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Bicis especiales

Es de caña, resiste como el acero y no es basura

Un experimentado y multikilométrico ciclista nos cuenta en primera persona sus impresiones sobre su particular bici con cuadro de caña y con la que ha sorteado sin problemas decenas de miles de kilómetros de paisajes agrestes y urbanos, incluyendo carreras de montaña y aventuras extremas.

Cada día tomamos más conciencia del cuidado del planeta. Hoy casi nadie desconoce la isla de plástico que flota ensuciando el Océano Pacífico. Algo que diez años atrás era impensable, quizás improbable, hoy es una realidad tangible.

La solución es tan sencilla que hasta un niño la puede ver: si aumentamos la duración de las cosas al doble, la basura se reduce a la mitad. Y si además la basura es orgánica y por lo tanto degradable…

Mi bambucicleta

Tuve varias bicicletas, pero se rompían. Uso la bici para ir al trabajo cada día, desde provincia hacia la ciudad de Buenos Aires. Dejé de usar el auto hace mucho y ahora esos 10.000 kilómetros al año para ir al trabajo los soporta la bici.

He tenido bicicletas de hierro y de aluminio, pero la solución la encontré de parte de un material natural, con millones de años de evolución.

Hace casi diez años que uso de manera diaria e ininterrumpida una bicicleta de bambú, caña hueca, de la variedad más común, que crece por todos lados: phillostachys aurea, vulgarmente llamada tacuara.

Es madera pero no crean que cortamos un árbol. Es en realidad un “pasto” y la diferencia está en la enorme velocidad de crecimiento que la destaca. Cortamos la caña para usar y vuelve a crecer como la lechuga.

Los análisis de laboratorio dicen que resiste casi como el acero.

Esta de la que les hablo, mía desde hace casi 10 años, tiene casi 80.000 kilómetros y a lo largo de los años le he ido depurando componentes que acompañen la durabilidad de su cuadro y que además sean económicos, y lo que parecía imposible se hizo realidad.

Uso en ella frenos Tektro v-brake. Cadena, plato, piñón y mazas Shimano. Llantas Foxter. Cubiertas y cámaras CST. Estos componentes duplican y hasta triplican la duración de otros. Uno de  mis componentes preferidos es una maza Shimano Alfine de 8 velocidades internas que es atendida para su service regularmente por el único argentino que los puede tocar, Santiago Oliver, de Born in Garage. Religiosamente cada 5.000 kilómetros la abre, la lubrica y la revisa a conciencia. Así es que nos vemos cada seis meses. Garantía absoluta.

El cuadro ha necesitado de algunas reparaciones, que realiza de manera magistral la fábrica Malón Bikes, de Rosario. Ellos garantizan que aunque pasen los años cada caña quedará como nueva.

Un libro de bitácora que llevo minuciosamente desde que nació esta bicicleta da fe de los kilómetros realizados cada día, cada material que falló, cada mantenimiento realizado.

Malón bikes

El modelo que tengo es de los económicos, con fibra de vidrio y epoxi. Las de alta gama y competición son con fibra de carbono. Si los modelos estándar con fibra de vidrio duran lo que duran, no quiero pensar lo que durarán los de fibra de carbono.

La mía es en definitiva una hermosa bici, con horquilla de caña en disposición doble cristo, lo que la hace sumamente resistente. Tanto, que ya completó dos veces el Desafío del Río Pinto, en 2015 y en 2017. En 2017 pude entusiasmar a la gente de la fábrica y fuimos tres a la carrera, completándola todos. Hasta un stand en la entrada de la feria tuvimos, y un trípode gigante de cañas monstruosas como pórtico de acceso con una bici colgando que se sorteó.

Otro hito importante en el currículum de esta notable bici fue haber llegado hasta la cima del Abra del Acay en 2014, por la vieja Ruta 40, a casi 5.000 metros sobre el nivel del mar.

El año pasado estuve 5 días con alforjas disfrutando las playas uruguayas. Fuimos dos, mi amigo con una de cromoly que se rompió, mientras que la bambucicleta iba y venía buscando un soldador un día feriado, soldador que conseguimos. Mi compañero era Gustavo Gonzalez, de Bike&Trek, el primer prestador de cicloturismo de Argentina, que, al igual que yo, no tiene una sino dos bicis de bambú, una en rodado 26 y la otra en 29. En su momento Gustavo se resistió mucho, pero lo pude convencer cuando su afamado cuadro de aluminio, de una marca de primera, se rompió. Hacía rato que yo esperaba esa oportunidad y lo convencí de que le solicitara un “plan canje” a Malón Bikes, la fábrica de bicis de bambú. Ellos accedieron. Gustavo despachó la bici a Rosario y a la vuelta le llegó una bambucicleta cero kilómetro con todos los componentes de la anterior integrados al nuevo cuadro de bambú. Después lo convencí para que probara la 29 y así fue como hoy tiene una de cada rodado. Pensándolo bien, debería pedirle un porcentaje a mis amigos de Malón Bike…

La 26 la tengo armada para uso urbano y es la que tiene tantos kilómetros. La 29 con suspensión y preparada para la montaña sale solo de vez en cuando, apenas tiene 12.000  kilómetros, pero 12.000 de los de aquellos.

Para lo único que no sirve realmente esta bici es para pasar desapercibido. Llama mucho la atención, pero es el costo que hay que pagar por andar en lo mejor. Para mí es la Ferrari de las bicis.

Hasta hoy, todo pareciera indicar que llegará sin sobresaltos a superar los 100.000 kilómetros, pero para ello habrá que esperar dos años.

Continuará…


Por Matías Fernández Long: mfernandez@sbase.com.ar

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