Deporte y Entrenamiento
En Chillán para saber qué es el enduro
por Claudio Pertile
El enduro es la especialidad del mountain bike con mayor auge en los últimos tiempos, pese a que recién hace unos pocos años comenzaron las competencias en varios lugares del mundo. Incluso recién en este 2013 se lanzó el Enduro World Series, una especie de copa del mundo de la especialidad.
Como todavía en Argentina no tenemos la suerte de poder disfrutar de esta especialidad, Biciclub viajó a Chile, donde se realizan carreras de enduro con gran éxito, siendo ya éste el tercer año con campeonato nacional, para experimentar en carne propia de qué se trata exactamente.
La cita fue en Nevados de Chillán, en un evento organizado por el Bike Park del lugar y auspiciado por la marca de bicis Commençal, a cuyo titular le hicimos recientemente un reportaje exclusivo en este mismo sitio (leelo acá).
¿Qué es el enduro?
Esta especialidad es similar en estructura a los ralíes de auto, donde hay pruebas especiales de velocidad y enlaces controlados. Por lo general los enlaces son en su totalidad en ascenso y el participante dispone de un tiempo máximo para realizarlo, tiempo que varía para cada categoría. Si el biker supera ese tiempo, como penalidad dicha diferencia se suma al tiempo de las pruebas especiales, que es el tiempo que realmente se computa para la clasificación final. Pero si hace el enlace en menos tiempo, la diferencia a favor no se computa.

Las pruebas especiales son en bajada, muy similares a una prueba de descenso, normalmente algo técnicas y en ocasiones con algunos repechos, lógicos en un sendero de montaña y para alargar las pruebas especiales… Se utilizan bicicletas de doble suspensión de categoría enduro, con un recorrido atrás y delante de entre 150 y 170 mm, pero mucho más livianas que las bicicletas de descenso.
Chillán
En lo que hace al evento al que concurrí, el sábado 23 de marzo podíamos hacer efectiva nuestra inscripción en las boleterías del Bike Park y de ahí ir a entrenar algunas de las pruebas especiales.
El mismo día de la carrera, a primera hora de la mañana, se hizo entrega a todos los corredores del chip de cronometraje y de la tarjeta de horarios personales. La competencia se largó desde un Camp o Zona Central a una hora previamente determinada para cada uno en su tarjeta, y en enlace, donde como dijimos hay un tiempo máximo para llegar hasta el inicio de la prueba especial número uno. En Chillán se utilizó el mismo sistema que se usa en Europa, donde hay algunos remontes en telesilla, para tener mayor tiempo destinado a las pruebas especiales.
El domingo, como se puede ver en las fotos, amaneció con lluvia, mucho frío y nieve en la cima de la montaña…
¡El sistema de cronometraje fue súper simple y tecnológico! Mi hora de largada del primer enlace fue a las 11h 50m 30s. Cada 30 segundos largaba un corredor. Esa hora está cargada directamente en el sistema de tiempos y allí comienza la carrera de cada uno. Al llegar al final del enlace e inicio de la prueba especial, hay una persona que hace de “largador”. A él cada uno le indica el momento en el cual desea partir, luego de lo cual él apoya sobre tu chip un artilugio lector que graba en dicho chip la hora exacta de corte. Se escucha un bip y ahí nos lanzamos para abajo…
Cuando se llega al final del especial nos encontramos con un arco con dos sistemas de corte, uno a cada lado, para poder ser utilizado por dos corredores a la vez. Hay que frenar lo más justo posible y apoyar el chip en la máquina hasta escuchar el bip. En ese momento termina nuestra especial y comienza un nuevo enlace, que se cerrará al inicio de la próxima especial, y así sucesivamente.
En esta prueba en particular los tiempos máximos de los enlaces fueron más que holgados. Quizás para que la lucha sea más reñida deberían haber sido algo más ajustados.
Primer tramo
Se subía por el enlace denominado “El Bosque” hasta la plataforma inferior de la telesilla Otto, donde nos encontraríamos una persona para cortar nuestro tiempo de enlace.
A abrigarnos un poco y hasta los 2400 msnm. Justo luego de desembarcar ya estaba el inicio de la primera prueba especial. Las primeras dos especiales no las habíamos entrenado, asi que eran a ojo, ¡parejo para todos!
La primer especial comenzaba en un camino a mucha velocidad, donde poco a poco empezaban las piedras, muchas piedras… Todo esto era navegando, ya que el enduro no tiene una demarcación tipo cross country o descenso y sólo hay demarcaciones sueltas que te guían, pero no vas entubado en una línea.
Seguimos por las pistas de esquí, donde la bici se enterraba mucho por la arena volcánica, con mucha inclinación. Al final de la etapa había una subida bien dura, por una especie de cañadón, hasta el arco de llegada.
Fueron unos cinco minutos para el promedio de los corredores.
Una pared
De ahí en más había un enlace muy cortito, en bajada, por una zona de muchas piedras lajas peligrosas, por lo cual la organización decidió que se hiciera obligadamente a pie.
La segunda prueba especial también la corríamos a ojo. Un sendero completamente nuevo y abierto especialmente para esta competencia, muy técnico, con raíces, curvas muy cerradas y repechos. Ya nos habían advertido que se ponía más y más empinado, al punto que cuando creías que estaba muy empinado… todavía había más, casi un muro, muy técnico y para surfear con la bici… Llegando a la parte baja había que cruzar un estero a pie, pero con el tiempo corriendo te obligaba a poner todo. A continuación apareció una zona fluida por los senderos de Bike Park, muy rápida pero con pedaleo full.
Casi un XC
Al corte de tiempo y a pedalear bastante, ahora por el “Enlace Renegado”, que subía MUCHO, al punto que de hecho había que caminarlo sí o sí en algunos tramos.
Al llegar arriba se iniciaba la tercera prueba especial, “El Olímpico”, la prueba más larga del día, que para el promedio de corredores significaba alrededor de nueve minutos… Encima una especial que ya te agarraba con algo de cansancio y que todos sabíamos que era difícil, con mucho pedaleo. Un sendero consolidado, donde se compartía una parte del cross country nacional de Chile, asi que estaba bien roto y zanjeado. Y como justamente se corre el nacional allí, había muchos remontes donde apretar a full para bajar el tiempo. Pero también muchas rocas firmes y raíces que esperaban el error, que varios cometieron… y al piso…
Hacia la meta
De ahí a pedalear el cuarto enlace, también por el circuito de XC, asi que bien empinado para arriba y el más largo del día. Había que tomarlo con calma, para no agotarse y tener fuerza para las dos pruebas especiales restantes. Luego de una media horita pedaleando, llegábamos a la base del Bike Park, para tomar la telesilla El Tata.
Allí largaríamos por “Motocross”, uno de los circuitos más elaborados, con muchos peraltes, saltos, muuuuuy divertido. En la parte final, un pedaleo largo por los parques del Hotel Nevados y a cortar la etapa.
De ahí en más repetíamos el primer enlace, “El Bosque”, última subida, para gastar un poco más el físico. Una vez arriba, otra etapa con saltos, “El Cóndor”, la más corta del día, con algo más de dos minutos, pero con muchas mesetas, peraltes y muy veloz. Casi un “mini Whistler”.
Balance final
Una vez finalizado el recorrido debíamos entregar nuestro chip en la carpa de cronometraje. Inmediatamente recibíamos un ticket con TODOS nuestros tiempos, enlaces, pruebas especiales, tiempo total y posición actual en la categoría, de acuerdo al número de ya arribados: ¡¡Impecable!!
Una pantalla mostraba todos los tiempos. Podíamos ir chequeando en tiempo real las posiciones. Algo para tener en cuenta, que siempre falla en los eventos argentinos.
Como análisis final, luego de participar en Chillán entendí muy bien el porqué del auge de esta especialidad. La libertad del rider, la navegación de los recorridos, muchas veces sin conocerlos antes, por lo cual hay que interpretarlos rápidamente. La suma de las pruebas especiales (sin contar los enlaces) debe superar los 20 minutos, por lo cual es bien largo con respecto a los descensos, que sólo duran unos tres o cuatro minutos en promedio. Y los enlaces dan un respiro, en comparación a un cross country, en el que se larga y se va al 100% durante dos horas. ¡La verdad, el enduro es la súper disciplina!
Lamentablemente no veo que sea algo para un futuro inmediato en nuestro país, ya que las bicicletas que se utilizan son muy especificas y actualmente en nuestro país casi nadie tiene una bici como estas… Dijimos: unos 150 mm de recorrido por rueda, portasilla telescópico (sube y baja en marcha), ruedas muy resistentes, y todo esto, para ser competitivo, en menos de 13 kilos…
Por otro lado, se trata de una especialidad que requiere de mucho estado físico y técnica al manubrio. Estoy seguro que con el tiempo vamos a ver más adeptos en el país, pero llevará su tiempo.
Eventos
Tour de France 2026: El triunfo de la carne sobre el algoritmo, la tiranía de Pogačar y la historia de Del Toro
Se apagan las luces en París. Se terminó la 113.ª edición del Tour de France. Tres semanas de sufrimiento deshumano, de tipos pedaleando al borde del colapso, de sangre seca en el asfalto y de planillas de Excel que terminaron decorando los tachos de basura de los hoteles de concentración.
Nos quisieron vender un Tour de laboratorio. Un ajedrez estéril donde los vatios por kilo y las radios desde el auto iban a dictar el destino del Maillot Amarillo. Pero la ruta, como siempre, es una bestia indomable. Este Tour de France 2026 no lo ganó la ciencia; lo ganó el hambre salvaje, la locura individual y el coraje de los que se animaron a romper el guion.
Por Pedro Piusselli
1. Pogačar: El rey sin cadenas que incineró las calculadoras
Tadej Pogačar no es un ciclista; es una fuerza de la naturaleza que se alimenta del pánico de sus rivales. Con el abandono de Jonas Vingegaard en la segunda semana —el gran sismo que destruyó la estructura táctica del Visma—, el esloveno no se dedicó a especular ni a administrar la ventaja como un contador público.
Al contrario: en el infierno del doblete al Alpe d’Huez y en los pasos de oxígeno escaso por encima de los 2.600 metros en el Galibier, Tadej aceleró donde la lógica decía que había que cuidar las piernas. Se coronó campeón absoluto con el Maillot Amarillo y la Montaña no por cálculo métrico, sino porque corre con la furia de los antiguos mitos. Demostró que cuando la carretera se pone vertical y los pulmones queman, los potenciómetros son un adorno inútil.
2. Isaac Del Toro: La consagración de la nueva sangre
Si lo de Tadej fue una exhibición de tiranía, lo del pibe mexicano Isaac Del Toro fue una consagración histórica. Quienes creían que el maillot blanco le iba a pesar o que trabajaría solo como un gregario obediente, no entendieron la pasta de la que está hecho.
Del Toro se bancó la presión del pelotón más salvaje del planeta, defendió el Maillot Blanco de los jóvenes hasta los Campos Elíseos y se subió al podio final del Tour en París. El ciclismo latinoamericano tiene a un nuevo gladiador sentado en la mesa grande de los capos de este deporte.
3. El cuadro de honor definitivo en París
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🟡 Maillot Amarillo (Campeón General): Tadej Pogačar (UAE Team Emirates).
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🟢 Maillot Verde (Puntos / Regularidad): Mads Pedersen (Lidl-Trek), llevándose la camiseta a pura potencia, coraje y consistencia en los sprints.
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⚪ Maillot Blanco (Mejor Joven Sub-26): Isaac Del Toro (UAE Team Emirates), la gran revelación del año.
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🔴 Maillot de Lunares (Rey de la Montaña): Tadej Pogačar (UAE Team Emirates).

4. La lección final: El ciclismo sigue siendo humano
Las megacorporaciones del deporte van a volver a sus centrales operativas a analizar teraflops de datos, buscando entender cómo un tipo sonriendo sobre la bici destruyó sus estrategias multimillonarias.
El Tour de France 2026 nos deja la lección más hermosa de todas: podés comprar el mejor túnel de viento del mundo, podés medir hasta el último gramo de glucógeno que consume un atleta, pero jamás vas a poder medir el corazón, la agresividad y el coraje de un rebelde con las piernas prendidas fuego.
El algoritmo perdió. Ganó el ciclismo real. ¡Nos vemos en la ruta!
Eventos
Tour de France 2026: El colapso de Vingegaard, la soledad de Pogačar y el terror a los Alpes
Quince días de tortura. Quince días de tipos pedaleando con la boca llena de sangre y barro seco, de pulsaciones al límite del paro cardíaco y de algoritmos que se incineraron en directo. Llegamos al segundo y último día de descanso del Tour de France 2026 y el pelotón frena en los Alpes con un sismo que sacudió los cimientos del deporte: el abandono de Jonas Vingegaard.
El gigante danés, la máquina fría de rendir vatios perfectos, tuvo que tirar la toalla. Se terminó el duelo de titanes. La retirada del líder del Visma-Lease a Bike no solo dejó a su equipo huérfano y en ruinas tácticas, sino que expuso la verdad más cruda de este deporte: hasta el cuerpo más microscópicamente preparado por ingenieros de rendimiento se quiebra cuando la ruta exige más de lo que la biología puede dar.
1. El terremoto Vingegaard y la caída del imperio Visma
Lo que ocurrió esta semana fue un baño de realidad para los que creían que el ciclismo se podía controlar desde un auto con planillas de Excel. Visma armó una estructura multimillonaria pensada únicamente para blindar a Jonas y desgastar a Pogačar. Pero el cuerpo dijo basta.
Ver a Vingegaard desmontar y poner pie en tierra fue un golpe helado para el pelotón. Sin su gran rival en carrera, el laboratorio corporativo del Visma colapsó por completo. El Tour no perdona la fragilidad humana, y este abandono reescribe la historia de la carrera: se acabó la guerra fría de desgaste y empieza el sálvese quien pueda.
2. La picadora de carne de Solaison
Si el abandono de Jonas fue el golpe psicológico, la etapa camino al Plateau de Solaison fue el matadero físico. Una pared de categoría Especial con 11 kilómetros al 9% de pendiente promedio al cierre de la segunda semana, donde el pelotón llegó con el tanque en reserva roja.
Sin el tren del Visma dictando un ritmo anestesiante, Solaison fue una carnicería sin anestesia. Las tácticas se fueron a la basura, los gregarios se desintegraron y vimos a los capos pelear mano a mano, con la cara deformada por el dolor. Solaison no fue una etapa de ciclismo; fue un juicio final.

3. La nueva realidad: Pogačar en solitario y la batalla por el podio
La clasificación general dio un vuelco dramático en este segundo descanso:
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Tadej Pogačar (UAE Team Emirates) reina sin sombra: Con Vingegaard fuera de combate, el esloveno navega con una ventaja aplastante en el Maillot Amarillo. Pero ojo: correr sin su gran referencia lo obliga a gestionar la carrera él mismo, sin el estímulo de tener a su némesis pisándole los talones.
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La explosión de Isaac Del Toro (UAE): El pibe mexicano queda ahora como una pieza central del podio y la revelación absoluta del Tour, aguantando con los galones de un veterano.
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La jauría por los escalones restantes: Con la baja de Jonas, nombres como Remco Evenepoel y los outsiders ven una grieta histórica para pelear por un podio en París que hasta hace una semana parecía blindado.
4. El botín de guerra tras 15 etapas
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Maillot Amarillo (General): Tadej Pogačar (UAE Team Emirates).
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Maillot Verde (Puntos): Mads Pedersen (Lidl-Trek), aguantando la camiseta de la velocidad a puro coraje.
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Maillot de Lunares (Montaña): Tadej Pogačar (liderando la montaña sin discusión).
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Maillot Blanco (Jóvenes): Isaac Del Toro (UAE Team Emirates), intocable entre los menores de 25 años.
5. Lo que viene: El infierno del doblete del Alpe d’Huez
Sin Vingegaard para contener a Pogačar, la tercera semana promete ser una carnicería descontrolada. Las etapas 19 y 20 nos meten de lleno en el doblete al Alpe d’Huez por vertientes distintas.
La etapa 20 será el apocalipsis: Croix de Fer, Telégraphe, el techo del Tour en el Galibier (2.642 m) y el inédito Col de Sarenne a 24 horas del final. A más de 2.000 metros de altitud el oxígeno se vuelve un lujo. Sin el danés en la ecuación, los Alpes van a ser el territorio de los valientes y de los desesperados.
El veredicto del segundo descanso
El abandono de Vingegaard nos recuerda por qué amamos este deporte: porque no hay software que garantice la gloria. Que sigan los científicos del deporte buscando explicaciones en los hoteles; la tercera semana se va a definir con las tripas. El Tour no perdona a nadie.
Foto: 📸 : A.S.O. / @charlylopezph & @thomas_maheux
Eventos
Tour de France 2026: Pantallas rotas, dolor real y el olor a miedo en el primer descanso
Tour de France 2026: Pantallas rotas, dolor real y el olor a miedo en el primer descanso
Por Pedro Piusselli
Nueve días de tortura. Nueve días de tipos al límite del colapso físico, de directores de equipo sudando frío detrás del volante y de transmisiones que intentan venderte un deporte quirúrgico y controlado que, por suerte, todavía se les escapa de las manos. El pelotón del Tour de France 2026 frena hoy a lamerse las heridas en este primer día de descanso. Es el momento perfecto para ver dónde se rompieron sus malditos planes, quién tiene la sangre en el ojo y hacia dónde apunta la tormenta que se viene.
Querían un Tour de laboratorio. Diseñaron estrategias milimétricas para mantener a los líderes flotando en una burbuja estéril de vatios calculados. Pero el ciclismo de verdad es mugre, es asfalto hirviendo, es viento cruzado y es agonía pura. Y esta primera semana se encargó de recordarles que el algoritmo no tiene piernas.
1. El pánico de Barcelona: Sin guardaespaldas en Montjuïc
El Tour arrancó pateando el tablero con una Contrarreloj por Equipos en Barcelona que prometía ser histórica, y vaya si lo fue. Pero no por la sincronización estética de los trenes aerodinámicos, sino por el sálvese quien pueda que provocó la nueva regla de la organización.
Al obligar a tomar el tiempo del equipo con el primer corredor, pero computar el tiempo individual para la clasificación general, los directores tuvieron un cortocircuito mental. Se terminó la vieja táctica de viajar protegidos como una corporación donde los gregarios te hacen de escudo y te llevan entre algodones para que flotes sin despeinarse.
En Barcelona los dejaron sin guardaespaldas. Vimos a los capos de escuadra totalmente expuestos, doblando al límite en las curvas urbanas y reventándose el pecho en solitario en la subida final al Estadio Olímpico de Montjuïc. Ver la cara de pánico y las bocas abiertas de los máximos favoritos al cruzar la meta, dándose cuenta de que desde el segundo uno iban a tener que sangrar solos, fue una caricia para los que amamos el ciclismo clásico. Las primeras diferencias de este Tour se marcaron con riñón y sudor individual, no con la inercia del presupuesto.
2. El Tourmalet y los Pirineos escupieron la mentira
La etapa 6 fue un puñetazo en la boca del estómago para los que basaron su pretemporada en simuladores virtuales y números teóricos de túnel de viento. El Tourmalet no entiende de software.
Las megacorporaciones de la categoría quisieron imponer su ley. Pusieron a sus gregarios de un millón de dólares a sostener ritmos de destrucción masiva en las rampas de los Pirineos, buscando adormecer la carrera bajo la dictadura de los vatios por kilo. Pero la montaña es el mejor detector de mentiras del planeta.
Cuando el aire empieza a faltar por encima de los 2.000 metros y la pendiente muerde los talones, la teoría se evapora. Vimos nombres importantes quedar descolgados del grupo de favoritos mucho antes de lo previsto, arrastrando las piernas y perdiendo minutos que en el ciclismo moderno son una sentencia de muerte. El Tourmalet no perdona el humo de la pretemporada: o tenés el punto de maduración justo en las piernas o la ruta te escupe para atrás sin piedad.
3. El mano a mano: El ring de los favoritos
Olvidate de las declaraciones de prensa diplomáticas; en el pelotón se huelen el miedo. La general está al rojo vivo y las posiciones actuales reflejan que esto va a ser una guerra de desgaste psicológico:
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Tadej Pogačar (UAE Team Emirates) lidera con 32h 17′ 04″. El esloveno es el dueño absoluto del circo por ahora. Se calzó el amarillo y corre con la confianza de quien se sabe el más fuerte del patio, obligando a los demás a salir de su libreto defensivo.
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Jonas Vingegaard (Visma | Lease a Bike) acecha a 2m 42s. Fiel a su estilo de hielo, el danés resiste apoyado en su tren de montaña. No se desespera; sabe que la verdadera altitud y el desgaste de la tercera semana juegan a su favor.
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Isaac Del Toro (UAE Team Emirates) completa el podio a 3m 27s. El pibe mexicano es la absoluta revelación de este Tour. Su presencia en el tercer escalón de la general es un dolor de cabeza táctico para los rivales del UAE, que ahora tienen que vigilar dos frentes.
4. El botín de guerra: Quiénes visten los Maillots hoy
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Maillot Amarillo (General): Tadej Pogačar (UAE Team Emirates).
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Maillot Verde (Puntos): Mads Pedersen (Lidl-Trek), dominando la regularidad a base de potencia y consistencia pura en los sprints.
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Maillot de Lunares (Montaña): Tadej Pogačar (UAE Team Emirates). Como el esloveno ya viste de amarillo, la mística camiseta de la montaña la lucirá Jonas Vingegaard en la ruta por ser el segundo de esa clasificación.
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Maillot Blanco (Jóvenes): Isaac Del Toro (UAE Team Emirates), custodiando la corona sub-26 y demostrando que el futuro ya llegó y no pide permiso.
5. Lo que viene en la segunda semana: El territorio del caos
Si la primera semana dolió, la segunda va a quebrar voluntades. Dejamos atrás la frescura y entramos en el terreno de la fatiga crónica.
El pelotón va a cruzar etapas de transición traicioneras, donde el viento de costado y las emboscadas en media montaña van a desgastar los nervios de los favoritos. Pero todo el mundo tiene la cabeza puesta en el cierre de este segundo bloque: la Etapa 15 con el final agónico en el Plateau de Solaison el próximo domingo.
Esa pared de categoría Especial, con sus 11 kilómetros destructivos a casi el 9% de pendiente promedio, va a ser el escenario de un cara a cara brutal. Ahí no va a haber gregarios que valgan, ni radios que dicten tácticas. Va a ser el hombre contra su propia agonía, en la víspera del segundo día de descanso.
El veredicto del primer descanso
Las computadoras siguen encendidas en los hoteles de los equipos, buscando la fórmula mágica para recuperar los músculos de los líderes. Pero el Tour de France se resiste a morir en una oficina.
Que sigan mirando las pantallas de sus ciclocomputadores y rezándole a los datos. La carretera, el calor y el cansancio acumulado se van a encargar de apagárselas de un golpe en la cabeza. Esto sigue siendo un deporte de carne y hueso, y el verdadero infierno recién está por empezar.
Eventos
El Tour de France 2026 a horas de la largada: La paradoja del potenciómetro que amenaza la épica del ciclismo
Por Pedro Piusselli
Estamos a solo horas de que se habilite la rampa de salida. Mañana arranca el Tour de France 2026 y la mística de la ronda francesa ya tiene a todo el mundo de las dos ruedas con los ojos clavados en el calendario. Sin embargo, antes de que caiga la bandera y el pelotón empiece a devorarse los primeros kilómetros, la previa de esta edición abre un debate profundo sobre la naturaleza misma de la competición moderna.
Este Tour 2026 se presenta, desde el calentamiento, como la confirmación absoluta de un cambio de era: la deshumanización del esfuerzo. Nos preparamos para tres semanas donde la ciencia del rendimiento deportivo amenaza con domesticar por completo los arrebatos heroicos a puro corazón y desarrollo de plato grande que hicieron grande a este deporte.
La dictadura de los vatios por kilo que se viene
Si miramos las planificaciones de los equiposdominantes (con el Visma-Lease a Bike y el UAE Team Emirates a la cabeza de esta carrera armamentística), queda claro que los directores de equipo han convertido la geografía de Europa en una ecuación matemática antes de haberla pisado. Mañana no solo largan ciclistas; largan algoritmos.
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Ritmos de laboratorio: La previa nos muestra que los gregarios ya no van a tirar por instinto ni por sensaciones. Están programados para ponerse al frente del pelotón a sostener unos exactos y calculados vatios por kilogramo. El objetivo es claro: neutralizar cualquier intento de épica. Si un rival tiene la osadía de saltar, la orden desde el auto ya está escrita: mantener el número en la pantalla porque la ciencia dice que el atacante va a explotar más adelante.
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Anatomía de lo previsible: Con la tecnología de simulación actual, los directores saben exactamente cuánto combustible tiene el tanque de cada atleta antes de la largada. El margen para lo inesperado se reduce al mínimo en un mapa que este año, además, carece de tramos de pavé o gravel que puedan caotizar la carrera.
La crítica no va dirigida a los ciclistas, que son verdaderos superhumanos capaces de soportar niveles de dolor intolerables, sino a un modelo de competición que, desde el día uno, premia la previsibilidad por sobre la audacia.
El contraataque de los «Outsiders»: ¿Hay espacio para la rebeldía?
El ciclismo grande necesita de la rebeldía para mantener su mística. Si el Tour se vuelve una hoja de Excel viviente, la audiencia bosteza. Por eso, la gran expectativa a partir de mañana está puesta en los equipos medianos.
Conscientes de que no pueden ganar la guerra de desgaste en los números de laboratorio contra las billeteras multimillonarias de las megacorporaciones, su única opción es romper el guion establecido. Las escapadas suicidas de larga distancia y las tácticas caóticas en las etapas de media montaña o emboscadas de transición son el último refugio del ciclismo romántico. Es ahí, donde el terreno es inestable y las calculadoras mienten, donde esperamos volver a ver la esencia pura del deporte.
Las cuatro batallas reales donde el algoritmo puede volar por los aires
Para fortuna de los románticos, la organización del Tour ha diseñado un recorrido con cuatro momentos clave que prometen cortocircuitar los planes más fríos de los directores de equipo:
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Etapa 1 (Sábado 4 de Julio) – Contrarreloj por Equipos en Barcelona: El Tour patea el tablero de entrada con una CRE tras décadas de ausencia en el inicio, pero con una regla revolucionaria: el tiempo del equipo se toma con el primer corredor en cruzar la meta, pero para la clasificación general se computará el tiempo individual de cada líder. Se terminó el viajar protegidos en bloque; los capos van a tener que vaciarse solos en la subida final a Montjuïc. Habrá diferencias reales desde el primer segundo.
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Etapa 6 (Jueves 9 de Julio) – Pau a Gavarnie-Gèdre: El primer examen serio de alta montaña en los Pirineos. El pelotón va a encadenar el Col d’Aspin y el mítico Col du Tourmalet antes de terminar en el puerto inédito de Gavarnie-Gèdre. Al caer en la primera semana, es el día del juicio: los que no hayan llegado con el punto justo de preparación van a quedar expuestos ante el ritmo de carrera y perderán minutos irrecuperables.
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Etapa 15 (Domingo 19 de Julio) – Champagnole a Plateau de Solaison: Un cierre de segunda semana brutal justo antes del descanso. La meta está en el durísimo Plateau de Solaison, un puerto de categoría Especial con más de 11 kilómetros al 9% de pendiente promedio. Una pared de desgaste puro donde las estrategias de equipo se desarman y el ritmo de los gregarios ya no alcanza para tapar las debilidades individuales.
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El doblete del Alpe d’Huez (Etapas 19 y 20 – Viernes 24 y Sábado 25 de Julio): Una locura histórica. El Tour se define subiendo al Alpe d’Huez dos días seguidos por vertientes distintas. La Etapa 20 será una carnicería total cruzando la Croix de Fer, el Telegraphe, el techo del Tour en el Col del Galibier (2.642 m) y subiendo al Alpe por el inédito Col de Sarenne. A solo 24 horas de París, el que tenga una mala tarde acá pierde el Maillot Amarillo en el último suspiro.
Conclusión: El algoritmo contra la historia
El Tour de France 2026 que arranca mañana promete un nivel físico descomunal y velocidades récord, pero nos deja una advertencia flotando en el aire antes del primer pedalazo. Si la dependencia tecnológica de los corredores en plena carrera sigue creciendo sin límites, corremos el riesgo de transformar la carrera más hermosa del planeta en una partida de ajedrez jugada por computadoras desde los autos de los directores.
La mística del Tour se construyó sobre el sufrimiento impredecible, sobre el error humano y las desfallecidas históricas. Esperemos que a partir de mañana, las piernas, el coraje y la locura de algún rebelde logren cortocircuitar las calculadoras de los ingenieros. Que gane el mejor, pero que gane el más humano.
A partir de mañana, las calculadoras se encienden, pero la última palabra la van a tener las piernas y el asfalto. Para que no te pierdas nada de lo que pasa detrás de los números y las estrategias de laboratorio, nos vamos a encontrar acá mismo cada día de descanso. En esas jornadas donde el pelotón frena a respirar, nosotros nos sentamos a hacer el análisis semanal en frío, destripando las tácticas de los directores de equipo y buscando a esos rebeldes que se animen a romper el algoritmo.
¡Que empiece a rodar el Tour!
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