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Entrenamiento

La amenaza sigilosa del autoentrenamiento

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Una verdadera plaga azota el mundo de los deportistas amateurs, el autoentrenamiento o el seguir consejos e indicaciones provenientes de internet, de influencers o de deportistas que no tienen título habilitante para ejercer la profesión. Los gravísimos riesgos que implica esa forma de entrenar.

En la era de internet, de la aldea global, de la hiperconectividad, en la era en la que la información dejó de ser el tesoro más preciado para pasar a ser moneda corriente y vulgar al alcance de un solo click, en este contexto las ciencias del ejercicio y la salud han caído en un abismo sin fin y son reemplazadas vertiginosamente por consejos infundados de influencers o de personas cuyo único capital es poseer un cuerpo tallado (la mayoría de las veces construido artificialmente) o de deportistas que ganan medallas sin ser profesionales calificados y cuyo método para ganar… sólo sirve para él.

Mal que nos pese a los profesionales del ejercicio físico y la salud, la intrusión es cada vez más salvaje, y un hábil manejo del marketing y de la difusión digital es hoy más importante para captar clientes que una capacitación profesional, una experiencia frondosa y una constante actualización de los conocimientos en el área del entrenamiento físico.

De la mano de todo esto crece de manera exponencial el número de deportistas amateurs que lejos de ponerse en manos de un profesional creen que leer un par de artículos y seguir un par de recomendaciones son suficiente material para armarse sus propios planes de entrenamiento.

Es así como el autoentrenamiento ha pasado a ser  -mal que nos pese a los entrenadores- algo tan común como comprar potes de amino en los gimnasios.

Cuando voy a carreras de MTB con miles de inscriptos o veo la lista de largada del triatlón de Concordia o de la maratón de Buenos Aires, con cientos y cientos de deportistas amateurs ávidos de obtener la medalla finisher, me pregunto: ¿Tendrá cada uno de estos deportistas un entrenador?

Lamentablemente la respuesta es no.

Pero lo peor de todo esto no es que no nos contraten, lo peor y la amenaza sigilosa detrás del autoentrenamiento son los daños anatómicos y metabólicos en los que pueden caer los deportistas que se diseñan sus propios planes.

Y es que el entrenamiento es una disciplina fundada en bases científicas. El organismo humano es una maquina sublime, con todos sus procesos finamente aceitados y que debemos de cuidar sobremanera.

Hacer kilómetros de más a lo loco sin más fundamento que “poner huevo” o “yo me la banco” puede traer aparejados daños anatomo-funcionales irreparables.

Sin ser amarillista, una lesión de rodilla es lo “mejor” que le puede pasar a un runner que se pasó de rosca con los kilómetros. El daño metabólico (invisible) es mucho más severo y puede traer consecuencias gravísimas.

 

Desconocimiento de las bases científicas

En las ciencias del entrenamiento deportivo hay un apartado que considero el ABC para comprender un proceso de entrenamiento serio y planificado. Se trata de los “Principios del entrenamiento deportivo”. Estos se dividen en tres subgrupos:

los principios para iniciar los procesos de adaptación,

los principios para garantizar los procesos de adaptación y

– los principios para guiar la adaptación en una dirección determinada.

Cuando me cruzo con algún deportista que se autoentrena le hago esta simple pregunta: “Nombrame un principio de cada uno de los subgrupos y te creo que podés autoentrenarte.” La mayoría ni siquiera sabe de la existencia de estos principios (que no son ni más ni menos que el respaldo científico que garantiza nuestro correcto accionar como entrenadores).

Los dos principios que considero ineludibles son el de individualidad biológica y el de incremento progresivo de las cargas. Y precisamente estos dos son los que menos se respetan a la hora de autoentrenarse.

Y esto se debe más que nada a que generalmente quien se autoentrena copia rutinas de otro (generalmente de un campeón mundial o del que gana más carreras en su pueblo).

O sea que ya desde el vamos no respetan los procesos de adaptación biológica, que rezan que cada organismo responde de manera única e irrepetible ante las diversas cargas de entrenamiento.

El segundo problema es la falta de criterio en el aumento de las cargas. Suelo decir que una persona que la última vez que hizo deporte fue hace 5 años y 10 kilos no puede (o no debería al menos) pasar de ser sedentario a correr 40/50 o más kilómetros semanales.

Tarde o temprano el organismo pasará factura, ya sea en modo de lesión anatómica como, peor aun, metabólica y funcional. Lo he visto cientos de veces: personas que bajan de peso de manera abrupta, se largan a correr o a pedalear de manera desenfrenada, a hacer maratones, triatlones o carreras de MTB y por mis adentros pienso: “En tres años hablamos”… y ¡oh caramba!, dos a tres años después (o antes) dejaron la actividad por problemas de salud.

El organismo es sabio, ¡se adapta a todo!, pero si la carga es inapropiada o excesiva, tarde o temprano lo compensará (a modo de lesión o daño metabólico).

Tan simple y brutal como eso.

 

Por qué ponerse en manos de un profesional

Es muy probable que muchos de quienes están leyendo este artículo se estén autoentrenando (las estadísticas así lo indican). Y también es altamente probable que muchos  piensen: “Obvio, ella (yo) cuida su negocio.”

Pues no. Siempre dije que me considero una agente de salud mucho antes que una entrenadora. Mis alumnos saben muy bien cuántas veces les he aconsejado no correr tal o cual carrera por no estar aun bien preparados.

No comparto las actitudes heroicas de ir a correr un MTB de 80 kilómetros o un medio ironman o una maratón por el solo hecho de decir “me la banco” o ”le pongo huevos/ovarios”. En un adulto esa actitud me parece paradójicamente infantil.

Yo recomiendo ponerse en manos de un profesional lisa y llanamente porque priorizo la salud antes que el rendimiento, el bienestar psico/físico antes que cualquier podio, el sentirse bien, pleno, sano, antes que cualquier registro de cronómetro o ranking en strava, garmin y la mar en coche.

Entrenarse, prepararse para cualquier desafío deportivo (sea del nivel que sea) es –a mi criterio- algo que debe tomarse con seriedad.

Proponerse correr un ironman, un 42k o una carrera de MTB es un objetivo más que noble para cualquier deportista adulto amateur. Ahora bien, hacerlo de modo responsable es decisión de cada uno de nosotros. Contratar a un profesional del ejercicio físico es el puntapié inicial para garantizarnos llegar a buen puerto sin poner en riesgo nuestra salud.

Como mencioné anteriormente, hay tratados científicos que avalan toda planificación deportiva. El autoentrenamiento carece en primera medida de respaldos teóricos y, en segundo lugar y no menos importante, ¡carece de objetividad! Es que al ser yo mismo mi propio entrenador, si un día estoy cansado por una jornada laboral extenuante me voy a diagramar una sesión más light y si por el contrario me siento bien voy a programarme una sesión más exigente (o como suelo decir en mis charlas: planifican según para donde sople el viento, si sopla sur voy para Río Ceballos y si sopla norte voy para Carlos Paz).

Me opongo categóricamente al autoentrenamiento. Así como un psicólogo no puede autoanalizarse o un cirujano no puede operarse él mismo del apéndice, no existe forma de que me convenzan de que el autoentrenamiento es una opción. No lo es.

Si tenemos en claro que cuidar nuestra salud a medida que progresamos físicamente es lo principal, nos pondremos en manos de un profesional del ejercicio físico. Para todo lo demás existe Mastercard…


Por Elisa Lapenta: es entrenadora de afamados deportistas de alto rendimiento | (0351)15-6225243 | elisalapentah3o@hotmail.com | h3osports.com.ar | h3o Sports

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Entrenamiento

Coaching y ciclismo: los cuatro pilares del rendimiento deportivo

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Foto: Miguel Bruna for Unsplash

Desde el coaching consideramos sustancialmente importante que todos los deportes comparten cuatro áreas en común: el entrenamiento físico, el técnico, el táctico y el psicológico; espacios que trabajan en conjunto entrenador y coach deportivo para lograr el mejor desempeño físico y mental del deportista. Esto aplica al entrenamiento que debe llevar a cabo para garantizar los resultados deseados tanto un ciclista profesional como uno que se inicia en el deporte.
Como coach deportiva profesional recomiendo comenzar una planificación evaluando el nivel real actual del ciclista mediante la aplicación de una batería de test que describen el nivel de entrenamiento esperado en cada uno de los siguientes ámbitos.

Plano físico
En este plano comenzaremos tomando en cuenta el estado de forma actual del ciclista, con testeos para medir fuerza máxima, resistencia, velocidad, coordinación, flexibilidad, tolerancia a la fatiga, incremento de lesiones, etcétera.
También estableceremos la cantidad de horas que va a dedicarse a entrenar, qué tipo de alimentación va a llevar y el tiempo de descanso, entre otras variables (lo que comúnmente damos a llamar entrenamiento invisible).
En este punto se deberá diferenciar entre si se trata una simple participación deportiva, si estamos en la introducción a la competición, si nos encontramos en el aprendizaje de la competición o si el ciclista está en plena competición deportiva. En función de este momento y de las edades y nivel es que se entrenará la parte física con menor o mayor exigencia.

Plano técnico
Entrenar este pilar nos dará información sobre si existe dificultad para la adquisición de nuevos patrones de movimiento o para modificar los ya existentes. Ejemplo: los gestos propios del deporte en cuestión (cadencia de pedaleo, posición en la bici, etcétera).
Trabajando la técnica intentaremos mejorar la ejecución de los gestos deportivos propios del ciclismo, tanto de ruta como de montaña, para ser más eficientes y conseguir así el objetivo de una mejor manera.

Plano táctico/estratégico
Lo táctico es la esencia del deporte. Entre entrenador y coach deportivo evaluaremos la dificultad que tiene el ciclista para llevar a cabo el diseño de entrenamiento planteado y su capacidad de tomar decisiones propias acertadas para tener distintas opciones a la hora de una competencia y para que el mismo deportista pueda tener varias alternativas ante las situaciones presentadas de improviso, por ejemplo en una carrera.


Foto: Dmitrii Vaccinium for Unplash 

Plano psicológico/mental

Entrenar este pilar puede llegar a ser lo que definitivamente marque la diferencia entre uno y otro ciclista. Tal como lo definía quien fuera pionero en estos temas, Tymothy Gallwey, en su libro The inner game: “El rival que opera en nuestra mente es más formidable que el que está fuera en la cancha.” El sostenía la importancia de entrenar la capacidad de concentración, el manejo del estrés, el autocontrol, la motivación, la emoción de ansiedad, la autoconfianza y hacia dónde dirige y pone su foco de atención un deportista.
Este es el campo donde el coach deportivo ejercita una acción más específica, asistiendo a los ciclistas en el reconocimiento y gestión de las emociones y de las creencias que puedan influir y limitar su rendimiento deportivo, ofreciéndoles un espacio de aprendizaje y de reflexión.
Como coach me resulta muy importante primero indagar en la entrevista con el ciclista para conocer cuánto conocimiento tiene de estos cuatro pilares del rendimiento deportivo y luego saber cuánta dedicación le está otorgando a cada área, ya que cuando no hay un equilibrio entre las cuatro está fehacientemente demostrado que los resultados obtenidos no son los deseados.
Por último cabe aclarar que estas cuatro áreas se retroalimentan entre sí, permiten establecer un orden, estipular objetivos claros, trabajar con claridad pero sobre todo con estabilidad sin olvidar que el principal objetivo es el disfrute.

 

Por Andrea Romano. Coach y trainer, con la siguiente formación: Profesora de Educación Física (IPEF), Entrenadora Personal (UNC), Diplomada en Gestión Gerencial (Blas Pascal), Coach Deportiva (Unisport/Barcelona), Coach Ontológico Profesional certificada internacionalmente (ICF) y Coach Organizacional y Ejecutiva certificada (Unisport/Barcelona): andreamromano@live.com

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Deporte y Entrenamiento

Conductas deportivas: esa delgada línea que separa a la salud de la enfermedad

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En el deporte amateur, el límite entre lo sano y lo patológico puede llegar a convertirse en una línea fácil de cruzar, que tanto los entrenadores como los familiares y amigos del deportista deben cuidar que este no la traspase. La pasión es la llave de esta contradicción.

Pasión, hobby, obsesión
Vamos a echar un poco de luz sobre la definición académica de estas palabras, yendo de lo simple a lo complejo:
– Hobby es una voz inglesa que refiere a una afición o pasatiempo que se practica habitualmente en los ratos de ocio.
No quiero dejar de detenerme en la última parte de esa definición referida a los ratos de ocio. Suelo repetir en mis charlas y artículos que yo entreno a personas adultas, con responsabilidades familiares, laborales y sociales que eligen el deporte como hobby (es decir que lo practican en su tiempo libre), más allá de que muchos de los deportistas máster suelen escaparse del trabajo un par de horitas al mediodía para nadar, por ejemplo, o un par de veces a la semana salen un par de horas antes para pedalear o trotar.
Pero cada uno sabe que luego compensa esas horas laborales de algún modo. El problema empieza cuando uno empieza a descuidar el trabajo en pos del deporte. Porque una cosa es acomodar las variables para entrenar tranquilo y otra muy distinta es dejar de lado compromisos laborales para irse a pedalear.
– Pasión (del verbo en latino patior, que significa padecer, sufrir, tolerar) es una emoción o un sentimiento muy fuerte hacia una persona, tema, idea u objeto. Es una emoción intensa que engloba el deseo por algo. Se dice que una persona se apasiona por algo cuando establece una fuerte afinidad. Me atrevo a afirmar que el 95 por ciento de los que practicamos ciclismo somos unos apasionados por las dos ruedas.
– Obsesión (proviene del termino latino obsessio, que significa asedio) es una perturbación anímica producida por una idea fija, que con tenaz persistencia asalta la mente. Este pensamiento, sentimiento o tendencia persiste en la persona más allá de los esfuerzos por librarse de él. La persona se encuentra dominada por esta idea, pensamiento o imagen. Se impone en la persona de modo repetitivo, independientemente de la voluntad, de modo tal que no se puede reprimir o evitar con facilidad. La obsesión tiene un carácter compulsivo y termina por adquirir una condición angustiante para quien la sufre. Cuando las obsesiones y compulsiones se hacen crónicas se transforman en neurosis y comienzan a alterar el normal desarrollo de la vida de esa persona.
Y esto es precisamente a lo que no tenemos que llegar con nuestra practica deportiva. Porque como siempre digo, para el deportista amateur entrenar es un cable a tierra, un desconectarse de sus otras rutinas y obligaciones, un respiro en días altamente exigentes en otros planos. Y es precisamente una herramienta para estar y vivir mejor. Si llegamos a obsesionarnos con ello, el deporte pasa a ser una variable perjudicial para nuestra salud. Y no debemos dejar que esto pase.

Amateurismo apasionado
Definidos los tres términos, a mi modo de ver ser apasionado es un privilegio. Suelo conversar de esto a menudo con mis alumnos: ¡Cuán hermoso es que algo te guste siempre!
Recuerdo lo que sentí la primera vez que —a escondidas de mis padres— le saqué la bici de ruta a mi hermano y me fui pedaleando de Saldán a Villa Allende ida y vuelta (unos 7 kilómetros en total). Tenía 16 años, pero jamás pude olvidar esa sensación de libertad y felicidad que me invadió (así como tampoco pude olvidar el reto que me dieron mis padres cuando se enteraron…) ¡Pero juro que al día de hoy (casi 35 años después) siento ese mismo cosquilleo en mi panza cuando me estoy poniendo los zapatos y las calzas para ir a pedalear!
Si eso no es pasión, ¿qué es? Amar lo que uno hace, poner su mejor empeño, dar lo mejor de sí en cada salida. ¡Eso está bien! ¡Practicar un hobby, una afición de manera apasionada es lo que nos mantiene vivos!
Salir a pedalear es nuestro cable a tierra. ¿Quién no se ha subido a la bici (o salido a trotar) con la cabeza repleta de problemas y al regresar, si bien los problemas siguen estando allí, nuestra sensación de bienestar es tan superadora que vemos todo a otra escala? Y es que el deporte nos cura el alma. Nos gratifica. Nos amiga con el entorno.
Y quiero aprovechar para reivindicar a los deportistas amateurs. Generalmente el término aficionado o amateur se aplica a quien realiza una actividad sin un carácter profesional. El deportista amateur, en contraste con el profesional, practica un deporte porque le gusta y sin perseguir un fin económico (por el contrario, invierte tiempo y dinero para practicarlo). Y no es un término peyorativo, dado que muchos amateurs logran un estado de forma muy cercano al de un profesional.
El otro significado de la palabra amateur deriva de la lengua francesa, que a su vez deriva de la palabra latina que significa amar o el amador de. En este sentido un amateur puede ser tan hábil como un profesional, pese a que su motivación es el amor o la pasión por una cierta actividad y no persigue el fin de ganar dinero por realizarla.
El deportista amateur es básicamente una persona que practica su deporte por vocación, por amor, por pasión.

Cumplimiento y obsesión, esa delgada línea
Cuando un deportista llega a la entrevista inicial, una de mis preguntas clave es: ¿Cuáles son tus objetivos a corto, mediano y largo plazo? Las respuestas van desde lo más simple, como bajar un par de kilos, hasta correr un ironman o meterse en el podio de alguna súper carrrera de MTB.
La pregunta que le sigue es: ¿Qué estás dispuesto a hacer para lograrlo? Acá la cosa se pone seria, porque todo lo que mi deportista me dice queda asentado en su ficha personal y cuándo veo que se van a la banquina les recuerdo lo que dijeron aquel primer día.
Cuento esto de modo anecdótico. El 80 por ciento de los deportistas logran lo que se proponen cuando el objetivo es acorde a su edad, realidad, historia y contexto.
Lo que sucede generalmente es que a medida que pasan las semanas, los meses y los años, van aprendiendo a ser mas prolijos, metódicos y sistemáticos, no solo con sus entrenos sino también con sus descansos y con la alimentación.
Ahora bien, cuando comienzan a mostrar algunos destellos de obsesión en sus actos, es ahí donde los entrenadores debemos intervenir. Aunque más no sea marcándole que ningún extremo es bueno.
Me ha pasado en estos últimos años que varios deportistas cambian de entrenador porque eligen comenzar a entrenar por potencia y la mayoría de las sesiones en rodillo. (Y quiero aclarar que no estoy cuestionando el método —al menos no en este artículo). Pero lo que pasa con estos deportistas es que se obsesionan por los datos y las sesiones y los números, y empiezan a desconectarse en primer lugar de su grupo de amigos y en segundo lugar y lo que es más grave aun a mi modo de ver, se desconectan totalmente de sus percepciones subjetivas de rendimiento.
Y se vuelven cien por ciento dependientes de la computadora.
Como siempre digo, no está mal querer saber los datos, lo que no está bien es volverse adictos a ellos.
Otro modo de obsesión se da en aquellos deportistas que bajaron de peso y comenzaron a sentirse tan bien que sienten pánico de volver a aumentar esos kilos que bajaron. Estos deportistas son los que llegan al asado con un taper con arroz integral y una botella de agua mineral sin gas.
A estas personas hay que explicarles que no pasa nada si una noche nos salimos de la dieta y compartimos un buen asado y unas cervecitas con los amigos.
Otro ejemplo de obsesión son aquellos deportistas que no faltan nunca a un entrenamiento o que salen a entrenar aun con todas las variables en contra.
Siempre les aclaro a mis alumnos que una cosa es hacer un esfuerzo en un día complicado para salir a entrenar igual y otra muy distinta es, por ejemplo, salir a entrenar de noche por una ruta peligrosa o salir bajo una lluvia torrencial o salir a entrenar con unas líneas de fiebre porque “nunca falté a una sesión”.
Estos son ejemplos de obsesión que pueden pasar a ser tan solo una anécdota más, y si se dan de modo esporádico no suelen revestir mayor gravedad. Pero para nosotros los entrenadores tienen que ser una señal de alerta de que en ese deportista se está metiendo el virus de la obsesión. Y tenemos que estar muy atentos para que esto no se haga patológico. Porque una cosa es poner todo para autosuperarse y mejorar y otra muy distinta es desconectarse de la realidad.

Obsesión… y doping
En mis 25 años de profesión he tenido algún que otro exponente de aquella obsesión compulsiva por el deporte de la que hablamos antes. Al extremo tal de tener que decirle a un deportista que no lo podía seguir entrenando si persistía en esa postura.
Estoy plenamente de acuerdo en que para practicar un deporte en edades adultas hay que organizarse. De lo contrario es inviable poder sostener de modo ordenado las obligaciones laborales familiares y sociales. El problema se presenta cuando las prioridades comienzan a invertirse y el deporte toma el control de la vida de ese deportista.
Respecto de ese deportista al que tuve que dejar de entrenar, recuerdo que vino con el planteo de que quería “empezar a tomar algo” (lease sustancia prohibidas) para andar mejor. Ese fue para mí el punto final. Y si bien es un tema delicado, que amerita un tratamiento más detenido (tal vez en un próximo articulo lo haga), ese es un límite que no estoy dispuesta a traspasar.
Tengo bien en claro que ninguna carrera, podio ni medalla están por delante de la salud de un deportista. Nada está por delante de la salud de un deportista.
Lamentablemente ese ciclista al que hago referencia tomó el camino equivocado. Al punto tal que se separó de su mujer, dejó de ver a sus hijos, puso en riesgo su salud… y todo para nada, ya que su máximo logro fue ganar alguna que otra etapa de la Vuelta de San Juan. Fue el caso más extremo que me tocó vivir.
En mi postura profesional y personal el dopaje no tiene cabida. Como tampoco lo tiene ninguna suplementación -incluso permitida- que no esté prescripta por un nutricionista deportivo y con acabados fundamentos y una analítica sanguínea en mano.

Lo sano y lo patológico
Está claro que todo aquel que comienza una actividad deportiva quiere hacerlo de la mejor manera posible. Y la mejor manera posible es introducir el deporte dentro del top ten de las prioridades de vida…, pero jamás ponerlo en primer lugar, de modo tal que se torne una obsesión enfermiza que nos lleve a alterar el normal desarrollo de nuestras demás actividades.
No quisiera terminar sin destacar que, en mi opinión, un deportista amateur sano es aquel que dando todo de sí en los entrenamientos y competencias es capaz de reconocer sus propias limitaciones y aceptar con una sonrisa en los labios un “hasta acá llego” o un “di lo mejor” o “esta es mi mejor versión en mi realidad de vida”.
Está bien hacerse el hábito de no trasnochar, lo que no está tan bien es irse del casamiento del hermano a las once de la noche porque “mañana tengo que salir a rodar”.
Esta bien no tomar gaseosa entre semana (o incluso nunca), lo que no está tan bien es que no se compre una sola gaseosa en la casa ni siquiera como excepción.
Está bien hacer coincidir las vacaciones familiares con el Ironman de Cozummel o el de Florida, lo que no está tan bien es que no existan vacaciones en lugares del mundo en los que no haya carreras.
El límite es muy delgado. Y cuando un deportista no puede percibirlo, es su familia y somos nosotros los entrenadores quienes tenemos que marcar la diferencia entre lo sano y lo patológico.
Tengo un alumno que dice que la cantidad de bicis que necesitamos para entrenar y competir es N+1, en donde N es la cantidad de bicis que poseemos actualmente. Está bien decir esto a modo de broma, lo que no está tan bien es endeudarse más allá de nuestra economía para tener la última bici del mercado y hacer que le falten cosas a nuestros hijos.
A modo de anécdota de color referida a este tema, les comparto un caso real que ocurrió con un alumno del interior que coordinó con su bicicletero la compra de una nueva mountain bike. Organizaron una rifa y entre los amigotes del pueblo y amigas de su esposa vendieron los números a modo simbólico a dos pesos cada uno…, una baratija. Y cuando finalmente le llegó la bici, le pidió al bicicletero que llamase a su esposa para comunicarle que él era el ganador de la bici… Esto es pasión (y picardía criolla, para que la esposa no lo retase).
¡Este es el espíritu que debe reinar entre los adultos que salimos a pedalear, correr o nadar por el simple hecho de que amamos hacerlo!
Después de todo y más allá de todo, quienes practicamos deporte a edades adultas tan solo buscamos sentirnos bien, sentirnos vigentes y ser cada día un poquito mejores. De eso se trata lisa y llanamente, de tallar semana a semana la mejor versión de nosotros mismos, tengamos la edad que tengamos.

 

Por Elisa Lapenta: entrenadora de afamados deportistas de alto rendimiento. | (0351)15-6225243 | elisalapentah3o@hotmail.com | h3o Sports | @elisanoemilapenta

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Deporte y Entrenamiento

Aprendé nutrición deportiva, la clave del éxito en cualquier deporte

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Foto: Nathan Dumlao / Unsplash

¿Querés potenciar tu rendimiento?¿Querés cuidar tu salud? No dudes entonces y aprovechá esta capacitación on-line en Nutrición Deportiva para Deportistas.
La actividad consta de 10 módulos didácticos, con 2 clases semanales amenas y 30 horas para aprender todos los tips nutricionales que un deportista (ya sea ocasional, amateur o profesional) debe conocer.
Mirá toda la información, contenidos desarrollados, modalidad, costos y formulario de inscripción en: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSeVkU2CeGzjHIGSnKkWamYY__pKGkFnE4rI6o3MpG9ZbcddVw/viewform?usp=sf_link
Esta capacitación está avalada por la Federación Atlética Sanluiseña (FAS) y comienza el 8 de junio de 2021.

 

Información adicional: fagian3@gmail.com | Whatsapp 2664650105

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Deporte y Entrenamiento

Catriel Soto corre el 9 de mayo en Alemania y el 16 de mayo en República Checa dos fechas de Copa del Mundo de XCO

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El argentino Catriel Soto ya está listo para correr este domingo la fecha de Copa del Mundo de XCO en Albstadt, Alemania. Y una semana después será de la largada en la fecha a correrse en Nové Město na Moravě, República Checa, una de las pistas más técnicas del mundo. En ambos casos participará montando su flamante Volta Zion, marca de la cual es embajador.
Ambas carreras constituirán las dos últimas fechas para sumar puntos clasificatorios para los Juegos Olímpicos de Tokio 2021.
¡Vamos Cacique!

 

Foto: Ariel Sabatella / Bike Media

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