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Ir y venir en dos ruedas

Fecha: 24.03.2011

Por Rocío Cortina.

En 2008 llegó a la Argentina, después de recorrer un puñado de países durante más de cinco años. Este año volvió al país, pero nuevamente se fue. Y ahora regresó. En ese ir y venir constante transcurre la vida de Sekiji Yoshida, un japonés de 35 años que inició su aventura en Canadá, cansado de la rutina que llevaba en su país trabajando como periodista. Un buen día decidió que lo suyo no era permanecer en un lugar, juntó el dinero necesario para comenzar su travesía en bicicleta por el mundo –lo que le demandó seis años, incursionando en los más diversos oficios, como chofer de camión y operario en una fábrica-, preparó las alforjas y salió a la ruta.

En la casa de los ciclistas

Después de su visita a la Argentina el año pasado, Sekiji cruzó el charco a Uruguay, donde conoció Carmelo, Colonia, Montevideo y Paysandú. De aquella experiencia cuenta: “Me gustó el país, pero junio fue una mala época para conocerlo. Había mucha neblina hasta el mediodía, aunque igual yo empezaba a pedalear temprano, porque en las rutas no hay mucho tránsito. En Colón, donde había un corte en contra de la instalación de las papeleras uruguayas, me dejaron pasar sin problemas.”
Desde Uruguay Sekiji volvió a nuestro país y visitó la provincia de Santa Fe, previo paso por Entre Ríos. “No quise cruzar el túnel subfluvial Santa Fe – Paraná en bicicleta porque es muy angosto –asevera el ciclista. Estuve esperando cerca de una hora que alguien me llevara en auto y como no tuve suerte le pedí a la policía que me cruzara, igual que cuando atravesé el paso Cristo Redentor, en Mendoza.”
Santiago del Estero, Tucumán y Salta fueron los siguientes destinos del viajero. En “la linda” Sekiji se hospedó en la casa de la familia Marín. “Entre los extranjeros esa casa es bien conocida porque son ciclistas que siempre nos invitan a quedarnos allí. En Salta también me encontré con una pareja que estaba viajando con un perro, habían llegado desde Alemania. Compraron un terreno ahí, se instalaron durante un año y después iban a seguir viaje”, cuenta el japonés.

Cadena de problemas

Fue en esta provincia donde un infortunio se cruzó en el camino de Sekiji: “Fui a San Antonio de Los Cobres –relata el viajero- para cruzar la frontera, y allí sufrí una lastimadura en el ojo. Lo que pasa es que tengo una parálisis en la cara a causa de un accidente anterior (muchos dicen que no se nota) y no puedo parpadear bien, entonces algo entró en mi ojo. Paré en una comunidad pequeña llamada Olacapato, a 60 ó 70 kilómetros de San Antonio de Los Cobres, donde me ayudó una señora que me llevó hasta la policía del lugar. Tuve que quedarme en Salta durante 10 días para recuperarme.” Pero ese accidente sería sólo el comienzo de lo que vendría después: “Poco tiempo más tarde me enfermé de bronquitis –continua Sekiji-, y la gente de la policía me dijo que debía volver al hospital de San Antonio de Los Cobres. Mientras tanto yo quería dejar la bici en Olacapato, pero la señora que me había ayudado antes no estaba. Entonces me ayudó gente del ejército, que me llevó al hospital con la bici. Allí no tenían lugar para que yo la dejara, entonces se la quedaron los del ejército.
Las primeras dos noches estuve muy mal, y cuando me mejoré me dijeron que podía irme a mi casa, pero no tenía dónde quedarme. Lo primero que hice fue ir a buscar mi bici al puesto del ejército. Primero no la encontraban, y una vez que me la dieron me di cuenta que me habían robado muchas cosas que tenía en la alforjas. El jefe estaba ahí pero me dijo que no podía hacer nada. Me faltaba el GPS, el calentador, la linterna.
Ahí pude quedarme con unos amigos que había conocido en otro momento del viaje y que me habían contactado cuando llegué a Salta; todos me ayudaron. De salud yo ya estaba bien, pero no de ánimo, porque fue mi primer robo durante todo el viaje. En Salta fui al cuartel, hablé con el comandante, pero no recuperé nada. Me decían que había habido robos entre ellos también. Igual tenía otro GPS, y el que me robaron tenía seguro en Japón, o sea que parte del valor me lo devolvieron.”

Una bici y otro amor

A pesar de no haberlo planificado, Sekiji estuvo casi dos meses en Salta. En un viaje así los imprevistos se vuelven la regla, y cuando todo sale tal como se pensó, hay que desconfiar. Ya con su salud recuperada, el ciclista se encontró nuevamente con los viajeros que lo habían ayudado, cruzó a Chile por el Paso de Jama y visitó San Pedro de Atacama y el Salar de Uyuni. Desde allí fue a Bolivia, donde pasó por La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y luego cruzó a Paraguay para visitar Asunción, Ciudad del Este y Encarnación.
Y un día Sekiji volvió a la Argentina. Entró por Misiones, dejó su bicicleta en Puerto Iguazú, donde un amigo se la cuidaría. y volvió a Buenos Aires en micro, donde lo esperaba el comienzo de una nueva aventura. Allí se encontró con su novia mejicana, con quien recorrió el sur de nuestro país, ya no en dos ruedas sino como turistas “normales”, en aviones y buses.
Al momento de hacer esta entrevista con Biciclub, Yoshida se estaba hospedando en un hostel en el centro de Buenos Aires. Su bici lo esperaba en Puerto Iguazú, donde volvería a buscarla para seguir rodando por Brasil, Venezuela y Colombia. Y talvez Canadá. O no. Ese será otro capítulo.

Entrevista publicada en Biciclub Nº 176 (agosto 2009)


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