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Equipamiento: El Santo Asiento

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Los puntos más importantes a tener en cuenta cuando estamos en la búsqueda de un asiento más cómodo. ¿Cómo es el asiento ideal: blando o duro, ancho o angosto? Las partes del asiento y la influencia de cada una de ellas en sus prestaciones.

La gran mayoría de los ciclistas nos pasamos toda la vida en la búsqueda del asiento más cómodo, una búsqueda que es para los ciclistas algo así como la búsqueda del Santo Grial para los católicos. Y tanto se parecen una y otra cosa que, así como los cristianos no logran definir qué es exactamente el Santo Grial, tampoco los ciclistas nos ponemos de acuerdo en cuál es el Asiento Cómodo o Santo Asiento. Es que además de que el criterio de comodidad difiere bastante entre persona y persona y de que el grado de acostumbramiento a un determinado asiento nos puede hacer confundir comodidad con “costumbre”, suceden cosas en el ciclismo como, por ejemplo, que alguien deja de pedalear en los meses de crudo invierno y, cuando en la siguiente primavera vuelve a subirse a la bici, aquel asiento que tan caro le había costado el año anterior y que tantas “caricias” le había dado a sus asentaderas, ahora ya no se comporta tan amablemente… ¿Podemos, en estos casos, echarle la culpa al asiento?, ¿o será que podemos solucionar el tema simplemente rodando unos días, hasta que todo vuelva a la normalidad y nuestros cachetes se sientan nuevamente acariciados? Un ciclista que estuvo fuera de la bici durante un par de meses y que por consiguiente está fuera de forma, cuando retoma el ejercicio suele sentirse bien y arrancar fuerte, pero sus piernas rápidamente pedirán socorro, flaquearán, y cuando las piernas se cansan el ciclista deja caer pesadamente su cuerpo en el asiento… Conclusión: nunca compremos asiento nuevo cuando de lo que se trata es, en principio, de nosotros, no del asiento. Si no estamos en forma, primero pongámonos en forma, y luego, una vez logrado esto, busquemos, de ser necesario, el asiento adecuado.
Ahora bien, llegado el caso de que estamos en esa búsqueda, el camino más inadecuado es decidir por consejos ajenos. El asiento que le resulta cómodo a él puede no resultarme cómodo a mí. Cada cuerpo es diferente, cada estilo de manejo es personal, etcétera. El camino adecuado es conocer cómo es un asiento, qué cosas puede ofrecernos y valorar cada una de sus prestaciones. Para ello, te aportamos estos apuntes.
(Aclaración: no nos referiremos en este trabajo al tema del asiento del corredor, que merece un tratamiento aparte, sino al del ciclista que hace muchos kilómetros sobre su bici pero que no compite.)

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Blando o duro
El primer impuso de todo ciclista que se siente incómodo con su asiento es el de buscar uno más “blando”. Algo habitualmente incorrecto. Todos sabemos que, por ejemplo, un colchón o una almohada más blando suelen ser la peor solución para nuestras incomodidades nocturnas. Y el asiento de la bici no escapa a esa regla. Veamos por qué.
Si nos sentamos erquidos sobre una tabla, podemos constatar que nuestros “huesos para sentarnos” o tuberosidades isquiales reciben todo nuestro peso. Están preparadas y diseñadas para ello y no se “quejan” de su función, salvo lesiones específicas. A la inversa, el “valle” blando que hay entre estas dos tuberosidades no está en absoluto preparado para recibir peso. Justamente, muchos casos de incomodidad con el asiento tienen origen en que la mayor parte de peso del ciclista se dirige a esta zona intermedia y no a las tuberosidades isquiales.
Para graficar esto, ahora volvamos a sentarnos erguidos sobre la tabla, pero poniendo entre nuestro cuerpo y ella una almohada blanda. Nuestras tuberosidades isquiales “vencerán” la blandura de la almohada y volverán a apoyar nuestro peso sobre la tabla, pero resultará que ahora la almohada reaccionará de manera tal que tendremos parte de nuestro peso apoyado también en la zona intermedia entre las dos tuberosidades, que no es precisamente lo buscado. Es decir, tendremos menos peso en donde es ideal tenerlo y más donde no sirve que lo tengamos. Esto mismo sucede con un asiento de bicicleta.
Es común ver gente en las bicicleterías presionando con su pulgar un asiento para percibir cuán blando es. Y como los fabricantes saben esto más que nadie, cuanto más quiera vender un fabricante más blando va a hacer sus asientos… Este tipo de asiento sólo es percibido como cómodo para la persona que hace trayectos muy cortos, de no más de dos o tres kilómetros. Y justamente es el peor tipo de asiento para el que anda mucho.
Asociado a esta cuestión, hay un término que los fabricantes de asientos suelen usar con frecuencia, “gel”, y que suele ser aceptado como la “solución final” por muchos usuarios crédulos. No es que esté mal utilizar geles para rellenar los asientos, muy por el contrario. Lo que sucede es que el que un asiento tenga un relleno de gel (o gel “super soft”, o lo que sea) no garantiza comodidad, ya que por encima de la blandura está el diseño y otras cuestiones, que son las que justamente estamos explorando en estos apuntes.
Por último, otro elemento de “blandura” que hay en el mercado es el de las famosas fundas de gel. Hay muchas variantes y calidades de éstas, pero lo cierto es que si tenemos un asiento incómodo, por más que le pongamos por encima una funda blanda, el asiento va a seguir haciéndonos sufrir, y encima con un gasto adicional… Si el asiento es incómodo, cambiemos de asiento, y recién cuando tengamos un asiento adecuado a nuestra anatomía y forma de pedalear podremos decidir si vale la pena agregarle o no una funda de gel.

Ancho o angosto
Este tema es crucial y también fruto de grandes malentendidos. Y tiene que ver precisamente con el espacio entre las dos tuberosidades isquiales de que venimos hablando. Si un asiento es muy angosto, nuestra tuberosidades “colgarán” a cada lado del asiento, quedarán en el aire, sin recibir peso alguno, peso que inversamente recibirán nuestras partes “blandas”, no preparadas para ello. Y si es muy ancho nos provocará constantes rozamientos en la parte interior de los muslos, al pedalear, ya que no se trata de un asiento en el que nos sentamos y permanecemos quietos sino que sobre él nuestro cuerpo se mueve constantemente al pedalear y nuestras piernas suben y bajan.
Otro tema que suele confundir en esta cuestión es que los fabricantes de asientos parten del supuesto de que las tuberosidades isquiales de las mujeres están más separadas entre sí que las de los hombres, por lo que hacen y recomiendan asientos más anchos para ellas y más angostos para ellos. Esto puede resultar cierto en muchos casos pero no en otros tantos. Las diferencias individuales en la conformación del cuerpo del ser humano son enormes.

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Las partes del asiento
El asiento de bicicleta está compuesto básicamente por cuatro partes: los rieles, la base, el relleno y la cubierta.
– Los rieles conforman un verdadero marco estructural del asiento. Usualmente tienen la forma de una flecha que apunta hacia adelante y por lo general están hechos de aceros, aluminios, titanio o carbono. Además de ser el marco del cuadro, los rieles vinculan al asiento con la grampa de sujeción.
– La base del asiento está vinculada a los rieles en tres puntos (adelanre en el vértice de los rieles y atrás en los dos extremos posteriores). Esta base es generalmente de plástico, y puede ser rígida en asientos de mala calidad o más flexible en asientos de mejor calidad. La flexibilidad de esta estructura agrega comodidad. Además, en los buenos asientos esta base se adelgaza en los sectores críticos.
Actualmente se ha afirmado la tendencia a que la base tenga un gran agujero en el medio (con la funda y el relleno acompañando o no esa forma), en atención a reducir la presión precisamente sobre esas zonas delicadas del cuerpo. A esos asientos se los llama genéricamente “antiprostáticos”. Esto puede funcionar, pero cuando compramos un asiento de este tipo hay que observar que los bordes internos del agujero no sean “filosos” o sobresalientes como para concentrar carga en la zona de la ingle. Inversamente, esos bordes deben ser redondeados y descendentes. Por otra parte, insistimos en la peculiar forma de cada cuerpo. Un agujero antiprostático puede estar bien diseñado para una persona y no para otra.
– El relleno suele estar hecho de una espuma o, como dijimos arriba, de un gel. Si este relleno es demasiado suave o demasiado duro, puede traernos problemas, ya sea por presionar nuestras zonas delicadas o por generar rozamientos.
– Por último tenemos la cubierta, que puede ser de cuero, plástico u otros materiales sintéticos. Esta cubierta debe ser suave pero debe ofrecer grip, no ser en exceso resbalosa, firme pero no frágil, lavable y, de ser posible, “respirable”.
El cuero es el material más noble para este propósito, aunque el más caro. Por algo sigue siendo universalmente utilizado en asientos de calidad. Sintéticos como la Lycra son respirables pero suelen ser resbaladizos y frágiles, además de que particularmente se desgastan en los bordes del asiento y donde el asiento sufre más presión. El vinilo es lo más parecido al cuero pero más barato, es suave pero con tendencia a ser resbaloso, poco y nada respirable, más durable que la Lycra.

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Asientos de cuero tensado
No son precisamente deportivos, pero pueden resultar casi ideales para el que hace mucho kilómetros sobre su bici (cicloturistas, etcétera) y no les importa cargar con un poco más de peso que con un asiento plástico. Estos asientos tienen un sistema de rieles básicamente igual al de los asientos con base de plástico, pero con un puente metálico curvado que conecta a los dos extremos posteriores de la V. Un capa gruesa de cuero es remachada sobre este puente y a un artilugio metálico ajustable ubicado en la nariz del asiento. El cuero queda así tensado como una hamaca paraguaya.
Este tipo de asiento es una gran opción, como dijimos, para los que hacen muchos kilómetros. El cuero, tensado de esta manera, se estira y flexiona, no requiere de relleno alguno y además “respira”. Y con el tiempo va tomando la particular forma de nuestras asentaderas, un mérito exclusivo de estos asientos. En suma, ofrecen gran confort y son particularmente eficientes con altas temperaturas.

Hay muchos más temas para tratar en cuanto asientos, entre ellos uno clave, como es la posición del asiento (altura, ángulo, adelante-atrás). Pero lo que vimos son los puntos claves para la elección de un asiento y para sortear mitos, medias verdades y mentiras al respecto. Con este material podemos pensar mejor en cómo elegir un asiento. Más adelante veremos cómo usarlo correctamente.

Nota publicada en revista Biciclub Nº 211, julio 2012.

 

 

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Clases para aprender a andar en bici en Buenos Aires

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Laureano Núñez es ciclista, organiza salidas en bici para principiantes y da clases para todos aquellos –adultos y niños a partir de los 12 años– que aun no saben pedalear y quieren aprender. Las clases son 100% personalizadas.
Las clases se realizan en Puerto Madero, una vez por semana, acordando los horarios según los requerimientos de los alumnos, y duran una hora.
La idea es tener nociones básicas de cómo pedalear en la ciudad, aprender la técnica, perder el miedo y practicar. También se enseñan nociones básicas de mecánica (como arreglar una pinchadura y cambiar una cámara) y teoría básica sobre seguridad vial para movernos de forma segura.
Las clases finalizan cuando el alumno siente que alcanzó su meta y siente que puede seguir por si solo.

Más info sobre las clases: 112823-1343

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La técnica de pedaleo adecuada

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Es común que durante el pedaleo muchas personas sientan molestias, dolores o sensaciones extrañas que no son habituales. ¿Alguna vez analizaste tu técnica de pedaleo y tu posición en la bici? ¿Sufrís de dolores de espalda, cuello o rodillas al terminar tus sesiones de entrenamiento? ¿Sentís que al pedalear hacés demasiada fuerza o vas demasiado liviano?
Mejorar la técnica puede ser la solución para evitar lesiones, dolores musculares y/o articulares, reducir el desgaste innecesario durante una sesión de entrenamiento y disfrutar plenamente del pedaleo.

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La postura correcta
Antes de subirse a la bici es recomendable establecer la altura del asiento. Éste debe situarse al nivel de la cadera y estar paralelo respecto del piso. Una vez sentados en posición de pedaleo, al apoyar el talón sobre el pedal (en el momento en que se encuentra el pedal más cerca del piso) la pierna debe quedar semiflexionada y no extendida por completo.
Si al pedalear hay un balanceo de la cadera hacia a un lado y otro, significa que el asiento está alto. Si existe una exagerada flexión de las rodillas (sobrepasan en altura a la cadera), debe corregirse la altura del asiento subiéndolo. Atención: una flexión exagerada de rodilla puede acarrear lesiones.
Respecto a los brazos, no deben estar extendidos al pedalear. Es algo común que pase cuando la distancia entre el manubrio y el asiento es demasiado grande. Por el contrario debe haber una semiflexión de los codos de manera que se mantengan relajados los miembros superiores (cuello, hombros, brazos, manos). Además, esto evitará que las irregularidades del terreno, convertidas en vibraciones, repercutan en nuestra espalda y miembros superiores, especialmente en antebrazos. Así lograremos que no aparezcan esas sensaciones de contractura muscular que con el paso del tiempo se pueden agudizar, hasta obligarnos a parar de pedalear.
Las manos se deben mantener relajadas y apoyadas sobre el manubrio (éste no debe estar ni muy bajo ni muy alto respecto de la posición del asiento). No deben ir agarradas haciendo fuerza en todo momento, algo que solo será necesario en determinadas situaciones, como por ejemplo, al pararnos en los pedales, encarar una pendiente o aumentar la velocidad repentinamente (embalar).
El torso tiene que estar inclinado hacia el frente a unos 45º respecto del manubrio, de modo de evitar chocar frontalmente contra el aire y tener molestias en la zona lumbar. Y cuidado, en ningún momento se debe descargar el peso corporal totalmente hacia adelante. Éste debe estar balanceado entre el asiento y el manubrio.

El ciclo de pedaleo
Básicamente nos referiremos al pedaleo como un movimiento circular con una aceleración hacia el frente que luego irá descendiendo para comenzar a ascender hasta llegar a la posición inicial. Partimos de la base de que en cada ciclo debe aplicarse la fuerza de manera uniforme durante todos los momentos del pedaleo. De esta manera se involucra un mayor número de músculos, especialmente glúteos, flexores de pierna, flexores de cadera y extensores de pierna (cuádriceps), los cuales se emplearán de manera colectiva.
Obviamente, para lograr el pedaleo uniforme lo mejor será hacerlo con pedales de sistema click-on o automáticos y zapatos de ciclismo con sus calas específicas. Con pedales con punteras o simplemente pedales convencionales, muchos momentos del ciclo de pedaleo no pueden aprovecharse.

El ciclismo estacionario o indoor
Se trata de una excelente opción para complementar el entrenamiento, comenzar a pedalear o simplemente movernos un rato. El objetivo principal de quienes se acercan a esta actividad es continuar con el entrenamiento, haciendo trabajos específicos de pasadas y fuerza.
El ciclismo indoor es una excelente oportunidad para concentrarnos también en nuestra técnica de pedaleo. Esto es importante porque esa técnica (sea buena o mala) irremediablemente la aplicaremos luego cuando estemos rodando en nuestra bicicleta.
Hay que prestar atención especialmente en clases grupales, ya que al subirnos a una bici fija que fue usada por otra persona siempre habrá que realizarle modificaciones antes de comenzar.

Los errores más comunes
– Pedalear con el asiento bajo o alto, lo que trae como consecuencia dolores en las rodillas y en la parte baja de la espalda.
– Pedalear todo el tiempo con muy baja o demasiada cadencia produce un desgaste innecesario de energía. Se siente como un pedaleo trabado o, al contrario, demasiado fácil.
– Hacer fuerza con los brazos y mantener los hombros duros ¡A relajarse!
– Llevar muy rígidos los tobillos. La articulación del tobillo se modifica en cada ciclo de pedaleo y es importante permitir que esto suceda con naturalidad.

Consejo para mejorar
Pedile a alguien que te filme de frente, de espalda y de perfil mientras pedaleás. Luego analizá tu posición y técnica. Recordá que trabajar y mejorar tu forma de pedalear te permitirá hacerlo de manera eficiente y disfrutar más de las sesiones indoor así como los kilómetros en ruta.

Por Pablo Canales: Profesor en Educación Física (UNLP), Especialista en Rehabilitación por el ejercicio (UCALP), Entrenador de Atletismo/ Triatlón e Instructor de Spinning: canalespra@gmail.com, pra_canales@hotmail.com.

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Cómo planificar un viaje en bicicleta

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En esta nota, Jimena Sánchez, de La Vida de Viaje, nos da respuesta a las preguntas más frecuentes.

¿Cómo sé si me va a dar el estado físico?
Esta pregunta es la que se lleva el podio cuando hablamos sobre cicloturismo. Y el punto está en que asociamos a los viajes en bicicleta con “esfuerzo físico” y no con “placer físico”. Pongamos un ejemplo: toda subida tiene su recompensa cuando lográs llegar hasta su punto más alto. Después siempre hay una bajada y es ahí donde lográs el balance y te recuperás. (Menciono lo de las subidas porque también es un trending topic y porque siempre nos olvidamos de que las rutas tienen llanos y bajadas hermosas que nos hacen sentir en otro planeta.)
¿Siempre se pedalea en un viaje? No. Citando el mismo ejemplo, si una subida te cansa porque es muy empinada o notás que se te resbala o se te traba la bicicleta (esto pasa mucho sobre el ripio), te podés bajar de la bici y caminar. “Uy, pero eso te cansa también.” (Sí, te leí la mente, pero son otros músculos y otra manera de hacer fuerza. Se puede ver como otra manera de “descansar” sin dejar de avanzar.) A ver: obvio que vas a cansarte. Pero el cuerpo, con los días en ruta, se entrena. Y el primer día te vas a cansar, el segundo no tanto, y así. Podés parar las veces que necesites para descansar y podés viajar al ritmo que quieras porque es TU viaje. No existen los manuales de cómo deberías viajar. Los viajes en bicicleta no son viajes para súper atletas, sino para todas aquellas personas que estén dispuestas a conocer y conectar con su cuerpo, quieran salir de su zona cómoda y busquen disfrutar del placer de sentirse vivas haciendo deporte.
Obviamente, cuanto más hayas entrenado antes de viajar, más rápida va a ser la adaptación para pasar del “esfuerzo físico” al “placer físico” que dijimos al principio y poder disfrutar del día a día.

¿Por dónde empiezo a planificar un viaje?
Agarrá un papel y un lápiz y respondé:
– ¿A dónde te gustaría viajar? vs. ¿A dónde podés viajar? Si las dos respuestas coinciden, genial. Ahora bien, si por cuestiones económicas, laborales, de tiempos, o lo que sea, el “a dónde puedo viajar” pesa más que el “a dónde te gustaría viajar” no lo tomes como un problema. Lo real siempre es más alcanzable que lo ideal.

– ¿Cuándo?
– ¿Cuánto tiempo tenés disponible?
– ¿Va a ser un viaje en solitario o con alguien?
Una vez que tenés esta información sobre la mesa, viene la etapa de investigación, que es la más larga y tediosa, pero la más importante y necesaria. Acá tenés que ver rutas, leer blogs, foros, revistas especializadas y bajarte aplicaciones útiles de mapas. Y lo que tenés que analizar con lupa es:
– Cómo es el clima del lugar al que querés viajar. Este punto influye en el equipo de camping y en la indumentaria que necesites llevar, ya que no es lo mismo viajar en verano que en invierno.


– En qué época del año conviene ir a ese lugar: más allá del clima, los lugares y las rutas pueden verse alterados por vacaciones, fiestas regionales, feriados, etcétera. Esta es una variable muy importante si buscás tranquilidad y sobre todo seguridad a la hora de viajar.
– Cómo llegar y cómo volver puede ser el punto más estresante, pero resulta indispensable. Hay que analizar todas las opciones y tomar la mejor decisión posible. Muy raras veces salimos a un viaje en bicicleta pedaleando desde casa y no queda otra que tomarnos un avión, un micro o un tren. Esto implica siempre desarmar la bici, embalarla bien, cruzar los dedos para que nada se rompa en el viaje, llegar al destino, armar todo y recién ahí empezar a pedalear. Una vez finalizado el viaje hay que hacer los mismos pasos para emprender la vuelta. Sí: es todo un tema pero lo vivido en un viaje justifica una y mil veces la logística para llegar y volver a casa.
– Y cuáles son las rutas, caminos o senderos posibles para armar un buen itinerario de viaje teniendo en cuenta todos los puntos anteriores

¿Cómo elijo una ruta?
Esto depende del tipo de viaje que quieras y puedas hacer, además de tu disponibilidad de tiempo. Podés elegir una ruta según el destino que quieras recorrer o según la experiencia que quieras vivir. Por ejemplo nosotros en el 2013 nos propusimos unir Ushuaia-La Quiaca tomando como eje la Ruta 40. No quisimos pedalear ninguna otra ruta ni desviarnos porque la 40 era nuestro objetivo. En cambio, en el 2019 quisimos hacer lo opuesto y vivir una experiencia distinta: darle la vuelta a la isla de Tierra del Fuego por senderos y caminos alternativos.
La recomendación para un primer viaje es que elijas rutas que te transmitan confianza y seguridad (como la ruta de los Siete Lagos en la provincia de Neuquén, que tiene campings y proveedurías a lo largo del camino, por ejemplo).
Si no es tu primer viaje y querés hacer algo más jugado, hay aplicaciones que te van a ayudar un montón a elegir caminos alternativos. Una de ellas es Wikiloc, una plataforma en la que viajeras y viajeros de todo el mundo suben sus rutas y comparten sus experiencias, información del camino, puntos donde parar, etcétera.

¿Qué bici elijo? ¿Qué debe tener para hacer un viaje?
Antes de responder esta pregunta es necesario que sepas esto: lo fundamental no es la bici, sino tu cabeza y las ganas que tengas de viajar. No es indispensable contar con lo mejor del mercado ni con la última tecnología. Para viajar en bicicleta hay que ir a lo simple: que sea fácil y económico a la hora de arreglarla, sin importar si estás en un pueblo o en una gran ciudad.

Texto y fotos: La vida de viaje

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La mejor postura para escalar y la mejor para descender

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Ya hablamos en esta nota acerca de qué ajustes debemos hacer en nuestra bicicleta para que ella y nuestras particulares medidas corporales armonicen y con ello se potencie el esfuerzo físico que realizamos al pedalear. En esta entrega quiero que reflexionemos sobre dos situaciones claves que se dan en el ciclismo de montaña, la escalada y el descenso, y cómo conviene posicionarnos en la bicicleta en cada caso.

Posición de subida
A la hora de encarar una subida vamos adoptar lo que yo suelo llamar la “posicion fea”, esto es:
– Meter la cola para adentro, posicionándonos en la punta del asiento, lo que nos va a ayudar al equilibro y a imprimir una fuerza significativa con nuestros cuádriceps,
– inclinar nuestro pecho hasta pegarlo al manubrio, lo que hace que llevemos peso a la rueda de adelante y así evitar irnos para atrás, y por último
– llevar los codos pegados al cuerpo y tirando con fuerza hacia abajo, sintiendo la misma fuerza que se hace en el ejercicio de remo en el gimnasio, lo que nos va a permitir darle dirección a la subida y que la rueda delantera no se vaya para donde ella quiera.
Una vez en la subida el secreto es mantener la calma, no olvidarse de respirar y dejar que nuestra rueda se afirme al piso, siempre manteniendo la posición que he descripto, realizando toda la fuerza con nuestros cuádriceps.

Posición de bajada o de ataque
Esta es la posición que nos va a dar mayor disfrute en el ciclismo, la famosa “posición de ataque”, llamada así porque vamos en una postura que enfrenta a los obstáculos que se presentan en nuestro camino y no en una posición escondida o temerosa. Esto no significa que nos vamos a llevar todo por delante sino que vamos a estar en alerta y bien posicionadas frente a los obstáculos. Al principio nos puede costar un poco, pero la mejor forma de automatizar esta postura es practicándola mucho y exagerando los gestos que voy a mencionar hasta que sean incorporados naturalmente a la hora de montar la bicicleta.
En este caso necesitamos aplicar cinco gestos. Al principio vamos a pensar que son muchos, pero luego de hacerlos varias veces, en la práctica vamos a ver que son automáticos en nuestra actitud corporal a la hora de encarar un descenso en bici:
– Desplazar la cola y por lo tanto nuestro peso, para atrás, para evitar irnos de cabeza,
– bajar los talones, o sea que los talones siempre vayan tirados hacia abajo, lo que nos obligará a desplazar la cola para atrás y evitará que nos caigamos hacia delante por inercia,
– ubicar el mentón cerca del manubrio (pese a que en un principio nos dé un poco de impresión acercar la cabeza al manubrio en una bajada), cosa que no será difícil si hicimos correctamente los primeros dos gestos y que nos ayudará a bajar de una manera súper estable, porque le vamos a estar poniendo peso a la rueda de adelante, lo que hace que esta se desplace en línea recta y no para donde quiera el terreno (por esto es que la llamamos posición de ataque, ya que ahora no vamos a estar escondidas en la parte de atrás de la bicicleta sino que vamos a estar en una posición de seguridad, con la que podremos enfrentar cualquier tipo de obstáculo de manera más estable),
– abrir bien los codos, en una posición similar a la de un gorila tocándose la axila, lo que nos va a permitir estar cómodas para dirigir la bicicleta en las curvas y tener mejor manejo, y
– exagerar todos los gestos y enumerarlos mentalmente cada vez que bajemos, hasta hacerlos automáticos.
Una vez incorporada la posición de ataque vamos a notar que es súper segura, ya que nos garantiza ir protegidas adentro de la bicicleta. Aquí también el secreto es mantener la calma y recordar que una vez que encaremos una bajada tendremos que seguirla hasta el final, sin caer en crisis y recordando que las bicicletas están diseñadas para superar obstáculos. Y una última reflexión: si nuestra velocidad de bajada es muy poca va a ser más difícil la maniobra, dado que perderemos el equilibrio y no permitirá que el sistema de suspensión de la bicicleta funcione correctamente.


Por Pilar Adoue: es de Mendoza y es embajadora de Specialized Argentina. Contacto: @pili_adoue 


Fotos: Mariano Díaz y Juani Cocuelle

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