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La bici de batalla, una raza urbana

Fecha: 13.12.2015

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Por Martín Lehmann*

Cuando usamos la bicicleta a diario como medio de transporte, empezamos a notar el desgaste propio de rodar continuamente. En la ciudad por ejemplo, entre el tráfico y los semáforos frenamos muy seguido y los patines o pastillas de freno se consumen en poco tiempo. Los golpes y rayones están a la orden del día, ya sea por el furgón del tren donde las bicis van como sardinas enlatadas o producto de dejarlas amarradas en la calle. Sumado a esto, también está la exposición al riesgo de que sean robadas en la vía pública. Por otro lado, al salir todos los días al trabajo es casi seguro que nos pueda agarrar lluvia, barro y algunas porquerías de las calles citadinas que terminarán alojadas en la transmisión.
Por varias razones como estas, muchas personas deciden tener –al menos- dos bicis. Una “de batalla”, que sirve para el trajín intensivo del día a día y otra reservada para momentos de recreación o entrenamiento donde se necesita que todo funcione como un violín. Y a pesar de que son las primeras las que suelen hacerse cargo de casi todo el trabajo sucio, son las últimas las que se llevan todas las miradas y elogios.
Es por eso que esta nota viene a reivindicar a aquella raza urbana. Las bicis de batalla están siempre listas para que salgamos a cumplir con nuestros quehaceres diarios. No serán las más lindas, tendrán la cara sucia y con bastantes achaques encima, pero ofrecen una lealtad intachable. Hoy vamos por una reivindicación de esa bicicleta que se usa para todo, absolutamente todo, pero que lleva el rótulo de Cenicienta.

Identikit
Una buena bici de batalla no será estéticamente lo más atractivo que existe, pero su esencia es lo que la hace robusta y confiable. En muchos casos se trata de antiguos cuadros de acero que por la nobleza de su material podría decirse que no tienen fecha de vencimiento. En muchas de ellas también se pueden encontrar direcciones y cajas pedaleras abiertas, que se pueden desarmar y reengrasar mil veces para volver al ruedo. Asientos con la cuerina gastada y agujereada, marcas de óxido y demás.
Sin embargo no debemos confundir nobleza con indestructibilidad. Las bicis de batalla seguirán manteniendo su fidelidad en la medida en que nosotros nos ocupemos de ellas. Un service periódico nos asegurará que sus órganos vitales se mantendrán en buenas condiciones de funcionamiento, además de que nos brindará seguridad al andar.

Cuidados
Es importante que más allá del aspecto exterior de la bicicleta nos ocupemos de que el funcionamiento cumpla con los mínimos requerimientos de seguridad.
En ese sentido, es fundamental que los frenos trabajen adecuadamente. Comprobar el estado de las fundas, cables y patines/pastillas es básico. Por su parte, las cubiertas pueden tener muchos kilómetros encima, pero no deberían llegar al extremo de usarse cuando pierden el dibujo. No solamente por una cuestión de agarre al suelo, sino también porque comienzan a ser más vulnerables a los pinchazos. Es recomendable rotar las cubiertas para emparejar la vida útil de ambas.
Es necesario asimismo quitar el juego que puedan tener los conos en las mazas, el movimiento de dirección y la caja pedalera (si no es sellada). Rodar mucho tiempo con estos desperfectos hará que las piezas anticipen su necesidad de recambio, pero con un poquito de atención es fácil extender su vida útil.
Por último, debemos mantener la transmisión limpia y lubricada. Tal vez no la limpiemos y cuidemos como sí lo hacemos con nuestra bici estrella, pero es fundamental evitar los extremos perjudiciales como una transmisión seca y una transmisión empastada. En el primer caso, los materiales se desgastarán por exceso de fricción y en el segundo porque la suciedad pegada a la cadena actuará como una lija, erosionando todo el sistema.

Descanso
Mientras que nuestra bici estrella es capaz de dormir en la misma habitación que nosotros (previo permiso del resignado cónyuge), la de batalla seguramente pase la noche afuera o en el mejor de los casos en una cochera. Hay que evitar dejarla a la intemperie, ya que la lluvia o el mismo rocío son factores que favorecen la oxidación y corrosión de los materiales que componen la bici. Por eso, dejemos que de día sea una guerrera en la batalla pero de noche ayudémosla a que tenga un buen descanso para seguir la lucha al día siguiente.

Como dice la canción de Gustavo Cerati “Te llevo para que me lleves”, así es como deberíamos mantener nuestra relación con la bici de batalla. Llevarle un poco el apunte para que ella siga estando ahí con su pinta arrabalera, recia, pero con una lealtad incomparable.

* Periodista y guía de ciclismo urbano en eventos turísticos y corporativos: @tincholehmann, tincholehmann.com.ar


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2 Responses to “La bici de batalla, una raza urbana”

  1. […] todos aquellos que tienen una bici de batalla… biciclub.com/la-bici-de-bat… […]

  2. Ezequiel dice:

    Lindo artículo, y cuanta verdad, muchas veces queda olvidada los condes de semana q mas tiempo tengo se lo dedico siempre a la mimada , ya me llego la nota, así q este finde sera de la» blanquita,» desarme total, limpieza engrase , todo lo q se merece jeje un saludo

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