Entrenamiento en pandemia: “La utopía está en el horizonte”

La pandemia trajo como consecuencia primero el desplazamiento de las etapas de entrenamiento y luego una incertidumbre de cómo y para qué seguir. Sin competencias ni eventos ni travesías a la vista, nos debe sostener lo esencial. De ello nos habla la profesora Elisa Lapenta en una reflexión sobre la vida misma.

Cuando allá por el mes de abril escribí mi primer artículo sobre cómo entrenar en cuarentena jamás pasó por mi cabeza, ni en mis más oscuras pesadillas, que íbamos a llegar al mes de octubre sin calendario de ningún tipo de evento a la vista.
Debo confesar que como entrenadora se me hace cada vez más difícil armar una macroestructura coherente, o al menos con las partes tradicionales de toda planificación: adaptación/período general/período especial/período competitivo. Y es que al no tener fechas de competencias confirmadas, no tenemos un norte hacia dónde orientar nuestra planificación.
Sin embargo, como siempre digo, todo (absolutamente todo) tiene su lado positivo. Aun, una pandemia.
El presente artículo pretende justamente poner un poco de luz sobre lo que pasó en cuestión de entrenamiento y sobre cómo seguir adelante sin caer en la desmotivación al no tener una fecha puntual para la cual prepararnos.


Desplazamiento de la etapa de volumen

El mes de marzo es para los deportistas amateurs un mes clave.
Para los mountain bikers es el mes bisagra, que marca el paso del período general al período especial y puesta a punto, apuntando ya a Río Pinto con alguna carrera previa de peso en modo diagnóstico que nos da información a los entrenadores acerca de si el período de preparación viene bien o mal encaminado.
En el caso de los triatletas es un mes de cierre de temporada para quienes corren distancia olímpica o medio ironman y de comienzo del período específico y precompetitivo para quienes corren el Ironman de Florianópolis.
Ahora bien, durante este año, el 20 de marzo se decretó la cuarentena general con Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio en todo el país y hasta el 7 de junio inclusive.
Ese fue el punto cero, que nos obligó a los entrenadores y deportistas a replantearnos de manera global la preparación de este 2020.
El primer golpe que debimos asimilar fue el hecho de no poder salir a entrenar más al aire libre. Pasadas las dos primeras semanas de aislamiento, los chistes y memes se fueron haciendo cada vez menos frecuentes y poco a poco se instaló la idea de que esto venía para largo. Lamentablemente así fue.
Desde el punto de vista de la preparación deportiva, el volumen (o la cantidad de kilómetros acumulados) perdió su rol protagónico.
En mi caso, decidí hacer con mis deportistas un periodo de 6 semanas de carga estable (en cuanto al volumen) y jugar con las intensidades en una dinámica semanal de 2×1 (2 semanas duras por una semana de descarga o de recupero activo).
Ahora bien, en nuestra provincia de Córdoba, a principios de junio se permitió salir a rodar nuevamente en las rutas los días viernes, sábado, domingo y lunes por terminación de DNI.
Estas primeras salidas fueron una bocanada de aire fresco, ante todo a nivel motivacional. Volver a las rutas y a cruzarnos con nuestros amigos haciendo lo que más nos gusta fue grandioso. Pasamos entonces de entrenar entre 6 a 8 horas semanales indoor a hacer en un día sábado un fondo de 5 horas…
Esa voracidad por recuperar los kilómetros perdidos duró unas 3 a 5 semanas, dependiendo del deportista. Para todo esto ya estábamos a mediados de julio. Considero que recién ahí comenzó (o continuó, según cómo se lo mire) el verdadero proceso de planificación .
Fue entonces cuando el volumen (kilómetros acumulados) volvió a ser protagonista. Sólo que esta vez de manera ordenada y planificada.
En la mayoría de los casos, en deportistas amateurs programo mesociclos de 42 días (6 semanas), con una dinámica de carga de 2×1, que, como siempre digo, considero la más adecuada para quienes entrenan entre 12 y 15 horas semanales en 4 a 6 sesiones, dependiendo la semana.
En tan solo el 10% de mis deportistas (la mayoría triatletas ironman o MTBikers semi pro, suelo usar una dinámica de (3×1) + (1×1), que traducido al español serían 3 semanas de carga por 1 de descarga más 1 semana de choque por 1 de estabilización.
Fue así como la segunda etapa de predomino de volumen se desplazó en el año hacia los meses de julio/agosto y parte de setiembre. Cuando en un año normal, los mountain bikers están hacia fines de agosto ya descargando con miras al Trasmontaña. Y los triatletas están recién en período de recuperación activa post Ironman de Floripa.

¿Cómo preparar una temporada sin temporada?
Cuando Mario García me propuso escribir sobre este tema, mi primer pensamiento fue: ¡Guau, qué tema! Y mi segundo fue: La verdad, es todo tan dinámico que nadie tiene la fórmula. En suma, sólo puedo referirles cómo he organizado yo la preparación de mis deportistas sin competencias a la vista.
En cuanto a lo específicamente deportivo, me aboqué a planificar mesociclos de entre 28 y 35 días en la mayoría de mis deportistas.
Esta decisión se basa fundamentalmente en que es más fácil dar un golpe de timón en estos períodos de 4 semanas, ya que poco a poco empiezan a asomar algunas fechas tentativas para mediados y fines de noviembre y diciembre. Si bien no estamos seguros que esas carreras se vayan a concretar, le dije a mis deportistas que el objetivo es mantenernos entrenados y fuertes, para poder hacer una breve descarga y puesta a punto si llegaran a autorizar alguna bandera a cuadros antes de navidad.
Una vez por mes, entonces, les tomo una crono de 20 km en llano o un Pan de Azúcar (cronoescalada), como para ir midiendo la mejora o no en el rendimiento.
Pero sin sombra de dudas lo más difícil en esta época que estamos atravesando es mantener altos los niveles motivacionales.
Hace poco menos de un mes escuché una charla de un psicólogo deportivo con quien trabajo en Full Bike Center, el licenciado Cesar Benhardt. Él afirmaba que el rendimiento deportivo consistía en “saber hacer algo bajo condiciones de estrés, con capacidad de reversibilidad (saber dar vuelta la página) y con altos niveles de disfrute”.
Como entrenadora de adultos amateurs elijo pararme en este ultimo concepto: disfrutar de lo que hacemos. El disfrute y la motivación son primos hermanos. La motivación implica tener conciencia y presencia de metas. Y estas metas no necesariamente tienen que ser una competencia.
Para que el disfrute sea estable y constante, tiene que haber conciencia y presencia de propósito y puede haber tantos propósitos como deportistas.
El disfrute es socio de la presencia de proyectos.Y la presencia de proyectos es sinónimo de salud mental. Y vaya si no es importante en estos momentos mantenernos sanos de la azotea.
Estoy convencida de que esta pandemia nos marcó y marcará de modo muy profundo, ya que cambió radicalmente el modo de ordenar nuestras prioridades. Estar viviendo con la espada de Damocles en la nuca nos hace repensar el porqué y el para qué de todo lo que hacemos.
Y no tengo dudas de que el hecho de competir es importante, claro. Pero en este contexto la competencia cedió varios puestos en la escala de prioridades de los deportistas amateurs. Al menos eso percibo en mis alumnos.
Disfrutamos a pleno de cada momento compartido, de cada mensaje en el grupo de whatsapp, de una cena en familia o de un atardecer de primavera arriba de la bici. Y no es que antes no lo hacíamos, no me refiero a eso. Solo digo, siento y percibo que cambió en nosotros la intensidad psicoemocional de valorar esas pequeñas cosas que eran tan cotidianas y que de la noche a la mañana nos arrebataron por largas semanas (o meses, en algunas provincias).
Es por ello que volviendo al tema que dio origen a este artículo (¿Cómo preparar la temporada sin competencias a la vista?), yo diría, para cerrar: tengamos proyectos, tengamos metas, tengamos propósitos que nos llenen el alma y nos mantengan activos.
Como dijo Eduardo Galeano, la utopía esta en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces, ¿para qué sirve la utopia? Para eso sirve, para caminar (¡y también para pedalear!)

*Elisa Lapenta es entrenadora de afamados deportistas de alto rendimiento | (0351)15-6225243, elisalapentah3o@hotmail.com, F h3o Sports @elisanoemilapenta 

Fuente de referencia
Lic. César Berhardt


 

IDEAS QUE MOVILIZAN
Reconectarse con el juego 

En nuestra ciudad de Córdoba, el 24 de agosto se permitió la reapertura de los gimnasios y natatorios. Bajo un estricto protocolo de bioseguridad y distanciamiento, claro está. Soy coordinadora de una pileta y las decisiones que tuvimos que tomar al momento de armar la grilla de actividades fueron muchas y difíciles.
La que más me costó fue la de brindar o no natación para niños. Junto con los dueños de la pileta analizamos detenidamente las ventajas y desventajas de abrir la actividad.
Y mi decisión final se basó exclusivamente en un argumento de salud. Los niños de todas las edades están transitando un año sin relacionamiento social, con una dependencia no habitual con sus padres y un cursado virtual que era inimaginable allá por el mes de marzo.
Por ende, y como les dije a los dueños de la pileta y a mis profesores, el niño va a venir a la pileta a realizar una actividad social, recreativa y deportiva, y en ese orden, no en otro. El niño debe reconectarse con sus pares, con el juego (en el agua en este caso) y con el deporte y la actividad física.
Llevando este razonamiento al deportista amateur, soy una convencida de que debemos lograr que los adultos reconecten con el placer y el disfrute de practicar una actividad que les gusta al aire libre. Esto no solo fortalecerá su sistema inmune sino que además lo hará desconectarse por un buen rato de las preocupaciones económicas y sanitarias que nos atraviesan a todos en este contexto de pandemia.