Mundo Bici
Las alas del príncipe
Por aquel entonces no existía el Día del Niño, de modo que mi única esperanza se reducía a dos fechas cruciales, el día de mi cumpleaños y el día de Reyes (en Navidad no se hacían tantos regalos como ahora). Y el hecho es que cuando estaba por cumplir ocho años de vida los Reyes Magos me trajeron mi primera bicicleta. Me sentí un príncipe, porque como todos sabemos los reyes bondadosos gustan de hacer regalos a los príncipes consentidos. Y yo era hijo único, aprendiz de príncipe sin competidores a la vista.
Corría el año 1952 y estábamos de visita en la casa de campo donde vivía mi abuelo materno. Una semana antes, como era habitual entonces, había formulado por escrito mi pedido y se lo había entregado en persona a los Reyes Magos, que amablemente recibían las solicitudes en la tienda Harrods de la calle Florida, en el centro de Buenos Aires. Pero el asunto es que era el tercer año en que reiteraba el mismo pedido… y la bici no llegaba. De modo que mis esperanzas eran bastante flacas.
Así y todo el 5 de enero me acosté temprano. Esa noche, sin saber por qué, sentí que debía respetar el «¡los chicos a la cama!», frase que usan los mayores cuando van a hacer cosas secretas a las que no quieren que los más chicos asistamos.
Tardé mucho en dormirme, cosa que a mi madre le llevó muchos cuentos lograr. Es que había presagios en el aire, aunque no podía definirlos y mucho menos atribuirlos a que en esa ocasión mi pedido se iba a cumplir exactamente como lo había formulado. Y tal era la fuerza de esos presagios, tal su peso, que debo haber dormido pocas horas hasta que me desperté en plena noche y me di cuenta que me iba a resultar difícil, si no imposible, volverme a dormir. La casa estaba en silencio, los mayores ya se habían retirado a sus habitaciones, en la mía sólo se escuchaba el leve ronquido de mi abuela, con la que compartíamos cuarto, y la oscuridad de la noche era total.
Vigilé todo el resto de la noche. Cualquier rumor en el aire me daba pistas de que los camellos que transportaban a los Reyes estaban comiendo el pienso y bebiendo el agua que yo había cuidadosamente acumulado en sendos baldes durante la tarde anterior y que había depositado bajo la protección de la galería.
Cerré y abrí los ojos muchas veces. Escudriñé cada brisa, cada movimiento, cada luz, cada perfume. A pesar de mi ancestral temor a la oscuridad, en esas horas no sentí miedo alguno. El presagio me contenía, me transportaba hacia el amanecer.
Lentamente, la oscuridad comenzó a disolverse. Por las juntas de las celosías que cubrían las ventanas de mi habitación comenzó a filtrarse una creciente claridad, tímida primero, franca y anunciadora luego. El día y el presagio crecían juntos, tomaban nueva forma, y ahora me conducían al final del túnel, a la misteriosa salida.
Cuando el anunció se completó me desprendí de la sábana y tan lenta y sigilosamente como una nube apoyé mis pies en el ruidoso piso de madera. Algo debe haberme transportado, porque si bien yo era liviano resultaba imposible que al caminar por ese piso uno no sintiera que toda la casa se iba a despertar.
El siguiente paso fue abrir la puerta del dormitorio, que no produjo más ruido que el apartar de un velo, y al instante ya estaba en la sala, con su sólido, frío y callado piso de mosaico. Abrí la puerta que daba al exterior y en un instante ya estaba asomado a la galería. La luz lechosa de la primera madrugada inundaba todo. Giré mi cuerpo y mi vista hacia donde había depositado los baldes… y allí estaba, reluciente, vestida de rojo y verde, perfecta, esperándome. Mi pecho se abrió, mi corazón salió mansamente de mi cuerpo y se unió místicamente a mi regalo de Reyes.
Una ficha técnica diría que mi primera bicicleta era marca Broadway, rodado 20, color rojo y verde. Años después «supe» que era bastarda, aunque nunca pude sentirla de esa manera. Fue mis piernas, fue mis alas, me transportó allende el cobijo del hogar, vereda arriba, hacia un mundo que había que descubrir. Con ella libré muchas batallas, hice amigos, conocí rincones misteriosos, me introduje en lugares prohibidos y probé el gusto de la libertad.
Muchas veces me he esforzado vanamente en recordar otros regalos recibidos en mi niñez, pero finalmente sólo este presente de reyes viene a mi memoria, vivo, claro, transparente como ninguno.
Desconozco qué fue de mi Broadway. Algún día y en circunstancias que no logro precisar debe haberse ido, seguramente a iniciar en los misterios de la bicicleta a otros aprendices de príncipe.
Texto: Mario García | Ilustración: Isabel García.
Intro de la revista Biciclub Nº 248, agosto 2015.
Ciclismo urbano
19 de abril: día de la bicicleta
Bici + LSD: un gran paseo

Desde 1984, mucha gente festeja cada 19 de abril como el día de la bicicleta, pero la mayoría absoluta desconoce cuál es el origen del festejo. El hecho es que en aquel año, 1984, alguien observó que el 19 de abril se cumplía un aniversario del día en que Albert Hofmann tomara accidentalmente LSD por primera vez.
Les contamos la historia.
Albert Hofmann (1906/2008) fue un afamado químico suizo que entre sus principales logros está el de haber descripto la estructura de la quitina, aunque es más conocido por ser el primero en haber sintetizado, ingerido y por lo tanto experimentado los efectos psicotrópicos del LSD, mientras estudiaba los alcaloides producidos por un hongo parásito del centeno llamado cornezuelo.
La sustancia que Hofmann describiría como “una de las dos o tres cosas más importantes que he hecho en mi vida”, fue sintetizada por él por primera vez en 1938, mientras estudiaba los derivados del ácido lisérgico. La dejó de lado, pero en 1943 volvió a interesarse en ella. Hofmann confiesa que tuvo “la sensación de que esta sustancia podría poseer otras propiedades además de las establecidas en las primeras investigaciones”. Ello lo condujo a sintetizar de nuevo LSD-25, para que el departamento farmacológico del laboratorio Sandoz (hoy Novartis) donde trabajaba llevara a cabo algunas pruebas.
El asunto es que mientras purificaba y cristalizaba LSD le irrumpieron una serie de extrañas sensaciones. Había absorbido accidentalmente una pequeña cantidad del producto a través de la punta de sus dedos. En un informe que le enviara a un colega poco después describiría las sensaciones que lo asaltaron: “Me vi forzado a interrumpir mi trabajo en el laboratorio a media tarde y a dirigirme a casa, encontrándome afectado por una notable inquietud, combinada con cierto mareo. En casa me tumbé y me hundí en una condición de intoxicación no desagradable, caracterizada por una imaginación extremadamente estimulada. En un estado parecido al del sueño, con los ojos cerrados (encontraba la luz del día desagradablemente deslumbrante), percibí un flujo ininterrumpido de dibujos fantásticos, formas extraordinarias con intensos despliegues caleidoscópicos. Esta condición se desvaneció dos horas después.”
Inmediatamente dedujo que había ingerido LSD accidentalmente y que esta sustancia era la que le había provocado aquellas sensaciones, de modo que, como buen científico, decidió llegar al fondo del asunto y experimentar el tema en sí mismo.
Fue así que el 19 de abril de 1943 Hofmann ingirió intencionalmente lo que consideró por entonces una dosis mínimamente efectiva de LSD, 250 microgramos, dando pie a lo que ya es leyenda, quizás el más famoso de los paseos en bicicleta. Nos lo cuenta el propio Hofmann: “A esta altura ya estaba claro que el LSD era el que había causado la experiencia previa, ya que las percepciones alteradas eran del mismo tipo, sólo que ahora mucho más intensas. Tenía que esforzarme por hablar de manera inteligible. Le pedí a mi asistente, que estaba informado del experimento, que me acompañara a casa. Fuimos en bicicletas, ya que por las restricciones de la guerra no había automóviles disponibles. Camino a casa, mi estado comenzó a tomar formas amenazadoras. Todo en mi campo de visión ondulaba y se distorsionaba, tal como se ve en un espejo curvo. También tenía la sensación de no poder moverme, pese a lo cual mi asistente me contaría luego que habíamos viajado muy rápidamente.”
Hofmann, que no podía concebir el uso del LSD más allá de la medicina, sufrió años más tarde la prohibición del LSD por parte de los gobiernos, preocupados por los efectos que producía en ese momento la contracultura hippie, que había “secuestrado” a la sustancia. El estaba convencido del potencial curativo de la droga: “Si fuera posible detener su uso inapropiado, su mal uso, entonces pienso que sería posible dispensarla para su uso médico. Pero mientras siga siendo mal utilizada y mientras la gente siga sin entender realmente los psicodélicos, utilizándolos como drogas placenteras, errando a la hora de apreciar las muy profundas experiencias psíquicas que pueden inducir, su uso médico seguirá parado. Su consumo en las calles ha sido un problema durante más de treinta años. En las calles las drogas se entienden mal y ocurren accidentes. Esto hace muy difícil que las autoridades sanitarias cambien su política y permitan el uso médico. Y aunque podría ser posible convencer a las autoridades sanitarias de que los psicodélicos podrían ser utilizados con seguridad en manos responsables, su uso callejero sigue haciendo muy difícil que estas autoridades sanitarias estén de acuerdo.”
Hofmann murió el 11 de enero del 2008, a los 102 años de edad. Protagonizó en vida el más extraño viaje en bicicleta, drogándose sin intención ni de ganar una carrera ni de sentir placer sino con el único propósito de investigar curaciones para las enfermedades del hombre. Sólo por ello merece que prendamos una vela en su honor… y que demos un paseo en bicicleta en su homenaje.
Mundo Bici
Fin de una era en el MTB: Cierra EcoXtreme tras 16 años de historia en Pilar
El mítico predio de aventura, que supo ser la «escuela» de técnica para miles de bikers del AMBA, anunció su cierre definitivo. El fin de un contrato de alquiler marca el adiós de uno de los circuitos más exigentes y queridos de Buenos Aires.
Para el mountain bike de Buenos Aires, el Km 59 de la Panamericana no es solo una referencia geográfica; es el lugar donde muchos aprendimos a doblar entre árboles, a dominar el barro y a confiar en la técnica en los famosos «caracoles» junto al río Luján. Sin embargo, la noticia que nadie quería escuchar se confirmó: EcoXtreme cierra sus puertas.
Tras 16 años de actividad ininterrumpida, los responsables del parque comunicaron con profundo pesar que el predio dejará de funcionar debido a la imposibilidad de renovar el contrato de alquiler de las tierras. Un golpe duro no solo para el deporte, sino para un ecosistema de aventura que incluía running, kayak, dirt park y actividades estudiantiles.

Más que un circuito, un templo técnico
Desde su reapertura bajo el nombre de EcoXtreme en 2012 (sucediendo al histórico circuito de Pilar de los años 90), el lugar se consolidó como el trazado de XC y XCO más técnico de la zona norte. Con sus senderos trabados, raíces expuestas y subidas explosivas en un entorno de pinos y acacias, era el campo de entrenamiento obligado para quienes se preparaban para desafíos mayores como el Trasmontaña, el Rally de Tandil o el Desafío al Valle del Río Pinto entre otras carreras.
No era solo el circuito; era el punto de encuentro. El ritual de la hidratación después de tres vueltas a fondo, el intercambio de consejos mecánicos y las carreras épicas —como las clásicas «Estrellas del MTB»— que marcaron el calendario de miles de ciclistas.
Un vacío difícil de llenar
El cierre de EcoXtreme deja un vacío enorme en una zona donde los espacios seguros y técnicos para pedalear no sobran. En un contexto donde la seguridad y el acceso a senderos son temas críticos para nuestra comunidad, perder 50 hectáreas de bosque dedicadas al deporte es una pérdida irreparable.
Desde la organización, el mensaje fue de agradecimiento infinito a las familias, corredores y empresas que los acompañaron en esta travesía. Por ahora, el silencio se apoderará de los senderos de Pilar, y solo quedarán las huellas de miles de cubiertas que, durante más de una década, hicieron de ese bosque su segundo hogar.
¡Hasta siempre, Eco! Gracias por enseñarnos a pedalear de verdad.

Mundo Bici
E-bikes: ¿Cuándo dejan de ser bicicletas? El llamado de Hans Rey a la industria
El legendario Hans Rey abre el debate sobre el futuro de las asistidas: «Es hora de trazar una línea en la arena antes de que perdamos el acceso a los senderos».

Por HANS REY
Para los líderes, fabricantes, comunicadores y usuarios que formamos el mundo del ciclismo: escribo esto porque me preocupa profundamente el rumbo que están tomando las bicicletas —y especialmente las eléctricas—. Estamos en una encrucijada. Las decisiones que tomemos hoy sobre definiciones y límites de potencia determinarán si las E-bikes Clase 1 seguirán siendo bienvenidas en las sendas o si terminarán prohibidas por ser confundidas con vehículos motorizados de alta potencia.
El problema de llamar «e-bike» a todo
Hoy, bajo la etiqueta de «e-bike», metemos en la misma bolsa desde una MTB ligera de pedaleo asistido hasta ciclomotores eléctricos con acelerador y motos de cross encubiertas. Esa falta de precisión técnica genera conflictos con otros usuarios, con los cuidadores de los parques y con los legisladores.
Si nosotros no definimos qué es una bicicleta eléctrica, alguien ajeno al sector lo hará por nosotros.
Lo ideal sería que el término «e-bike» sea unívoco: una bicicleta de Clase 1 con asistencia al pedaleo, velocidad máxima de 32 km/h (20 mph), sin acelerador y con un motor que no supere los 750 vatios de potencia pico. Cuando borramos estas categorías, ponemos en riesgo el derecho de todos a circular por los senderos.
Categorías claras para convivir mejor
Desde mi perspectiva, necesitamos diferenciar las máquinas por su nombre real:
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E-bicycle (e-MTB): Solo Clase 1. Pedaleo asistido hasta 32 km/h y máximo 750W de potencia pico.
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E-moped (Ciclomotor): Vehículos con acelerador, que superan los 32 km/h o los 750W.
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E-motorcycle (Motocicleta): Máquinas de alto rendimiento que exceden por completo las capacidades de una bicicleta.
El etiquetado debe ser obligatorio y visible. No se trata de prohibir, sino de que cada usuario y autoridad sepa qué tipo de vehículo tiene enfrente.
El mito de los vatios: nominal vs. pico
La línea de los 750 vatios pico no es caprichosa. Es la que separa una bicicleta de una moto. Hay una confusión técnica importante: la potencia nominal (el promedio) no es lo mismo que la potencia pico (la entrega máxima). Un motor limitado a 750W de pico nunca superará esa fuerza. Uno que declara 750W nominales puede entregar ráfagas de potencia mucho mayores, acercándose al comportamiento de una moto.
Si permitimos que la industria siga escalando en torque y aceleración, no nos sorprendamos cuando empiecen a aparecer prohibiciones, seguros obligatorios y restricciones de acceso. Ya está pasando en lugares como Nueva Jersey y California; no es una teoría, es nuestra realidad actual.
Un compromiso de todos
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A los fabricantes: No cedan a la tentación de vender «más potencia» a costa del acceso a largo plazo. Una venta hoy puede significar un sendero cerrado mañana.
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A los medios y el marketing: Usemos el lenguaje correcto. Ayuden a defender la categoría que nos permite pedalear en la naturaleza.
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A los ciclistas: Seamos responsables. No demos por sentado el acceso a los senderos; hay que cuidarlo.
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A las asociaciones: Defiendan la Clase 1 con firmeza. La industria debe autorregularse antes de que las leyes nos pasen por encima.
Para proteger lo que tenemos, debemos dejar de preguntar cuánta potencia podemos «colar» y empezar a preguntar cuánta potencia es demasiada.
Hans Rey es embajador de Bosch. Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan las de la marca.
Mas info en https://hansrey.com/blog/
Mundo Bici
Nino Schurter: el adiós de una leyenda del MTB

Se termina una era. Nino Schurter, para muchos el mejor ciclista de XCO de todos los tiempos, anunció que esta será su última temporada en la elite del mountain bike.
A los 39 años deja atrás un palmarés único: 10 títulos mundiales, 9 generales de Copa del Mundo, 36 victorias en la serie y tres medallas olímpicas (oro, plata y bronce). Pero su legado no se mide solo en números: Nino transformó el MTB con su estilo, su constancia y esa capacidad de ganar donde parecía imposible.
Su despedida será en casa, primero en el Mundial de Crans-Montana y luego en la Copa del Mundo de Lenzerheide, el circuito suizo que lo vio escribir varias de sus gestas más recordadas.
“Durante más de veinte años le entregué mi cuerpo, mi mente y mi alma al mountain bike. Es un deporte hermoso, pero también brutal al más alto nivel… o ganás o no estás”, dijo en el emotivo mensaje de despedida.
Aunque deja la competencia, seguirá vinculado al Scott-SRAM MTB Racing Team y ya anticipó que explorará nuevos caminos, desde eventos y proyectos solidarios hasta desafíos en el gravel y la Cape Epic.
Con su adiós, el MTB pierde a su máximo campeón, pero gana una leyenda eterna.
Gracias, Nino, por inspirar a toda una generación de ciclistas.
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