La Ciclería es una organización que trabaja desde 2007 en la ciudad española de Zaragoza para insertar al ciclista en el tránsito. Actividades educativas para chicos y grandes que apuntan a que la gente se suba a las dos ruedas con seguridad y sin miedo.
Texto: Rocío Cortina | Fotos: lacicleria.com

La ciudad española de Zaragoza, ubicada a 300 kilómetros de Madrid, se caracteriza por ser mayormente llana y por no tener demasiados días de lluvia. Esas dos condiciones podrían convertirla en un paraíso ciclista. Sin embargo, lejos está de esa realidad de la cual sí gozan varias otras ciudades europeas.
En ese contexto se ha formado La Ciclería, una organización que considera a la bicicleta una herramienta de transformación económica y que desde 2007 se ocupa de promoverla mediante acciones educativas con chicos en escuelas y también con adultos que no saben pedalear.

El coordinador de esta agrupación, Arturo Sancho (33), conoce bien la historia del movimiento ciclístico en su ciudad. Recuerda que en 1978 se realizó allí la primera manifestación en bicicleta organizada por la Asamblea Ecologista. Desde ese momento, según él, ha habido en la ciudad movimientos reivindicando el uso de la bici, pero recién tuvieron su auge a partir de 1990 con la creación del Colectivo Pedalea, un grupo de ciclistas urbanos y cicloturistas de carácter ecologista, pacifista, antimilitarista y anticonsumista.
“Tras muchos años de predicar en el desierto, a partir de 2008 se produce un cambio sustancial en la política ciclista municipal —explica Sancho. El ayuntamiento apuesta por un servicio de bicicleta pública que se instalaría en tres fases, se realiza una campaña de colocación de aparcabicis, se crea la Oficina de la Bicicleta, aunque sin dotación presupuestaria ni casi personal, y se comienzan a construir carriles bici, con diferentes criterios, en la ciudad consolidada”, explica Sancho.

Cuatro años después, el ímpetu que han tenido estas acciones municipales ha decaído, según Sancho, hasta niveles de épocas anteriores a 2008: “No se han hecho campañas de promoción del uso de la bici ni programas educativos en los centros escolares. No se construyen carriles bici, salvo alguna excepción de carril adscripto a infraestructuras concretas, como el tranvía; prácticamente no hay aparcabicis nuevos y la situación de la oficina de la bicicleta sigue siendo igual de inestable que al principio.”
Todo esto hace que actualmente exista un conflicto entre peatones y ciclistas, porque los pedalistas usan las veredas para circular y porque, según Sancho, no se ha actuado para “pacificar” las calles.
La educación como herramienta
La Ciclería impulsa dos proyectos centrales que comparten una óptica educativa pero que son muy distintos. El primero es “La bicicleta en la escuela”, que consta, entre otras cosas, de enseñar diferentes materias de la currícula escolar a estudiantes de 10 y 11 años a través de la bici. El segundo es “La biciescuela para adultos”, a partir del cual se enseña a andar en bici a personas que no lo han podido hacer de niños.
Javier Cañada (29), promotor del uso de la bici en La Ciclería, estima que la iniciativa de enseñar a rodar a adultos ha superado el millar de alumnos de entre 18 y 70 años. El perfil de alumno “típico” es la mujer de entre 40 y 50 años.
Cañada define la experiencia como “agradecida”, debido a que la sensación que los novatos logran al mantener el equilibrio sobre el rodado es muy especial: “Cuando un alumno consigue realizar un tramo largo sin poner el pie en el suelo ni una sola vez, o cuando da sus primeras pedaleadas, siente una gran liberación y te la transmite, la puedes leer en su cara”, revela.
Sobre la actividad, Sancho agrega: “El miedo principal es caerse de la bicicleta. Pero es un miedo que se quitan enseguida, ya que el proceso de aprendizaje comienza desde lo más básico, apoyando los pies en el suelo, para ir avanzando y adquiriendo confianza de forma autónoma.”

En busca de soluciones
A medida que La Ciclería avanzó tanto en tiempo como en forma, se sumaron nuevas iniciativas. Entre ellas están la ciclorred de la Comarca de la Ribera Alta del Ebro, el diseño de rutas de viaje en bici como parte de la apuesta al cicloturismo, y Bizitel, un proyecto en conjunto con la Universidad de Zaragoza para el cálculo de rutas urbanas para bicis, cursos de mecánica y talleres de reparación.
Además, en la actualidad la gente de La Ciclería gestiona un proyecto de centro social ciclista llamado La Ciudad de las Bicis.
Los promotores de la bici que participan de esta iniciativa coinciden en que la cantidad de ciclistas en Zaragoza ha crecido desde 2008, cuando el estado municipal puso manos a la obra para incluir a las dos ruedas en el tránsito urbano. Sin embargo, trabajan porque la infraestructura aislada no es suficiente.
“Actualmente hay usuarios de toda índole, pero el 90% de éstos son novatos, de modo que muchos circulan por las aceras, generando cierto malestar social y dándole mala fama al resto del ciclismo urbano”, expresa Cañada.

El 80% de las calles de Zaragoza son de un tránsito pacífico que ronda una velocidad máxima de 30 km/h, y el otro 20% está constituido por avenidas en las cuales los autos circulan, lógicamente, más rápido. ¿Cómo incluir a la bicicleta en ese paisaje dominado por el tránsito automotor? Cañada tiene la respuesta necesaria: “Tendrían que ocurrir al menos dos cosas: que los automóviles respetaran el límite en las calles de tráfico pacificado y que las grandes avenidas tuvieran una solución para los ciclistas menos atrevidos, ya sea con bici carril o con un carril compartido con los automóviles pero limitado a 30 km/h.”
Nota publicada en Biciclub Nº216, diciembre 2012.