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Equipamiento: El Santo Asiento

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Los puntos más importantes a tener en cuenta cuando estamos en la búsqueda de un asiento más cómodo. ¿Cómo es el asiento ideal: blando o duro, ancho o angosto? Las partes del asiento y la influencia de cada una de ellas en sus prestaciones.

La gran mayoría de los ciclistas nos pasamos toda la vida en la búsqueda del asiento más cómodo, una búsqueda que es para los ciclistas algo así como la búsqueda del Santo Grial para los católicos. Y tanto se parecen una y otra cosa que, así como los cristianos no logran definir qué es exactamente el Santo Grial, tampoco los ciclistas nos ponemos de acuerdo en cuál es el Asiento Cómodo o Santo Asiento. Es que además de que el criterio de comodidad difiere bastante entre persona y persona y de que el grado de acostumbramiento a un determinado asiento nos puede hacer confundir comodidad con “costumbre”, suceden cosas en el ciclismo como, por ejemplo, que alguien deja de pedalear en los meses de crudo invierno y, cuando en la siguiente primavera vuelve a subirse a la bici, aquel asiento que tan caro le había costado el año anterior y que tantas “caricias” le había dado a sus asentaderas, ahora ya no se comporta tan amablemente… ¿Podemos, en estos casos, echarle la culpa al asiento?, ¿o será que podemos solucionar el tema simplemente rodando unos días, hasta que todo vuelva a la normalidad y nuestros cachetes se sientan nuevamente acariciados? Un ciclista que estuvo fuera de la bici durante un par de meses y que por consiguiente está fuera de forma, cuando retoma el ejercicio suele sentirse bien y arrancar fuerte, pero sus piernas rápidamente pedirán socorro, flaquearán, y cuando las piernas se cansan el ciclista deja caer pesadamente su cuerpo en el asiento… Conclusión: nunca compremos asiento nuevo cuando de lo que se trata es, en principio, de nosotros, no del asiento. Si no estamos en forma, primero pongámonos en forma, y luego, una vez logrado esto, busquemos, de ser necesario, el asiento adecuado.
Ahora bien, llegado el caso de que estamos en esa búsqueda, el camino más inadecuado es decidir por consejos ajenos. El asiento que le resulta cómodo a él puede no resultarme cómodo a mí. Cada cuerpo es diferente, cada estilo de manejo es personal, etcétera. El camino adecuado es conocer cómo es un asiento, qué cosas puede ofrecernos y valorar cada una de sus prestaciones. Para ello, te aportamos estos apuntes.
(Aclaración: no nos referiremos en este trabajo al tema del asiento del corredor, que merece un tratamiento aparte, sino al del ciclista que hace muchos kilómetros sobre su bici pero que no compite.)

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Blando o duro
El primer impuso de todo ciclista que se siente incómodo con su asiento es el de buscar uno más “blando”. Algo habitualmente incorrecto. Todos sabemos que, por ejemplo, un colchón o una almohada más blando suelen ser la peor solución para nuestras incomodidades nocturnas. Y el asiento de la bici no escapa a esa regla. Veamos por qué.
Si nos sentamos erquidos sobre una tabla, podemos constatar que nuestros “huesos para sentarnos” o tuberosidades isquiales reciben todo nuestro peso. Están preparadas y diseñadas para ello y no se “quejan” de su función, salvo lesiones específicas. A la inversa, el “valle” blando que hay entre estas dos tuberosidades no está en absoluto preparado para recibir peso. Justamente, muchos casos de incomodidad con el asiento tienen origen en que la mayor parte de peso del ciclista se dirige a esta zona intermedia y no a las tuberosidades isquiales.
Para graficar esto, ahora volvamos a sentarnos erguidos sobre la tabla, pero poniendo entre nuestro cuerpo y ella una almohada blanda. Nuestras tuberosidades isquiales “vencerán” la blandura de la almohada y volverán a apoyar nuestro peso sobre la tabla, pero resultará que ahora la almohada reaccionará de manera tal que tendremos parte de nuestro peso apoyado también en la zona intermedia entre las dos tuberosidades, que no es precisamente lo buscado. Es decir, tendremos menos peso en donde es ideal tenerlo y más donde no sirve que lo tengamos. Esto mismo sucede con un asiento de bicicleta.
Es común ver gente en las bicicleterías presionando con su pulgar un asiento para percibir cuán blando es. Y como los fabricantes saben esto más que nadie, cuanto más quiera vender un fabricante más blando va a hacer sus asientos… Este tipo de asiento sólo es percibido como cómodo para la persona que hace trayectos muy cortos, de no más de dos o tres kilómetros. Y justamente es el peor tipo de asiento para el que anda mucho.
Asociado a esta cuestión, hay un término que los fabricantes de asientos suelen usar con frecuencia, “gel”, y que suele ser aceptado como la “solución final” por muchos usuarios crédulos. No es que esté mal utilizar geles para rellenar los asientos, muy por el contrario. Lo que sucede es que el que un asiento tenga un relleno de gel (o gel “super soft”, o lo que sea) no garantiza comodidad, ya que por encima de la blandura está el diseño y otras cuestiones, que son las que justamente estamos explorando en estos apuntes.
Por último, otro elemento de “blandura” que hay en el mercado es el de las famosas fundas de gel. Hay muchas variantes y calidades de éstas, pero lo cierto es que si tenemos un asiento incómodo, por más que le pongamos por encima una funda blanda, el asiento va a seguir haciéndonos sufrir, y encima con un gasto adicional… Si el asiento es incómodo, cambiemos de asiento, y recién cuando tengamos un asiento adecuado a nuestra anatomía y forma de pedalear podremos decidir si vale la pena agregarle o no una funda de gel.

Ancho o angosto
Este tema es crucial y también fruto de grandes malentendidos. Y tiene que ver precisamente con el espacio entre las dos tuberosidades isquiales de que venimos hablando. Si un asiento es muy angosto, nuestra tuberosidades “colgarán” a cada lado del asiento, quedarán en el aire, sin recibir peso alguno, peso que inversamente recibirán nuestras partes “blandas”, no preparadas para ello. Y si es muy ancho nos provocará constantes rozamientos en la parte interior de los muslos, al pedalear, ya que no se trata de un asiento en el que nos sentamos y permanecemos quietos sino que sobre él nuestro cuerpo se mueve constantemente al pedalear y nuestras piernas suben y bajan.
Otro tema que suele confundir en esta cuestión es que los fabricantes de asientos parten del supuesto de que las tuberosidades isquiales de las mujeres están más separadas entre sí que las de los hombres, por lo que hacen y recomiendan asientos más anchos para ellas y más angostos para ellos. Esto puede resultar cierto en muchos casos pero no en otros tantos. Las diferencias individuales en la conformación del cuerpo del ser humano son enormes.

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Las partes del asiento
El asiento de bicicleta está compuesto básicamente por cuatro partes: los rieles, la base, el relleno y la cubierta.
– Los rieles conforman un verdadero marco estructural del asiento. Usualmente tienen la forma de una flecha que apunta hacia adelante y por lo general están hechos de aceros, aluminios, titanio o carbono. Además de ser el marco del cuadro, los rieles vinculan al asiento con la grampa de sujeción.
– La base del asiento está vinculada a los rieles en tres puntos (adelanre en el vértice de los rieles y atrás en los dos extremos posteriores). Esta base es generalmente de plástico, y puede ser rígida en asientos de mala calidad o más flexible en asientos de mejor calidad. La flexibilidad de esta estructura agrega comodidad. Además, en los buenos asientos esta base se adelgaza en los sectores críticos.
Actualmente se ha afirmado la tendencia a que la base tenga un gran agujero en el medio (con la funda y el relleno acompañando o no esa forma), en atención a reducir la presión precisamente sobre esas zonas delicadas del cuerpo. A esos asientos se los llama genéricamente “antiprostáticos”. Esto puede funcionar, pero cuando compramos un asiento de este tipo hay que observar que los bordes internos del agujero no sean “filosos” o sobresalientes como para concentrar carga en la zona de la ingle. Inversamente, esos bordes deben ser redondeados y descendentes. Por otra parte, insistimos en la peculiar forma de cada cuerpo. Un agujero antiprostático puede estar bien diseñado para una persona y no para otra.
– El relleno suele estar hecho de una espuma o, como dijimos arriba, de un gel. Si este relleno es demasiado suave o demasiado duro, puede traernos problemas, ya sea por presionar nuestras zonas delicadas o por generar rozamientos.
– Por último tenemos la cubierta, que puede ser de cuero, plástico u otros materiales sintéticos. Esta cubierta debe ser suave pero debe ofrecer grip, no ser en exceso resbalosa, firme pero no frágil, lavable y, de ser posible, “respirable”.
El cuero es el material más noble para este propósito, aunque el más caro. Por algo sigue siendo universalmente utilizado en asientos de calidad. Sintéticos como la Lycra son respirables pero suelen ser resbaladizos y frágiles, además de que particularmente se desgastan en los bordes del asiento y donde el asiento sufre más presión. El vinilo es lo más parecido al cuero pero más barato, es suave pero con tendencia a ser resbaloso, poco y nada respirable, más durable que la Lycra.

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Asientos de cuero tensado
No son precisamente deportivos, pero pueden resultar casi ideales para el que hace mucho kilómetros sobre su bici (cicloturistas, etcétera) y no les importa cargar con un poco más de peso que con un asiento plástico. Estos asientos tienen un sistema de rieles básicamente igual al de los asientos con base de plástico, pero con un puente metálico curvado que conecta a los dos extremos posteriores de la V. Un capa gruesa de cuero es remachada sobre este puente y a un artilugio metálico ajustable ubicado en la nariz del asiento. El cuero queda así tensado como una hamaca paraguaya.
Este tipo de asiento es una gran opción, como dijimos, para los que hacen muchos kilómetros. El cuero, tensado de esta manera, se estira y flexiona, no requiere de relleno alguno y además “respira”. Y con el tiempo va tomando la particular forma de nuestras asentaderas, un mérito exclusivo de estos asientos. En suma, ofrecen gran confort y son particularmente eficientes con altas temperaturas.

Hay muchos más temas para tratar en cuanto asientos, entre ellos uno clave, como es la posición del asiento (altura, ángulo, adelante-atrás). Pero lo que vimos son los puntos claves para la elección de un asiento y para sortear mitos, medias verdades y mentiras al respecto. Con este material podemos pensar mejor en cómo elegir un asiento. Más adelante veremos cómo usarlo correctamente.

Nota publicada en revista Biciclub Nº 211, julio 2012.

 

 

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Manuel

    19 agosto, 2015 a las 1:29 am

    Excelente artículo..

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Clases para aprender a andar en bici en Buenos Aires

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Laureano Núñez es ciclista, organiza salidas en bici para principiantes y da clases para todos aquellos –adultos y niños a partir de los 12 años– que aun no saben pedalear y quieren aprender. Las clases son 100% personalizadas.
Debido a la situación actual, disponen de comunicación electrónica para un distanciamiento social efectivo.
Las clases se realizan en Puerto Madero, una vez por semana, acordando los horarios según los requerimientos de los alumnos, y duran una hora.
La idea es tener nociones básicas de cómo pedalear en la ciudad, aprender la técnica, perder el miedo y practicar. También se enseñan nociones básicas de mecánica (como arreglar una pinchadura y cambiar una cámara) y teoría básica sobre seguridad vial para movernos de forma segura.
Las clases finalizan cuando el alumno siente que alcanzó su meta y siente que puede seguir por si solo.
Más info sobre las clases: 112823-1343

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¡Son las veredas estúpido!

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Durante decenios los ingenieros de tránsito exprimieron sus “habilidades” (dulcemente engordadas por el lobby automotriz) ampliando la superficie de las calles y reduciendo más y más la de las veredas, para facilitar el flujo del tránsito automotor y limitar el de los peatones. Esta última parte de su obra no la expresaron tan claramente como lo hacemos aquí nosotros, pero lo pensaron y, lo que es peor aun, lo lograron.
Antes de que los ingenieros automotrices (no merecen llamarse de tránsito, ¿no?) destruyeran el espacio urbano, la calle era toda de la gente y los vehículos debían “pedir permiso” para circular por ella. Las veredas eran amplias y la vida social en ellas era intensa. Luego, con las veredas reducidas a la nada y la prohibición de que los peatones utilizaran la calle, se produjo una inevitable decadencia de la vida social y económica de la comunidad.
Pero pese a que todos sabemos esto, a muchos sigue desconcertándonos por qué se presta tan poca atención a las personas a pie, que, en realidad, somos todos.
Para cambiar esto hay que darle la vuelta al proceso de planificación, enfocándonos primero en las veredas como el mejor camino hacia la vitalidad, la sostenibilidad y la equidad. Esto a menudo significa ampliarlas y/o mejorarlas, para que puedan acomodar adecuadamente a los caminantes, así como a muchas otras actividades que contribuyen a la floreciente vida social de una comunidad: mesas en las veredas, cafés, tiendas al aire libre, músicos callejeros, bancos y suficiente espacio para que la gente se detenga a charlar o simplemente a observar a los demás o a dejar pasar el tiempo.
El siguiente paso es pacificar la calle, reduciendo las velocidades y estrechando los carriles, haciendo calles compartidas, calles cerradas a los automotores e intersecciones más seguras para todos los usuarios. Y mantener firme un objetivo: crear entornos en los que resulte necesario y posible el contacto visual entre los peatones y los vehículos, para que se pueda negociar en igualdad de condiciones quién tiene el derecho de paso.
El poder de la vida en la calle puede conectarnos a todos: todas las edades, todas las culturas, todos los ingresos, todas las religiones. Las ciudades que hacen de la vida social (y, en consecuencia, la vida económica local) una prioridad absoluta, han creado algunas de las mejores calles amigables con las personas que conocemos. Han transformado calles en plazas de maneras que la gente nunca soñó que fuera posible. A menudo, estos usos son solo temporales y comienzan como prototipos emergentes experimentales. Las grandes aceras no están grabadas en piedra, sino que evolucionan y cambian con el tiempo, convirtiéndose en lugares dinámicos a los que se desea volver a menudo.
En suma:
– La vida en la calle nos conecta a todos.
– Empecemos por la vereda para crear grandes lugares llenos de gente.
– Desdibujemos la distinción entre vereda y calle cuando sea posible, lo que envía a todos el mensaje de que toda la calzada es un espacio compartido.
– La vida social en las calles es una estrategia clave de desarrollo económico local.
– Experimentar con formas flexibles de compartir las calles entre todo tipo de usuarios: personas a pie, en bicicleta y otros medios sustentables y en automóviles.
Hans Moderman, un famoso ingeniero de tránsito neerlandés resumió con genialidad el papel de los diseñadores urbanos: “Si quieres que la gente se comporte como si viviera en una aldea…, construye una aldea.”

Por Mario García / Foto: michael-blomberg-eYBiU-uAJ3M-unsplash

 

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Cómo aprender a andar en bici a cualquier edad

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Ante infinidad de consultas que recibimos en biciclub.com de gente de todas las edades que quiere aprender a andar en bicicleta, esta nota colectiva de nuestros colaboradores proporciona un sistema paso a paso con el cual se puede aprender tanto en solitario como con la ayuda de cualquier voluntario amigo. Con este método un niño aprende en el día y, en el otro extremo, personas mayores con dificultades motoras podrán demorar mucho más pero lo lograrán.

La habilidad que hay que aprender para poder a andar en bicicleta es el equilibrio, no el pedaleo, que es una técnica que se comienza a aprender una vez que se incorpora el equilibrio y que es completamente secundaria con respecto al dominio de la bicicleta.

Las cuatro bases
1. Disponer de una bicicleta de la talla adecuada para el aprendiz, de manera que pueda estar en una posición completamente erguida cuando está sentado, y bajar la altura del asiento hasta que la persona pueda, cuando está sentado, apoyar completamente los pies en el piso. Esta bici no debe tener freno contrapedal, porque su uso exige saber pedalear.

2. Sacar los pedales de la bici de aprendizaje con una llave de 15 mm. Para aflojar el pedal izquierdo hay que girar la llave en sentido horario y para aflojar el pedal derecho en sentido antihorario. De no animarse a hacerlo uno mismo, cualquier bicicletero hará esto de forma gratuita si le decimos cuál es nuestro propósito. Otra alternativa -que es por la que optamos nosotros en las fotos- es aprender en una bici plegable, que tiene muchas configuraciones posibles para comodidad del usuario y además, como los pedales se pueden plegar, no es necesario quitarlos.

3. Elegir un lugar plano, con piso de baldosas o asfalto y con poca gente. No conviene que sea de pasto, pero si que el piso sea firme. La única ventaja del pasto es que, ante una caída, esta será más suave, pero la bicicleta rodará con más dificultad. Conclusión: piso muy firme es mejor.

4. En todas las etapas del procedimiento que describiremos se le debe recalcar al aprendiz la necesidad de que dirija su mirada al frente y no a sus pies y que mantenga los dos dedos de cada mano suavemente apoyados en los mandos de freno.

El procedimiento
1. El aprendiz está sentado en la bici, con sus pies apoyados completamente en el piso, las manos en el manubrio con los brazos levemente flexionados, los dedos índice y mayor sobre los mandos de freno y, como dijimos, con la mirada hacia adelante (foto 1). En esa posición, sin salirse del asiento, comienza a caminar con pasos cortos, y cuando se siente cómodo haciendo esto dará pasos más largos (foto 2). Debemos repetir varias veces este ejercicio, todas las veces que sea necesario para que el aprendiz se sienta cien por ciento seguro y confiado. Es importante en este paso y en todos los siguientes que el aprendiz mantenga los brazos levemente flexionados. La rigidez de los brazos atenta contra el equilibrio. En el final de este ejercicio el futuro ciclista deberá poder separar brevemente los pies del piso -siempre sentado- y experimentar el equilibrio. Una suave bajada en el terreno puede ayudar mucho en la etapa final de este ejercicio. De existir ese desnivel, por una cuestión de seguridad debería terminar en llano.


2. Una vez que el aprendiz se siente seguro, el paso siguiente es impulsar la bici, siempre sentado, pero con los dos pies juntos (foto 3). Si lo hacemos con la suficiente fuerza, el rodado tomará impulso como para romper la inercia y experimentar el equilibrio. Esto se logra luego de impulsarnos con todas las ganas y despegando luego los pies del piso, y volver a tomar contacto con él recién en el siguiente impulso (foto 4). Aquí también sirve una suave pendiente a favor.


3. Como el equilibrio en la bicicleta se logra con el balanceo del peso del cuerpo, en esta etapa el aprendiz debe impulsar nuevamente la bici sentado y caminando pero ahora avanzando en zigzag (foto 5). La idea es que repita esto hasta que puede separar los pies del piso cuando cambia de dirección. Nuevamente, los brazos flojos. Luego, tal como en el paso anterior, hacer este mismo zigzagueo pero impulsándose con los dos pies juntos.


4. Superado ampliamente el ejercicio anterior, o sea con la persona ya capaz de mantener el equilibrio y controlar la dirección de la bici, aunque aun impulsándose con los pies en el piso, ahora debe aprender a frenar. Una forma de hacerlo es hacer una marca en el piso o poner piedritas y que el principiante frene cuando llega a esta señal, aplicando ambos frenos.

5. Ahora reinstalaremos los pedales, dejando el asiento en la misma posición que estaba. El primer paso es aprender a poner la bici en movimiento desde cero y mediante los pedales. Para ello la persona partirá de posición detenida, con el pedal con el que se sienta más seguro en posición de las 2 en el caso del pedal derecho y de las 10 en el caso del izquierdo (foto 6). Ahora el aprendiz ejercerá presión sobre el pedal elegido, poniendo la bicicleta en movimiento y equilibrándose hasta que la bici esté por detenerse. Repetir esto varias veces, en lo posible con los dos pedales, hasta que se domine el ejercicio.

6. El paso siguiente es subir el asiento hasta una posición de pedaleo cómoda pero no deportiva (ya llegará el momento de aprender la técnica más refinada de pedaleo), en la que aun pueda apoyar cómodamente ambos pies en el piso. El aprendiz debe seguir bien erguido. Con esta nueva altura de asiento repetiremos varias veces el procedimiento de arranque, de control en zigzag y de frenado. En esta etapa es ideal poder acompañar al aprendiz caminando tras él durante sus primeras experiencias para transmitirle confianza, evitando darle indicaciones verbales cuando está en el intento.

Con este procedimiento cualquier persona puede aprender a pedalear, algunos en pocos minutos, otros en dos o tres jornadas. Los más chicos son los que más rápidamente aprenden.

Les recomendamos también consultar esta nota de Biciclub:
https://biciclub.com/aprender-a-pedalear-de-grand/

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Prohibido conducir automóviles

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En las página 24 a 27 de la revista Biciclub de febrero, la suiza Eva Pfarrwaller y el portugués Miguel Anjo, que hicieron un viaje de 13.000 kilómetros por Europa y Sudamérica, incluyendo Argentina, en bicicletas reclinadas (recumbents), nos hablan de las características de estas bicicletas, de sus muchas virtudes y pocos defectos. El tema es que para armar la nota, recorrimos el blog de esta pareja (http://www.nextstopwhere.com/) y particularmente la sección donde relatan su travesía sudamericana, donde cuentan su paso por Argentina y el asombro que les provocó nuestro país y nuestra gente. Pero el relato del último día nos llamó particularmente la atención, ya que pinta de cuerpo entero como nos comportamos los argentinos como automovilistas. Un poco de ironía para tomársela con humor… y para pensar. Aquí va.

“10 de enero de 2017
Hoy es nuestro último día en Argentina. Dejamos nuestro campo de deportes-convertido-en-un-campamento-caro en el pueblo de Dina Huapi y pedaleamos hacia Bariloche. Este es uno de los puntos turísticos más importantes de Argentina y estamos en temporada alta.
No sacamos mucho de la ciudad de Bariloche. Calles comerciales llenas de turistas, tiendas de souvenirs, comercios al aire libre, supermercados abarrotados, hoteles caros. Pasamos unas horas aquí, a las que le dedicamos un buen uso comprando boletos de ferry para el Cruce Andino a Chile, obteniendo comida para los próximos días, almorzando en un restaurante e intercambiando nuestros últimos pesos argentinos por pesos chilenos en la sombra de una tienda de bicicletas. Para trasladarnos empujamos nuestras pesadas bicicletas entre grupos de turistas y obras en construcción.
Por la tarde, nos subimos a nuestras bicis y pedaleamos fuera de la ciudad, hacia Llao Llao, donde tomaremos nuestro ferry mañana por la mañana. En nuestro último día de ciclismo en Argentina, recibimos una última dosis de pesado tránsito, autos veloces y adelantamientos finitos en una carretera prácticamente sin banquina.
Suficiente es suficiente.
Adiós Argentina. Fue un placer conocer a su gente increíblemente acogedora, pero por favor dejen de permitirles conducir automóviles.”

Por Mario García

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