias, estilos y formas de ver la bicicleta. Para alguien que piense en competir es perfecto, pero para mí, que hace muchos años que busco otra serie de experiencias y sensaciones sobre la bicicleta, ha sido sustituido por las bicicletas gravel.
Llegados a este punto queda claro que la bicicleta de gravel me ofrece una polivalencia total y me permite hacer lo mismo que haría con una bicicleta de XC: pistas, caminos, senderos…, pero tal vez si la situación se complica puedo volver por carretera o incluso gracias a su calidad rodadora hacer unos kilómetros extra de forma más fácil.
Tan solo le encontraba una pega al ciclismo de gravel. El dolor que me dejaba en las muñecas, codos y hombros cuando hacía una larga salida con ella. Si quieres ir por caminos exigentes, son muchos los impactos que tu cuerpo absorberá a lo largo de los kilómetros, miles de micro impactos que van directamente a tus articulaciones, huesos, tendones, músculos…, lo que finalmente se transforma en inflamación, entumecimiento y un par de días con dolores articulares. Al menos a mí me ocurría, a pesar de ser un jovenzuelo de 43 años…

Un nuevo nivel de pilotaje

Cuando los chicos de Suntour me dijeron que estaban pensando en diseñar una horquilla de suspensión para gravel me pareció simplemente alucinante. Era exactamente lo que necesitaba, algo que amortiguara todos esos impactos. Cuando recibí la horquilla y la probé en mi bicicleta pude comprobar que se trataba de una de las mejores ideas de los últimos años. Lo digo de verdad, me encantó. No solo me evitaba el desagradable dolor en las articulaciones, sino que mi nivel de pilotaje en zonas técnicas había aumentado a un nuevo nivel gracias a la nueva horquilla. ¡¡Joder, ha sido genial!
Las zonas rotas, con baches o incluso raíces, dejan de ser un obstáculo complicado para simplemente ser una irregularidad del terreno que la GVX absorbe con facilidad. En una bicicleta tan rígida y con las ruedas tan finas (comparadas con una MTB), es vital que la rueda se mantenga pegada al terreno para garantizar el control y la estabilidad.
Un nuevo nivel ha llegado a la era del Gravel!!!!
Nos vemos en los senderos amigos.

Texto & Riding: @david_cachon
Fotografía & Film: David Ponce
Edición video: Alberto Porras

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Cicloturismo

Un día en bicicleta por el Valle del Manso, un retazo patagónico del paraíso

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La zona del Manso es un profundo valle de cordillera ubicado entre Bariloche y El Bolsón. Jime y Andrés, de La Vida de Viaje, pedalearon un sendero de 20 kilómetros que va paralelo al Manso, uno de los ríos más lindos y caudalosos de la región. Este es su diario de viaje.

Pienso en lo que más me llamó la atención del camino del Valle del Manso y se me vienen fragmentos a la mente: la ruta, seca y áspera, pero con un tinte húmedo por el bosque y las montañas a los costados. El río, caudaloso y a la vez suave, que por momentos es azul y por momentos verde. Los árboles y sus especies que quiero llevar conmigo: la lenga, el ñire, el coihue, el ciprés, el maitén. Los pájaros que vuelan en el sentido contrario al que vamos, pájaros que no escucho porque el motor de la camioneta tapa ese fino contacto que puedo tener con el mundo exterior. Por eso, cuando estoy en la naturaleza, elijo la bicicleta: es mi manera de recordar no en fragmentos, sino en modo panorámico.
Estacionamos, bajamos las bicicletas, comemos pizza fría de ayer mientras cebamos mate, cruzamos la primera pasarela y empezamos a pedalear. Esa transición de movimientos entre lo pasivo de la camioneta y lo activo de la bicicleta es muy parecida a la sensación de sacarle el papel a ese chocolate que te encanta, y que te da placer y ansiedad a la vez. Esto lo sentimos siempre, sea el camino que sea. Será la incertidumbre de lo nuevo, la adrenalina de lo distinto, o hasta quizá una señal de que lo que estamos por hacer nos hace sentir muy bien.
No tengo un anotador encima y peco de ser una persona con poca memoria. Por eso agarro el celular y empiezo a enumerar la sutileza del paisaje que miro:

nubes cirros rasgando el cielo
bosquecitos en la cima de las montañas
la pared de piedra del cerro que bordeamos
teros que cantan y ovejas que corren
vacas que mastican y que no me sacan los ojos de encima
una perra que me lame las piernas mientras mueve la cola
una familia de bandurrias picoteando el pasto verde
grillos sonando cerca y lejos
los reflejos del río sobre los troncos de los árboles
el brillo de la luz del sol sobre el agua

Freno para esperar a Andrés y dejo la bici a un lado para tocar la textura de las hojas y de las flores. Es un hábito que empecé a incorporar desde que decidí involucrarme con la naturaleza. Porque si no la toco, ¿cómo la describo después? Si no la huelo, ¿cómo puedo saber a qué se parece? Si no me detengo, ¿cómo construyo un vínculo con ella? Cuando lo hago una distancia se rompe y una unión, breve y contemplativa, nace.
La senda se achica y se agranda. A veces es de tierra y otras veces de piedras. Es nítida, pero cada tanto desaparece entre hojas y ramas. Se interrumpe por pastos inundados, arroyos que parecen ríos y árboles caídos que tenemos que esquivar. Es llana y también inclinada. La senda no es recta: subimos y bajamos, pedaleamos y caminamos, abrimos y cerramos tranqueras.
Cada tanto paramos a descansar: comemos unas bananas, tomamos agua fresca, disfrutamos de la quietud del camino. Porque si bien estamos acá para estar en movimiento, son estos momentos de reposo donde el paisaje se vuelve tranquilo, manso. Por algo este lugar debe llevar ese nombre.
Llegamos a la última pasarela. Eso quiere decir que hasta acá pedaleamos 20 kilómetros. En horas habrán sido cuatro entre las paradas, las fotos, la filmación, las anotaciones. Y me encanta pensar en esto ahora porque durante el camino no se me ocurrió contabilizar ni el tiempo ni la distancia. A veces los números se vuelven fugitivos y lo único que queda es un momentum donde lo que tiene sentido es el movimiento y el paisaje en sí mismo.
La imagen del Valle del Manso se fue completando como un gran rompecabezas que empezó con fragmentos muteados y que termina con retratos vivos. Mientras volvemos por la ruta principal, el sol se esconde detrás de un cerro y me llevo la experiencia que a mí me gusta: en modo panorámico y con los sentidos latiendo.

Ficha de ruta
Kilómetros: 42 (ida: 20 km de sendero / vuelta: 22 km de ripio por Ruta Provincial 83).
Lugar: Río Negro, Argentina.
Tipo de recorrido: circular.
Rutas: Ruta Provincial 83 y sendero de montaña.
Itinerario: el sendero arranca en la primera pasarela que se conoce como “Paso Andrade” (sobre la -RP 83, a 11.5 km de la RN 40) y termina en la última pasarela llamada “Paso Jones” a la altura del -Camping: La Pasarela de El Manso.
Tiempo aproximado: 6/7 horas en total
Alturas:
Inicio: 472 msnm
Punto más alto: 560 msnm
Fin: 472 msnm
Desnivel acumulado: +390 m / -390 m

 

TEXTOS: Jimena Sánchez | FOTOS: Andrés Calla | lavidadeviaje.com | https://www.instagram.com/lavidadeviaje/

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